A la memoria de mi hermano Alfonso
Escribo a solas,
te busco y ya no estás,
el silencio me apabulla.
Los surcos de la noche
se dibujan en la ventana
en el encuentro
de ausencias amadas.
Pasean mi mente
tu risa lejana,
travesuras compartidas
nuestros códigos de hermanos.
Se me estruja el corazón,
hay un dolor calmo,
una tristeza vaga…
Flota mi cuerpo…
Solo necesito mi alma
y dos alas para ir a encontrarte… para siempre…
Espejo interior
Cuando la existencia
me restituya la alegría,
seré mensajera de música
con voz de versos al viento,
dejaré volar las últimas hojas
de este otoño suicida.
Bucearé en mi subconsciente
con la mirada inmersa,
en el perdón como bandera
en aciertos y desaciertos.
Seré faro de mi destino
con voluntad sin tregua.
Batallaré naufragios
con agujeros de ausencia,
mi velero llegará
por fin a su puerto.
En aquel momento,
retomaré mi viaje,
construiré puentes de acero
para llegar a tu orilla,
así, alojaremos abrazos
donde tú seas tú y yo sea yo.
12 de enero de 2014
Ángel caído I
¡Qué ilusión traía!
tomó de equipaje su alma
siguió la huella de su canto.
Rodó el tul del pudor
en el clamor de sus ansias
fundieron su piel en una.
¡Qué ilusión traía!
buscaba sus brazos
y espadas estrujaron su ser.
No importaba nada...
Sólo anhelaba la dulzura de su mirada,
aunque en ello se le fuese la vida.
Ángel caído II
Malherida
con aguerridas alas,
la voz del ángel
evade tormentas.
Tules de ortigas
cubren su piel,
la sequía de caricias
corteja su duelo.
La infinitud es aguijón
que infecta su recinto,
con el filo del abandono
es huérfana.
En lo profundo de su alma
sumida en el limbo,
agonizando su canto
pronuncia un nombre.
Xenia Mora Rucabado
Mendoza, Argentina
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