sábado, 8 de abril de 2023


Queridos amigos: 

En estos meses no realizaré ediciones de la revista con voz propia pues estoy tomando un descanso. 
Todo está bien, todo está como debe estar. 
Deseo que estén muy bien y tengan días plenos de salud, alegrías y bendiciones. 
Nos reencontraremos muy pronto. 
Reciban mi abrazo cálido y mis mejores deseos 
Analía Pascaner 


Cuando se presenta la magia, hasta los más cándidos saben que ese instante no se volverá a repetir. 
María Oruña


lunes, 13 de marzo de 2023

Editorial



con voz propia Nº 124 

Revista literaria 

Marzo 2023 


Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner 

Publicación creada en noviembre de 2006 
Distribución y publicación gratuitas 
ISSN 2314-0275 




Rema en tu propio barco. 
Eurípides 




Busca dentro de ti 

Busca dentro de ti 
la solución de todos los problemas, 
hasta de aquéllos que creas 
más exteriores y materiales. 

Dentro de ti está siempre el secreto; 
dentro de ti están todos los secretos. 

Aún para abrirte camino en la selva virgen, 
aun para levantar un muro, 
aun para tender un puente,
has de buscar antes, en ti, el secreto. 

Dentro de ti hay tendidos ya todos los puentes. 
Están cortadas dentro de ti las malezas 
y lianas que cierran los caminos. 

Todas las arquitecturas están ya levantadas dentro de ti. 

Pregunta al arquitecto escondido: él te dará sus fórmulas. 

Antes de ir a buscar el hacha de más filo, 
la piqueta más dura, la pala más resistente, 
entra en tu interior y pregunta… 

Y sabrás lo esencial de todos los problemas 
y se te enseñará la mejor de todas las fórmulas, 
y se te dará la más sólida de todas las herramientas. 

Y acertarás constantemente, 
pues dentro de ti 
llevas la luz misteriosa de todos los secretos. 


Amado Nervo 
México, 1870 – Uruguay, 1919 




No desdeñes a nadie y no rechaces nada, pues no hay hombre que no tenga su hora y no hay cosa que no tenga su lugar. 
Pirkei Avot 4:3 



Revista literaria con voz propia 
ISSN 2314-0275 
Propietaria: Analía Pascaner 
San Fernando del Valle de Catamarca 
Catamarca – Argentina 

Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 



 … toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y sólo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, sólo éste ha vivido de verdad. 
Stefan Zweig, El mundo de ayer


Autores publicados


Añorar el pasado es correr tras el viento. 
Proverbio ruso 


con voz propia Nº 124 – Revista literaria 
Marzo 2023 

Autores publicados en esta edición: 

Alba Aída Oliva 
Damián Andreñuk 
Manuel Serrano 
Jorge Isaías 
Rolando Revagliatti 
Annabella Rinaldi 
Álvaro Acevedo Merlano 


Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia
https://revistaconvozpropia-autorespublicados.blogspot.com.ar/ 
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 


Revista literaria con voz propia 
Publicación y distribución gratuitas 
ISSN 2314-0275 
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner


Alba Aída Oliva

Resurgir 

Resurgir es doloroso, 
Primero es necesario morir. 
La hora de mi primera muerte, 
Amaneció con mi primer poema. 
Sentenció mi condena, la hoja inmaculada, 
Ya después empeñé mi destino, 
Al incrustado oficio de tejer palabras, 
Y pretender revivir en ellas a todas las muertes, 
A todas las heridas, reverberando. 
En este campo en flor, cubierto de zarzas, 
Clavándome sus espinas a cada tramo, 
Sorteando el surco, quebrando malezas, 
Creando espaciales galaxias, donde perder alguna lágrima, 
Recuperando el hálito divino, sostenido en letra viva. 
A veces creo que lo único que vive es ella, 
Se mantiene imperturbable, destilando su esencia sobre mí. 
Yo me dejo morir una y otra vez, para palparla nueva, 
En otra ráfaga de mañana. 
Es la eterna, la primordial, magnificencia lúdica. 
Vibra entre este espejo interminable, 
Siento que me eyecto y me contraigo, 
Estoy en el útero, en la caverna. 
Esperando el ciclo, cada vez más aterida, 
Cada muerte más sola. 


Violeta Parra - Flor de Chile 
(Canción) 

Los sueños de Violeta se elevan 
Claros ojos de viento brillando 
Sus flores perfumadas regresan, 
Con sus versos tiemblan las tonadas 
Y guirnaldas de amor por sus cerros 
Atraviesan el alma del pueblo 
Acaricia su voz, es consuelo 
Para el pobre que no tiene nada 
Más que su corazón y su vuelo 
Redención de clamor que se canta 
Todo Chile es un trino sincero 
Cuando entonas tus coplas Violeta 
Se estremece en tus versos, sereno 
El puro sentir del universo 
Tómame de la mano cantora 
Entreguemos tus coplas al cielo 
Cantaremos en tanto amanezca 
Luminosa la voz del silencio 
Para el pobre que no tiene nada 
Más que su corazón y su vuelo 
Chile dio su flor: Violeta Parra. 


