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lunes, 16 de octubre de 2023

Noemí González

Se ganó 

Llovizna en la mandolina
la calesita gira 
y gira, 
bajo el compás del dolor. 
¿Quién acaso 
quién 
una sortija se ganó? 
Pero a mitad de la vuelta, 
a Penélope 
una lágrima 
se le piantó. 
Dar los pasos, 
quemar la salvia, 
romper la maldición. 
Aprendió entre 
migajas de juegos 
que en el ocaso
no hay perdón. 
Al final, 
como cual peón 
la niña 
una sortija se ganó. 


Versión 

Cuando despuntaba el albor 
en una torre, 
lloré un rio 
y un mar por él, 
que siempre me fasciné, 
me amargué, 
pateé un rumbo 
que no era mío 
equivocada como un burro. 
Fue mi culpa por mi inmadurez 
corriendo iba a mendigar 
un querer que nunca fue. 
Da igual que sea Mariela 
o Malena, no lo sé. 
Se me mezcló
la sombra del arrabal 
con el fulgor de mi ciudad. 
Qué va a haber? 
Un fantasma ya lo sé 
cuando las tinieblas gobernaban.
Oscuridad 
ya no quieras entrar, 
que la rosa 
con su espina dio. 


Se deja 

en qué momento 
la fuerza del león 
la inocencia de la paloma 
contactaron? 
Se deja tu piel, 
todos los esquemas perdidos 
a fin de cuentas 
me hundo en tu alfa medula. 
En la invasión de mi territorio 
una indagación 
deja candente 
mi húmeda serpiente. 


Nota de la autora: Poemas/tango 

Noemí González 
Adrogué, Gran Buenos Aires, Argentina

lunes, 10 de octubre de 2022

Noemí González

Me duele verte en todos lados 

La muchacha escribía como una autómata en la libreta del libro de prácticas. Su mente volaba y su alma también traspasando moléculas del tiempo presente. Concentrada en las palabras que emergían como un río sin cauce. Estaba lejos de allí, envuelta en espacios inconmensurables y desconocidos para el conocimiento humano. Dos palabras la dejaron completamente anonadada: fantasma, era una de ellas; la segunda: pasión. Los sonidos externos se estrellaban y caían como soldaditos de juguete, sin lograr interrumpir la concentración de la joven. De repente, dejó de escribir, como si su alma y esta vez su cuerpo, se hubieran transportado a otro tiempo. A la joven repentinamente le subieron los colores a las mejillas. Cuando su mente, cuerpo y alma volvieron, ya estaba todo escrito así como en el papel, en el tiempo. 

Año 2018
La muchacha prende la radio vieja. Escucha hablar al locutor. La respiración se detiene. La voz del locutor mareaba a la muchacha que enloquecida no puede creer lo que está pasando. No, no va a escucharlo. Apaga la radio en un impulso violento. La joven continúa enloquecida, los ojos abiertos como platos, el corazón palpitando exultante parecía contar con la complicidad del repentino viento que se levantó asustando a los pobladores del pueblo costero. El corazón vuelve a ganar templanza. Su pareja aparece y le pregunta porque apagó la radio. Le contesta que no tenía ganas de escucharlo. La mujer aparenta frialdad, o tal vez en ese momento ya anticipaba el instante de una separación anunciada. No lo mira a los ojos. No entiende por qué, ese otro, se empeña en volver como un fantasma, a través de la radio. El viento súbitamente para y arranca de vuelta. 

Año 2019 
Levanta la vista del celular nerviosa. Su vista se posa en su valija que portaba todas sus cosas. Era hora de volverse a casa. La relación no había funcionado y lo sabía. No había tiempo para recriminarse eso ahora. Sus ojos se abren de par en par. Desde el asiento de la terminal de micro no puede creer lo que está viendo. La publicidad del micro, el escudo de tres colores de una bandera flamea como una burla del destino. La mano se apoya sobre la mejilla derecha en señal de incertidumbre; con la otra se rasca la pierna izquierda lentamente. Los gritos que provienen alrededor de ella no parecen alterarla en su ánimo. Observa al micro con atención hasta que se va. Una mueca de extrañeza surca su rostro. Los ojos color café de la muchacha miran el frente como queriendo entender la señal. Otra vez, el fantasma o el monstruo de alguna mala película se empeña como un antihéroe en volver, en revolverle ese recuerdo que no se muere nunca. 

