lunes, 13 de julio de 2026

Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. 
Alessandro Baricco

Xenia Mora Rucabado

Para siempre 

A la memoria de mi hermano Alfonso 

Escribo a solas, 
te busco y ya no estás, 
el silencio me apabulla. 
Los surcos de la noche 
se dibujan en la ventana
en el encuentro 
de ausencias amadas. 
Pasean mi mente 
tu risa lejana, 
travesuras compartidas 
nuestros códigos de hermanos. 
Se me estruja el corazón, 
hay un dolor calmo, 
una tristeza vaga… 
Flota mi cuerpo… 
Solo necesito mi alma 
y dos alas para ir a encontrarte… para siempre… 


Espejo interior

Cuando la existencia 
me restituya la alegría, 
seré mensajera de música 
con voz de versos al viento, 
dejaré volar las últimas hojas 
de este otoño suicida. 

Bucearé en mi subconsciente 
con la mirada inmersa, 
en el perdón como bandera 
en aciertos y desaciertos. 
Seré faro de mi destino 
con voluntad sin tregua. 

Batallaré naufragios 
con agujeros de ausencia, 
mi velero llegará 
por fin a su puerto. 

En aquel momento, 
retomaré mi viaje, 
construiré puentes de acero 
para llegar a tu orilla, 
así, alojaremos abrazos 
donde tú seas tú y yo sea yo. 

                                12 de enero de 2014 


Ángel caído I 

¡Qué ilusión traía! 
tomó de equipaje su alma 
siguió la huella de su canto. 

Rodó el tul del pudor 
en el clamor de sus ansias 
fundieron su piel en una. 

¡Qué ilusión traía! 
buscaba sus brazos 
y espadas estrujaron su ser. 

No importaba nada... 
Sólo anhelaba la dulzura de su mirada, 
aunque en ello se le fuese la vida. 


Ángel caído II 

Malherida 
con aguerridas alas, 
la voz del ángel 
evade tormentas. 

Tules de ortigas 
cubren su piel, 
la sequía de caricias 
corteja su duelo. 

La infinitud es aguijón 
que infecta su recinto, 
con el filo del abandono 
es huérfana. 

En lo profundo de su alma 
sumida en el limbo, 
agonizando su canto 
pronuncia un nombre. 


Xenia Mora Rucabado 
Mendoza, Argentina 

Llevo toda mi vida intentando saber quién soy, qué soy y por qué soy. 
Paloma Sánchez-Garnica

Manuel Serrano

Por cambiar de sitio

   Acabó la guardia el sábado de madrugada. El domingo se casaba su hermana. Su dilema era el vestido, los zapatos y el bolso. Cuando llegó a casa encontró a su marido acostado en su lado de la cama. Le dio lástima y no le pidió que se cambiara. Tampoco quiso quitarle la almohada, aunque sabía que le daba buenos consejos. 
  Por la mañana se contaron dos sueños extraños: él sabía que se pondría el vestido marengo con las sandalias playeras y el bolso a juego, y ella, que su marido tenía un amante, moreno, atlético y bien dotado. 


Ruptura moderna 

-Mírame a los ojos y dime que ya no me quieres. 
-Como no levantes más el móvil solo te veo la barbilla. 


Mi mano derecha 

   Hace poco me paró una gitana que quería leerme la mano. Su mano derecha me dirá todo de usted, me dijo. Le di cinco euros y me marché. Hay ciertas cosas que mejor dejarlas entre ella y yo. 


Literal 

   “Te entrego mi corazón”, me dijo. A los cinco minutos ya estaba yo en el hospital para ver cuánto me daban por él. 


La ceremonia 

   Mira que estoy guapo. Con mi traje, mis zapatos relucientes y repeinado como para una ceremonia. Hasta me han puesto colonia. Y además, todos se han quedado prendados de mi hermosura. Pasaban, me miraban y comentaban lo guapo que estaba. Después de la ceremonia la cosa ha cambiado. Mi madre se ha puesto a llorar. Total, porque me han tapado. 


