Alessandro Baricco
lunes, 13 de julio de 2026
Xenia Mora Rucabado
Para siempre
A la memoria de mi hermano Alfonso
Escribo a solas,
te busco y ya no estás,
el silencio me apabulla.
Los surcos de la noche
se dibujan en la ventana
en el encuentro
de ausencias amadas.
Pasean mi mente
tu risa lejana,
travesuras compartidas
nuestros códigos de hermanos.
Se me estruja el corazón,
hay un dolor calmo,
una tristeza vaga…
Flota mi cuerpo…
Solo necesito mi alma
y dos alas para ir a encontrarte… para siempre…
Espejo interior
Cuando la existencia
me restituya la alegría,
seré mensajera de música
con voz de versos al viento,
dejaré volar las últimas hojas
de este otoño suicida.
Bucearé en mi subconsciente
con la mirada inmersa,
en el perdón como bandera
en aciertos y desaciertos.
Seré faro de mi destino
con voluntad sin tregua.
Batallaré naufragios
con agujeros de ausencia,
mi velero llegará
por fin a su puerto.
En aquel momento,
retomaré mi viaje,
construiré puentes de acero
para llegar a tu orilla,
así, alojaremos abrazos
donde tú seas tú y yo sea yo.
12 de enero de 2014
Ángel caído I
¡Qué ilusión traía!
tomó de equipaje su alma
siguió la huella de su canto.
Rodó el tul del pudor
en el clamor de sus ansias
fundieron su piel en una.
¡Qué ilusión traía!
buscaba sus brazos
y espadas estrujaron su ser.
No importaba nada...
Sólo anhelaba la dulzura de su mirada,
aunque en ello se le fuese la vida.
Ángel caído II
Malherida
con aguerridas alas,
la voz del ángel
evade tormentas.
Tules de ortigas
cubren su piel,
la sequía de caricias
corteja su duelo.
La infinitud es aguijón
que infecta su recinto,
con el filo del abandono
es huérfana.
En lo profundo de su alma
sumida en el limbo,
agonizando su canto
pronuncia un nombre.
Xenia Mora Rucabado
Mendoza, Argentina
Manuel Serrano
Por cambiar de sitio
Acabó la guardia el sábado de madrugada. El domingo se casaba su hermana. Su dilema era el vestido, los zapatos y el bolso. Cuando llegó a casa encontró a su marido acostado en su lado de la cama. Le dio lástima y no le pidió que se cambiara. Tampoco quiso quitarle la almohada, aunque sabía que le daba buenos consejos.
Por la mañana se contaron dos sueños extraños: él sabía que se pondría el vestido marengo con las sandalias playeras y el bolso a juego, y ella, que su marido tenía un amante, moreno, atlético y bien dotado.
Ruptura moderna
-Mírame a los ojos y dime que ya no me quieres.
-Como no levantes más el móvil solo te veo la barbilla.
Mi mano derecha
Hace poco me paró una gitana que quería leerme la mano. Su mano derecha me dirá todo de usted, me dijo. Le di cinco euros y me marché. Hay ciertas cosas que mejor dejarlas entre ella y yo.
Literal
“Te entrego mi corazón”, me dijo. A los cinco minutos ya estaba yo en el hospital para ver cuánto me daban por él.
La ceremonia
Mira que estoy guapo. Con mi traje, mis zapatos relucientes y repeinado como para una ceremonia. Hasta me han puesto colonia. Y además, todos se han quedado prendados de mi hermosura. Pasaban, me miraban y comentaban lo guapo que estaba. Después de la ceremonia la cosa ha cambiado. Mi madre se ha puesto a llorar. Total, porque me han tapado.