Tiempo interestelar 
Los ojos de la muchacha se expanden a pesar de escribir como una autómata en la libreta de prácticas. Su mente volaba y su alma también traspasando moléculas del tiempo presente. Algunas veces ve la oscuridad por un segundo en la extensa línea que divide el velo del cielo. Su alma pestañea por un segundo. Él respira. Fue un resplandor, entonces lo ve entre la penumbra que oscila en la oscuridad. A través del resplandor se dibuja la figura de un hombre tal cual como era en la tierra. Resplandece como un sol que no ha cesado de buscar a la luna, y que ahora, ya no sabe qué hacer con el antiguo deseo tan gastado y aquiescente. Con un leve movimiento, el espíritu de la muchacha se acerca hacia la figura del hombre escoltada por sonidos celestiales. La unión queda sellada en el espacio tiempo del cielo. 


Noemí González 
Adrogué, Gran Buenos Aires, Argentina

domingo, 22 de marzo de 2020

Noemí González


Cronología

Al principio, como artilugios rotos
hinchadas y quemadas
en un viento sordo
sombreaban quejumbrosamente.

Mis ancestras, extrañas y estropeadas
viendo el sentido
cuando no hay puertas
aunque no parezca.

Callaban en siglos,
graznaban conmocionadas
suturando los colgajos
doloridos y anaranjados.

Ahora…contando los años…como un letargo…
esperando los guardianes
invisibles y apagadas, son ánimas
volviéndose una lluvia de ilusión.


Revelación

Al fondo, una calle de moradas ruinosas,
doy vueltas a la higuera
como una invisible niña
haciendo una pregunta al alba.

Como un ánima sin fuego,
yo que he sobrevivido como un hierro
a las batallas bruscas de la vida
vivo un ajedrez que nunca se gana.

Nombres como vidrios rotos,
son las piezas de un desorden
un querer ser que nunca se alcanza,
y rechazo el puntero de un ciruelo.

A mis ojos vulgares no los culpo,
ni a mi cintura alta y aguda,
ni a mis hombros de bailarina,
será que nunca fui de su querer.

En esta tierra de restos incaicos
veo en esta suerte infausta
un tablero, una venda que cae,
junto a un cigarro humeante, que jamás salva.


Noemí González
Adrogué, Buenos Aires, Argentina

domingo, 27 de agosto de 2017

Marisa Noemí González

No quiero

No quiero un viejo
demente
que clame por mis dientes
en él.

No quiero un joven
insolente
que borbotee
mentiras en un frasco de miel.

martes, 20 de agosto de 2024

Noemí González

Recortes 

Sonar de tacos 
muestran la indecisión, 
la velocidad 
la ansiedad marca. 

Las corridas no son 
a la hora 
donde las bestias 
planean la emboscada. 

En una calle transitada
almas en pena gritan 
y exponen la miseria 
en colchones gastados. 

Los caminos del desvío 
abren las puertas 
para cerrar los candados, 
echar los miasmas 
sobre la marejada. 
Alguna vez, 
recortó mi pupila 
las huellas sobre la arena. 

Un cisne negro 
que canta como un lobo 
surge en las calles anegadas, 
baja un ángel 
donde el viento susurra 
como hoy 
besando al sol. 

Sube la enredadera 
hacia los cielos 
como un melasma 
en una casa 
que no es morada 
como si la respuesta 
a lo no afín 
sea cruzar de vereda. 

No es tiempo 
que el motor suene 
es que no hay motores 
que sueñan 
en el tiempo 
en que el humano se perdió. 


