sábado, 13 de junio de 2026

Editorial


con voz propia Nº 150 

Revista literaria 

Junio 2026 

Mes del Libro y del Escritor 


Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner 
Publicación creada en noviembre de 2006 
Distribución y publicación gratuitas 
ISSN 2314-0275 




Todos los libros del mundo no te dan felicidad pero te conducen en secreto hacia ti mismo. Allí encuentras todo lo que necesitas, el sol, las estrellas y la luna, pues la luz que tú buscas habita en ti mismo. 
Hermann Hesse 




Escritor olvidado 

Manuel era un escritor olvidado. En su vejez, ya cerca de la muerte, pensar en ese hecho le producía grandes sufrimientos. Cuando llegó el día final, que esperaba con los ojos cerrados, una voz le dijo al oído: “Nada temas. Has sido honesto y piadoso. Aquí te han olvidado, pero el Señor no olvida a sus hijos. En el cielo están todos tus libros, incluso los que quedaron inéditos, y también los que sólo tenías en el pensamiento”. Manuel murió con una sonrisa en los labios. 


Fin del libro 

Al terminar la novela se preguntó “¿qué hago ahora con estas 350 páginas?”. La meteorología vino en su auxilio: un viento feroz entró por la ventana entreabierta, arrebató las hojas aún no encuadernadas y, junto con otras varias pertenencias suyas, las sumergió en el río cercano. “Primera vez que veo una novela río”, atinó a balbucear el escritor. 

David Lagmanovich 
Argentina, 1927-2010 
Del libro: Menos de 100. Microrrelatos 




No hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie, salvo uno mismo. 
Virginia Woolf 


Revista literaria con voz propia 
ISSN 2314-0275 
Propietaria: Analía Pascaner 
San Fernando del Valle de Catamarca 
Catamarca – Argentina 
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 


Pensó que cambiaría el mundo de una manera pública y dinámica, pero pronto se dio cuenta de que podía hacer lo mismo con los libros. Eran poderosos.
Annie Lyons


Autores publicados

En las cosas profundas e importantes, estamos terriblemente solos. 
Rainer Maria Rilke 

con voz propia Nº 150 
Revista literaria 
Junio 2026 

Autores publicados en esta edición

Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia
https://revistaconvozpropia-autorespublicados.blogspot.com.ar/
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 


Revista literaria con voz propia 
Publicación y distribución gratuitas 
ISSN 2314-0275 
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner

Andrés Bohoslavsky

                 In memoriam 
                 Descansa en paz, querido amigo 
                 Analía Pascaner

La cafetera italiana 

Mientras preparo el café 
salen del vapor los abuelos 
bajando por la escalera del Citta di Roma 
a principios del siglo XX, al puerto de una ciudad 
que imaginan maravillosa.

Los que bajan son dos adolescentes y sus sueños 
como mamuskas, tienen dentro suyo otros tantos 
todos contenidos por el gran sueño 
el sueño de amor. 

Sentados a la mesa de la cocina 
María Grazia junto a Romano 
me dictan un poema 
que desaparece al mismo tiempo 
que el vapor de la cafetera. 


Mirlo 

        me había quedado entre tus ojos en un sueño 
        perdón por el atrevimiento. 
        A.B.

Desde la ventana del tren 
pienso en los que ya no están 
en los que están lejos 
en los que un día no estaremos 
otra persona viajará en este tren 
en este asiento 
y mirará por la ventana 
tal vez los mismos árboles 
y se pregunte si alguien, alguna vez 
mirando el río 
vio posarse al destino en la ventana. 


La condena 

Ese día me había levantado tarde 
no tenía planes ni nada de eso 
salí a caminar, a contemplar los maniquíes 
cuando uno de ellos me dijo: 

hubo un terrible accidente 
en el tren que toma diariamente 

le dije: 
la vida es así, extraña 
me quedé dormido esta mañana 
para seguir vivo 
para charlar contigo en esta esquina. 


Una acróbata olvidada 

La anciana del bastón de paso lento 
alguna vez fue acróbata de circo 
un pájaro. 
La vi volar de mano en mano 
una belleza suspendida 
el público gritaba aplaudía enmudecía 
yo soñaba que volaba 
con ella 
no en el circo ni en el cielo 
soñaba que volaba de su mano por la vida. 


El pequeño Buda 

El niño que vende golosinas en la plaza 
se acerca y me pregunta qué escribo 
un poema es mi respuesta 
me pregunta qué es un poema 
un poema no tiene explicación, contesto. 

Si no tiene explicación, entonces es como el pájaro 
que me sigue 
y me cuida hasta que vuelvo a casa, dice. 


El falso genio 

Sale de la vieja lámpara y dice concederme tres deseos 
miro hacia todos lados para que no piensen que estoy loco 
y terminar nuevamente en el psiquiátrico 
o declarando en la comisaría de madrugada. 

Pero el tipo era un simple estafador.

