viernes, 31 de agosto de 2018

Ángela Reyes


Todo entra por nuestra piel crujiente.
Hasta las barcas solitarias se adentran en la arena,
soñando con el cuerpo tendido bajo el sol.
Madre, te encuentras tan casada
que tu piel no crepita por mucho que la bese.
Poco a poco tu cuerpo va haciéndose de aldea;
tu cuerpo es un pueblito
dormido tras la bruma de los amaneceres.

De Fantasmas de mi infancia, Madrid, 2011


*  *  *

Todos los dormitorios
tienen su olor a carne muda,
a lámpara encendida a la hora del beso,
del libro
y de la muerte.
En todas las alcobas hay espacio
para que pase un ángel con las alas abiertas
sin rozar tu cabello.
En todas cabe un golpe de agua,
esa ola que en sueños atraviesa la vida
sin mojarte los párpados.

Por la ladera de tu cama
se aleja una mujer con el viento de frente
y un sombrero de paja enfebrecida.
Te regaló la menta de su boca
y se lleva la duda
de si te quiso demasiado.

De No llores, Poseidón. Madrid, 2008


*  *  *

Ayer murió el hombre más rico de tu pueblo,
Al quedarse dormido en su bañera de alabastro.
Era el amo del silo y del molar también.
Te había prometido unos botines negros
y un parasol de seda
y un pebetero que quemaba
incienso y mirra de Damasco.
A tu padre le hubiera concedido
un largo limonar
si contigo casaba; un limonar que la luna
regaría de noche con sus lágrimas.

Ha muerto
y tu padre no sale de su asombro.
Tú en cambio suspiras aliviada
y buscas en el cielo
la mudanza de estrellas jovencitas.

De Mujer en la penumbra. Madrid, 2017


Ángela Reyes
Nació en Jimena de la Frontera, Cádiz. Vive en Madrid, España

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Analía Pascaner