Del libro del autor: Curso de macramé. Microficciones. 1ª edición, Mar del Plata, Librería virtual Lágrimas de Circe, abril 2022. Este libro obtuvo el Primer premio género Microficción en el Certamen Literario Internacional “Hacia Ítaca 2022” 

Manuel Serrano 
Valencia, España 

Al no hacer nada, lo hiciste todo. Al no aceptar ninguna responsabilidad, ahora cargas con toda la culpa.
John Boyne

María Pugliese

                           sabíamos desde dónde mirar 
                           y qué ventanas abrir… 


del cielo a las ventanas de los cielos
desde las cerraduras a las puertas abiertas que las prescinden
de los vientos polares a los pies en la arena 
del ulular de perros 
a la oscura noche de las abstinencias 
de las calles pedradas 
al fango de zapatillas viejas 
de los tilos en flor 
al olor nauseabundo de los mendigos en busca de un sitio dormidero 
de un lado 
del otro 

por las ciudades dormidas 
al compás de los pasos insomnes 
de los que siempre vuelven 
por los escalones que ascienden hasta la brisa suave de las madrugadas 
por los corredores sinuosos y sus tramas de miserias e inanición 
por las hileras de carros colmados de deshechos 
que alimentan muertes e indiferencias 
por los horarios de los trenes y su tiempo de desprecio 
por lo que somos a pesar de nuestros pesares 
por un lado 
por otro 
 
                *   *   * 

afuera 
a la intemperie 
sin identidad 
sin sombras 

afuera 
mirlos tacuaras tijeretas 
calandrias 

afuera
siempre afuera de sí 

creció en el agua 
y su presencia 
fue casi imperceptible 
raíces 
fue sólo raíces 
bajo tierra 
y creció 
en las alturas de las profundidades 

                *   *   * 

                        huérfanos 
                       del tibio arrullo 
                       previo 
                       al sueño profundo 

nos elegimos viento 
para deambular 
por ciudades oscuras 
a medianoche 
y desprender sin pudores 
las vestiduras del paisaje 

ingenuos e ignorantes 
nos elegimos viento 

                     dónde virar 
                    cómo reconocer 
                    encontrar 

                *   *   * 

con los mismos atuendos 
arrastran la propia desazón 
atraviesan idénticos senderos 
aparentan semejanzas inciertas 

susurran expectantes 
salmos 
a un mismo dios de piedra 

                    indiferente y ajeno 

             los que enferman 
             y los que portan sanación
             los que hacen del barro 
             un templo de milagros 
             y los que apuestan al desprecio 
             a la multiplicación 
             a lo inerte 

             los que dicen mañana 
             y los que anuncian catástrofes
             los que clausuran 
             y los que abren puertas 
             pusilánimes o amorosos 

los que espían detrás de los cristales el afuera 
y los que lloran a oscuras 

unos frente a otros 
de pie o de rodillas 
                   laderos 
                   siempre 


Poemas del libro de la autora: El silencio de los corales. Poemario inédito, 2024 

María Pugliese 
Muñiz, Buenos Aires, Argentina

Había pulsado la tecla prohibida, la que nunca ha de tocar alguien que no quiere herir a quien tanto le importa. 
Eva García Sáenz

Nicolás Puente

Llegabas desde lejos 

Llegabas desde lejos
sangrando los pies y rota el alma. 
Con todas las lluvias del otoño en las mejillas 
y la nieve del invierno cercando tu mirada… 
Arrastrando los restos de un naufragio 
por las calles tortuosas de la vida. 

La noche avanzaba ante mis ojos 
un horizonte apagado de sueños 
sin estrellas ni lunas 
a la hora en punto de los besos. 
Marcaba el reloj las tres y siete. 

Te acercaste con olor a soledad en tu mochila, 
te ofrecí agua en el cuenco de mis manos 
y le diste a mi alma con tus labios quince puntos de sutura. 
-¿Me querrías igual si fuera otro? 
-Sí, te quiero, te quiero. 
Y cosí tu falda a mis pantalones rotos… 


Si alguna vez te asaltan los recuerdos 

Si alguna vez te asaltan los recuerdos 
y pintan en tu boca una esquiva sonrisa, 
un pálpito inquieto de añoranza, 
una emoción, un latido nostálgico… 

Si se niega el sueño a plantar la noche en tus ojos 
y sientes tu mano enlazada a otra mano, 
un aliento inexistente subiendo por tu cuello, 
un soplo en tu oído, unos dedos en tu pelo…

Si notas una lágrima nostálgica saliéndote del alma 
y horadando lenta la soledad de tus mejillas 
mientras recorres las mismas calles de antaño 
ceñida a su cintura y miras por sus ojos la Giralda… 

Si asaltan tu memoria caminos de luz llevándote de la mano
y un puente de piedra te sienta en su banco 
donde la tarde borra el carmín de tus labios con besos
grabando a fuego su nombre en tu seno… 
No te olvides, no lo olvides… No lo olvido. 


