jueves, 14 de mayo de 2026

Gerardo Molina

Romancillo 

-¿A dónde vas, chiquillo? 
-Al “Ramos Generales” 
por l’azúcar y yerba, 
encargos de mi madre-. 

Y apresura ensoñando 
sus pasos por la calle 
con su peso de siglos, 
de tacuaras y sables, 
labriegos, provincianos, 
y ostentosos carruajes. 

Pero otros son sus sueños,
muy otros sus afanes: 
su corazón fraterno
repartir por el aire, 
subir hasta las cumbres 
de las sierras distantes 
y de amistad y afectos 
cantar bajo los árboles. 

Y aquel Camino Real 
atesora su imagen: 
gurí pobre que sueña, 
gurí pobre que sabe 
que el mundo necesita 
renovar su mensaje 
donde fuljan estrellas 
de amor, para salvarse. 

-¿A dónde vas, chiquillo? 
-Al “Ramos Generales…” 


La plaza 

La plaza es una clara colmena de armonía 
Remansada o bullente, rumorosa o austera, 
Imán de cada encuentro, oasis de la espera 
Y refulgente espejo de la provincianía. 

Troya, rayuela, rondas: infantil alegría 
Que acrece de los pájaros la parla vocinglera. 
La plaza en todo pueblo es blasón y bandera 
Como una historia viva de luz y de poesía.

Retretas domingueras sobre la tardecita. 
Los árboles que sacian una sed infinita 
En el azul inmenso, de sus aromas preso. 

¿Quién no dio en una plaza, alguna vez, un beso, 
Se ensimismó sonámbulo deshojando una cita 
O gustó, tras la ausencia, ¡las mieles del regreso! 


Miradores 

Miradores, miradores, 
¿cómo enamorar el aire 
sino peldaño a peldaño 
hasta de azul embriagarse? 

Ojos al misterio abiertos 
-avizores, vigilantes- 
y a las sedes de infinito 
que tenemos los mortales. 

Desde un pasado moruno 
de atalaya en los alcázares, 
sobre aldeanos techos bajos 
vino a señorear su imagen. 

Vuela la mirada, vuela… 
estrellas, arroyos, árboles,
cielo y tierra, mar y cielo, 
luna y sol; dulces paisajes 

que el corazón apresó 
en latidos incontables. 
Frágil mirada terrena 
que se hizo insomne y gigante. 

Por hondas rutas sidéreas, 
sin timón y sin velamen, 
hacia aventuras inéditas 
sigue que sigue, la nave… 

El fantasma de una moza 
aún puebla sus soledades, 
pañuelo y ojos diciendo 
“viviré para esperarte”. 

El tiempo piadoso aún guarda 
su casi olvidada imagen. 
Miradores, miradores, 
para enamorar el aire… 


Del E- Book del autor: Oda al árbol y otros poemas. Primera edición. Uruguay, agosto 2020 

Gerardo Molina 
Canelones, Uruguay

Cultivar la generosidad y la compasión contribuyen a nuestra salud mental. 
Dalai Lama

Dora Zulema Lorusso

La Señora Cora 

   La señora Cora me enseñó todo lo que debía saber: cómo vestirme de acuerdo a las circunstancias; cuáles eran los gestos más adecuados socialmente y el tono correcto de voz a utilizar. Decía que el medio tono era el más conveniente para emplear en la cotidianeidad. Sólo debía elevarse la voz en aquellas circunstancias que ameritara colocar un límite o reparo. La señora Cora me enseñó también a redecorar la casa proveniente de un marido que la había abandonado hacía años y que falleciera recientemente. La casa rodeada de un amplio parque con diferentes especies vegetales, ostentaba un aire señorial y distinguido. Casa de dos plantas con dependencias de servicio, numerosas habitaciones, varios baños y un salón central con cómodos sillones alrededor de un piano de cola que centralizaba la atención de cualquier visitante. 
   La señora Cora acostumbraba invitar a muchachas jóvenes que nos acompañaban por distintos períodos de tiempo, aceptadas previa su evaluación personal. La convivencia de los variados grupos que se iban conformando y sucediendo era armoniosa debido a las buenas artes de interacción social que desplegaba la señora Cora. Organizaba reuniones sociales, algunas de ellas temáticas que nucleaban a personalidades importantes de alto nivel económico. La fama de estos encuentros aumentó a través de los años y su reconocimiento social creció de igual forma. 
   La señora Cora me preparó para animar estas reuniones. Estudié música, canto, declamación, literatura y el arte de la narración. Mi popularidad se expandió y tuve excelentes ofertas económicas para que hiciera mis presentaciones personales en distintos ámbitos teatrales. La señora Cora me sugirió que no aceptara estas propuestas porque las actividades artísticas fuera del nuestro mundo, no eran del todo convenientes para ambas. 
   Sé que ella quiere para mí lo mejor, sé también que le debo mucho, pero tal vez, hay algo que nunca debió pedirme. Aún hoy recuerdo cuando llegamos a la casa y me dijo:  
   - Esta casa es nuestra, de hoy en adelante para vos y para todos, seré la señora Cora y nunca más me dirás mamá. 


