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lunes, 16 de marzo de 2026

Autores publicados


La vida le había enseñado que cuando una mujer dice su última palabra, todas las demás sobran.
Gabriel García Márquez

con voz propia Nº 148
Revista literaria
Marzo 2026

Autores publicados en esta edición: 



Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia:
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor.
Analía Pascaner


Revista literaria con voz propia
Publicación y distribución gratuitas
ISSN 2314-0275
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner


Lila Levinson

Cosmogónico y floral 
Y el tiempo, como suele pasar, acabó pasando… 
La causalidad, el efecto mariposa… 
Todas esas cosas…había desvanecido. 
José Antonio Cotrina: Entre líneas 

Quien mira hacia afuera sueña, 
Quien mira hacia adentro despierta y sueña 
C. Jung
 
   Cuando el director me dijo que escribiera sobre Cosmogónico y Floral, nunca sabré de dónde se le escapó ese encabezado, si desde el cerebro o si, semejante a las madres que ponen ciertos nombres a los chicos que les pesarán toda la vida. En qué piensan ellas cuando surgen esas extrañezas. Será el niño aún sin nacer, que se lo sopla desde el claustro, vengador del encierro durante nueve meses. 
   Que título idiota o sofisticado o metafísico o paupérrimo o rosa rococó: “cosmogónico y floral”, esa debía ser la nota. No sé en qué espacio de la mente se forman las palabras. Dudaba de todo: de las órdenes, del sentido, de lo práctico, de lo equilibrado. ¿Adónde deseaba llegar? Tal vez el descreimiento del director de la revista sobre el tema había cambiado y la curiosidad de lo que había sido hermético y metafísico ya no existía. Decían que en un sorprendente mito cosmogónico, cuando se creó a uno de los primeros hombres fue consciente de los dioses y de sí mismo, como sustentador de ellos. Cualitativamente distinto de los anteriores y capaz de mantener en su propia constitución física los elementos sagrados: maíz y sangre de las deidades, que le dieron la conciencia. 
    Fue entonces que se dio cuenta que ese no era su lugar habitual. Un momento antes, allí estaba en la terraza con la netbook escribiendo la nota que le había solicitado la revista: un informe sobre el día en que la luna y Marte, decían, estarían cerca. Algo del cosmos. Se quedó hasta las dos de la mañana. No vio nada. 
   Fue al despertar que comprendió que el tiempo anterior ya no estaba, entonces miró todo. Plantas enormes, pájaros extraños, animales que pasaban delante suyo como si no existiera. Prevalecía o había muerto. Arroyos rumorosos fluían sin cesar. Los sonidos y los aromas del mundo aquel eran diferentes. Nada era conocido. Dónde estaba el celular y la netbook, la casa, la terraza. Un instante antes tenía todo a la mano, listo para enviar el informe. Recordó que agotado de observar la luna solitaria sin ver a Marte y de escudriñar las estrellas, se había quedado adormecido. Y ahora esta pesadilla. Se sintió arrinconado, sin rincones. Sólo espacios. Pero éste no le era propio. Comenzó a girar para captar la Eternidad en todos los puntos dimensionales. La energía cuántica constituía el plano potencial manifestado al expandirse su mente más allá de las barreras que había creado para sí. Se le ofrecía la oportunidad de entrar a un reino personal del cielo en la tierra. 
   Se abrió paso en aquel horizonte sin límites, donde cada vibración era un eco de su propia conciencia. La zona ya no era vacía, sino un tejido vivo que respondía a cada intención. Al extender las manos descubrió que no eran carne ni hueso, sino destellos de luz. 
   El tiempo dejó de ser una línea y se convirtió en un círculo cósmico que lo invitaba a danzar. Cada giro revelaba orbes ocultos: ciudades suspendidas en cristal, océanos que murmuraban el canto de las sirenas, constelaciones que se inclinaban para observarlo. Comprendió que la Eternidad no era un destino, sino un estado de presencia. Ya no estaba arrinconado. Era el Arquitecto de su propio universo. 
   Las calles se transformaron en puentes suspendidos sobre ríos de fuego, los parques en bosques que susurraban nombres olvidados y las plazas arenas de desafíos donde las sombras cobraban vida. 
   Entonces entendió.  
   Entonces lo aprovechó.  
   Lo último que supo es que nadie lo resolvería. Traía el Infinito adentro. Sólo necesitaba ordenarse. 

Febrero 2026 
Lila Levinson 
Mendoza, Argentina

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La creatividad requiere el valor de dejar de lado las certezas.
Erich Fromm

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sábado, 9 de abril de 2022

Autores publicados


¿Cómo puedo hacer una diferencia positiva con alguien que está sufriendo? 
Pregunta del día, en Internet 

con voz propia nº 116 – Revista literaria 
Abril 2022 
Autores publicados en esta edición


Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor. 