Cuando vuelvo a mi cuarto 
no encuentro a mis padres 
ni retorné a mi infancia 
y tampoco esta noche logré escribir el poema perfecto. 


El corazón es un poema 

Cuando el corazón se detuvo 
el escritor dejó inconcluso su poema 
pero como todas las cosas misteriosas 
aparecerá aquí en el bosque 
o tal vez en tus sueños 
para que lo termines. 


Poemas de los siguientes libros del autor: 
‘Una noche en bosque-poesía y otros poemas’ (Editorial Leviatán, 2014) 
‘El río y otros poemas’ (The River and Other Poems). Verulamium Press, St Albans, 2004. Traducción: Robert Gurney 
'Medianoche en la plaza de los sueños’ (Editorial Leviatán, 2021) 
‘Miniaturas en el sendero poético’ (Editorial Leviatán, 2025) 
Margot, la prostituta que leyó a Bakunin’ (Editorial Leviatán, 2019) 
Andrés Bohoslavsky 
Argentina 

¿Será verdad que todo fue un sueño? 
Fiódor Dostoievski

Eduardo Dalter

Días de lluvia 

Yo escribí cinco poemas en Irlanda 
bajo su cielo generalmente tormentoso 
y vi llover no sé cuántas veces, siempre 
a resguardo, con mi café cortado o mi cerveza, 
entre papeles, historias, y un paisaje que se abría. 
Otra es la vida, otros los gestos, me dije, 
y me detuve en los versos de las poetas
que hablan del amor y de la guerra 
interminable y de la hambruna. Ellos saben, me dije; 
sufrieron durante siglos la colonia y sus desprecios. 
En fin, ellos también vieron partir al Titanic 
desde su puerto sur y saludaron. Saben, 
y son calmos como sus horas, y sin el industrioso 
decorado de la Europa que brilla desde lejos. 
Entonces, en esa confianza simple, entre sus tierras 
onduladas, en la noche, tomando mate 
y fumando, pensé en mi vejez y en mi soledad, 
bajo el graznar lejano de los cuervos.


Oyendo el mar 

Sur de Roma, solo en el balcón, 
donde el aquietado mar resuena 
confidente, y pensando, pensando 
en horas vagas, donde la sonrisa 
de mi madre se aparece; entonces 
doy otro sorbo a mi cerveza y miro 
el cielo grave, de tonos imposibles. 

                                                      Nettuno, en la noche, sábado 


Langston Hughes Street 

Hay una calle arbolada en el Harlem, 
que a cada momento lo recuerda; 
yo la caminaba en las mañanas frescas 
antes de ir por mi café, bajo el sol tímido, 
en el pub de la esquina de Luther King y Malcolm X, 
algunas veces con Henry y con Myriam, 
quienes, cuadra a cuadra, me iban adentrando 
en una lucha de todas las horas y todas las pasiones, 
que incluía a sus poemas y a quienes hoy son ausencia,
Countee, el maestro Arna, Ethel, William…, 
mientras nos íbamos mirando a los ojos 
abrazados por una historia que siempre lo fue 
a pecho descubierto, brazos febriles y corazón pleno, 
contra los crudos inviernos blancos de nieve 
y los fríos más fríos. 


Poema de las seis palmeras 

A Caurantica se podía llegar caminando, 
a la hora en que el sol aún no quemaba, bien pegados 
a la banquina, al costado de los terrenos pedregosos, 
y mirando allá al oloroso, infinito mar en las subidas. 
Siempre era emocionante descubrirlo en su brillantez, 
cada día con un tono distinto, como los tonos 
de nuestras vidas, tan sacudidas y solas estos meses. 
Hasta que después de atravesar La Salina 
y cruzarnos con algunos cochinos sueltos y alguna 
rápida lagartija, arribábamos a la playa más insólita, 
rica en destellos varios y en murmullos, 
encendíamos un cigarrillo y nos poníamos a admirar 
con el tiempo a favor, y lejos ya de todos 
los desconciertos y acechos del mundo, 
a la increíble, relumbrante maravilla.


Lecuna y Baralt 

Desolaciones, nuevos paisajes, cielos tórridos-- 
mientras el autobús avanzaba por la autopista 
bajo los altos reflectores de luces amarillas, 
próximo a entrar a la terminal, seguro semidormida. 
Entonces, recuerdo, pensaba en mi madre 
y siempre en las calles de mi país muy lastimado. 
Tomaba un café o dos, entre mendigos 
y noctámbulos, con sus frentes sudadas, 
y aguardaba el clarear de la ciudad de mala fama, 
sin comprender mucho en dónde estaba. 
(Los exilios de alguna forma nos dejan en el aire, 
como levitando; ¿en cuál mar desembocará 
esta historia que parece sin ley y sin medida?) 
La avenida Lecuna, con sus comercios, se extendía 
aún en sueños, bajo la mañana que ya se prometía 
olorosa a monóxido, a café largo y frituras. 