Noemí González 
Adrogué, Gran Buenos Aires, Argentina 

lunes, 20 de septiembre de 2021

Noemí González

La persecución 

   El sol fue cambiado por otro mucho más grande. Los polos de cada extremo del globo terráqueo fueron derretidos; los océanos han aumentado su caudal de agua, las costas han dejado de ser lo que eran y las grandes olas literalmente se han comido las ciudades hasta varios miles de kilómetros hasta que, de un día para el otro, sus habitantes fueron pereciendo lentamente. 
   El sonido del mar fue golpeado sobre la arena, sobre los acantilados y la mañana fue vista por el ojo somnoliento. Las huellas han caminado como furiosas en una marejada después de ser el ojo despierto. 
   Sin embargo, el que fue perseguido como una sombra gana la persecución en rapidez. Mas la sombra fue buscada hasta que el cansancio de los pies sobre la arena se derrumbó. Una piedra de la costa fue intuida como un arma.  
   El cielo fue pintado como el carbón, pero el calor no fue descendido; fueron traslúcidos de vez en cuando, destellos fosforescentes verdosos.  
   La piedra marina fue sacudida en el aire como un intento. Fue aprovechada la luz para arrojar la piedra marina hacia adelante. De golpe, la oscuridad ha emergido como una gran boca de lobo en el lugar. Se ha oído un golpe seco. Lo rojo de los hilos de sangre en la cabeza se esparcen como enredaderas en la arena. 
   No fue escuchado ruido atronador en el cielo que no es más cielo sin sus estrellas, dos rayos de luz verde fosforescente se han adentrado. Joaquín Quintana fue quitado de este mundo. No se ha escuchado más nada. 


Noemí González 
Adrogué, Gran Buenos Aires, Argentina

domingo, 14 de diciembre de 2014

Marisa Noemí González

El viaje

María Rosa ya hacía dos años que iba y venía de una punta a la otra del país en micro.
No es que el viaje fuera tan largo sino que a ella se le hacía interminable. Tampoco se podía quejar ya que conseguía el pasaje con una facilidad bastante desacostumbrada para los tiempos que corrían. De todos modos lo primero que hacía cuando se bajaba del micro era contemplar las vidrieras de los negocios de la avenida que también habían tenido la suerte de transitar sus ancestros. A veces se detenía en alguna confitería y se gastaba los pesos que tenía sin lamentarlo ya que se decía que dentro de un tiempo ni iban a valer nada. Así que se sorprendía diciendo: Quiero éstas con baño de chocolate, y estas otras con baño blanco. La empleada hacía el típico gesto al envolver las masas en papel fino y la cinta brillante correspondiente. Pensó que ya debían ser las cinco y media por lo menos mientras el paisaje de los pastos verdes con vacas se le presentaba ante sus ojos cansados de mirar siempre lo mismo. El chofer va mas rápido de lo acostumbrado, mientras no vaya a más de noventa se dijo a sí misma. María Rosa se puso los guantes de lana pues faltaba poco para llegar a la terminal y sin darse cuenta se durmió. Cuando se despertó el micro estaba detenido. Se quedó mirando por la ventanilla lo que para ella fueron minutos y su voz que parecía llegar desde la angustia dijo: Cómo no me avisaron estos vagos de los choferes! Entonces tomó valor, despaciosamente caminó por el pasillo y se encontró con el micro que parecía vacío. Hasta le dio miedo llamar en voz alta a alguien y que no hubiera respuesta. Se detuvo frente a la puerta del micro por la que descendían los pasajeros que se encontraba cerrada. Pero la puerta milagrosamente se abrió y María Rosa fue envuelta por una luz blanca. Parecía que nevaba afuera o al menos eso le pareció a sus ojos y se alegró por el paisaje nuevo. La atmósfera le daba paz y de repente sintió que el añorar ya no existía más y que éste era transformado por un entusiasmo extraño. La luz de la que provenían todos estaba allí tan cerca esperándola y no tenía más que caminar hasta ella. María Rosa abrió los brazos, movió un pie, movió el otro y se halló fuera del micro.  