Del libro Noches insomnes, de Versiones y reversiones. R y C Editora, Banfield, 2023 

Dora Zulema Lorusso
Lanús, Buenos Aires, Argentina

En lugar de negarlas o ignorarlas como obstáculos, podríamos aceptar las limitaciones como caminos hacia la posibilidad. 
Rose Zonetti

Graciela Bucci

Insomnio 
(…) Aunque ahora supiera dónde perdí las llaves y confundí las puertas o si fue solamente que me distrajo el vuelo de algún pájaro, por un instante, apenas, y tal vez ni siquiera (…) 
“Les jeux sont faits”, Olga Orozco 

para no arder 
sin conocer el centro de la noche 
para exaltar la secreta admiración del gozo 
sin nieblas testimonios de un cuarto a la deriva 
sin dedos que busquen la veta en la piel lisa 
antes que la hojarasca se pudra en el otoño 

para que la simiente 
reivindique el fermento y la llama 
la esencia en la última gota del cáliz 

para poder 
finalmente 
vivir 
sin muros que me exilien 
sin ojos que profanen la sombra ni el intento 
sin uñas que desarmen la sutura ni el margen 
para no caer 
irremediablemente 
arrodillada sobre la tierra estéril 

haré trizas la copa del prejuicio 
por fin
atrozmente serena 
brindaré. 


Paradojas 
La aurora llega y nadie la recibe en su boca 
porque allí no hay mañana ni esperanza posible. 
“La aurora”, Federico García Lorca 

era un orden diferente 
de máscaras y risas 

un resorte disuelto entre los dientes 
sombra 
descanso 
sosiego 

era también un silbido 
de látigo en los músculos 

y era un chico 
y un par enorme de ojos desteñidos 
arena movediza en la mirada 

sombra de zapatilla en las hamacas 
la infancia que se hundía en el gesto 
y el gesto en la derrota de la carne 
y la carne en el árbol que presagia mañanas 

un lugar en la ausencia 
y un jadeo a destiempo 
o la desolación en un infierno helado 
una verdad de yeso entre las manos 
dedos como de niebla en esas manos 
y el par enorme de ojos desteñidos 
sosteniendo la espera 

en la otra orilla de la noche. 


Poemas del libro: Un orden diferente, tomados de la página web de la autora 

Graciela Bucci 
Buenos Aires, Argentina 

Todo es milagroso si mi corazón está lo suficientemente abierto y estoy lo suficientemente presente para recibirlo. 
Mark Nepo

Fernanda Andriole

Infancia 

Oigo sonidos de guitarras en la noche de julio… 
Camino por la ciudad y el frío embelesa mis sentidos, 
La noche, mi mundo y su extraña oscuridad me dan abrigo. 
Siento nostalgia, el olor a café de los bares
me trae el recuerdo de lo vivido, de mi infancia 
donde solíamos correr por la plaza 
Sentíamos alegría de comer mandarinas bajo el sol de la tarde 
Y nos perdíamos entre colores difusos, 
cuando el crepúsculo asomaba,
Sin importar el aguijón del tiempo que nos acechaba, 
¡qué felices éramos! 
Solo la fantasía nos desbordaba el alma
¿qué más pedirle a la vida en ese entonces? 
¡Si teníamos todo, aunque no teníamos nada! 
Pues no había muerto nadie todavía 
Y la ausencia solo era un fantasma que nos perseguía. 
Y jugar, reír, soñar, todo estaba allí… 
Mi vida estaba allí sin sinsabores 
Allí, entre ruiseñores y glicinas 
a la vuelta de la esquina… 