Primeros tres poemas pertenecen al libro del autor: 'Luces de la orilla', textos escritos en Buenos Aires en 2024, a excepción del que lleva data al pie. Poemario a editarse en breve. 
Últimos dos poemas, del libro: 'Semeruco. De Güiria a Maracaibo'. Ediciones Lexia, Rosario 2023.
Eduardo Dalter 
Buenos Aires, Argentina

Debido a que el mundo está tan lleno de muerte y horror, intento una y otra vez consolar mi corazón y recoger las flores que crecen en medio del infierno.
Hermann Hesse

Norma Etcheverry

Camino de la escuela 

Caminábamos casi diez cuadras 
por inciertas veredas,
muy temprano, a la mañana. 
El agua se escarchaba sobre la superficie 
de las zanjas y nosotros nos asomábamos 
peligrosamente al borde 
para quebrarlo 
con la punta del pie. 
El viento helado en los ojos nos hacía llorar, 
la nariz y las orejas se nos congelaban, 
pero nos divertía sentir el frío y nos gustaban 
las sensaciones del invierno. 
Igual que el mate cocido con leche 
del primer recreo, 
junto a los chicos de un barrio 
donde todas las casas se parecían entre sí. 


El tren carguero 

De vez en cuando nos topábamos 
con algún carguero 
y nos quedábamos largo rato 
contando los vagones. 
La cabeza se extraviaba imaginando 
por qué lugares andarían 
antes y después, 
bajo qué soles, 
por cuáles lluvias, con qué personas, 
que tendrían qué historias 
vaya a saber dónde. 
Finalmente 
perdíamos la cuenta de los vagones 
y nos íbamos por ahí, pateando piedras, 
hasta achicarse el horizonte. 


Tener dos corazones y uno que cante 

Amanece y el día recoge mansamente 
los primeros rayos de luz sobre la plaza. 
Aprendí muchas cosas de esta vida 
pero en otra 
me gustaría volver a ser la niña que fui, 
aprender el nombre de los presidentes, 
tener dos corazones y uno que cante 
la marcha peronista. 
Me gustaría ver, como antes, a mi madre en la cocina 
con sus moldes y la Singer, 
aunque me pinche el alma uniendo los retazos. 
Repetir sobre la arena los versos de Alfonsina, 
escuchar a Alfonsín recitando el preámbulo, 
amar a hombres que se irán por el mundo. 
Me gustaría volver a mi casa de niña, 
retener la belleza de los patios frutales, 
grabarme la inocente demora de la infancia 
y el sueño de los pueblos que atraviesan la historia. 


Amigo de al lado 

Tenía un Winco y escuchaba Léon Gieco, 
le gustaban los Beatles, 
adorábamos la banda de caballos cansados 
y a su padre campesino. 
Nos robábamos besos entre los alambrados
sin saber. 

En la puerta de su casa, 
sentados sobre el tronco que hacía las veces 
de banquito, esperábamos 
a que volviera a sonar el tocadiscos. 

Todos se habían ido 
con la música a otra parte. 


El día que murió Perón 

¿Estábamos en cuarto o en quinto 
cuando murió Perón? 
Fue uno de esos días que caía una lluvia 
vertical y sistemática 
como si fuera un registro de cifras indeseables. 
En aquellos tiempos, casi todas las calles del pueblo 
eran de tierra, 
nadie quería salir cuando el agua borraba los detalles 
de la acera. 
Camino al almacén podíamos ver 
por las ventanas abiertas de los vecinos 
brotar de las pantallas multitud de paraguas. 
Al otro día, en la escuela, 
bajaron la bandera a media asta, 
hicimos un minuto de silencio y sobre el pupitre, 
cantamos a capella. 
Una sola vez canté la marcha peronista, 
el día que murió Perón. 


Poemas del libro de la autora: País niño 
Norma Etcheverry 
La Plata, Buenos Aires, Argentina

Dentro de cada uno de nosotros hay un niño mientras tenemos a nuestros padres. Cuando mi madre nos dejó, acusé la tristeza de haber perdido al niño que había en mi interior. 
J. L. Witterick