Del libro del autor: Curso de macramé. Microficciones. 1ª edición, Mar del Plata, Librería virtual Lágrimas de Circe, abril 2022. Este libro obtuvo el Primer premio género Microficción en el Certamen Literario Internacional “Hacia Ítaca 2022”
Manuel Serrano
Valencia, España
María Pugliese
sabíamos desde dónde mirar
y qué ventanas abrir…
del cielo a las ventanas de los cielos
desde las cerraduras a las puertas abiertas que las prescinden
de los vientos polares a los pies en la arena
del ulular de perros
a la oscura noche de las abstinencias
de las calles pedradas
al fango de zapatillas viejas
de los tilos en flor
al olor nauseabundo de los mendigos en busca de un sitio dormidero
de un lado
del otro
por las ciudades dormidas
al compás de los pasos insomnes
de los que siempre vuelven
por los escalones que ascienden hasta la brisa suave de las madrugadas
por los corredores sinuosos y sus tramas de miserias e inanición
por las hileras de carros colmados de deshechos
que alimentan muertes e indiferencias
por los horarios de los trenes y su tiempo de desprecio
por lo que somos a pesar de nuestros pesares
por un lado
por otro
* * *
afuera
a la intemperie
sin identidad
sin sombras
afuera
mirlos tacuaras tijeretas
calandrias
afuera
siempre afuera de sí
creció en el agua
y su presencia
fue casi imperceptible
raíces
fue sólo raíces
bajo tierra
y creció
en las alturas de las profundidades
* * *
huérfanos
del tibio arrullo
previo
al sueño profundo
nos elegimos viento
para deambular
por ciudades oscuras
a medianoche
y desprender sin pudores
las vestiduras del paisaje
ingenuos e ignorantes
nos elegimos viento
dónde virar
cómo reconocer
encontrar
* * *
con los mismos atuendos
arrastran la propia desazón
atraviesan idénticos senderos
aparentan semejanzas inciertas
susurran expectantes
salmos
a un mismo dios de piedra
indiferente y ajeno
los que enferman
y los que portan sanación
los que hacen del barro
un templo de milagros
y los que apuestan al desprecio
a la multiplicación
a lo inerte
los que dicen mañana
y los que anuncian catástrofes
los que clausuran
y los que abren puertas
pusilánimes o amorosos
los que espían detrás de los cristales el afuera
y los que lloran a oscuras
unos frente a otros
de pie o de rodillas
laderos
siempre
Poemas del libro de la autora: El silencio de los corales. Poemario inédito, 2024
María Pugliese
Muñiz, Buenos Aires, Argentina
Nicolás Puente
Llegabas desde lejos
Llegabas desde lejos
sangrando los pies y rota el alma.
Con todas las lluvias del otoño en las mejillas
y la nieve del invierno cercando tu mirada…
Arrastrando los restos de un naufragio
por las calles tortuosas de la vida.
La noche avanzaba ante mis ojos
un horizonte apagado de sueños
sin estrellas ni lunas
a la hora en punto de los besos.
Marcaba el reloj las tres y siete.
Te acercaste con olor a soledad en tu mochila,
te ofrecí agua en el cuenco de mis manos
y le diste a mi alma con tus labios quince puntos de sutura.
-¿Me querrías igual si fuera otro?
-Sí, te quiero, te quiero.
Y cosí tu falda a mis pantalones rotos…
Si alguna vez te asaltan los recuerdos
Si alguna vez te asaltan los recuerdos
y pintan en tu boca una esquiva sonrisa,
un pálpito inquieto de añoranza,
una emoción, un latido nostálgico…
Si se niega el sueño a plantar la noche en tus ojos
y sientes tu mano enlazada a otra mano,
un aliento inexistente subiendo por tu cuello,
un soplo en tu oído, unos dedos en tu pelo…
Si notas una lágrima nostálgica saliéndote del alma
y horadando lenta la soledad de tus mejillas
mientras recorres las mismas calles de antaño
ceñida a su cintura y miras por sus ojos la Giralda…
Si asaltan tu memoria caminos de luz llevándote de la mano
y un puente de piedra te sienta en su banco
donde la tarde borra el carmín de tus labios con besos
grabando a fuego su nombre en tu seno…
No te olvides, no lo olvides… No lo olvido.
El sembrador de rosas
Soy el que canta las penas de su gloria
y se dice en los versos que no escribe.
Aquél que va muriendo mientras vive
y pierde a cada instante su memoria.