Un poema puede 

Un poema puede desatar el amor. 
Un poema puede asombrar al mundo. 
Un poema puede cambiar tu rumbo. 
Un poema puede parar la guerra. 
Por un poema cercenaron vidas. 
Por un poema se abrió una herida, 
fluyendo sangre por mi vida. 
Un poema que canto en las esquinas, 
poema loco, grito todavía 
salió del alma anda a la deriva 
colmó de gozo, clavando espinas. 
De mi corazón luz encendida 
Paisaje de caricias furtivas, 
coronó de perlas con su risa. 
Poema mío que nació de la nada, 
poema mío la rosa más galana 
convertido en río cruza por mi alma 
Protegió del frío, sembró esperanza 
lo dejo prendido de tu cara, 
tu cintura y lo pliego a tus alas. 


Alba Aída Oliva 
Mataderos, Ciudad de Buenos Aires, Argentina 

Todo dormía como si el universo fuera un error.
Fernando Pessoa

Damián Andreñuk

Lecciones 

He aprendido lecciones de alimañas exaltadas. 
         De la angustia en soledad 
                que no puede decirse. 
        Del tesón de una hormiga. 
     Del amor de una madre. 

Como un explorador que encuentra una esmeralda. 
Como un águila sobre la copa de un ciprés. 
Como una mano en paz acariciando un caballo.
 
Indigencia es rendirse, 
asfixiarse en la voracidad, 
olvidar a nuestros ángeles guardianes. 

He aprendido lecciones de un niño que se ríe. 
      De los falsos murciélagos del tiempo. 
            De las víboras del odio. 
     De una flor bajo la lluvia. 
  De púgiles que lloran. 


Malena 

Malena: 
están ahí. 
Ambicionando lo que atonta a la conciencia. 
Sembrando oscuridades y desgracias. 
Enalteciendo lo vacío y lo fugaz. 
Cortándole las venas al cariño. 

Malena: 
hay una paz indecible enlazada a las constelaciones. 
Hay alimañas vegetando sin amor 
en pantallas que les fríen los cerebros. 
Hay copas y copas de buen vino 
para resucitar toda la magia abandonada. 

Malena: 
están ahí. 
Ofreciendo luminosamente reinos de quietud. 
Irradiando la libertad más grande. 
Transformando ceniza en esmeraldas. 
Recordando las verdades benignas, las alianzas poderosas con lo eterno. 


Océano vertiginoso 

“Quiero morir de fuego y sangre” 
Delfina Tiscornia 

En la hiedra cenicienta del olvido 
duermen hienas y murciélagos 
en la más aterradora zozobra 
            un difícil precipicio 
feroz como rugidos al unísono 
de todos los leones del planeta 
ojos cerrados para ampliar la realidad 
rey y peón cambiando de tablero 
la miel oscura de unos labios majestuosos como pequeños astros 
un retrato amarillento de un digno antepasado 
un dibujo desproporcionado y mágico que se ha hecho en la niñez 
el porvenir como un océano vertiginoso un lago donde nadie 
mi amigo Leandro Francisco López con su pluma extraordinaria
creando desde su corazón un cielo interminable y fascinante
mi amigo Leandro Adrián Corzo flotando por el campo en su caballo 
                            ajeno a lo ficticio de este mundo
mi amigo Marcelo Javier Barneche transformando las tinieblas 
                                a su alrededor 
                    en nubes radiantes. 


Damián Andreñuk 
La Plata, Buenos Aires, Argentina

domingo, 12 de marzo de 2023

Yo podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito. 
William Shakespeare

Catalina Zentner Levin

Infancia, bosque azul 

Algunas noches sueño con un bosque 
con árboles azules y ardillas atrevidas. 
El sol casi al alcance de mi mano, 
el dulce limpio olor a tierra húmeda. 

Algunas noches sueño con un bosque
y duendes con sombreros puntiagudos 
que retozan brincando entre los setos 
mientras juegan a esconderse de las nubes. 

Algunas noches sueño con un bosque 
y rescato a una niña, desde lejos
que jamás olvidé y no me abandona 
azul infancia, bosque del recuerdo. 


Bastidor de la abuela 

Los bordes de la aurora
la luna en estampida 
el revés del eclipse 
núbiles madreselvas. 

Restos de avemarías 
vasallaje y ardores 
sillones aparcados 
meciendo la inclemencia. 

Un mástil y lamentos 
de viejos marineros. 
Edredones de plumas 
bastidor de la abuela. 