El sembrador de rosas 

Soy el que canta las penas de su gloria 
y se dice en los versos que no escribe. 
Aquél que va muriendo mientras vive 
y pierde a cada instante su memoria. 

El que girando la vetusta noria 
arranca al fondo ciego del aljibe 
las palabras inertes que trascribe 
en un papel en pos de vanagloria. 

Aquella sombra amarga en tu pasado, 
los labios que besaron tus ausencias 
los dedos que rozaron el olvido. 

Soy quien sembró de rosas tu costado, 
banquero que pagó tus apetencias 
y amargamente llora lo no habido. 


Nicolás Puente 
Poeta de Dehesas, España. Reside en Saulheim, Alemania 

La gente paga por lo que ha hecho y por aquello en lo que se ha convertido. Y lo paga de manera simple: con la vida que lleva. 
Edith Wharton

César Crippa

Otoño

Invadiendo territorios huérfanos 
de macilentos soles amarillos 
viene, trepándose en los tiempos
convocante de colores y de trinos. 

Resoplando detrás de los vientos, 
remontándose en los remolinos, 
se asoma por encima de los muros, 
sorprende con su música de grillos. 

Otoño: visitante de un hemisferio astral 
Viajero sin mundo ni destino, 
¡Déjame al paso de tus sandalias 
un puñado de pétalos en el camino! 

Para aromar con ellos mi musa, 
llenarme con su magia los bolsillos, 
y poder, también yo, derramar al paso 
¡Todo el encanto de tu canto peregrino! 


Suspicacia… 

Días de zozobra… Tiempos de pandemia 
¡Los cuervos en lo alto graznan! 
- Instintiva alarma de emergencia - 
Nadie entiende nada… 
Cubren su boca los hombres 
¡Sin palabras! 

Baldías de risas las calles 
enmudecen las plazas… 
Liberan sus cantos las aves 
la bestia libre se desplaza 
Un viento conjurado con el maleficio 
solapadamente se arrastra 
Nos envuelve una sombra sombría 
¡Tornan tristes nuestros días 
con un horizonte en repliego! 
La ciudad se llama a sosiego 
y enclaustra su ímpetu, en las casas .

“Por el asedio al planeta - Dicen - 
la naturaleza toma su revancha” 
Esto es muy sugestivo y me asiste 
el derecho a la desconfianza: 
En tiempos de “Protestas” 
cuando los oprimidos dicen basta 
¡Y se aguantan las torturas 
caso omiso hacen de balas!... 
de incógnito y con guantes blancos 
subrepticiamente, un virus nos ataca 
Esto es muy sugestivo 
¡La casualidad, a veces no es tanta! 

O si el virus vino del cielo
se quedará un día, ¡El Cielo sin almas! 

Tal vez ya no seremos hombres, sino 
un número más ¡de esta infame maquinaria! 

Mayo-06-2020 


César Crippa 
Nació en Sampacho, Córdoba. Reside en Nueva York, USA

Llega un momento en que hay que poner freno a la mente o hacerla cambiar de dirección. 
Gerald Green

Salomé Moltó

El frío desolador

La madre volvía del reparto del pan de media mañana. 
Levantaba a los niños, los aseaba y, como no había calefacción alguna, los mandaba a la calle, para que tomaran el sol. 
Frente a la casa se erigía un almacén con unas enormes puertas de zinc. A las diez o diez y media, el sol llevaba varias horas proyectando sus rayos sobre el zinc y éste estaba ya muy caliente. 
Los niños apoyaban las manos para calentarse. “No llores, pon las manitas sobre la chapa, ¿te quemas?, dales la vuelta, ya verás como pronto empezarás a sentirlas. ¿Va mejor? ¿Ya sientes el hormigueo? Es que las manos están reaccionando. Te escuecen, ¿verdad? Duelen más cuando se están calentando que cuando están frías. Y es que nuestra madre mete tanto tiempo lavándonos que después para entrar en calor necesitamos mucho tiempo. ¡Anda, no llores que hoy tenemos suerte, ha salido el sol!”. 
“¡Hale, me agacho, pon las manos en mis sobacos! ya verás, esto dura poco. Además madre está preparando la ‘copa’, la pone debajo de la mesa camilla y ya verás lo calentito que estarás. Además, en cuanto te pongas a jugar ya ni te enteras”. Había que animar al niño que no dejaba de llorar ante el fuerte dolor que sentía. 
Era el final del invierno, todavía hacía mucho frío. La niña miraba, desde la cama, a través de la ventana el exterior. “¡Está nevando! Vamos a ir a jugar en la nieve, antes que llegue madre”. Pero el niño ha desaparecido. La niña se asusta, ¿dónde está su hermano? 
Con el corazón en un puño sube las escaleras, la puerta de la habitación está entornada, al salir al patio ve a su hermanito jugando con la nieve, las manos moradas, la nariz colorada, los mocos corriendo hacia la boca. De un salto coge al muchacho, que se resiste, y lo mete en la cama. Con su cuerpo lo envuelve para hacerlo entrar en calor, éste se resiste, la nieve pica, pero es divertida. Lo aprieta fuertemente contra su pecho, saborea el amargo helor de la nieve mientras frota el cuerpecito del niño, y acaban dormidos los dos. 