El que girando la vetusta noria
arranca al fondo ciego del aljibe
las palabras inertes que trascribe
en un papel en pos de vanagloria.
Aquella sombra amarga en tu pasado,
los labios que besaron tus ausencias
los dedos que rozaron el olvido.
Soy quien sembró de rosas tu costado,
banquero que pagó tus apetencias
y amargamente llora lo no habido.
Nicolás Puente
Poeta de Dehesas, España. Reside en Saulheim, Alemania
César Crippa
Otoño
Invadiendo territorios huérfanos
de macilentos soles amarillos
viene, trepándose en los tiempos
convocante de colores y de trinos.
Resoplando detrás de los vientos,
remontándose en los remolinos,
se asoma por encima de los muros,
sorprende con su música de grillos.
Otoño: visitante de un hemisferio astral
Viajero sin mundo ni destino,
¡Déjame al paso de tus sandalias
un puñado de pétalos en el camino!
Para aromar con ellos mi musa,
llenarme con su magia los bolsillos,
y poder, también yo, derramar al paso
¡Todo el encanto de tu canto peregrino!
Suspicacia…
Días de zozobra… Tiempos de pandemia
¡Los cuervos en lo alto graznan!
- Instintiva alarma de emergencia -
Nadie entiende nada…
Cubren su boca los hombres
¡Sin palabras!
Baldías de risas las calles
enmudecen las plazas…
Liberan sus cantos las aves
la bestia libre se desplaza
Un viento conjurado con el maleficio
solapadamente se arrastra
Nos envuelve una sombra sombría
¡Tornan tristes nuestros días
con un horizonte en repliego!
La ciudad se llama a sosiego
y enclaustra su ímpetu, en las casas .
“Por el asedio al planeta - Dicen -
la naturaleza toma su revancha”
Esto es muy sugestivo y me asiste
el derecho a la desconfianza:
En tiempos de “Protestas”
cuando los oprimidos dicen basta
¡Y se aguantan las torturas
caso omiso hacen de balas!...
de incógnito y con guantes blancos
subrepticiamente, un virus nos ataca
Esto es muy sugestivo
¡La casualidad, a veces no es tanta!
O si el virus vino del cielo
se quedará un día, ¡El Cielo sin almas!
Tal vez ya no seremos hombres, sino
un número más ¡de esta infame maquinaria!
Mayo-06-2020
César Crippa
Nació en Sampacho, Córdoba. Reside en Nueva York, USA
Salomé Moltó
El frío desolador
La madre volvía del reparto del pan de media mañana.
Levantaba a los niños, los aseaba y, como no había calefacción alguna, los mandaba a la calle, para que tomaran el sol.
Frente a la casa se erigía un almacén con unas enormes puertas de zinc. A las diez o diez y media, el sol llevaba varias horas proyectando sus rayos sobre el zinc y éste estaba ya muy caliente.
Los niños apoyaban las manos para calentarse. “No llores, pon las manitas sobre la chapa, ¿te quemas?, dales la vuelta, ya verás como pronto empezarás a sentirlas. ¿Va mejor? ¿Ya sientes el hormigueo? Es que las manos están reaccionando. Te escuecen, ¿verdad? Duelen más cuando se están calentando que cuando están frías. Y es que nuestra madre mete tanto tiempo lavándonos que después para entrar en calor necesitamos mucho tiempo. ¡Anda, no llores que hoy tenemos suerte, ha salido el sol!”.
“¡Hale, me agacho, pon las manos en mis sobacos! ya verás, esto dura poco. Además madre está preparando la ‘copa’, la pone debajo de la mesa camilla y ya verás lo calentito que estarás. Además, en cuanto te pongas a jugar ya ni te enteras”. Había que animar al niño que no dejaba de llorar ante el fuerte dolor que sentía.
Era el final del invierno, todavía hacía mucho frío. La niña miraba, desde la cama, a través de la ventana el exterior. “¡Está nevando! Vamos a ir a jugar en la nieve, antes que llegue madre”. Pero el niño ha desaparecido. La niña se asusta, ¿dónde está su hermano?