El límite negro
 
Los papeles habían sido tirados con el fin de destruirlos pues ya no le servían al hombre. Lentamente algo emerge de la chimenea. Se le aplastaron las alas. No entiende como pudo ser que se le escapó la perspectiva que tanto había buscado. Unas mugrosas alas. No, no era cuestión de caerse otra vez pensó. Nadie le había dicho que iba a ser fácil. Las alas le chirriaron y soltó el grito que se confundió apenas con el chirrido de los papeles que los quemaba el fuego. Pero cómo le dolía a la vez tener que tirar todo a la chimenea porque no le servían ni para bosquejar otra cosa. La silla de tapizado morado donde se lamentaba el hombre se asemejaba demasiado a un cuerpo amorfo que emergía de las brasas de la chimenea. Se había pasado horas tratando de que se le ocurriera algo garabateando ideas sin sentido. Había destruido los papeles para que se le escaparan junto con su frustración. Las líneas estriadas de la masa amorfa que surgía de las brasas se transformaron en membranas tan sutiles como las de una piel humana. A veces era mejor empezar de nuevo y no de alguna manera regodearse de una forma masoquista en algo que en definitiva desde su origen había empezado mal. Lo que mal empieza mal acaba se dijo a sí mismo. La masa hecha cuerpo deja el fuego de la chimenea y localiza al hombre que le da la espalda. Lentamente el hombre destapó la botella de ron, se sirvió la bebida y la saboreó con un gusto amargo en la boca. Prende un cigarrillo negro y lo saborea. Lentamente se incorpora y se da vuelta al sentir una presencia extraña en el cuarto. 
El hombre llora al ver un humano que tiene ojos tan negros como sus antiguas alas de vampiro.
Su creación del papel hecha realidad.  


Marisa Noemí González
Nació en Avellaneda. Reside en Felix U Camet, General Pueyrredón, Buenos Aires, Argentina


miércoles, 23 de marzo de 2016

Marisa Noemí González


Mis amigas

A veces parece que me hablan, aunque no pueden hablar ellas se comunican conmigo. Hace rato que convivimos todas juntas. Al principio no las podía ni ver. Me quería ir, pero no podía.
Había un amor que me ataba a la casa. Por amor me las aguanté. A veces cuando me despertaba de noche creía que me estaban diciendo algo. Trataba de escucharlas, pero al rato me dormía. Era bastante difícil no verlas. Una vez que vinieron las hormigas a invadir y ellas les marcaron el territorio. Son muy fuertes. Recuerdo que cuando era pequeñita me encantaba jugar con ellas. Era tan delicioso sentir sus caricias sobre las palmas de mis manos. No me gusta cuando él las mata de un zapatillazo. Un día me levanté y las vi a todas juntas. Eran tantas que era imposible contarlas. Lo habían rodeado a él. Rápidamente se le subieron al cuerpo, la sangre comenzó a manar. Yo me quedé mirando como mis amigas, las arañas lo mataban. 