Ensayo de inocencia 
perdida en añoranzas 
burbujas carceleras 
de sonidos delgados. 

Borrón de la memoria 
camposanto y exilio 
bouquet de epifanías 
gárgolas en receso. 

Y yo transfigurada 
en refracción apócrifa 
pego saltos en vano 
tras confusas riberas. 

Buenos Aires, 2011 


La mano de la enamorada del viento 

La mano de la enamorada del viento 
acaricia la cara del ausente. 
Alejandra Pizarnik 

Viento que estrías la piel del horizonte 
declárame armonía mas no docilidad. 
Mano reveladora de despertares 
tan simples como orillas 
en mapas transparentes 
parte la enamorada 
entre llovizna y luz 
silencios y sortijas 
añejos vaticinios 
brisa esquiva 
malecones 
mudez. 

Gira la enamorada del viento 
hacia el profundo fondo
de sí misma. 

En tanto el viento escribe versos 
un pájaro cansado se repliega 
cuando el mundo se vuelve 
una burbuja azul 
sobre su palma. 

(Sobre versos de Alejandra Pizarnik


Poemas tomados de la página web de la autora: 
Catalina Zentner Levin 
Corrientes, Argentina

Sencillo es todo lo verdaderamente grande. 
Honoré de Balzac

Manuel Serrano

La casa de mi playa 

La casa de mi playa, 
vacía y misteriosa, 
no recuerda su origen, 
pero yo sí. 
Nunca tuvo dueño, 
solo la luna y la brisa, 
la lluvia y yo; 
nunca entré en ella, 
solo la quería, 
solo la veía 
en mis sueños. 


La luna llora 

La vieja luna llora 
surcando el infinito cielo 
en un silencio oscuro. 


El beso deseado 

Eres barco que navega 
el alma dulcemente 
Sobre efímero paisaje 
donde duerme la lluvia quieta, 
donde se siembra la nube 
bajo el sol bostezado, 
deseando el beso 
de tus labios cálidos. 


El arpa 

Desde la atalaya 
el arpa grandiosa, 
desafinada y triste,
mira al árbol del cielo 
a la espera del trovador 
que afinarla quiera. 


Mi final 

Te llevo en mi corazón, 
solo quiero el blanco escudo 
de tu angelical presencia. 
Te doy mis palabras 
en cofres de oro y plata, 
como en un remanso 
donde las ramas caídas 
son tu alma dulce. 
Atrás quedaron lutos y llantos, 
rescoldos del pasado 
que se fundirán en el olvido. 
Solo quiero tu amor, 
ramo celeste, 
que a la luna sigue
hasta el final del camino: 
mi final. 


Manuel Serrano 
Valencia, España

Las gentes propensas a la melancolía son las mejores dotadas para el amor. 
Stendhal

Jorge Isaías

Ternuras lejanas 

Fue en el atardecer en que admiramos más allá del crepúsculo las últimas estribaciones donde reinaban los árboles. 
Era cuando el mundo admitía su derrota no de golpe, sino de un modo paulatino y sagaz, casi como si no quisiera darse cuenta. 
Aquellos árboles, preguntaste, qué son. Eran especies ajenas a mi conocimiento de entonces, y callé. Volviste a hacer la pregunta de un modo un poco imperativo, sonriendo y con una casi vehemencia que nunca había sido tu estilo. Sonreí cohibido, y volviste a esa serena sonrisa con la cual volvías todo a su exacto lugar. Y me dijiste que repitiera esos nombres: tilos, casuarinas, magnolias y palo borracho, de flores blanquísimas que en mi memoria flotan como copos de algodón o de azúcar en esos capullos de azúcar que comprábamos los domingos en la cancha de fútbol donde merodeábamos curiosos antes de interesarnos por el juego que más temprano que pronto iría a ser nuestra pasión excluyente y el motivo de un reto paterno, por el temor que el hijo perdiera interés en los estudios y pretendiera abandonar la escuela, como ya habían hecho algunos chicos del pueblo. Entonces hubo órdenes rígidas, como toda regla del padre: “En esta casa sólo está permitido hacer comentarios de fútbol los sábados y domingos”. Inútil protestar porque el castigo podría ser mayor. Pero uno se desquitaba con los amigos en la escuela o en el campito de gramilla mezquina que soportaba nuestras zapatillas rotas o nuestros pies descalzos si era verano. 
Pero vos, que todo mirabas con esos ojos oscuros, que todo comprendías, ahogabas una lágrima en tu delantal que olía a cebolla, y amasabas esos buñuelos repletos de azúcar impalpable para el mimo que mi padre no percibía, en esa distracción y en su empecinado autoritarismo. Y ese gesto que ofrecía siempre la arista más dura, obcecada e intolerante. Y pobre si alguien osara contradecirlo en su orden que reportaba con su andar mudo y taciturno, cómo saberlo si era real o un papel que debía cumplir como hombre que no llora nunca. 
No sé si es cierto papá que nunca lloraste. 
Y sin embargo ella que era tan propensa al llanto llevaba en su tímida risa todo el amor que cobija mi pena infinita en estos tiempos hostiles como antes en la indefensión de los años. 