Quisiera 

Quisiera perderme en el mar 
Hundirme en las aguas 
Naufragar… 
Quisiera dormirme en el remanso de tus labios 
Caminar descalza en la noche taciturna 
Que no me duela tanto amar. 
Quisiera bailar bajo la lluvia 
Desnuda y con la garganta llena de euforia total 
Quisiera ser el arpa 
que en la noche de enero entone la melodía fatal 
y que poco a poco deshoje las notas que ya casi se van 
Quisiera ser guitarra, violín, ser todo, ser nada… 
Ser libre como los pájaros 
sin heridas de amores que no están 
“Quisiera perderme en lo infinito del pensar”!!! 
Y como dijo Alfonsina, ser roca, granito, 
ser olvido en el laberinto del mar… 


Cuando te tenga cerca 

El cielo estará azul como el mar 
Y los árboles me abrigarán con sus alas. 
Y ya no habrá noches amargas 
Cuando te tenga cerca. 

Y ya no habrá invierno, ni rosas secas 
¡Y tendré todo! y pintaré mi mundo con infinitas acuarelas 
Y seré música; violín, guitarra y más 
Cuando te tenga cerca. 

Y tocarán las campanas cuando amanezca 
Y otra vez vendrá la primavera a llenar de flores la espera 
Y la luna se dormirá en mi regazo 
Cuando amanezca y te tenga cerca. 


Fernanda Andriole 
Inriville, Córdoba, Argentina

La esperanza es como un camino en el campo; nunca hubo un camino, pero cuando mucha gente lo transita, el camino cobra vida. 
Lin Yutang

Carmen Amaralis Vega Olivencia

Soy mujer 

No soy río, 
No soy nube blanquecina, 
ni siquiera soy ave que remonta su vuelo
y te deja en la orilla picoteando desganos. 

No soy lumbre en tu oscuridad, 
mucho menos agua que calme tu sed. 

Soy mujer, 
inquieta mujer que tiembla 
cuando le das un beso, 
que llora por sus partos malogrados, 
Y ríe cuando acaricia el rostro de un ángel. 

Sí, soy mujer, 
muy mujer. 
Unas veces fuerte roble,
otras débil zumbido de abaja
buscando el néctar de la vida. 

Y me arrastro sobre las arenas de tu cuerpo, 
y suspiro inhalando tu aroma. 

Ese aroma que unas veces me embriaga 
y otras me desquicia, 
cuando no reconoces 
los fractales que encierra mi corazón. 

Sí, soy mujer, 
complicada mujer de yeso. 


La fuerza de tu nombre 

La fuerza de tu nombre 
Aquí, ante tu mar, 
tus verdes, 
tu sol. 

Aquí, dentro de mi oscuridad. 

Mi pasado se cruza con tu luz. 

Estoy ligada a tu naturaleza. 

Soy obrera de mi vida, 
espejo de mis sueños, 
reflejo de ese azul que te baña 
bordando de espumas la locura de este amor. 

Voy forjando la conciencia, 
con la clarividencia de entender, 
sentir, 
desear 
ese fantasma de tu sensibilidad. 

Es que el amor es la pasión más egoísta, 
y lo necesito para sobrevivir 
con la fuerza que me da tu nombre. 


Lágrimas negras 

Está ahí esa sombra, 
tu sombra. 

Aparece cuando menos la espero. 
Tiene navajas que laceran recuerdos, 
abre heridas viejas. 

También me ofrece flores. 
y las acepto, 
la fragancia revive 
aquel amor fuerte, 
tan fuerte que duele todavía. 

Es que se ha pasado la vida 
y las mismas campanas repican desde lejos 
trayendo de la mano la melancolía, 
y visten el traje negro del abandono. 

No te maldigo, no, 
todo lo contrario, 
en mis sueños te cubro de bendiciones 
y humedezco tu sombra 
con las lágrimas negras 
de mi extravío. 