Con el corazón en un puño sube las escaleras, la puerta de la habitación está entornada, al salir al patio ve a su hermanito jugando con la nieve, las manos moradas, la nariz colorada, los mocos corriendo hacia la boca. De un salto coge al muchacho, que se resiste, y lo mete en la cama. Con su cuerpo lo envuelve para hacerlo entrar en calor, éste se resiste, la nieve pica, pero es divertida. Lo aprieta fuertemente contra su pecho, saborea el amargo helor de la nieve mientras frota el cuerpecito del niño, y acaban dormidos los dos.
Salomé Moltó
Alcoy, Alicante, España
Irene Mercedes Aguirre
Pan y Circo
A los mártires, in memorian
Casi quedo dormida, interrogándome
acerca de la urgencia tras mi frente.
¿Por qué busco un instante sin carencias,
comunión integral de cuerpo y mente?
He cerrado los ojos y, de pronto,
pude ver mi cansancio cara a cara;
igual que un gladiador, sobre la arena,
vi relumbrar mi quebrantada espada.
Se ha quedado en silencio el Coliseo;
la muchedumbre vuelve hacia sus casas;
harta de pan y circo se adormece
bajo el techo sin sol de sus moradas.
Entre el silencio hostil lanzo mi grito
anunciador de fe. Desesperada.
¡Quiero ser, quiero ser, hasta la médula,
y conjugar lo humano en mi palabra!
Órgano de Iglesia
Bajo el silencio del templo resuena
siempre especial, y siempre sugerente;
no se conforma con las diarias penas,
ni hace olvidar ensueños de la gente.
Tiene una dulce gravedad extrema
que nos acerca el Celestial Mensaje,
¡Dentro del pecho su sonido quema
mientras musita el esencial lenguaje!
¡Eco infinito, trueno retumbante
entre baldosas de viejas iglesias,
que nos detiene, al fin, unos segundos!
¡Deja en suspenso el Alma, esos instantes,
porque se eleva desde las conciencias
con su rumor muy leve de Trasmundo!
Paz
Algunos te sindican Utopía,
un “Deber ser” azul; un regocijo
para seres alados, mas no hombres;
como una fantasía, retocada
milenio tras milenio, por la mente
ansiosa de captar el Paraíso.
En cambio, otros pensamos que Tú eres
el punto de inflexión de los opuestos;
de lo excelso y rastrero,
de lo grande y lo bajo,
de lo malo y lo bueno;
como un equilibrista del ensueño,
balanceado en su cuerda solitaria,
allá, por las alturas de lo diario,
orientando, juntando, descubriendo
una acción esencial de lo posible,
con su esfuerzo perpetuo que nos salva.
Los clásicos caminos
Recomienzan las luchas, los esfuerzos,
en cíclico racconto que vigilo,
para alcanzar, sin dudas, ni sigilos,
los clásicos caminos, nobles, tersos.
No es tarea soberbia, enceguecida,
ni mezquino interés sujeto a mofa,
conseguir que florezca cada estrofa
y desbrozar su claridad dormida.
El número en acordes, la armonía,
presentes en las sílabas vibrantes,
nos llevan a encender nuestros lirismos.
¡A través de los cuales, plena vía,
se elevarán poetas palpitantes,
desde la oscuridad de sus abismos!
Poemas del libro de la autora: Diálogos del Camino, Buenos Aires, Ediciones El Escriba, 2022. Obra Finalista de la XXXIV Edición del Premio Mundial de Poesía Mística ‘Fernando Rielo’ 2014, Madrid, España
Irene Mercedes Aguirre
Avellaneda, Buenos Aires, Argentina
M. C. Vásquez
No cualquiera es Poeta
No cualquiera es Poeta
Su vida no es perfecta
Llena de contradicciones
Y de estafetas
Habla del futuro como un profeta.
No cualquiera es Poeta
El pasado lo inspira en su letra
Dioses, titanes y nereidas
Conforman su poesía perfecta
Arte inspiración de musas,
Estelitas selectas.
