lunes, 13 de julio de 2026

Salomé Moltó

El frío desolador

La madre volvía del reparto del pan de media mañana. 
Levantaba a los niños, los aseaba y, como no había calefacción alguna, los mandaba a la calle, para que tomaran el sol. 
Frente a la casa se erigía un almacén con unas enormes puertas de zinc. A las diez o diez y media, el sol llevaba varias horas proyectando sus rayos sobre el zinc y éste estaba ya muy caliente. 
Los niños apoyaban las manos para calentarse. “No llores, pon las manitas sobre la chapa, ¿te quemas?, dales la vuelta, ya verás como pronto empezarás a sentirlas. ¿Va mejor? ¿Ya sientes el hormigueo? Es que las manos están reaccionando. Te escuecen, ¿verdad? Duelen más cuando se están calentando que cuando están frías. Y es que nuestra madre mete tanto tiempo lavándonos que después para entrar en calor necesitamos mucho tiempo. ¡Anda, no llores que hoy tenemos suerte, ha salido el sol!”. 
“¡Hale, me agacho, pon las manos en mis sobacos! ya verás, esto dura poco. Además madre está preparando la ‘copa’, la pone debajo de la mesa camilla y ya verás lo calentito que estarás. Además, en cuanto te pongas a jugar ya ni te enteras”. Había que animar al niño que no dejaba de llorar ante el fuerte dolor que sentía. 
Era el final del invierno, todavía hacía mucho frío. La niña miraba, desde la cama, a través de la ventana el exterior. “¡Está nevando! Vamos a ir a jugar en la nieve, antes que llegue madre”. Pero el niño ha desaparecido. La niña se asusta, ¿dónde está su hermano? 
Con el corazón en un puño sube las escaleras, la puerta de la habitación está entornada, al salir al patio ve a su hermanito jugando con la nieve, las manos moradas, la nariz colorada, los mocos corriendo hacia la boca. De un salto coge al muchacho, que se resiste, y lo mete en la cama. Con su cuerpo lo envuelve para hacerlo entrar en calor, éste se resiste, la nieve pica, pero es divertida. Lo aprieta fuertemente contra su pecho, saborea el amargo helor de la nieve mientras frota el cuerpecito del niño, y acaban dormidos los dos. 


Salomé Moltó 
Alcoy, Alicante, España

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