lunes, 13 de julio de 2026

Xenia Mora Rucabado

Para siempre 

A la memoria de mi hermano Alfonso 

Escribo a solas, 
te busco y ya no estás, 
el silencio me apabulla. 
Los surcos de la noche 
se dibujan en la ventana
en el encuentro 
de ausencias amadas. 
Pasean mi mente 
tu risa lejana, 
travesuras compartidas 
nuestros códigos de hermanos. 
Se me estruja el corazón, 
hay un dolor calmo, 
una tristeza vaga… 
Flota mi cuerpo… 
Solo necesito mi alma 
y dos alas para ir a encontrarte… para siempre… 


Espejo interior

Cuando la existencia 
me restituya la alegría, 
seré mensajera de música 
con voz de versos al viento, 
dejaré volar las últimas hojas 
de este otoño suicida. 

Bucearé en mi subconsciente 
con la mirada inmersa, 
en el perdón como bandera 
en aciertos y desaciertos. 
Seré faro de mi destino 
con voluntad sin tregua. 

Batallaré naufragios 
con agujeros de ausencia, 
mi velero llegará 
por fin a su puerto. 

En aquel momento, 
retomaré mi viaje, 
construiré puentes de acero 
para llegar a tu orilla, 
así, alojaremos abrazos 
donde tú seas tú y yo sea yo. 

                                12 de enero de 2014 


Ángel caído I 

¡Qué ilusión traía! 
tomó de equipaje su alma 
siguió la huella de su canto. 

Rodó el tul del pudor 
en el clamor de sus ansias 
fundieron su piel en una. 

¡Qué ilusión traía! 
buscaba sus brazos 
y espadas estrujaron su ser. 

No importaba nada... 
Sólo anhelaba la dulzura de su mirada, 
aunque en ello se le fuese la vida. 


Ángel caído II 

Malherida 
con aguerridas alas, 
la voz del ángel 
evade tormentas. 

Tules de ortigas 
cubren su piel, 
la sequía de caricias 
corteja su duelo. 

La infinitud es aguijón 
que infecta su recinto, 
con el filo del abandono 
es huérfana. 

En lo profundo de su alma 
sumida en el limbo, 
agonizando su canto 
pronuncia un nombre. 


Xenia Mora Rucabado 
Mendoza, Argentina 

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