Salomé Moltó 
Alcoy, Alicante, España

El amor era lo único que permitía a los seres humanos no sufrir la eterna decepción de la vida. 
Mario Escobar

Irene Mercedes Aguirre

Pan y Circo 

       A los mártires, in memorian 

Casi quedo dormida, interrogándome 
acerca de la urgencia tras mi frente. 
¿Por qué busco un instante sin carencias, 
comunión integral de cuerpo y mente? 

He cerrado los ojos y, de pronto, 
pude ver mi cansancio cara a cara; 
igual que un gladiador, sobre la arena, 
vi relumbrar mi quebrantada espada.

Se ha quedado en silencio el Coliseo; 
la muchedumbre vuelve hacia sus casas; 
harta de pan y circo se adormece 
bajo el techo sin sol de sus moradas. 

Entre el silencio hostil lanzo mi grito 
anunciador de fe. Desesperada. 
¡Quiero ser, quiero ser, hasta la médula, 
y conjugar lo humano en mi palabra! 


Órgano de Iglesia 

Bajo el silencio del templo resuena 
siempre especial, y siempre sugerente; 
no se conforma con las diarias penas, 
ni hace olvidar ensueños de la gente. 

Tiene una dulce gravedad extrema 
que nos acerca el Celestial Mensaje, 
¡Dentro del pecho su sonido quema 
mientras musita el esencial lenguaje! 

¡Eco infinito, trueno retumbante 
entre baldosas de viejas iglesias, 
que nos detiene, al fin, unos segundos! 

¡Deja en suspenso el Alma, esos instantes, 
porque se eleva desde las conciencias 
con su rumor muy leve de Trasmundo! 


Paz 

Algunos te sindican Utopía, 
un “Deber ser” azul; un regocijo 
para seres alados, mas no hombres; 
como una fantasía, retocada 
milenio tras milenio, por la mente 
ansiosa de captar el Paraíso. 

En cambio, otros pensamos que Tú eres 
el punto de inflexión de los opuestos; 
de lo excelso y rastrero, 
de lo grande y lo bajo, 
de lo malo y lo bueno; 

como un equilibrista del ensueño, 
balanceado en su cuerda solitaria,
allá, por las alturas de lo diario, 
orientando, juntando, descubriendo 
una acción esencial de lo posible, 
con su esfuerzo perpetuo que nos salva. 


Los clásicos caminos 

Recomienzan las luchas, los esfuerzos, 
en cíclico racconto que vigilo, 
para alcanzar, sin dudas, ni sigilos, 
los clásicos caminos, nobles, tersos. 

No es tarea soberbia, enceguecida, 
ni mezquino interés sujeto a mofa, 
conseguir que florezca cada estrofa 
y desbrozar su claridad dormida. 

El número en acordes, la armonía, 
presentes en las sílabas vibrantes, 
nos llevan a encender nuestros lirismos. 

¡A través de los cuales, plena vía, 
se elevarán poetas palpitantes, 
desde la oscuridad de sus abismos! 


Poemas del libro de la autora: Diálogos del Camino, Buenos Aires, Ediciones El Escriba, 2022. Obra Finalista de la XXXIV Edición del Premio Mundial de Poesía Mística ‘Fernando Rielo’ 2014, Madrid, España

Irene Mercedes Aguirre 
Avellaneda, Buenos Aires, Argentina

Los valientes tienen tanto miedo como los demás. La diferencia es que no por ello dejan de actuar. 
J. L. Witterick

M. C. Vásquez

No cualquiera es Poeta 

No cualquiera es Poeta
Su vida no es perfecta 
Llena de contradicciones 
Y de estafetas 
Habla del futuro como un profeta. 