Graciela Pucci

Distopía

  Las alas del amanecer desperezaron los párpados de Eugenia, obligándola a dejar atrás algunas imágenes de un sueño raro. 
   Los ojos de la habitación permanecían cerrados, la oscuridad era penetrada por un incipiente rayo de luz. 
   Una música con acordes de lluvia trepó a sus oídos invitándola a seguir disfrutando de las imágenes oníricas, pensó que, si seguía soñando, podría usarlas en alguno de sus cuentos. 
   Acomodó la almohada, abrazándola, se disponía a dormir, pero el sonido del teléfono celular no se lo permitió. 
   No quería abandonar la calidez de su nido-cama-almohada, pero a la vez la curiosidad la atenaceaba. 
   Tomó el celular, apenas pudo ver sin sus anteojos, tenía un mensaje de alguien que no figuraba en sus contactos. No le dio importancia, se acomodó y quiso entregarse nuevamente al sueño.  
    No pudo. 
   Los acordes de lluvia fueron acompañados por aullidos de viento y la música mansa se tornó un sonido ensordecedor. 
   Definitivamente abandonó la idea de volver a dormir y así intentar zambullirse en las imágenes de ese sueño que tanto la habían motivado. 
   Se acordó del mensaje en el celular, con los anteojos puestos lo leyó, pero ¿de quién era? De pronto reparó en la foto de perfil, estaba demasiado pequeña como para reconocerla, pero estaba segura de que era él. Sí, definitivamente, al agrandar la imagen, vio que era Omar, en el mensaje le preguntaba si ella había estado caminando por la calle Florida, que el día anterior le había parecido verla, que por eso le había escrito. 
   El texto del WhatsApp también era extraño, comenzaba con un “che”, sin saludo previo, ni un “¿cómo estás?, tanto tiempo…”. 
   Eugenia dejó el teléfono, se desperezó, por un rato siguió escuchando el rumor de la lluvia devenida en llovizna. Un día así invitaba a quedarse en la cama. No estaba segura si responder el mensaje, pero finalmente escribió: ¿sabés a quién le estás enviando esto? Porque yo no estuve en la calle Florida, habrá sido un clon o tal vez un holograma
   La respuesta de Omar fue inmediata y autorreferencial, contando sus pesares, sin preguntar siquiera cómo había sido la vida de ella en esos 15 años transcurridos sin comunicación alguna. 
   Eugenia se quedó mirando el celular por unos instantes, luego lo arrojó a un costado, se preguntaba cómo tantos años de silencio se habían deshilachado en ese mensaje trivial. 
   Volvió a tomar el teléfono y eliminó el chat. 
   El viento sur, danzando con las gotas de una lluvia persistente, ayudó a borrar definitivamente todo vestigio de la historia vivida con Omar hacía más de veinte años y que, se lamentaba, ese mensaje había traído de nuevo a su mente. 
   Eugenia abrazó la almohada, acunada por el rumor del clima de otoño en primavera, quería volver a dormir. 
   Intento que no fecundó porque se dio cuenta de que lo extraño no había sido su sueño si no el mensaje recibido después de quince años de silencio total. 
   De un salto llegó hasta su computadora, la encendió y comenzó a escribir ese nuevo cuento. 
   No necesitó recordar lo que había soñado, un mensaje de WhatsApp resultó ser más distópico que su sueño interrumpido. 


Graciela Pucci 
Buenos Aires, Argentina 

No me avergüenzo de elegir siempre la felicidad, las desgracias vienen solas. 
Mario Escobar

Sergio Borao Llop

Estrellas 

Cada estrella soporta con paciencia 
las aburridas miradas de los controladores aéreos. 

(También algún poeta se despista contemplándolas 
pero eso no supone una reducción en sus impuestos) 

Ahora que la más negra noche parece aproximarse, 
tengo que declarar que, a pesar de los motores 
y los incendios y las sirenas de los coches patrulla 
y el día a día terrible que a su luz nos somete, 
hay una magia infinita en amarse cuerpo a cuerpo
bajo el influjo amigo de la luna 
(esa luna que algún anochecer me regalaste)

¡Ay, estrellas que me visteis besarla en noches como ésta! 

Cerrad, cerrad mi herida con un destello clandestino. 
Apaciguad el loco galope que ha invadido mis venas. 
Disimulad su ausencia con canciones y recuerdos de otras noches. 
Detened los relojes en el instante exacto de la nieve 
o en el momento inolvidable de París y su Torre 
o en las playas nocturnas de Donosti. 

¡Ay, estrellas, luna,
cómplices del pasado! 
Devolvedme su risa 
o convocad el fuego 
piadoso que me extinga. 


Otra noche más, todo está perdido 

Otra noche más, todo está perdido. 

Ni una sola parada de autobús 
reconoció los ecos de mis pasos. 

Ningún pájaro invadió mis pensamientos. 
Nadie besó mis párpados cerrados. 

Difusos recuerdos de una ciudad lejana 
mientras me voy diluyendo entre las sombras. 
¡Nunca conocerán mis plantas sus paseos! 

Mas una gota de lluvia me acaricia… 
                                                      …Y nazco. 


No he muerto y sin embargo 

No he muerto y sin embargo… 

Lágrimas blancas de un dios desconocido 
caen sobre la calle, se van posando, forman 
una brillante capa donde el ojo resbala. 

Pero aquí, entre estas cuatro paredes, 
otro es el frío que blanquea el ámbito. 

El aire viene helado desde dentro. 

Ved que al pecho se insinúan cicatrices 
profundas como un sol desvanecido. 

No me ha sobrevivido ningún ángel. 

Tan sólo quedo yo 
aquí parado al borde del incierto futuro. 

Sé que toda caída es infinita
más allá de las venas. 