Analía Pascaner 
Revista literaria con voz propia 
Publicación y distribución gratuitas 
ISSN 2314-0275 
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner


Lila Levinson

Con el veneno en la sangre 

“La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un 
bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa”.
Horacio Quiroga. “A la deriva” 


Alenka -gritó el padre- tenés que ir vos a pescar: tu hermano está enfermo. Las seis de la mañana. El sol comenzaría a desgastar la piel de sus quince años si demoraba la salida. Todo era música y aromas. El lapacho, el laurel blanco, la palmera, el palo rosa, muros gigantes protegiendo el hogar de los fuertes vientos, del granizo que a veces blanqueaba el suelo, y del sol. Escuchó los cantos del águila viuda y del guacamayo rojo. La madre polaca había llegado en 1920 como tantas familias que huían de las guerras europeas a las tierras del Alto Paraná. La polaca conoció al padre en una fiesta de la colectividad. Pronto se casaron y tuvieron dos hijos, Emilio y Alenka. 
Ella limpió el fondo de la canoa cubierto de hojas que en la noche se desprendían de los árboles. El nudo de la soga no se resistía ante la habilidad de Alenka para desamarrar el bote. La pendiente de la orilla con rudas formaciones de basalto y de lava permitía dar un empujón a la canoa y llegar hasta el Pepirí Guazú. 
Esa mañana había una calma inconmensurable. Acostumbrada a esperar el pique de algún dorado o surubí prendidos al anzuelo; le producía adormecimiento. 
De pronto, un brusco choque al bote la sacó de la serenidad habitual. La otra canoa traía a ese hombre amigo del padre que cada vez que la miraba, le despertaba repulsión. Nunca supo por qué el padre le indicó en qué lugar ella pescaba. 
-¿Cómo te va Alenka? Así que hermano está enfermo. Una garra le apretujó las entrañas sin saber por qué. 
-Hablé con tu Tata. Desde hoy sos mi mujer -le dijo, con lujuriosa voz. 
-¡Pero sólo tengo quince años! No puedo creer que mi padre haya dicho eso. 
El hombre saltó a la canoa de la niña y la empezó a manosear y besar. El grito insondable se confundió con los de los guacamayos que volaban impasibles. 

El odio siguió con los días, los meses, los años. No existían tiempos para olvidar aquel día. Sólo los dos niños que tuvieron habían impedido que se matara o lo matara con el machete que él dejaba cerca de la puerta. La brutalidad sucedía noche tras noche.
Avelino, un amigo del marido que vivía diez kilómetros más arriba, los visitaba de vez en cuando. Miguel sacaba la botella de ginebra, tomaban algunos tragos y desde lejos podía escucharse las risas. Otro padecimiento. El varón la miraba sin disimular la excitación que la belleza rubia de la chica le producía. Alenka se escabullía a los yerbatales hasta que, oculta entre los altos árboles veía la partida de Avelino en la lancha. Cuando podía regresar, Miguel la golpeaba con fiereza y la insultaba. 
-Puta. Vos tenés la culpa que el compadre te mire así. Sos una puta -gritaba. La castigaba dejándola afuera de la casa en la oscuridad impiadosa. Sólo podía vislumbrar brillos en los ojos de los ocelotes cercanos. No dormía, aterrada, sentada en el suelo a la entrada de la casa. 
Ese mediodía diferente, él entró con la pierna morada y sangrante, mordido por una serpiente. 
-Sé que no sos capaz de ayudarme -le gritó enojado. El compadre me ayudará. ¡Vamos, desatá la canoa, apurate, carajo! 
Rengueando, la tomó del cuello como apoyo. Llegaron al borde del río. Alenka, casi con delicadeza lo ayudó a subirse a la canoa, tomó los remos, desató la gruesa soga y empujó el bote. 
Mientras el bote se alejaba irremediablemente sin los remos, Alenka levantó las manos para proteger los ojos del sol. El tiempo se detuvo. Una tenue sonrisa irónica iluminó el rostro sereno mirando sin angustia la canoa frenética, brincando igual a un potro desbocado sin el poder de los remos. Como el veneno de una serpiente en la sangre. Nunca más se supo de aquel hombre del río. 