Jorge Isaías 
Rosario, Santa Fe, Argentina 

Hay momentos en la vida cuyo recuerdo es suficiente para borrar años de sufrimiento. 
Voltaire

Rolando Revagliatti

Fingidor 

He sido un policía bueno 
más veces de las que he sido 
un policía malo 

pero he fingido ser el policía malo 
en los interrogatorios 
más veces de las que he fingido 
ser el policía bueno 

También he fingido no ser 
un policía 

Por ejemplo, ahora. 


¿Con qué satisfaré? 

¿Con qué satisfaré al inútil 
desmañado 
infructuoso
superfluo
inmundo 
alucinado
intransigente 
afán de Gloria 
que habita en mí? 


Desecho e izquierdo 


Hasta para ella morir 
fue demasiado. 


Sentir 
miento. 


La Eliminadora de Angustias 
se ceba 
con los sucedáneos de su padre. 


Soy la que él 
nunca amó. 


No está muerto 
quien lubrica. 


Tardo mucho en darme 
tardo mucho en darme contra el sosiego 
que él me inspira 
tardo mucho en darme contra él. 


Las piernas de esa chica 
tienen novio. 


Nunca me fue del todo mal 
con los hombres. 


Me amaste ayer 
Hoy me amas 
¿Habrás de amarme mañana 
aunque no te abandone? 


Del Libro del autor: Desecho e izquierdo. 2ª edición-e (corregida). Ediciones Recitador Argentino, 2018. Buenos Aires, Argentina. Desecho e izquierdo tiene 1 edición en soporte papel: 1999; y 2 ediciones en soporte electrónico: 2009, 2018. 
Rolando Revagliatti 
Buenos Aires, Argentina 

No puedo volver al ayer, porque ya soy una persona diferente. 
Lewis Carroll

Lydia Pistagnesi

Pienso en mi padre 
y en el día en que en alas de misterio emprenda mi última aventura. 

Estás cuando la brisa me acaricia 
y el sol asoma al mapa de mis sueños. 
Es tu sonrisa ternura en el misterio, 
y tu voz, ejemplo que me guía. 
En este intenso devenir, los años 
golpearon mi barca a la deriva, 
y fue tu mano que me acercó a la orilla, 
cuando la tempestad me acorralaba. 
En los cristales de mi ventana iluminada 
dibujo tu rostro con mis dedos, 
y regreso a la infancia, a los juegos, 
a la vieja estación abandonada. 
El pitar de un tren a la distancia, 
atravesando la neblina del presente,
irá dictando brusco, insistente, 
el momento de emprender la retirada. 
Y allí estará tu mano en la parada
de la estación donde termina el recorrido, 
en un andén para mí desconocido 

¡en esa dimensión donde me aguardas! 


Romance de distancias 

Y viajé adormecida
por paisajes distintos, 
donde la enredadera 
abrazada a la fronda, 
dirigía un concierto 
de pájaros silvestres, 
y repetía la tarde 
mensaje que te nombra. 
Junto a las mariposas 
volando con la brisa 
viajaban sueños nuestros 
ahogados de silencios 
y un sendero al pasado 
levantaba sus muros
bloqueando la esperanza 
de traerte al presente. 

En la esquina del alba 
rescoldos de una hoguera, 
humeaba su nostalgia 
sin aceptar reclamos. 
Y enfrentando silencios 
me acerqué lentamente
a un río de recuerdos 
perdidos y profanos.
Allí, ya sin palabras 
luchando con el llanto 
volví tras de mis pasos, 
aullé sin tu presencia 
y entornando los ojos, 
alejé los fracasos
hundida en el misterio 
de tanta indiferencia. 


Lucía

Olvidada en un rincón 
las mejillas tiznadas de distancias, 
la encontré. 
Mi primera muñeca, 
la que dejó Melchor 
en mis zapatos
un seis de enero distante 
y mis cuatro años
azorados contemplaban. 
¡Un milagro de amor! 
Su nombre fue Lucía 
y la acuné entre mis brazos, 
atesorando ingenuamente 
la ilusión. 
Después… 
El tiempo fue pasando 
y la olvidé. 
Quizá mi adolescencia 
había descartado la inocencia, 
para explorar caminos más osados. 
¡Cuánta distancia desde aquel entonces! 
¡Cuántos sueños escondidos en las sombras! 
¡Cuántos eneros pasaron por mi vida! 
¡Cuántos encuentros, cuántas despedidas! 
Hoy: 
Extrañé su rostro fabuloso, 
corrí a su encuentro… 
Me miró, temblé, no era la misma,
había dolor en sus ojos amatista 
mientras un rayo de sol acariciaba
una lágrima que lentamente resbalaba 
descubriendo en sus mejillas, implacable… 
¡Las señales que el tiempo no perdona! 


