Rayuela
personal
Mis islotes
resquebrajados de tierra seca
flotantes y
abismales
me invitan
al salto juego de una rayuela
que apuesta
al cielo.
Y salto
y sigo
saltando abismos.
El espacio
de la luz espera
mientras
salto
y sueño que
llego.
Otro paso I
Va llegando
la hora del reposo,
los tigres
vulneradores se apaciguan
en las
entrañas de tierra húmeda
apisonada y
húmeda para la semilla
de un
tiempo bebible a ritmo lento.
Va llegando
un sosiego sin renuncias
y en mis
dedos crecen mariposas de todos los colores.
Las
palabras,
estas,
estas tontas palabras de poeta
se
acurrucan irisadas
mientras
los sueños enraizados en la vida se desbocan
para
caminar los espacios renacidos de la luz.
Yo quisiera
verme poder verme
y ver
venirme.
Otro paso
II
Yo era
ella,
la de la
gramática y la literatura y la pedagogía
en el
paladar,
la de la
vida en papelitos
en la
laringe y en los pulmones fatigados.
Yo era
también
la del
espíritu inquieto acechando en las entrañas.
Quiero la
vida en el agua y en el viento,
lo que vive
antes de la palabra escrita,
la garganta
pura.
Rotonda de
soledad
A mi padre poeta
En el
silencio de la casa familiar
-tan
extraño por tan escaso-
una
geografía secreta de soledad,
una rotonda
circular y laberíntica,
se instala
aquí
en el
centro de mi propia geografía.
Un semáforo
dice: pasen
y miles de
líneas pasan
en
interminable carreteo pasan los sueños rebeldes
esos que no
se amedrentan
esos que no
se mueren nunca
esos, los
entrañables pasantes de mi existencia.
El timbre,
el teléfono, un ¡hola!:
mi rotonda
se me vuelve más y más pequeñita
hasta
hacerse apenas recuerdo,
apenas una
pobre fotografía velada
en el
esfumino de mi conciencia.
Esas
cosas
Hay cosas
que solo se comparten con Dios
o con el
ser desnudo.
Cosas del
alma.
El ser
infinitamente solo de tan desnudo
se mira en
el gran Ojo y tiembla
de tan
pequeño
el soberbio
ojo diminuto…
Esas cosas
que por allí te vomitan
como culpas
ajenas propias ajenas,
o esas
otras que te llegan
como
gratificaciones desbordadoras,
son esas
cosas que solo se comparten con Dios
o con el
desnudo pobre ser,
el
infinitamente solo ser de uno que piensa
¿yo? que
siente ¿a mí?
Esas cosas.
Poemas del libro de la autora: Obra Poética 1987-2017. Vinciguerra, 2018
Cecilia Glanzmann
Poeta de Bell Ville, Córdoba. Reside en
Trelew, Chubut, Argentina
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