Pero la fila avanza irremisible 
como un vagón de muertos fingiendo ser felices. 

No, no he muerto y sin embargo, 
en el fondo del mar no hay ojos para nadie. 


Y en ese lugar no hay árboles ni pájaros 

Y en ese lugar no hay árboles ni pájaros. 

Tan sólo destellos del neón engañoso, 
plastificados rostros seductores 
que te invitarán a conocer mundos atrayentes 
y generalmente caros. 
Tan sólo sonrisas cosméticas, palabras 
aprendidas en cursos de autodefensa dialéctica, 
cuerpos falsos de silicona y rayos UVA. 
Tan sólo las sortijas y el pétreo edificio de la bolsa 
y el culto a los gimnasios y a los titulares diarios 
de la sección de economía. 
Tan sólo pies afilados siempre prestos a la rápida zancadilla 
y el posterior aplastamiento entre disculpas apesadumbradas. 

Pero en ese lugar no existe un solo árbol verdadero 
y el sol es una brasa de alquiler, y la vida 
el torpe simulacro de un incendio.


Poemas inéditos 
Sergio Borao Llop 
Zaragoza, España 

Recordar es fácil para quien tiene memoria. Olvidar es difícil para quien tiene corazón. 
Gabriel García Márquez

Ana Romano

Basta 

El calmo hastío 
degrada 
el encierro 

Los huesos pesan 
amazacotando 
las vueltas 

Recoge la mirada 
los ojos gotean 

Las botas anuncian 
la soberanía del látigo

Fósforos de carne 
se encienden y cercenan 

Emancipado ese animal 

huye. 


En el barro 

En el barro 
los cascos 

cuando 

en el luto 
sucumben 
los hermanos. 


La mecedora 

Susurran las plantas 
y el fuego rechina en el jardín 

La mecedera atempera 
la asfixia del remordimiento. 


Indagar 

Ráfagas ligeras 
envuelven 
la palidez de la mujer 
Una sombrilla de luna 
observa 
el mar en su enojo 
La arena despreocupada 
se pasea en la cintura 
Un magnetismo aparente 
enjaula las pestañas 
mientras 
indaga con la mirada
los zarpazos del mar. 


Verde 

Oscila 
en el aire 
un verde intenso

El hilo 
sincroniza 
el movimiento 

Llora 
un niño 
su desilusión 

Globo. 


Sobrevolar, revolotear 

Indóciles 
claros oscuros 
sobrevuelan 
los umbrales de la aventura 

Un meneo frágil 
fisura 
el cuerpo compacto 

Revolotean indulgencias 
en los ojos áridos 

Hincada 
Adriana 
zurce tajos 
ensangrentados. 


Poemas inéditos 
Ana Romano 
Poeta nacida en Córdoba. Reside en Capital Federal, Argentina

La verdad no es tan importante si hace daño a los que amo. 
Eva García Sáenz de Urturi

Damián Andreñuk

Delicia, traición, belleza 

Delicia es apagar la soledad 
sobre una espalda de mujer 
en un instante azul que rompe los absurdos. 

Traición es un incendio en lo sagrado 
una amarga cicatriz fosforescente 
que nunca termina de sanarse. 

Belleza es el intenso resplandor 
de magnolias que se abren 
o una niña entusiasmada por el arcoíris. 


Cárceles y cementerios 

Cárceles y cementerios me limpiaron la visión. 
He aprendido lo importante en el peñasco de las lágrimas. 

Libre como las panteras o los arcoíris. 
Como el reino secreto de la noche. 
Como la luz purificada de ciertas cicatrices. 

Pájaros y flores y niñez divinidades sencillas
He avivado en mis entrañas un fuego de otro mundo. 


Murciélagos y colibríes 

Cae la mañana y con ella algo de mí. 
Cadena de gorriones y cuervos en las calles cotidianas. 
Árboles como brujas que susurran. 
¿Qué me roban los ojos reptiles, 
los ojos ávidos que nunca dan dulzura? 

Atardece 
en el vértigo violento de la ciudad donde vivo. 
Veo palomas dormidas y rostros con huellas de dolor. 
Nada, nada exime 
de asumir la lucidez más ardiente. 

Llega la noche entre murciélagos y colibríes. 
Un sabio transforma su martirio en un reino de luciérnagas. 


Acribillado 

Acribillado 
por una gris codicia. 
En las contradanzas del idilio. 
Entre crímenes y rosas. 
Con la certeza más feroz 
ante todos los abismos. 

Añoro el principio; 
los juegos sin reloj, 
las manos de mi abuela, 
el asombro indecible 
mirando a una tortuga. 

Es duro conocer el rencor. 
La lucha salvaje por la supervivencia. 
El verano desmedido quemando las cosechas. 
Que a veces no hay nada 
debajo de las máscaras. 

Alternancia agridulce 
de música y aullidos. 