No cualquiera es Poeta
Él es el creador de la letra
De la canción de la A a la Z
Como trovador a veces
Canta con pasión.
No cualquiera es Poeta
Es un soñador
Es un bohemio es un trovador
Es un ruiseñor
Con un don dado del Creador.
No cualquiera es Poeta
Vive atormentado
Con el infierno y el cielo
En su cabeza.
No cualquiera es Poeta
Su pluma y su papel
Son su mayor riqueza
Mira la vida diferente
Su imaginación es de otro planeta
Tiene una mente perfecta
Llena de contradicciones e historietas.
¡No cualquiera es Poeta!
Su corazón atormentado
Escribe con sangre
La melancolía y la tristeza
Y a veces su alegría
La tachan de hiperestesia.
El libro
Glorioso es el libro
Que desde sus comienzos
Abrió los ojos del conocimiento
Su sangre son las letras
Su columna el argumento
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor!
Se ha vestido con la piedra
Con el cuero y con la seda
Con sus galas de papiro
Ha instruido al colono y al guajiro
Hoy día el papel es su mejor piel
Y en la red está su tren.
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor!
Volúmenes y códices
Didácticos y sapienciales
La narrativa y los anales
Lingüística y culturales
Conforman su contenido
Han hecho del libro
Un canto de dioses y de instruidos
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor!
Cuentos y poesías
Cantos y fantasías
Verdades y letanías
Te engalanan
Haciendo de ti
¡La más grande maravilla!
¡Viva el Libro! ¡Sí Señor!
Navidad
Navidad dulce época dorada
Que a todos inspira
En cada gélido diciembre
El mundo entero gira
En honor a tu celebridad
En honor al Nombre…
Navidad dulce época dorada
Algunos ríen al ritmo de tu música,
Otros mojan sus mejías,
Recuerdos de perdidas musas
Que antes adornaban su almohada…
Navidad dulce época dorada
Noche mágica y encantada
¡Llena de cantos, luces y mantos!
Después de risas y llantos,
Nacen de tu alborada
Amores para la eternidad
¡Y almas desencantadas!
¡Navidad dulce época dorada!
Celebrando la venida de un Salvador
Se olvida el propósito de esta celebridad
Buscando el gozo en el exterior
¡Él no está lejos, está en el Interior!
¡Navidad dulce época dorada!
Del poemario de la autora: Ángel Bello, diciembre 2015
M. C. Vásquez
Amatitlán, Guatemala
Juan Antillón
Harakiri
El día que Hemingway
se quitó
la vida
fue esplendoroso.
Nada
que ver
con esos presagios de mal tiempo
que hacen felices
a los curas
cuando son coincidentes
con un Viernes Santo.
Se asomó
pues
al jardín
esa mañana
cualquiera
y recibió
el impacto
a mansalva
de los filos
que adquieren los colores
en un día de sol
bajo un cielo
azul puro
de cristal de roca.
Asombrado aún
percibió
los nítidos
dardos
del canto
y vuelo
de los pájaros
y a través
de una incipiente
lágrima
al colibrí
en su danza
de flor.
Respiró hondo
y supo
que era
el instante
de su plenitud
y sintiéndose
más vivo
que nunca
no quiso
conocer
el descenso
Doblar las sábanas de lino
Doblar las sábanas de lino
de un tiempo
apasionadamente aséptico
abrir el cofre de un antepasado
que no conocemos
allí depositarlas entre
aplastados sombreros
corbatas anchas
guantes con agujeros
en la punta de los dedos
“La Dama de las Camelias”
exploración de polillas
con sus túneles pequeños
en el papel amarillento.
Rescatar entonces
los diarios íntimos y secretos
los racimos de cartas atados
con cordelitos negros
y establecer
el árbol genealógico
de los ocultos deseos
en los caminos abiertos
de sangre malabarista
y del corazón auténtico.