Del libro de la autora: Destino de Gorrión 
Lydia Pistagnesi 
Banfield, Buenos Aires, Argentina

Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo.
José Ortega y Gasset

Daniel Gorosito

El hombre del gabán negro 

         A Felisberto Hernández 
         (Montevideo, Uruguay – 1902-1964) 

En el viejo Montevideo 
de casas quinta del Prado 
y el chirriar de los tranvías 
vives una infancia marcada 
por el piano y armonía. 

Suenan por todo el Sur 
las piezas de tu autoría 
como Crepúsculo y Primavera 
hermosa sonoridad 
y tu gran fuerza emotiva. 

Vendrá la metamorfosis 
a máquina de narrar. 
Las teclas y partituras 
ahora descansarán. 

La música siempre será 
el sostén de tu escritura
la pluma tu nueva arma 
gran creador de literatura. 

Francotirador de metáforas 
siempre en el blanco tú das 
y partes una vez más 
enfundado en un negro gabán 
que absorbe la oscuridad. 

Las lámparas encendemos 
leve amanecer solar 
para una lectura de cuentos… 
“fantásticos” 
que la noche romperán 
y viendo como la vida 
entre las letras se va. 


Danza marina 

El mar escupe 
un pedazo de cielo 
lo transforma 
en blanquecina 
burbujeante espuma 
que desnuda 
alisa piedras 
el oleaje 
masajea 
lustra conchas. 
Los vestigios 
semi enterrados 
duermen en la orilla. 
Fin de la danza marina. 


El camino 

Antes de la lluvia
el cielo muy bajo 
estaba pintado de anaranjado. 

El dormido silencio de los pájaros 
es interrumpido 
por una llovizna vertical, 
persistente, 
que va plateando y agrisando 
el camino. 

El aire tiene alguna cicatriz 
arrastra agridulces rencores 
en un peregrinaje 
largo y penoso. 

De los árboles 
pende una melancolía crónica. 

A la vera del camino, 
las flores se abren en silencio; 
hermoso mestizaje de colores 
ilumina el camino; 
una incertidumbre acicateada 
por la esperanza. 


Daniel Gorosito 
Nació en Montevideo, Uruguay. Reside en Irapuato, México

Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza. 
Mario Benedetti

Ricardo Ponce Castillo

Manos benditas 

Esas manos benditas 
que usas para acariciar, 
para trabajar, 
para navegar por un mar 
de sonrisas, 
esas manos son 
las que la mujer ansía 
para entregarle su amor. 

Esas manos benditas, 
las que pueden amasar, 
cultivar, acariciar, 
son ejemplos del amor, 
que siempre debemos 
entregar con fuerza 
a la mujer amada. 

Bendito el hombre 
que no usa sus manos 
para golpear y destruir 
el amor bendito. 
Sí, para convertir 
sus sueños en realidad. 

Esas manos benditas
son las que debemos 
siempre cuidar. 


Nuestra porfía 

Hay algo que no entiendo: 
¿Para qué Satanás dividió 
el coronavirus en variantes? 
No, no era necesario, 
¿Para qué? 
Los gobiernos, con los sistemas 
aplicados en la corrupción, 
ensalzaron sus bolsillos,
los de su familia, 
la familia empresarial y política, 
dejando de lado 
a los que creyeron en él. 

Tergiversaron la mente 
de las futuras generaciones, 
los convirtieron en máquinas, 
en zombies, ya no piensan, 
sólo actúan haciendo el mal 
pensando que lo que hacen 
está bien, que es sólo un juego. 

Todavía encerrado en mi hogar 
busco la respuesta:
¿Para qué lo hizo? 
Cuando con sólo nuestra porfía 
era suficiente para ganar 
la demoniaca batalla. 


A la expectativa

Ocurra lo que ocurra, 
pase lo que pase, 
el amor abandonado, 
erradicado del corazón, 
sigue a la expectativa. 

Siempre dice: 
son inteligentes 
saben que les hago falta, 
saben que sin mi 
su vida se convierte 
en un caos, 
en un infierno. 

Por eso sigo aquí, 
a la expectativa, 
esperando el llamado, 
cuando entiendan 
que la mujer y sus hijos 
son la base de la vida. 

Confío en ellos, 
sé que van a cambiar. 