Escombros encendidos

He asimilado la vastedad. 
Cuando mi mirada liberó todas sus cargas 
como escombros encendidos.
Cuando mi pecho aceptó su sombra antigua 
de cuervo que agoniza. 
Cuando mi lengua saboreó una mujer 
con nuestras almas fusionadas. 

He forjado la llave milagrosa 
para mutar con elegancia al Otro Lado 
y no volver a este denso territorio 
repleto de trampas 
repleto de prisiones. 

He tiritado en la cumbre del temor. 
He quemado las máscaras mundanas 
perdido en el ocaso brutal 
de la última felicidad transparente. 


Damián Andreñuk 
La Plata, Buenos Aires, Argentina

Para mí lo eras todo, toda mi vida. Todo existía sólo si tenía relación contigo, toda mi vida sólo tenía sentido si se vinculaba a ti. Transformaste toda mi existencia. 
Stefan Zweig

Adriano de San Martín

7. Al Robinson 

Hoy tropecé con tu sombra ataviada de trapos, cintas multicolores, bastón imperial palo de escoba, lentejuelas de ceniza al pecho abierto, mirada de cuchillo, compás de línea vieja. 
Pero no mirabas: veías al otro lado de la mirada. El hueso de la ausencia partido por el monólogo en lenguas desconocidas, acaso primigenias, signos entreverados de la roja planicie donde tus ancestros acechan con santos de arena, rituales de osamentas y abejas en tus labios violentos y tus ojos de fuego taladrando los míos hasta otra frontera. 
Te abrí la vereda e hiciste un pase magnético: Chamán de centellas y demonios componías una enorme pipa verde, agua de la noche escurriéndose en Puerto Limón frente al piano blanco de cola blanca, con el traje de dril blanco impecable, tus manos sobre blancas y negras de la tarde acariciando un vals o un nocturno de maderas, suave, lento, sincopado el ritmo, casi blues, andante, andantino, transmutándose en la guitarra del Buenos Aires, calypso de salmuera frente a un balcón de El Pueblo, y tu voz cadenciosa, jadeante, lacrimógena, deshojando las notas como estambres de pájaros, atacando sus alturas con plantas y árboles que te cobijaron en la infancia o en la adolescencia caribeñas, mientras un mariachi ajusta cuentas con el sueño y vos te plantás en El Zócalo DF con tu contoneo tropical de quijongo y el son en cada una de tus claves acompañando los fríos riachuelos por donde pasara tal vez La Chavela con Frida, acaso Ray Tico con su feeling cortejando la gracia multicolor del cine en un amplio mural de vainas precolombinas. 
Vos trajinando las hierbas sagradas de Centroamérica como puntos cardinales de Chepe en una alfombra con vibración de cajas y un sol que se deshace en negro por el bunker de tu sonrisa, postal de exiliado desechable en el bazuco, tiempo por donde regresa tu mirada de gallo vencido a través de la llovizna en el triste danzón de la avenida… 


Del libro del autor: Kabanga, 2014 
Adriano de San Martín 
San Carlos, Costa Rica 

Es muy bonito saber que la gente no puede entrometerse con lo que tienes dentro de la cabeza. 
Frank McCourt

Cleide ‘Mimí’ Muglia

La vida nos quiere 

Ágiles, dinámicos 
Acompasados. 
Como Ravel y su bolero. 
Resistentes, valientes, luchadores
Como Caupolicán. 
A veces el viento sopla fuerte. 
Los árboles se doblan, 
la fe nos ayuda 
Las almas tiemblan. 


Compromiso 

Hay que salirse del pellejo, 
De los huesos, de la sangre. 
Poner el cerebro en un florero 
Cabalgar en una nube indiferente. 
Abandonar el corazón en una torre 
Poner mordaza al sentimiento. 
No conocer el limo de otra charca. 
Para ignorar a la justicia escondida 
Tras los cerros de metal 
Los puños apretados 
Intentando contener racimos de lluvia. 
Los pájaros sin nido, las cestas vacías 
El desasosiego sentado en las esquinas... 
La contienda es: 
Del árbol 
Y la hormiga 
De la abeja 
Y la cigarra. 
¡Se puede sembrar en las macetas! 
No ha de ser tan pesado el tronco 
Como para no poder despejar el camino 
¡Aún el cardo no tapa al trigo! 


Ayúdame 

No me digas siempre ¡sí! 
Porque no me evitas el yerro. 
No confíes ciegamente 
en cuanto hago o quiero 
porque me amarras
siempre al mismo puerto. 
Permíteme crecer, enmendar, 
mejorar el rumbo.
¡Ahora que es tiempo! 
Te estoy pidiendo amistad, 
no asentimiento. 
Siéntate a discutir conmigo. 
Quiero aprender de ti. 
¡No importa cuánto haya que mejorar!
¡Lo útil es poder hacerlo! 