Lila Levinson 
Mendoza, Argentina

viernes, 14 de mayo de 2021

Autores publicados

¿Qué puedo dejar ir?
Pregunta del día, en Internet

con voz propia nº 107 – Revista literaria
Mayo 2021
Autores publicados en esta edición 

Sergio Borao Llop
Ana Romano
Isidoros Karderinis
Dora Giannoni
Raúl Pérez Arias
María Cristina Noguera
Lila Levinson
Ulises Varsovia
Isabel Cristina Arroyo Calvo
Jorge Curinao
Pedro Martínez Corada
Carlos Javier Jarquin 
Norma Graciela Sánchez
 

 
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Analía Pascaner
           
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Lila Levinson

Soy la otra 

Me miro en el espejo y sé que soy la otra. Allí está la que sabe, la que planea, la que continúa. La guerrera iluminada por dioses angelicales que protegen. Hay flores violetas que lo anuncian. 
Yo lo sé, pero la otra que no soy yo y soy yo, no lo sabe; cae por los laberintos sin poder escapar hacia los campos dorados que son de las dos. 
Sin embargo la otra soy yo que no lo soy, la cobarde, la que llora, la que pierde. Soy la otra. La que olvida los preceptos que espinosamente aprendió. 
Los lagos, los ríos, los mares en los que sus ojos se deleitaron con imágenes abrillantadas y lejanas son recuerdos cubiertos por espesas brumas. Allí están los que se fueron y no sabe si la ven. 
La otra soy yo. La cantante, la actriz, la artista, la sabiduría, la que reflexiona, la que observa. Es la otra que no lo sabe. La llovizna turbia cae sobre ellas. 
Estoy sola. Siempre. Quise ahuyentar a los seres, pero no se fueron. No los veo. La otra sí los ve; iluminados. La que soy, tiene oscuridades. 
La del espejo quiere liberarse, la otra no la deja. La empaña con tenebrosidad. La del espejo es seguridad, la otra perdió el valor. La ira y el resentimiento son capas que desmoronan. 
Sin embargo un camino nuevo, llano, fácil se vislumbra. La otra que soy yo y cree que soy la otra se fundirán en una sola. Se erguirán como las diosas del Olimpo, del hechizo, la alegría y la belleza, las Tres Gracias. 
Volverán a danzar y reír. Se fusionarán por fin. Es entonces que el espejo centelleante reflejará una sola apariencia. 

Febrero 2021 
Lila Levinson 
Mendoza, Argentina

viernes, 16 de agosto de 2019

Autores publicados


Revista literaria con voz propia nº 89
Agosto 2019                    
Autores publicados en esta edición: 


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Lila Levinson

La Bobe Rebeca

Los grandes muertos son inmortales: no mueren nunca.
Nicolás Guillén

Los viernes, antes de que aparezca la primera estrella, la madre se pone un pañuelo blanco y prende las siete velas del candelabro mientras murmura una oración en hebreo. El pan es el alimento principal y la sal es el símbolo del valor de lo escaso y lo lujoso. La madre ofrece estos dones a un amigo que arriba a la “isbá”. Es la cortesía con los invitados. Él visitante comenta que llegan rumores de que Rusia ha entrado en guerra con Japón. Nicolás II domina toda la tierra rusa y también la Besarabia amada. Mil novecientos cuatro es un año importante para la joven hija; pronto cumplirá quince. Sabe leer y escribir como todos los hermanos. Para el padre es básico que los hijos sepan. Les enseña historia y geografía. En la casa hay libros. La consigna es leer y aprender.
La guerra con los turcos existió antes que Rebeca naciera. Su padre los orienta sobre los costos crueles de las guerras. Comenta que en 1812 había finalizado la guerra con los turcos. Por aquel entonces el Imperio otomano cedió la parte oriental del principado de Moldavia al Imperio ruso. La región fue llamada Besarabia. Otra guerra de independencia rumana había estallado en 1877; cedieron la parte meridional de Besarabia nuevamente a Rusia. Empiezan acciones antisemitas.
Los mayores de la familia charlan sobre emigrar, no queda otro camino.
Como es la costumbre Rebeca debe ir al bosque cercano a juntar leña para la salamandra. Parece que el mundo estuviese detenido. El bosque silencioso y la bruma que nace desde la tierra helada, hacen estremecer su cuerpo. Busca leña para la cocina, eternamente encendida. Desde la lomada alcanza a divisar la chacra. Le da seguridad mirar las hileras de verduras, los desnudos árboles frutales, las vacas y ovejas. La soldadesca aún no había incursionado hasta esos campos, pero el temor y el peligro eran una constante. Amontona las ramas secas apresuradamente; después vendrá su hermano a recogerlas.
De pronto el galope sobre el bosque semeja un rugir de bestias salvajes. La niña corre para llegar a la casa, los pies vuelan, pero no basta. Mucho antes la alzan sobre un caballo. Sobre las hojas de pino, la nieve sucia con sangre, excrementos de caballos, sudor de pesadilla. La muchacha pierde la batalla contra las hordas que invaden la estremecida tierra partida en pedazos sumergida en un desamparo irreparable.