No cualquiera es Poeta 
El pasado lo inspira en su letra 
Dioses, titanes y nereidas 
Conforman su poesía perfecta 
Arte inspiración de musas, 
Estelitas selectas. 

No cualquiera es Poeta 
Él es el creador de la letra 
De la canción de la A a la Z 
Como trovador a veces 
Canta con pasión. 

No cualquiera es Poeta 
Es un soñador 
Es un bohemio es un trovador 
Es un ruiseñor 
Con un don dado del Creador. 

No cualquiera es Poeta 
Vive atormentado 
Con el infierno y el cielo 
En su cabeza. 

No cualquiera es Poeta 
Su pluma y su papel 
Son su mayor riqueza 
Mira la vida diferente 
Su imaginación es de otro planeta 
Tiene una mente perfecta 
Llena de contradicciones e historietas. 

¡No cualquiera es Poeta! 
Su corazón atormentado 
Escribe con sangre 
La melancolía y la tristeza 
Y a veces su alegría 
La tachan de hiperestesia. 


El libro 

Glorioso es el libro 
Que desde sus comienzos 
Abrió los ojos del conocimiento 
Su sangre son las letras 
Su columna el argumento 
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor! 

Se ha vestido con la piedra 
Con el cuero y con la seda 
Con sus galas de papiro 
Ha instruido al colono y al guajiro 
Hoy día el papel es su mejor piel 
Y en la red está su tren. 
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor! 

Volúmenes y códices 
Didácticos y sapienciales 
La narrativa y los anales 
Lingüística y culturales 
Conforman su contenido 
Han hecho del libro 
Un canto de dioses y de instruidos 
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor! 

Cuentos y poesías 
Cantos y fantasías 
Verdades y letanías 
Te engalanan 
Haciendo de ti 
¡La más grande maravilla! 
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor! 


Navidad 

Navidad dulce época dorada 
Que a todos inspira 
En cada gélido diciembre 
El mundo entero gira 
En honor a tu celebridad 
En honor al Nombre…

Navidad dulce época dorada 
Algunos ríen al ritmo de tu música, 
Otros mojan sus mejías, 
Recuerdos de perdidas musas 
Que antes adornaban su almohada… 

Navidad dulce época dorada 
Noche mágica y encantada 
¡Llena de cantos, luces y mantos! 
Después de risas y llantos, 
Nacen de tu alborada 
Amores para la eternidad 
¡Y almas desencantadas! 

¡Navidad dulce época dorada! 
Celebrando la venida de un Salvador 
Se olvida el propósito de esta celebridad 
Buscando el gozo en el exterior 
¡Él no está lejos, está en el Interior! 
¡Navidad dulce época dorada!


Del poemario de la autora: Ángel Bello, diciembre 2015 

M. C. Vásquez 
Amatitlán, Guatemala

Espero que nunca olvides las cosas que se hacen con el corazón y no con el dinero.
Megan Maxwell

Juan Antillón

Harakiri 

El día que Hemingway 
                               se quitó 
                                                la vida 
fue esplendoroso. 
Nada 
       que ver 
con esos presagios de mal tiempo 
que hacen felices 
                      a los curas 
cuando son coincidentes 
                             con un Viernes Santo. 
Se asomó 
              pues 
                    al jardín 
esa mañana 
               cualquiera 
y recibió 
             el impacto
                            a mansalva 
                                             de los filos 
que adquieren los colores 
                                       en un día de sol 
bajo un cielo 
                    azul puro 
                                 de cristal de roca. 
Asombrado aún 
percibió 
      los nítidos 
                    dardos 
                             del canto 
                                         y vuelo 
                                                  de los pájaros 
y a través 
              de una incipiente
                                       lágrima 
al colibrí 
              en su danza 
                               de flor. 
Respiró hondo 
                       y supo 
que era 
             el instante 
                              de su plenitud 
y sintiéndose 
                    más vivo 
                                 que nunca 
no quiso
              conocer 

                                  el descenso 


Doblar las sábanas de lino 

Doblar las sábanas de lino 
de un tiempo 
apasionadamente aséptico 
abrir el cofre de un antepasado 
que no conocemos 
allí depositarlas entre 
            aplastados sombreros 
            corbatas anchas 
            guantes con agujeros 
            en la punta de los dedos 
            “La Dama de las Camelias” 
            exploración de polillas 
            con sus túneles pequeños 
            en el papel amarillento. 
Rescatar entonces 
                     los diarios íntimos y secretos 
                     los racimos de cartas atados 
                     con cordelitos negros
y establecer 
           el árbol genealógico 
                                     de los ocultos deseos 
           en los caminos abiertos 
de sangre malabarista 
                         y del corazón auténtico. 