Cleide ‘Mimí’ Muglia 
La Plata, Buenos Aires, Argentina

A veces, parecía que ella iba a ahogarse en sus propios sentimientos. 
Mary Nickson

Jaime Villanueva Donoso

Que la noche se disuelva en una taza de vidrio caliente 
revuelta por una cuchara para siempre 

Y que no quede rastro 
de que alguna vez hubo noche acá, 
que se piense y que 
parezca que el día no avanzó, 
que el calendario se mutiló a sí mismo.

Que sea el día más largo de la vida, 
que la noche se disuelva 
hasta que parezca día, 
Como el café en la taza de leche. 

Que siempre sea de día
para que los demonios que vienen de noche
se queden en la espera, 
se queden en la potencia 
de una noche que nunca llegará 
que atrapados exploten de locura 
hasta que sean sanos 
y efectivamente 
sean capaces de aparecer 
un día sin noche 
desarmados lindos 
y cuando sea de noche nuevamente 
se vuelva una y otra vez, ves. 


Enferma 

Ella gozaba 
de buena salud, 
yo le contagié el olvido 
y por eso la recuerdo. 

Soy yo 
quien 
vuelve a caer 
en el hospitalario placer 
de tener a quien confiarle 
un olvido 
y de olvidarme de las palabras 
para recordar, 
jugando en la línea de tener a quien 
querer 
odiar 
recordar. 


Tranquilidad y hermosura 

Si tú mueres 
yo muero… 
Si me adviertes de una jungla
desparramada 
en el orden matinal, 
brillante por la neblina, 
me puedo perder en las cosas 
que no son cuando están en ti 
al interior de tu estatura… 

Si tú vienes yo espero 
saber exactamente lo que no
sabemos 
y pretender que el largo 
del silencio 
se asemeja a la cara más instantánea 
de los días prestados a la noche 
que no pasa, 
si no es en un abrir y cerrar 
de ojos sentados al piano… 
puede ser una buena señal 
de tranquilidad y hermosura, 
incluso mejor que aquellos damascos cercanos 
que dibujaste en la parte de atrás de tu cuaderno, 
qué siniestra escena 
yo contigo, 
tú sin mí, 
el aire sin atmósfera 
y aquello que es un color y además es rojo 
en el centro del fuego de los días 
de los abrazos de tu pelo 
y sin embargo 
tranquilo, 
si tú mueres 
yo muero. 


Textos del poemario del autor: Los silencios bien guardados. Grupo Casa Azul 
Jaime Villanueva Donoso 
Viña del Mar, Chile

Hemos de ocuparnos de nosotros mismos, pues nadie más lo hará. 
Gerald Green

Agustín Serrano Santiesteban

Otra vez noviembre

Otra vez noviembre 
y su callada llovizna 
el rostro de la tarde repartido 
con desgano 
un sol entristecido que contempla 
el latido insistente de la infancia 
Pasan raudos los peces 
aves que agonizan ante la luz 
un hombre aferrado a su sino 
Otra vez noviembre y las palomas 
dibujan la nostalgia de los patios 
distribuyen su piel y sus espinas 
Todo parece cierto 
los peces y su fugaz huida 
la luz multiplicada en las paredes 
Otra vez noviembre y el pasado 
martillando incesante en la memoria. 


                       *    *    * 
Conducido a las alturas 
por una voz que no es mía 
persigo palabras puras 
en las regiones obscuras 
de la galáctica vía. 
Sobre la tranquilidad de la mente 
Séneca 
A veces uno convoca 
disputa de reflexiones 
en la búsqueda de opciones 
que el devenir nos provoca. 
A veces llama otra boca 
que rompe tus ataduras 
y le aparecen fisuras 
a los viejos paradigmas 
y eres por azar de enigmas 
conducido a las alturas. 
A veces la soledad 
es un virus que me incita 
y mi corazón se agita 
sin importarle la edad. 
A veces la libertad 
tiene olor a lejanía 
y barruntos de afonía, 
entre dudas y mutismo 
me condenan al abismo 
por una voz que no es mía. 
Nace un lenguaje distinto, 
palabras que se desatan 
y vocablos que delatan 
las rutas del laberinto 
del ayer. Soy un extinto 
ser que vuelve a las oscuras 
cavernas, donde pinturas 
antiguas siguen vigentes. 
Por esos antecedentes 
persigo palabras puras. 
Ya sé que me quieren lejos, 
la certidumbre molesta. 
No me quieren en la fiesta 
y les duelen mis reflejos. 
Me agobiaron sus consejos 
falsos y las imposturas. 
Veo venir las futuras 
eclosiones de la cruz 
para poner paz y luz 
en las regiones oscuras. 
Habrá que romper cadenas, 
desarmar las convicciones 
erradas con sus opciones 
de traición y de condenas. 
Habrá que cambiar escenas 
de inercia y monotonía, 
porque hay sueños todavía 
que el hombre debe cumplir 
por salvar el porvenir 
de la galáctica vía. 


