lunes, 16 de marzo de 2026

Cecilia Glanzmann

Rayuela personal
 
Mis islotes resquebrajados de tierra seca
flotantes y abismales
me invitan al salto juego de una rayuela
que apuesta al cielo.
Y salto
y sigo saltando abismos.
El espacio de la luz espera
mientras salto
y sueño que llego.
  
Otro paso I
 
Va llegando la hora del reposo,
los tigres vulneradores se apaciguan
en las entrañas de tierra húmeda
apisonada y húmeda para la semilla
de un tiempo bebible a ritmo lento.

Va llegando un sosiego sin renuncias
y en mis dedos crecen mariposas de todos los colores.
Las palabras,
estas, estas tontas palabras de poeta
se acurrucan irisadas
mientras los sueños enraizados en la vida se desbocan
para caminar los espacios renacidos de la luz.

Yo quisiera verme poder verme
y ver venirme.

Otro paso II

Yo era ella,
la de la gramática y la literatura y la pedagogía
en el paladar,
la de la vida en papelitos
en la laringe y en los pulmones fatigados.

Yo era también
la del espíritu inquieto acechando en las entrañas.

Quiero la vida en el agua y en el viento,
lo que vive antes de la palabra escrita,
la garganta pura.

Rotonda de soledad

            A mi padre poeta

En el silencio de la casa familiar
-tan extraño por tan escaso-
una geografía secreta de soledad,
una rotonda circular y laberíntica,
se instala aquí
en el centro de mi propia geografía.
Un semáforo dice: pasen
y miles de líneas pasan
en interminable carreteo pasan los sueños rebeldes
esos que no se amedrentan
esos que no se mueren nunca
esos, los entrañables pasantes de mi existencia.

El timbre, el teléfono, un ¡hola!:
mi rotonda se me vuelve más y más pequeñita
hasta hacerse apenas recuerdo,
apenas una pobre fotografía velada
en el esfumino de mi conciencia.

Esas cosas

Hay cosas que solo se comparten con Dios
o con el ser desnudo.
Cosas del alma.

El ser infinitamente solo de tan desnudo
se mira en el gran Ojo y tiembla
de tan pequeño
el soberbio ojo diminuto…

Esas cosas que por allí te vomitan
como culpas ajenas propias ajenas,
o esas otras que te llegan
como gratificaciones desbordadoras,
son esas cosas que solo se comparten con Dios
o con el desnudo pobre ser,
el infinitamente solo ser de uno que piensa
¿yo? que siente ¿a mí?
Esas cosas.

Poemas del libro de la autora: Obra Poética 1987-2017. Vinciguerra, 2018
Cecilia Glanzmann
Poeta de Bell Ville, Córdoba. Reside en Trelew, Chubut, Argentina

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