Ricardo Ponce Castillo 
Coquimbo, Chile

Más que el sable y que la lanza suele servir la confianza que el hombre tiene en sí mismo. 
José Hernández

Adriano de San Martín

Carta a la esposa 

Hablame como siempre / decí
que me querés / ¿soy en tu vida 
remordimiento? 
Juan Gelman 
 
Estoy sentadito en un banco de niebla 
pensándote conversándote extraviado 
conversándome pensándome cautivo 
                       separado de vos por la lluvia 
el enjambre de cipreses 
                         la punzada de la tarde 

aquí reinventándome la fantasmagoría de las palabras 
la magia del trance vértebra tras vértebra 
en la piel de la herida perpetua la posibilidad del vuelo 
                  pajarito/machete 
que volás con mi muerte alrededor de la mesa 
al acorde de las horas 

intento un gesto para tu cabello de lentejuelas 
                 rostro de cristal azul 
para tu voz adormecida en el teléfono 
intento un desabroche del duelo en la cintura de tus ángeles 
espuelita de mango en la noche de gangoche 
         para patrullar mis cementerios intento pero retrocedo 

intento en el mangle de tu deseo 
litoral encrespado por el temporal de tu vientre
ola que rueda y muere y rueda por todo el universo 
espera la luz del encuentro en el fragor de los cuerpos 
dentro de tu sexo de astros empapado por la semilla de polvo 
               la nieve amarilla del tiempo 

retrocedo pero intento retrocedo cisne calcinado en los abetos 
canto de rosario de reyes destronados estrella del sur palma venus 
cascada de más estrellas astros estrellas que persigo 
para descubrir nuestro pesebre sin mulas ni bueyes sino 
musgo hierba seca 
              ciudad fragmentada de los diciembres

rehúyo entonces pero peleo rehúyo 
empapelo las paredes con estos ideogramas 
parpadeos gritos contraespalda caballo desbocado 
en tu falda salto lanza salto 
                                    caigo 
viacrucis de luciérnagas vasos botellas velas apagándose 
                          cristus rotos 
vírgenes guardadas en anaqueles con azafrán de medianoche 
olor a azufre sudor hierbabuena pasos en la otra habitación de arena
golpeo finta golpeo finta 
                         paredes de humo 
                         puertas de avena 
golpea bajo golpean arriba golpeamos en el centro 
sombras en la caverna me llevan 
                                  caigo 
                                  caigo 
                                  caigo 
                                          caído 
mi descanso es una camilla sin descanso una camilla de niebla 

no descanso los miércoles ni los sábados 
tu santo es mi santo grial mirasol en el portal en el oratorio 
en el altar de flores papel crepé con su mantelito de gamuza
mírame como rezo en tus rodillas me poso nuevamente en tus pechos 

beso tus manos tus ventanas tus pies beso todo tu cuerpo 
                        lo beso en la noche del milagro 
paseo por tu jardín de alucinaciones con riesgo me incendio 
                        paseo pero el milagro no sucede 
                        sucedo fuego transparente interno externo 
no me digás que sos arrepentimiento 

decime que me querés pero no en tus secretos 
en tus viajes de notas muertas en tus cadáveres 
no por teléfono decime que me querés
como en aquel pueblo donde ahora dibujo incinero manoteo 
detallo una vez más tus pechos tus volteretas en la almohada 
para no despertar a la niña que llevabas por dentro 
                        dormida a nuestro lado 
decímelo suavemente                 ¿tenés remordimiento? 

para ser como soy palabra de mis palabras 
aguacero del recuerdo pasadizo de lo venidero 
fantasma de tus desvelos             ¿no me lo decís? 

por construirme un hogar de palo en la selva de mis quimeras 
un tálamo de viento en los devaneos del verso
almohadones de chocolate sábanas de menta 
con tu nena en el escaparate o en la mesa del domingo 
con mi desayuno a cuestas         ¿no me lo decís? 

no me digas qué somos: ¿remordimiento? 
sino qué seremos en esta avenida de ausencias 
                 palomita de mi tristeza más oblicua 
                 aguatera de mis fiestas de ceniza 
qué seremos si esto somos: remordido remordimiento

abrime con tus decires para poder contarte mis insomnios 
caminatas por la hierba 
                            ronda en la madrugada de tus ecos 
abrime con tu abrealmas para contarte más de cerca 
cómo me caigo por dentro y peleo intento rehúyo peleo 
pellizcando las noches para no recibir más que miradas 
                      soliloquios de mi sangre donde me vierto 
cerrame pues para no abrirte mis senderos de incienso 
alumbrados apenas por tus ojos tus dedos de lucero 
cerrame partera del barro poneme unos barrotes 
                    pero decime cómo seremos 
si no me decís que me querés qué soy en tu vida 
¿algo más que remordimiento?            ¿algo más? 

