El día que Hemingway
se quitó
la vida
fue esplendoroso.
Nada
que ver
con esos presagios de mal tiempo
que hacen felices
a los curas
cuando son coincidentes
con un Viernes Santo.
Se asomó
pues
al jardín
esa mañana
cualquiera
y recibió
el impacto
a mansalva
de los filos
que adquieren los colores
en un día de sol
bajo un cielo
azul puro
de cristal de roca.
Asombrado aún
percibió
los nítidos
dardos
del canto
y vuelo
de los pájaros
y a través
de una incipiente
lágrima
al colibrí
en su danza
de flor.
Respiró hondo
y supo
que era
el instante
de su plenitud
y sintiéndose
más vivo
que nunca
no quiso
conocer
el descenso
Doblar las sábanas de lino
Doblar las sábanas de lino
de un tiempo
apasionadamente aséptico
abrir el cofre de un antepasado
que no conocemos
allí depositarlas entre
aplastados sombreros
corbatas anchas
guantes con agujeros
en la punta de los dedos
“La Dama de las Camelias”
exploración de polillas
con sus túneles pequeños
en el papel amarillento.
Rescatar entonces
los diarios íntimos y secretos
los racimos de cartas atados
con cordelitos negros
y establecer
el árbol genealógico
de los ocultos deseos
en los caminos abiertos
de sangre malabarista
y del corazón auténtico.
Del libro del autor: Isla, 2014. Premio Internacional de la Editorial Universitaria Centroamericana
Juan Antillón
Costa Rica
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