Del libro del autor: Isla, 2014. Premio Internacional de la Editorial Universitaria Centroamericana
Juan Antillón
Costa Rica
Haidé Daiban
Hoja centellante
La hoja, pálida, blanca, repentinamente oscura. La palabra se funde en ella, cualquier palabra, la iluminada, la obtusa, la conocida, repetida, cotidiana.
Resistir a la busca de la perfecta, la igualmente oculta. ¿Todas?, quizá alguna bracee entre el oleaje nocturno y salga del laberinto negro, alguna que se destaque por su belleza, por su voz de sonido metálico, por su riesgo de querer salvarse, hay sonoridad de letras bailoteando.
La noche avanza, la luz del velador comienza a opacarse.
Hay un llamado al alba que los párpados conocen y entonces todo desaparece como los renglones de la hoja, nacida blanca, crecida oscura.
Campanas lejanas extienden las ondas con despliegue de alas y planean en la noche hasta chocar con mi ventana, es el carrillón que me despierta, que me azuza para seguir en la búsqueda, para que el fracaso no ocurra y mi memoria en flor se abra. Ya es la hora de la pesadilla, la recurrente de las cuatro de la mañana. Todo tiene el tizne del carbón, pero yo necesito la brasa, el calor, la luz, el fuego…
En mi mano la lapicera se resbala de cansancio, tiende a deslizarse, callada, para desaparecer bajo la mesa de roble, bajo lo que quedó de aquel robusto roble del bosque. El aroma del roble impregna el cuarto.
Las campanas enronquecieron, el baile de letras juega a mi alrededor, es que desea que el mareo, como marea, me ahogue en la confusión de dudas, que crea esa falsa elección de mi mente…
Un aire frío entra por la ranura de la ventana, me señala, quizá, que todo puede llegar a congelarse, me susurra que el tiempo pasa y debo acelerar la elección.
Los párpados se esfuerzan por detectar la hoja blanca, la superficie virgen que me espera a esta hora del amor.
Una mariposa entra gozosa a mi encierro con el mensaje efímero de su vida. Trato de atraparla, se desvanece mágicamente y en ese momento detecto un brillo en un rincón de la pared, mi lapicera, inmóvil, yace escondida. Enciendo el velador y un arco iris se proyecta en las paredes atravesando los caireles de cristal.
Mi hoja, al fin, centellea y la palabra se extiende, se expande, se ilumina. Me ilumina.
Haidé Daiban
Buenos Aires, Argentina
sábado, 13 de junio de 2026
Editorial
con voz propia Nº 150
Revista literaria
Junio 2026
Mes del Libro y del Escritor
Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner
Publicación creada en noviembre de 2006
Distribución y publicación gratuitas
ISSN 2314-0275
Todos los libros del mundo no te dan felicidad pero te conducen en secreto hacia ti mismo. Allí encuentras todo lo que necesitas, el sol, las estrellas y la luna, pues la luz que tú buscas habita en ti mismo.
Hermann Hesse
Escritor olvidado
Manuel era un escritor olvidado. En su vejez, ya cerca de la muerte, pensar en ese hecho le producía grandes sufrimientos. Cuando llegó el día final, que esperaba con los ojos cerrados, una voz le dijo al oído: “Nada temas. Has sido honesto y piadoso. Aquí te han olvidado, pero el Señor no olvida a sus hijos. En el cielo están todos tus libros, incluso los que quedaron inéditos, y también los que sólo tenías en el pensamiento”. Manuel murió con una sonrisa en los labios.
Fin del libro
Al terminar la novela se preguntó “¿qué hago ahora con estas 350 páginas?”. La meteorología vino en su auxilio: un viento feroz entró por la ventana entreabierta, arrebató las hojas aún no encuadernadas y, junto con otras varias pertenencias suyas, las sumergió en el río cercano. “Primera vez que veo una novela río”, atinó a balbucear el escritor.
David Lagmanovich
Argentina, 1927-2010
Del libro: Menos de 100. Microrrelatos
No hay prisa. No hay necesidad de brillar. No es necesario ser nadie, salvo uno mismo.
Virginia Woolf
Revista literaria con voz propia
ISSN 2314-0275
Propietaria: Analía Pascaner
San Fernando del Valle de Catamarca
Catamarca – Argentina
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor.