Del libro del autor: Isla, 2014. Premio Internacional de la Editorial Universitaria Centroamericana 

Juan Antillón 
Costa Rica 

Mi vida no ha sido fácil, y saber que algunos se han salido con la suya siempre me ha parecido lo más difícil de digerir de este mundo. 
Albert Espinosa

Haidé Daiban

Hoja centellante 

La hoja, pálida, blanca, repentinamente oscura. La palabra se funde en ella, cualquier palabra, la iluminada, la obtusa, la conocida, repetida, cotidiana. 
Resistir a la busca de la perfecta, la igualmente oculta. ¿Todas?, quizá alguna bracee entre el oleaje nocturno y salga del laberinto negro, alguna que se destaque por su belleza, por su voz de sonido metálico, por su riesgo de querer salvarse, hay sonoridad de letras bailoteando. 
La noche avanza, la luz del velador comienza a opacarse. 
Hay un llamado al alba que los párpados conocen y entonces todo desaparece como los renglones de la hoja, nacida blanca, crecida oscura. 
Campanas lejanas extienden las ondas con despliegue de alas y planean en la noche hasta chocar con mi ventana, es el carrillón que me despierta, que me azuza para seguir en la búsqueda, para que el fracaso no ocurra y mi memoria en flor se abra. Ya es la hora de la pesadilla, la recurrente de las cuatro de la mañana. Todo tiene el tizne del carbón, pero yo necesito la brasa, el calor, la luz, el fuego… 
En mi mano la lapicera se resbala de cansancio, tiende a deslizarse, callada, para desaparecer bajo la mesa de roble, bajo lo que quedó de aquel robusto roble del bosque. El aroma del roble impregna el cuarto. 
Las campanas enronquecieron, el baile de letras juega a mi alrededor, es que desea que el mareo, como marea, me ahogue en la confusión de dudas, que crea esa falsa elección de mi mente… 
Un aire frío entra por la ranura de la ventana, me señala, quizá, que todo puede llegar a congelarse, me susurra que el tiempo pasa y debo acelerar la elección. 
Los párpados se esfuerzan por detectar la hoja blanca, la superficie virgen que me espera a esta hora del amor. 
Una mariposa entra gozosa a mi encierro con el mensaje efímero de su vida. Trato de atraparla, se desvanece mágicamente y en ese momento detecto un brillo en un rincón de la pared, mi lapicera, inmóvil, yace escondida. Enciendo el velador y un arco iris se proyecta en las paredes atravesando los caireles de cristal. 
Mi hoja, al fin, centellea y la palabra se extiende, se expande, se ilumina. Me ilumina. 


Haidé Daiban 
Buenos Aires, Argentina

Ciertas cosas le gustaban, como por ejemplo la importancia de los pequeños detalles, el simple valor de ser inteligente, la minuciosidad, la tarea de deducción. 
Ken Follett

sábado, 13 de junio de 2026

Editorial


con voz propia Nº 150 

Revista literaria 

Junio 2026 

Mes del Libro y del Escritor 


Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner 
Publicación creada en noviembre de 2006 
Distribución y publicación gratuitas 
ISSN 2314-0275 




Todos los libros del mundo no te dan felicidad pero te conducen en secreto hacia ti mismo. Allí encuentras todo lo que necesitas, el sol, las estrellas y la luna, pues la luz que tú buscas habita en ti mismo. 
Hermann Hesse 




Escritor olvidado 

Manuel era un escritor olvidado. En su vejez, ya cerca de la muerte, pensar en ese hecho le producía grandes sufrimientos. Cuando llegó el día final, que esperaba con los ojos cerrados, una voz le dijo al oído: “Nada temas. Has sido honesto y piadoso. Aquí te han olvidado, pero el Señor no olvida a sus hijos. En el cielo están todos tus libros, incluso los que quedaron inéditos, y también los que sólo tenías en el pensamiento”. Manuel murió con una sonrisa en los labios. 


Fin del libro 

Al terminar la novela se preguntó “¿qué hago ahora con estas 350 páginas?”. La meteorología vino en su auxilio: un viento feroz entró por la ventana entreabierta, arrebató las hojas aún no encuadernadas y, junto con otras varias pertenencias suyas, las sumergió en el río cercano. “Primera vez que veo una novela río”, atinó a balbucear el escritor. 