La ofrenda

Después de que Nahuel se hubiera levantado rápido de la cama recordó que se había sentido muy contrariado de no poder ver las estrellas en el cielo en la noche de ayer, una verdadera lástima, pensó. Su madre lo había interrumpido para que no se perdiera la cena. Nahuel escuchó que su madre le decía desde la cocina que hoy primero de agosto era el día de la ofrenda a la Pachamama, que como siempre iban a ir todos incluso la abuela Francisca y que no podía jugar en la computadora que le había regalado el gobierno a su hermano Newen. Nahuel se apenó pero después pensó que sería divertido ir pues lo que más le gustaba a él era escuchar los copleros y copleras.
Ya era la hora de salir y Nahuel se olvidaba el gorrito tejido por la abuela Francisca, corrió a la pieza que compartía con su hermano mayor Newen, se lo colocó lo más rápido que pudo y por la ventana vio que se levantaba un viento extraño para las fechas en que estaban. Toda la familia se dirigió al punto de encuentro acordado para realizar la ofrenda de la Pachamama al que iban todos los años y el viento levantaba la tierra rojiza enfriándoles las ropas. Alrededor del pozo, el surco que se hacía en la tierra para alimentar a la Pachamama, los presentes que habían llevado comida y bebida fueron dejando uno por uno las ofrendas en el surco, la boca abierta de tierra de la Pachamama. Nahuel que no había llevado ninguna lo codeó a su hermano y este se rió, lo que provocó la mirada severa de su madre. Todos los presentes sacaron el cigarrillo y lo prendieron para colocarlo alrededor de las ofrendas. Esperaron un buen rato para que se consumieran hasta el final. Alen, la madre de Nahuel se estremeció pues el cigarrillo prendido por su madre, la Francisca, no se había apagado del todo. Significaba que una desgracia o la muerte se presentaría ante ellos. Las copleras y los copleros cantaban después de que los ofrendantes tomaban el vino para brindar con la Pachamama. Nahuel volvió a su casa con sus familiares cantando una copla: Pachamama, Santa Tierra haz que suba este cerrito sin cansarme, mientras pegaba saltitos al finalizar la copla.
Al día siguiente Nahuel se levantó solo, sin que su madre lo despertara. En la cocina se encontró con que su madre lloraba desconsoladamente.
-¿Mamá que te pasa?
Murió la abuela Francisca, Nahuel. Ayer durante la ceremonia su cigarrillo no terminó de apagarse hasta el final. La Pachamama nos habló.
Nahuel se entristeció, pues la abuela Francisca además de tejerles los gorritos a todos sus nietos también les preparaba unas galletas con naranja para que comieran en el recreo de la escuela. Entró corriendo Newen que les dijo:
-Hablé con Juan y me dijo que su mujer está esperando un bebé.
-¡Ves! -le dijo su madre a Nahuel- la Pachamama es sabia. Se llevó a la abuela al lugar de donde salió, del polvo venimos y al polvo volveremos; y la hizo fértil a la mujer de Juan bendiciéndola con una criatura.
Nahuel y Newen observaron por la ventana como quizás el viento que levantaba a la tierra rojiza se llevaba al Qhochapampa de la abuela Francisca.


Marisa Noemí González
Felix U Camet, General Pueyrredón, Buenos Aires, Argentina

domingo, 14 de diciembre de 2014

Autores publicados


revista literaria con voz propia nº 64

     diciembre 2014

                    
          autores publicados en esta edición: 


- Robert Gurney
- Laura Beatriz Chiesa
- Gustavo Vaca Narvaja
- Raúl Pérez Arias
- Rogelio Ramos Signes
- Rolando Revagliatti
- Eduardo Coiro
- Jaime Icho Kozak
- Lao Paunero
- Roberto Pagura
- Miguel Ángel Longarini 
- Jorge Omar Hermiaga
- Concepción Sedano
- Roberto Romeo Di Vita
- Victoria Servidio
- Nilda Muñoz
- Ana Barchuk de Rodríguez
- Marisa Noemí González
- Hugo Fernando Pereira
- Jesús María Ludi


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           revista literaria con voz propia
             ISSN 2314-0275


             Edición y dirección: Analía Pascaner
             San Fernando del Valle de Catamarca
             Catamarca – Argentina

lunes, 16 de octubre de 2023

Autores publicados


¿Tienes la suficiente paciencia como para esperar que tu propio barro se asiente y el agua sea más clara?
Thich Nhat Hanh 

con voz propia Nº 129
Revista literaria
Octubre 2023 

Autores publicados en esta edición



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miércoles, 12 de octubre de 2022

Autores publicados


Conocer nuestras propias sombras nos ayuda a tratar con el lado oscuro de los demás. 
Carl G. Jung 

con voz propia Nº 120 – Revista literaria 
Octubre 2022 
Autores publicados en esta edición