Analía Pascaner
Pensó que cambiaría el mundo de una manera pública y dinámica, pero pronto se dio cuenta de que podía hacer lo mismo con los libros. Eran poderosos.
Annie Lyons
Autores publicados
En las cosas profundas e importantes, estamos terriblemente solos.
Rainer Maria Rilke
con voz propia Nº 150
Revista literaria
Junio 2026
Autores publicados en esta edición:
Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia:
https://revistaconvozpropia-autorespublicados.blogspot.com.ar/
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor.
Analía Pascaner
Revista literaria con voz propia
Publicación y distribución gratuitas
ISSN 2314-0275
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner
Andrés Bohoslavsky
In memoriam
Descansa en paz, querido amigo
Analía Pascaner
La cafetera italiana
Mientras preparo el café
salen del vapor los abuelos
bajando por la escalera del Citta di Roma
a principios del siglo XX, al puerto de una ciudad
que imaginan maravillosa.
Los que bajan son dos adolescentes y sus sueños
como mamuskas, tienen dentro suyo otros tantos
todos contenidos por el gran sueño
el sueño de amor.
Sentados a la mesa de la cocina
María Grazia junto a Romano
me dictan un poema
que desaparece al mismo tiempo
que el vapor de la cafetera.
Mirlo
me había quedado entre tus ojos en un sueño
perdón por el atrevimiento
A.B.
Desde la ventana del tren
pienso en los que ya no están
en los que están lejos
en los que un día no estaremos
otra persona viajará en este tren
en este asiento
y mirará por la ventana
tal vez los mismos árboles
y se pregunte si alguien, alguna vez
mirando el río
vio posarse al destino en la ventana.
La condena
Ese día me había levantado tarde
no tenía planes ni nada de eso
salí a caminar, a contemplar los maniquíes
cuando uno de ellos me dijo:
hubo un terrible accidente
en el tren que toma diariamente
le dije:
la vida es así, extraña
me quedé dormido esta mañana
para seguir vivo
para charlar contigo en esta esquina.
Una acróbata olvidada
La anciana del bastón de paso lento
alguna vez fue acróbata de circo
un pájaro.
La vi volar de mano en mano
una belleza suspendida
el público gritaba aplaudía enmudecía
yo soñaba que volaba
con ella
no en el circo ni en el cielo
soñaba que volaba de su mano por la vida.
El pequeño Buda
El niño que vende golosinas en la plaza
se acerca y me pregunta qué escribo
un poema es mi respuesta
me pregunta qué es un poema
un poema no tiene explicación, contesto.
Si no tiene explicación, entonces es como el pájaro
que me sigue
y me cuida hasta que vuelvo a casa, dice.
El falso genio
Sale de la vieja lámpara y dice concederme tres deseos
miro hacia todos lados para que no piensen que estoy loco
y terminar nuevamente en el psiquiátrico
o declarando en la comisaría de madrugada.
Pero el tipo era un simple estafador.
Cuando vuelvo a mi cuarto
no encuentro a mis padres
ni retorné a mi infancia
y tampoco esta noche logré escribir el poema perfecto.
El corazón es un poema
Cuando el corazón se detuvo
el escritor dejó inconcluso su poema
pero como todas las cosas misteriosas
aparecerá aquí en el bosque
o tal vez en tus sueños
para que lo termines.
Poemas de los siguientes libros del autor:
‘Una noche en bosque-poesía y otros poemas’ (Editorial Leviatán, 2014)
‘El río y otros poemas’ (The River and Other Poems). Verulamium Press, St Albans, 2004. Traducción: Robert Gurney
'Medianoche en la plaza de los sueños’ (Editorial Leviatán, 2021)
‘Miniaturas en el sendero poético’ (Editorial Leviatán, 2025)
Margot, la prostituta que leyó a Bakunin’ (Editorial Leviatán, 2019)
Andrés Bohoslavsky
Argentina
Eduardo Dalter
Días de lluvia
Yo escribí cinco poemas en Irlanda
bajo su cielo generalmente tormentoso
y vi llover no sé cuántas veces, siempre
a resguardo, con mi café cortado o mi cerveza,
entre papeles, historias, y un paisaje que se abría.