Poemas tomados de la página web del autor 
Agustín Ramón Serrano Santiesteban 
Holguín, Cuba 

Cuando hagas algo noble y hermoso y nadie se dé cuenta, no estés triste. El amanecer es un espectáculo maravilloso y sin embargo la mayor parte de la audiencia duerme todavía. 
John Lennon

Abel Otto Torre

Fin del juego 

Hace tiempo quiero comunicarme, pero no puedo. 
La oscuridad me rodea e imposibilita hasta el surgir de mis pensamientos. De tanto en tanto veo luces; a ratos túneles y tortuosos caminos que se bifurcan o me siento caer desde ominosos toboganes al vacío en un silencio que nunca había experimentado y también veo personas y luces poderosas que hieren mis ojos aun cuando los cierro mientras oigo a mis padres que me llaman, y veo amigos que extienden sus brazos para abrazarme y que me indican qué camino debiera elegir entre los muchos que se separan ante mí pero sin embargo no puedo o no sé en qué lugar y tiempo me encuentro porque hay una razón por la que estoy aquí y debo averiguar qué lugar es éste en el que existo o si estoy muriendo, o naciendo porque hasta no saber no podré tomar una decisión mientras algo extraño está sucediendo porque ahora siento dolor y lo que sea que haya ocurrido me deja ver entre relámpagos manos ávidas entrecruzándose sobre ruedas de colores y bellas mujeres vestidas lujosamente y más ruedas que giran y es que mi memoria despierta y regresa al pasado para ver otra vez la sonrisa de mis padres que me tientan a seguirlos y mientras pienso que debo resistir es cuando huelo el licor que se derrama y el humo de habanos que nublan los salones entremezclándose al aroma acre de mi odio y de los cuerpos desnudos abrazados y otra vez las luces que no se apagan ni confunden con la oscuridad y las sombras y los abrazos ajenos y el asco me desquician y esos ojos como estrellas en las noches deambulando sobre el túnel de mis padres que se mezclan con perfumes extraños y los gritos que son engullidos en un laberinto de espanto y miedo cuando veo dos caminos que se ensanchan y la oscuridad y el silencio que se han roto precisamente en ese lugar en el que intuyo hay sólo olvido cuando mis ojos si los tuviera para mirar ven en mi mano un refulgente aro de acero y de pronto el fuego y la pólvora incendiada que se esparce mientras ella sigue allí recostada, mientras crece el olor de aquel cuerpo que no es mío y en los salones los vestidos y las ruedas quedan demorados bajo las luces que suavemente se apagan mientras llega a mis oídos el sonido de mil fichas que se esparcen en el suelo y recuerdo ahora que tuve una fortuna en mis manos que ya no me importa porque allí está el camino al que me dirijo sin mirar atrás y al llegar a la negrura siento finalmente una maravillosa sensación de paz que me consuela. 


Abel Otto Torre 
Córdoba, Argentina

No sirve de nada empeñarse en negar la verdad.
John Boyne

jueves, 14 de mayo de 2026

Editorial


con voz propia Nº 149 

Revista literaria 

Mayo 2026 

Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner 
Publicación creada en noviembre de 2006
Distribución y publicación gratuitas
ISSN 2314-0275 




…tenemos un único deber moral: recuperar grandes espacios de paz en nuestro interior, cada vez más paz, y reflejarla hacia los demás. Y cuanta más paz haya en nosotros, más paz habrá también en nuestro mundo convulso. 
Etty Hillesum 



Cuando empiece la guerra 

Cuando empiece la guerra 
quizá vuestros hermanos se transformen 
hasta que no se reconozcan ya sus rostros. 
Pero vosotros debéis seguir siendo los mismos. 

Irán a la guerra, no 
como a una matanza, sino 
como a un trabajo serio. Todo 
lo habrán olvidado.
Pero vosotros no debéis olvidar nada. 

Os echarán aguardiente en la garganta, 
como a los demás. 
Pero vosotros debéis manteneros serenos. 


Del maestro que amaba la guerra 

A Huber, el maestro, 
la guerra le gustaba a rabiar. 
Al hablar de Federico el Grande, 
sus ojos comenzaban a brillar, 
mas Wilhelm Pieck no le lograba entusiasmar. 

Entonces vino Schmitten, lavandera, 
que la porquería no podía soportar. 
Cogió al maestro Huber, 
y lo metió en la tina 
para la porquería eliminar. 


Bertolt Brecht 
Alemania, 1898-1956 
De Devocionario del hogar (Hauspostille
Ediciones Propyláen Verlag, Berlín, 1927 
Versión: Jesús López Pacheco




Si en nuestra vida diaria podemos sonreír, si podemos ser pacíficos y felices, no sólo nosotros sino todos se beneficiarán. Ésta es la forma más básica de obrar por la paz. 
Thich Nhat Hanh 



Revista literaria con voz propia 
ISSN 2314-0275 
Propietaria: Analía Pascaner 
San Fernando del Valle de Catamarca 
Catamarca – Argentina
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. Analía Pascaner 



La compasión es una palabra de acción sin límites. 
Prince