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martes, 20 de agosto de 2024

Autores publicados


Ay el tiempo, el tiempo… ¿dónde se había metido? 
Anne Jacobs 

con voz propia Nº 136
Revista literaria 
Agosto 2024 

Autores publicados en esta edición



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miércoles, 23 de marzo de 2016

Autores publicados


revista literaria con voz propia nº 67

                                                                 - marzo 2016 -
                    
autores publicados en esta edición: 


- Alejandro Drewes
- Emilio Núñez Ferreiro
- Amalia Mercedes Abaria
- Julio Bepré
- Ada Inés Lerner
- Jaime Icho Kozak
- Haidé Daiban
- Carmen Rosa Barrere
- Sebastián Zampatti
- David Antonio Sorbille
- Eduardo Coiro
- Eduardo Dalter
- José Miguel Diez Zalazar
- Silvia Susana Rivera
- Daniel Abelenda Bonnet
- Etherline Mikëska
- Sanndy Luna Morales
- Ruth Ana López Calderón
- Ricardo Ponce Castillo 
- David Lechuga Fernández
- Federico Spoliansky
- Adriano de San Martín
- Omar Darío Ruiz
- Marisa Noemí González
- M. C. Vásquez
- Osvaldo Ballina
- Alba Estrella Gutiérrez
- Salomé Moltó
- Omar Darío Ahumada
- Áurea López Quiles


             revista literaria con voz propia
             ISSN 2314-0275

             Edición y dirección: Analía Pascaner
             San Fernando del Valle de Catamarca
             Catamarca – Argentina



domingo, 22 de marzo de 2020

Autores publicados


Revista literaria con voz propia nº 95
Marzo 2020
Autores publicados en esta edición: 



Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia:

Revista literaria con voz propia
Publicación y distribución gratuitas
ISSN 2314-0275
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martes, 21 de septiembre de 2021

Autores publicados


¿Qué o quién, me ha sostenido en momentos en los que me sentía desesperado?
Pregunta del día, en Internet

con voz propia nº 110 – Revista literaria 
Septiembre 2021 
Autores publicados en esta edición


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Revista literaria con voz propia 
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lunes, 19 de septiembre de 2011

Cuentos breves

Eduardo Bieger Vera
-Madrid, España-
El libro

Tumbado en el diván, leía el libro. Al pasar la página las hojas rasgaban el silencio y cuando terminaba un párrafo, una frase, a veces incluso tras detenerse –sin prisa– en una palabra, cerraba los ojos y aspiraba la fragancia del papel. Después, colocaba el libro abierto boca abajo sobre su pecho, y lo observaba moverse al ritmo acompasado de su respiración, como un pájaro raro que hubiera venido a morir junto a él. Y así hasta que la luz declinaba y se dejaba ganar por el sueño, a la espera del nuevo día que le permitiría seguir leyendo.


Carmen Frontera Quiroga
-Madrid, España-
La pluma

La pluma que días antes se deslizaba rápida, estaba detenida en un punto y aparte, caía un abismo.
Sentado, escudado por la mesa del despacho miró hacia la puerta. Entonces la vio. Llevaba ese moño que a él le gustaba deshacer, y ese escote en el vestido que le gustaba dejar caer, y esas medias de seda que le gustaba acariciar, y esos tacones de aguja fina que le gustaba escuchar resonando en la madera de su habitación.
La pluma se abrió paso por la cuartilla en blanco. La había encontrado. Era la mujer de su novela.


Noemí Valiente Sánchez
-Ávila, España-
¿Penélope?

Después de tantos viajes, de andenes y estaciones, repetidas y distintas, nunca vi a Penélope marchita.
Penélope es siempre joven y en cada espera cambia de rostro, de sonrisa, muda de expresión en la mirada.
Habrá una Penélope en cada Ítaca, varada de nostalgia; pues todas seremos Penélope cuando ansiemos el silbido de metal, mientras busquemos, entre la momentánea multitud, correspondencia en una intensa mirada.
Lo seríamos todas pero tú, Penélope, eres única.