David Lagmanovich 
Argentina, 1927-2010 
Del libro: Menos de 100. Microrrelatos 




No hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie, salvo uno mismo. 
Virginia Woolf 


Revista literaria con voz propia 
ISSN 2314-0275 
Propietaria: Analía Pascaner 
San Fernando del Valle de Catamarca 
Catamarca – Argentina 
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 


Pensó que cambiaría el mundo de una manera pública y dinámica, pero pronto se dio cuenta de que podía hacer lo mismo con los libros. Eran poderosos.
Annie Lyons


Autores publicados

En las cosas profundas e importantes, estamos terriblemente solos. 
Rainer Maria Rilke 

con voz propia Nº 150 
Revista literaria 
Junio 2026 

Autores publicados en esta edición

Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia
https://revistaconvozpropia-autorespublicados.blogspot.com.ar/
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 


Revista literaria con voz propia 
Publicación y distribución gratuitas 
ISSN 2314-0275 
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner

Andrés Bohoslavsky

          In memoriam 
          Descansa en paz, querido amigo 
          Analía Pascaner

La cafetera italiana 

Mientras preparo el café 
salen del vapor los abuelos 
bajando por la escalera del Citta di Roma 
a principios del siglo XX, al puerto de una ciudad 
que imaginan maravillosa.

Los que bajan son dos adolescentes y sus sueños 
como mamuskas, tienen dentro suyo otros tantos 
todos contenidos por el gran sueño 
el sueño de amor. 

Sentados a la mesa de la cocina 
María Grazia junto a Romano 
me dictan un poema 
que desaparece al mismo tiempo 
que el vapor de la cafetera. 


Mirlo 

        me había quedado entre tus ojos en un sueño 
        perdón por el atrevimiento
        A.B.

Desde la ventana del tren 
pienso en los que ya no están 
en los que están lejos 
en los que un día no estaremos 
otra persona viajará en este tren 
en este asiento 
y mirará por la ventana 
tal vez los mismos árboles 
y se pregunte si alguien, alguna vez 
mirando el río 
vio posarse al destino en la ventana. 


La condena 

Ese día me había levantado tarde 
no tenía planes ni nada de eso 
salí a caminar, a contemplar los maniquíes 
cuando uno de ellos me dijo: 

hubo un terrible accidente 
en el tren que toma diariamente 

le dije: 
la vida es así, extraña 
me quedé dormido esta mañana 
para seguir vivo 
para charlar contigo en esta esquina. 


Una acróbata olvidada 

La anciana del bastón de paso lento 
alguna vez fue acróbata de circo 
un pájaro. 
La vi volar de mano en mano 
una belleza suspendida 
el público gritaba aplaudía enmudecía 
yo soñaba que volaba 
con ella 
no en el circo ni en el cielo 
soñaba que volaba de su mano por la vida. 


El pequeño Buda 

El niño que vende golosinas en la plaza 
se acerca y me pregunta qué escribo 
un poema es mi respuesta 
me pregunta qué es un poema 
un poema no tiene explicación, contesto. 

Si no tiene explicación, entonces es como el pájaro 
que me sigue 
y me cuida hasta que vuelvo a casa, dice. 


El falso genio 

Sale de la vieja lámpara y dice concederme tres deseos 
miro hacia todos lados para que no piensen que estoy loco 
y terminar nuevamente en el psiquiátrico 
o declarando en la comisaría de madrugada. 

Pero el tipo era un simple estafador.

Cuando vuelvo a mi cuarto 
no encuentro a mis padres 
ni retorné a mi infancia 
y tampoco esta noche logré escribir el poema perfecto. 


El corazón es un poema 

Cuando el corazón se detuvo 
el escritor dejó inconcluso su poema 
pero como todas las cosas misteriosas 
aparecerá aquí en el bosque 
o tal vez en tus sueños 
para que lo termines. 