Poemas tomados de la página web de la autora 

Carmen Amaralis Vega Olivencia 
Puerto Rico 

Ama con todo tu corazón, sorpréndete, da gracias y alaba; entonces descubrirás la plenitud de tu vida.
David Steindl-Rast

Luis Vilchez

Poema Imprescindible 
                            A Mónica 

Hermano entrañable de la luna, 
amante amoroso de tus ojos 

corro veloz 
hasta el verano de tu boca… 

comienzan a acortarse las distancias 
con tus besos de miel y de manzana, 

con el encuentro desnudo del abrazo, 
con la luna de día que te espera… 

con la lluvia de enero que festeja la caricia inmensa 
y el puño que resiste la tristeza...

y así, soñar el porvenir, con tu canto de pueblo 
y tu esperanza diaria que me invita 

a caminar por la senda de un mundo 
que no tenga el destino de las multinacionales… 

amorosos (nosotros y los otros) 
soñar con ternura la utopía, 

el horizonte inmenso de estos versos, 
la canción más hermosa de la vida. 


Gota

La gota de lluvia cae 
sobre tu pecho blanco 

es enero en el tiempo 
y la lluvia en tu cuerpo 
es el paisaje más hermoso 

suave y liviana 
gota que sana 
que parece de cristal 

II 
el silencio del barrio 
se asemeja al tranquilo caminar 
de estas palabras

¿serás mía hoy? (como la lluvia) 
¿seré tuyo - amor? (agüita mía) 

¿dormiremos en un abrazo 
de gotitas frescas 
- eternamente - amor 
como el rocío que se acurruca 
a tus pechos amados y mojados 
por gotitas de amor? 

III 
la gota de lluvia cae 
sobre tus curvas blancas 

he mojado mi rostro 
en tus agüitas 

y estremecido 
el corazón 

te canta 
con la lluvia 


Textos de: Poemas Imprescindibles (2017) y Como si fuera el fin del mundo (2013). Ediciones Libros de la Calle, Luis Vilchez 

Luis Vilchez 
Juana Koslay, San Luis, Argentina 

Cuando escuchamos a la gente, nuestro lenguaje se suaviza. Escuchar puede ser el acto cardinal de dar.
Paul Hawken