Concha Fernández González
-Guadalajara, México-
El último té

Ernestina preparó el té con la misma minuciosidad de siempre. Luego lo vertió en dos tazas y las depositó sobre la bandeja junto a las servilletas, el azucarero y el platito con las pastas de té. Antes de salir, se acercó a la llave del gas y la giró media vuelta. Después realizó la misma operación con los fuegos de la cocina y, sin acercarles ninguna llama, abandonó la estancia.
Roque la esperaba sentado ya a la mesa en la sala contigua. Ernestina le sirvió el té sonriendo sin reprocharle, ni por un solo momento, que la fuera a abandonar.


Yose Álvarez-Mesa
-Asturias, España-
Liberación

El silencio traspasó los umbrales y se posó en su lecho solitario. La noche, aquella primera noche sin él, había pasado, dejando en la piel un antes y un después de aquel momento. Cesaron las cadenas, el miedo, los puñetazos de amor, el odio guardado en la alacena. Salió a la calle con el único propósito de buscar en las esquelas la noticia de su liberación.


Javier Bervel Solís
-Cataluña, Barcelona, España-
Cuestión de prioridades

Hace ya un tiempo, Leo supo que le quedaba poco de vida. Reflexionó y compuso una larga lista ordenando cronológicamente todo aquello que ansiaba hacer antes de fallecer, poniendo como inicio y fin: la enfermedad y la muerte. Desafortunadamente, la muerte se adelantó algunas posiciones, dejando así sin cumplir algunos de sus deseos.
Ahora, en su lecho de muerte, se arrepiente de haber puesto como penúltimo paso el estar con su gente. No se arrepentía de la posición, sino de la aparición de ésta, ya que ¿acaso recordó en esa lista que debía respirar?


Sofía Castañón
-Asturias, España-
Otra vuelta al mundo

“Hasta la caseta de los helados y paro” se dijo Domingo Díaz aquella mañana en la que había salido a correr. No recordó que hacía una semana que era Octubre y ya habían quitado todos los puestos del paseo.


Beatriz Coira Ríos
-Galicia, Vigo, España-
Alaida

Soñaba con que Alaida estaba con ella, que corrían juntas por el pasillo, el mismo que, cada día, fregaba con la ilusión de conseguir dinero para traer a su hija desde Perú.
Parecía escuchar sus risas en la habitación y, al limpiar los espejos del comedor, casi podía ver reflejado su risueño rostro infantil.
Esa esperanza la ayudaba a sobrellevar su soledad y soportar mejor el duro trabajo diario.
El firme paso del tiempo se iba evidenciando en su semblante y, aunque la aproximaba más a su objetivo, sentía también como desdibujaba lentamente los rasgos de Alaida en el cristal.


M. Salomé Chulvi Lleó
-Valencia, España-
Caracol


Estaba a punto de llegar a su festín: una enorme y jugosa hoja de morera. Entonces el granjero salió de su cabaña y fue a orinar a los pies crujientes del árbol.


Miguel Flores Pintado
-Huesca, España-
La niña que no quería crecer

La niña contempló lo que le rodeaba y decidió que no deseaba seguir creciendo. Vio a su madre sentada en un rincón del sofá y a su padre en el otro sin mayor distancia entre ambos que un cojín mullido que semejaba ser gruesa muralla de silencios. Vio a su abuela observando el vacío sin mayor esperanza que la que tienen aquéllos que nada esperan. Luego giró la cabeza y engatusada por las chispeantes luces de la televisión, abrió la boca y se dejó embelesar.
Intentó hacer un esfuerzo pero fue en vano… ya no se acordaba que deseaba.


Cuentos incluidos en la Colección Gaviotas de Azogue Nº 62 (agosto 2008), editada por la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE). Madrid, España.

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No hay ni malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores.
Victor Hugo

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