Poemas de los siguientes libros del autor: 
‘Una noche en bosque-poesía y otros poemas’ (Editorial Leviatán, 2014) 
‘El río y otros poemas’ (The River and Other Poems). Verulamium Press, St Albans, 2004. Traducción: Robert Gurney 
'Medianoche en la plaza de los sueños’ (Editorial Leviatán, 2021) 
‘Miniaturas en el sendero poético’ (Editorial Leviatán, 2025) 
Margot, la prostituta que leyó a Bakunin’ (Editorial Leviatán, 2019) 
Andrés Bohoslavsky 
Argentina 

¿Será verdad que todo fue un sueño? 
Fiódor Dostoievski

Eduardo Dalter

Días de lluvia 

Yo escribí cinco poemas en Irlanda 
bajo su cielo generalmente tormentoso 
y vi llover no sé cuántas veces, siempre 
a resguardo, con mi café cortado o mi cerveza, 
entre papeles, historias, y un paisaje que se abría. 
Otra es la vida, otros los gestos, me dije, 
y me detuve en los versos de las poetas
que hablan del amor y de la guerra 
interminable y de la hambruna. Ellos saben, me dije; 
sufrieron durante siglos la colonia y sus desprecios. 
En fin, ellos también vieron partir al Titanic 
desde su puerto sur y saludaron. Saben, 
y son calmos como sus horas, y sin el industrioso 
decorado de la Europa que brilla desde lejos. 
Entonces, en esa confianza simple, entre sus tierras 
onduladas, en la noche, tomando mate 
y fumando, pensé en mi vejez y en mi soledad, 
bajo el graznar lejano de los cuervos.


Oyendo el mar 

Sur de Roma, solo en el balcón, 
donde el aquietado mar resuena 
confidente, y pensando, pensando 
en horas vagas, donde la sonrisa 
de mi madre se aparece; entonces 
doy otro sorbo a mi cerveza y miro 
el cielo grave, de tonos imposibles. 

                                                      Nettuno, en la noche, sábado 


Langston Hughes Street 

Hay una calle arbolada en el Harlem, 
que a cada momento lo recuerda; 
yo la caminaba en las mañanas frescas 
antes de ir por mi café, bajo el sol tímido, 
en el pub de la esquina de Luther King y Malcolm X, 
algunas veces con Henry y con Myriam, 
quienes, cuadra a cuadra, me iban adentrando 
en una lucha de todas las horas y todas las pasiones, 
que incluía a sus poemas y a quienes hoy son ausencia,
Countee, el maestro Arna, Ethel, William…, 
mientras nos íbamos mirando a los ojos 
abrazados por una historia que siempre lo fue 
a pecho descubierto, brazos febriles y corazón pleno, 
contra los crudos inviernos blancos de nieve 
y los fríos más fríos. 


Poema de las seis palmeras 

A Caurantica se podía llegar caminando, 
a la hora en que el sol aún no quemaba, bien pegados 
a la banquina, al costado de los terrenos pedregosos, 
y mirando allá al oloroso, infinito mar en las subidas. 
Siempre era emocionante descubrirlo en su brillantez, 
cada día con un tono distinto, como los tonos 
de nuestras vidas, tan sacudidas y solas estos meses. 
Hasta que después de atravesar La Salina 
y cruzarnos con algunos cochinos sueltos y alguna 
rápida lagartija, arribábamos a la playa más insólita, 
rica en destellos varios y en murmullos, 
encendíamos un cigarrillo y nos poníamos a admirar 
con el tiempo a favor, y lejos ya de todos 
los desconciertos y acechos del mundo, 
a la increíble, relumbrante maravilla.


Lecuna y Baralt 

Desolaciones, nuevos paisajes, cielos tórridos-- 
mientras el autobús avanzaba por la autopista 
bajo los altos reflectores de luces amarillas, 
próximo a entrar a la terminal, seguro semidormida. 
Entonces, recuerdo, pensaba en mi madre 
y siempre en las calles de mi país muy lastimado. 
Tomaba un café o dos, entre mendigos 
y noctámbulos, con sus frentes sudadas, 
y aguardaba el clarear de la ciudad de mala fama, 
sin comprender mucho en dónde estaba. 
(Los exilios de alguna forma nos dejan en el aire, 
como levitando; ¿en cuál mar desembocará 
esta historia que parece sin ley y sin medida?) 
La avenida Lecuna, con sus comercios, se extendía 
aún en sueños, bajo la mañana que ya se prometía 
olorosa a monóxido, a café largo y frituras. 


Primeros tres poemas pertenecen al libro del autor: 'Luces de la orilla', textos escritos en Buenos Aires en 2024, a excepción del que lleva data al pie. Poemario a editarse en breve. 
Últimos dos poemas, del libro: 'Semeruco. De Güiria a Maracaibo'. Ediciones Lexia, Rosario 2023.
Eduardo Dalter 
Buenos Aires, Argentina