Lilí Muñoz

Brindis 

Me gustás, Irisel, bebo aún los sueños en tus ojos claros. Y aunque nunca te lo dije, creo que lo supiste siempre. Las clases eran nuestras citas diarias. Había todos los días cuatro horas para verte y hablar. Hablar, escucharte, imaginarte, desnudarte. 
¡Cuántas veces planeé contarte esto tan simple! Nunca tuve tiempo o mejor, no tuve coraje. Mío era el disfrute de verte, de mirar tus ojos verde río, tus manos… Eras y sos el presente. El juego implacable del presente. Sin después. 
Cuando comenzaste a faltar, a ninguno nos sorprendió demasiado. Aunque, por ahí, yo tuve un cosquilleo. Faltar fue siempre nuestro fuerte. El faltazo era la solución pequeña para evadir calladas frustraciones. Nuestras y no tan nuestras. También las de los otros, las de muchos. Como ahora. Vos sabés… 
No nos llamó la atención. Al principio no. Luego tu ausencia se fue haciendo más y más presente. En tu trabajo no sabían de vos. Casi estaban tan desconcertados como nosotros. Tus compañeros trataban de adelantar excusas, de poner palabras donde se arrastraban cada vez más silencios. No nos era desconocido aquello que estaba sucediendo a nuestro alrededor. Sin embargo, no queríamos pensar. Ni darnos cuenta. 
Y pasó un bimestre. Entonces eran bimestres. 
Algo parecido a la angustia fue tomando cuerpo, creció, se hinchó. Con todo su corpachón se sentó en el curso. Compartió bostezos, de ésos que uno lanza desde las tripas cuando todo se viene encima y no sabés qué hacer. Punzó corazones y alientos. Pesó como un largo y cerrado domingo. De ésos que el viento acorrala en nuestra ciudad. O como tus distancias, las que alguna vez escribiste en la ficción, distancias que hicieron que me desgarrara entre preguntas que nunca te hice: “Las distancias que nos separan son muchas, están las geográficas que pesan tanto, y están las otras que no pesan menos”. ¿Cuáles, Irisel? No me lo dijiste entonces ¿es que tampoco vos te animabas? 
Dimos vueltas. Eran tiempos de dar vuelta: vuelta a las palabras, vuelta a la cuadra, vuelta la cara, dar vuelta el placard, la biblioteca, dar vuelta, en fin, dados vuelta dábamos vueltas. Fuimos a casa de tus padres. Era posible. Lo creían. Había algunos indicios. Pero no. No nos queríamos reconocer en el miedo. Los viejos son los viejos. Entonces ¿de dónde salían las risas apretadas? ¿Por qué el temblor entre silencios bruscos? Se cortaban de golpe. Había chistes de salón y de los otros. Se bisbiseaban diálogos. De cualquier manera. Morían rápidamente. 
Otra vez el vecino, ese vecino, alguien -generoso u odiado, no lo sé- nos arrimó nueva información. Supimos de alguna salida repentina. Al menos sabíamos. O creíamos saber. Y podíamos hablar acerca de lo que creímos saber. Teníamos una punta para… ¿para qué? Comenzaron otros ritos de espera. Las conjeturas. Las noticias espaciadas, estrujadas. Los pedazos de noticias. Los signos de las noticias. El atar cabos. El borrón andrajoso, deshilachado, roto. Siempre con la carga de mentira necesaria para alentar la vida. 
Sobrevivir era la consigna, como alguna vez fue resistir o combatir. Lea “Cómo se puede vivir en medio de la…”. Leamos. ¿Por qué nos íbamos a negar esa anestesia? ¿Acaso fuimos héroes y heroínas? Confiamos también nosotros. Te esperábamos. Te esperamos. Debías estar en la clase final. Llegarías para el último parcial. Cosas chicas. Cosas cotidianas. O como se llame arañar lo que queda. 
Te hice mía entre dolores y hambrunas, en las largas esperas del cuartito mierdoso, sin diferencias entre la noche y el día. Fuiste mía, fuimos nuestros, como en las reuniones, no sé cuánto más o cuánto menos que entonces. Te digo que hicimos el amor, Irisel. Fuiste y sos presente, así comenzó este relato. Te tuve y me gustaste, Irisel, me gustás mucho. Yo te gusté. Te gustó mi piel, mi torso, las manos. Me lo dijiste casi todo el tiempo y yo te creí. Fuiste mi último silencio, el más largo. Pude aguantar porque vos pudiste con ellos. Les agüé las expectativas. No me quebré. Deshojé la primera flor, la más querida. Hicimos otra vez el amor en la mitad de cualquier hueco y oscuridad. ¿Será diciembre otra vez? Yo sé que nuestros páramos del sur parirán en amarillo aquellas sombras.
Al recorte lo leyó alguien del curso. No de otro curso, sino del nuestro, del tuyo. Un recorte como tantos. Un aviso con tu nombre y el nombre de tus padres y hermanos. Sólo habían pasado unos pocos días desde que no sé quién trajera noticias de tu casa. No tan malas las noticias. Aquéllas. 
Ya sabés. Lo de siempre. Ocurrió lo de siempre. Hablar de vos. Reírse. Hacer actividad. Ni lutos ni mortajas ni discursos. Hablar de lo pequeño. Callar. Alguien, no yo, habrá escrito poemas. Recordar. Putear. Otra vez, y más veces y a cada rato. Respirar con vos, en el deseo y en las broncas. Callar… ¿y por qué? 
La noche es cálida. Luminosa… Es noche de diciembre al sur del sur. El ritmo se mete por mi cuerpo. Me estremezco y bailo. Hugo, Marta, Juan José, quien pudo volver, baila. Quien recuerda, baila /Estás conmigo como está la dura/ tierra que me apacienta el sufrimiento; /si me faltas, me falto: nada siento/ fuera de esta apetencia sin hartura/. Cuarteto. Rock. Chamamé. Cumbia. Tango. Salsa. Cualquier cosa. La ronda baila. Todos bailamos. 
-Es el momento Irisel. Se acerca el brindis… 
Afuera aún espera María Amelia. 

Cuento inédito 

Lilí Muñoz 
Neuquén. Patagonia Argentina

No había amado lo suficiente. Había estado ocupada, muy ocupada, preparándome para la vida, mientras la vida pasaba ante mí, silenciosa y veloz como una regata.
Lorene Cary