cerrame pues como la madrugada que gotea golpea 
se planta en mi acecho por los pasillos de las serpientes 
             cerrame / abrime - abrime / cerrame 
curame con tus hierbas poné tu imagen sagrada al sol a orar 
por nosotros 
por nuestros pecados nuestras dudas nuestras deudas 
             abrime / cerrame - cerrame / abrime 
para que navegués mis páginas retrocesos en letras negras 
perfumes malogrados café que no se asienta 
vení a esta hoguera de febrero vení tomá mis manos maestrita 
consolame con el desconsuelo que no consuela 
saboreá estas lágrimas cuchillos apagados en la distancia 
apagame / encendeme / apagame / encendeme 
decime que no me querés que me querés que no 
que yo soy otro                                 el otro 
alguien que imagina tu vuelo los martes o los jueves 
tus figurillas de arcilla en la casa sin paredes
las cariátides del último pabellón que no conoceremos 
el piso de candela la escalera en flor el cielo en duermevela 

decime con tus dedos de agua apagame en este incendio oceánico
apagame o encendeme o apagame con tus guerreros del viento 
pero decime si hemos sido somos seremos arrepentimiento
con tus manos tus sueños con tus cantos tus anzuelos 
porque me ahogo me esfumo porque me quemo 
                                                          decime 


Del libro del autor: Profesión u oficio, 2002 
Adriano de San Martín 
San Carlos, Costa Rica 

Annabella Rinaldi

¡Feliz cumpleaños! 

Es lo que dijo su esposo cuando esa tarde, abrió la puerta de la casa, de regreso del trabajo. 
No la besó, no estaba en sus modos, ni para aniversarios, como tampoco era su costumbre hacer regalos, pero en esa ocasión traía un paquete en la mano izquierda. Por afuera tenía la apariencia de cualquier presente, la bolsita con colores atrayentes y el moñito de cinta enrulada de color rojo intenso. Pero adentro había otra bolsa, distinta, de papel madera, cerrada con cinta adhesiva. 
Yosef… -lo nombró en voz baja Mary. Las armas las carga el diablo. Su semblante palideció hasta llegar a parecer cadavérico. El nene… -balbuceó. 
No te preocupes -le dijo el esposo, confiado. Está descargada y es para que te defiendas. Lo hago para protegerte.
Está el nene en su dormitorio -insistió Mary. Que no se entere, ¡guárdala de una vez! Pese a la súplica, Yosef la dejó dentro del paquete, sobre la cómoda pesada de algarrobo ubicada entre la puerta y el cuadro pintado al óleo por su propia esposa con la imagen de la Sagrada Familia Cristiana. Al apoyarlo, levantó la vista y vio en el espejo el brillo de los ojos hundidos y ojerosos. 
La sopa de cabellos de ángel estaba sobre el fuego, terminando de calentarse, aromatizando el ambiente como en toda familia. El pan sobre la tostadora, comenzaba a quemarse. Eso siempre irritaba a su esposo. Raudamente Mary acudió a la cocina. 
Comieron en silencio. Cuando Yosef no decía palabra no estaba permitido sacarlo de ese estado de ensimismamiento, desentendido del mundo exterior. Al finalizar la comida se levantó de la mesa y se retiró dejándole a ella los platos para la limpieza. Pero en el acto rompió el silencio: Deberías estar agradecida -sentenció. 
Después de hacer las tareas domésticas, Mary se aprestó para ir a descansar. Antes pasó por el cuarto de su hijo que ya estaba plácidamente dormido. Le dio un amoroso beso en la frente. Lo arropó. Buenas noches -le dijo, sin que éste escuchara.
Su esposo se encontraba esperándola sentado en la cama dentro de las sábanas. Entonces, con una sonrisa en los labios. Ella colgó en el perchero su bata color rubí, como el camisón que llevaba puesto, junto a los pantalones de él, doblados prolijamente en varias partes. Se acostó dándole la espalda. 
Mary, ¿no vas a estrenar tu regalo de cumpleaños? 
Mary se dio vuelta, lo miró e incorporó en la cama. 
Él ya tenía el arma en la mano. Con destreza apuntó a la puerta y disparó. Sin impactar bala alguna, tal como se esperaba. 
Ahora vos… yo te sostengo… El disparo fue dirigido entonces, hacia el televisor. 
Afuera la noche estaba serena y cálida. La luna en cuarto menguante iluminaba ayudada por el limpio cielo coronado con algunas estrellas diamantinas, plasmando las sombras sobre la tierra oscura. 
La quietud del escenario fue interrumpida desde adentro, por un brutal estruendo génesis del resplandor enceguecedor. 
Los pájaros que estaban reposando en las ramas de los frondosos árboles, volaron espantados, y los ladridos furiosos de los perros no tardaron en llegar. Instantes después, se escuchó el grito y el llanto desgarrador de un niño. 