Otra es la vida, otros los gestos, me dije,
y me detuve en los versos de las poetas
que hablan del amor y de la guerra
interminable y de la hambruna. Ellos saben, me dije;
sufrieron durante siglos la colonia y sus desprecios.
En fin, ellos también vieron partir al Titanic
desde su puerto sur y saludaron. Saben,
y son calmos como sus horas, y sin el industrioso
decorado de la Europa que brilla desde lejos.
Entonces, en esa confianza simple, entre sus tierras
onduladas, en la noche, tomando mate
y fumando, pensé en mi vejez y en mi soledad,
bajo el graznar lejano de los cuervos.
Oyendo el mar
Sur de Roma, solo en el balcón,
donde el aquietado mar resuena
confidente, y pensando, pensando
en horas vagas, donde la sonrisa
de mi madre se aparece; entonces
doy otro sorbo a mi cerveza y miro
el cielo grave, de tonos imposibles.
Nettuno, en la noche, sábado
Langston Hughes Street
Hay una calle arbolada en el Harlem,
que a cada momento lo recuerda;
yo la caminaba en las mañanas frescas
antes de ir por mi café, bajo el sol tímido,
en el pub de la esquina de Luther King y Malcolm X,
algunas veces con Henry y con Myriam,
quienes, cuadra a cuadra, me iban adentrando
en una lucha de todas las horas y todas las pasiones,
que incluía a sus poemas y a quienes hoy son ausencia,
Countee, el maestro Arna, Ethel, William…,
mientras nos íbamos mirando a los ojos
abrazados por una historia que siempre lo fue
a pecho descubierto, brazos febriles y corazón pleno,
contra los crudos inviernos blancos de nieve
y los fríos más fríos.
Poema de las seis palmeras
A Caurantica se podía llegar caminando,
a la hora en que el sol aún no quemaba, bien pegados
a la banquina, al costado de los terrenos pedregosos,
y mirando allá al oloroso, infinito mar en las subidas.
Siempre era emocionante descubrirlo en su brillantez,
cada día con un tono distinto, como los tonos
de nuestras vidas, tan sacudidas y solas estos meses.
Hasta que después de atravesar La Salina
y cruzarnos con algunos cochinos sueltos y alguna
rápida lagartija, arribábamos a la playa más insólita,
rica en destellos varios y en murmullos,
encendíamos un cigarrillo y nos poníamos a admirar
con el tiempo a favor, y lejos ya de todos
los desconciertos y acechos del mundo,
a la increíble, relumbrante maravilla.
Lecuna y Baralt
Desolaciones, nuevos paisajes, cielos tórridos--
mientras el autobús avanzaba por la autopista
bajo los altos reflectores de luces amarillas,
próximo a entrar a la terminal, seguro semidormida.
Entonces, recuerdo, pensaba en mi madre
y siempre en las calles de mi país muy lastimado.
Tomaba un café o dos, entre mendigos
y noctámbulos, con sus frentes sudadas,
y aguardaba el clarear de la ciudad de mala fama,
sin comprender mucho en dónde estaba.
(Los exilios de alguna forma nos dejan en el aire,
como levitando; ¿en cuál mar desembocará
esta historia que parece sin ley y sin medida?)
La avenida Lecuna, con sus comercios, se extendía
aún en sueños, bajo la mañana que ya se prometía
olorosa a monóxido, a café largo y frituras.
Primeros tres poemas pertenecen al libro del autor: 'Luces de la orilla', textos escritos en Buenos Aires en 2024, a excepción del que lleva data al pie. Poemario a editarse en breve.
Últimos dos poemas, del libro: 'Semeruco. De Güiria a Maracaibo'. Ediciones Lexia, Rosario 2023.
Eduardo Dalter
Buenos Aires, Argentina
Suscribirse a:
Entradas (Atom)