Admiro
al
otoño
que
amarillea los árboles
en
este costado del mundo.
Lo
admiro
cuando
balancea las hojas
que
bajan de las ramas
tapizan
el suelo
y mis
pasos rápidos
las
desgranan.
Pero aún
a
nosotros
que
perdimos
algunas
batallas
nos
quedan
las
mejores
entonces
afinamos la puntería
y veloces como flechas
vamos certeros
al
blanco
sin
que nadie lo note
derribamos
cada estorbo
puesto
en el camino
y seguimos andando
porque
aún
estamos
a tiempo
de
hacer la revolución.
La vida
que
es dura y cruel
nunca
pierde
la ocasión
la
excusa
para
mostrarnos
los
dientes
los
trágicos
y
sardónicos gestos.
Del libro del
autor: Palabra concisa
Miguel Ángel Oviedo Álvarez
La Rioja, Argentina