Del libro de la autora: Recortes de un diario robado 
Annabella Rinaldi 
Neuquén Capital, Patagonia, Argentina

Hacer compañía consiste en añadir algo a la vida de los demás y hacer que ellos se sientan cómodos en nuestra compañía. 
Noel Clarasó

Nada que se fundamente en la violencia puede ser un beneficio para la humanidad.
Martin Luther King

Frans Gris

Rapsodia del usurpador 

1.- 
El usurpador vio que ya no había más tierras y lloró 
Él que vivía bajo el puente como emperador del albañal y de la rata 
Contempló sus territorios hasta el borde del parque 
A sus dominios no llega el reverbero de la luna 

2.- 
El usurpador desea poseer las landas 
Los trigales 
Los bosques 
(desea todo aquello como a una virgen) 


3.- 
Y amparado bajo los reflejos de su yelmo se soñó 
                                a horcajadas 
en rugiente bestia alada 
armado con adarga solar y peto 

4.- 
Los gusanos escalaron por sus frías lágrimas 
para asechar al eunuco que guarda entre las paredes 
de su granito cerebro 
Luego ácidas las horas de la angustia 
cegaron a este guardián del río Rojo 

5.- 
Hoy reclama su derecho a las tierras 
a los habitantes de los bosques 
allí serán encadenados a los círculos externos
los últimos sobrevivientes de los hongos de los cielos 
Estos esclavos fueron atados a los despojos de otros libres 

6.- 
(Ríos de oscuras ondas les calman la sed de venganza) 

7.- 
El anciano usurpador ha levantado su mano siniestra
por sobre las tierras y las maldice 

8.- 
La Desdentada sonríe y llama a las puertas 
que los guerreros han marcado 
y se derraman los ayes al paso del cortejo 

9.-
El joven Rey alza su copa y grita hacia los cielos 
Maldice a las aves oscuras que esperan 
Los que viven de carroña circundan las murallas 
Hay pájaros jugando 
con manos cortadas de niños ciegos 

10.- 
Todo esto fue en los tiempos postreros 
al derrumbe del imperio 
En el inicio de la era de las sombras 
habiendo muerto el orden viejo
fue el advenimiento de Marte y de las Parcas 

11.- 
Por esos mismos días 
sumió en terror a Occidente 
un instantáneo día sin noche 
y el dragón tiñó de rojo cada piedra 
cada lago 
cada dentada línea del horizonte 
cada trigal 
cada pradera 

12.- 
La tierra no podrá dormir hasta que un poeta 
con una pluma de pelícano 
logra hacer florecer un madero muerto 


Octubre 2022 
Frans Gris 
Los Troncos, La Cisterna, Santiago de Chile 

El que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él. 
Miguel de Unamuno

Álvaro Acevedo Merlano

De mentiras y filósofos 

Condenada omisión 
suponiendo nociones 
ayer inexistentes
justificando acciones 
mientras el odio crece. 

Experiencia perversa 
sin comprender ni sentir 
solo en negación 
de lo ya interpretado 
de lo ya preguntado 
de lo ya imaginado. 

Filosofía estéril
disfrazada de inocente 
acechando con aires 
de superioridad indolente 
sustentada en barbaries 
y reflexiones ausentes. 

Destino inescrutable
marcado por ausencias 
manifestaciones de advertencia 
que demandaron atención 
y hasta obediencia. 

Lo que no debe ser 
mejor que suceda 
sin importar que el vivir 
sea más de sentimientos 
que de tiempos o certezas. 

Mente inmadura 
carente de juicio 
útil a cuestionarios 
sobre hojas de cuadernos 
ya en basureros 
rodeados de infantes 
que aprenden historia 
planchando en sus manos 
letras falaces 
blindadas por fuero 
injusto y rampante. 

Rogando a este mundo 
un ritmo constante 
en un tiempo imposible 
que secuenció antes 
para hoy incrustarse 
en el pasado muerto 
como devenir perpetuo 
sin rumbo loable. 

El alma inconforme 
huye por tristeza 
buscando refugio 
en ritos paganos. 

Su último legado 
de un sueño acabado 
de promesas fallidas 
de olvido lleno de llanto
por el precio pagado 
de volver desdichado 
al templo sagrado. 

Preguntas banales
que evaden verdades 
engendran más dudas 
en la adultez errante. 

Sintiendo flagelos 
latentes por décadas 
que a más no poder 
demuestran crudeza 
por fuera del caos 
destruyendo al heraldo 
que enviado por dioses 
justificó el pecado 
de aquellos injustos 
convertidos en nobles. 

Sufriendo abandono 
de ninfas precoces 
de flores marchitas 
de sus propias voces. 

Dilatando el dolor 
disfrazando el ardor 
cargando la culpa
por actos atroces 
de violación y lujuria 
que nadie conoce. 


Álvaro Acevedo Merlano 
Ciénaga Magdalena, Colombia