lunes, 5 de marzo de 2007

Helios Buira

El vuelo

El tipo volaba.

En medio del festejo, mientras los invitados bebían, paladeaban bocados preparados a la sazón y hablaban en agradable reciprocidad, él se elevó verticalmente, apenas medio metro del piso; recorrió lentamente con su mirada todo el salón a la vez que regocijándose de las voces que se iban transmutando en susurro y menguando hasta llegar al silencio. Un intenso silencio; podría hasta decirse un corpóreo silencio. Entonces Él, con graduales movimientos fue tomando posición horizontal, muy lentamente, dando la sensación de que se introducía en ese corporal silencio; así, comenzó a sobrevolar por sobre las cabezas de quienes parecían estatuas dada la inmovilidad provocada por tamaña sorpresa; a medida que él avanzaba en su vuelo de grafías ondeantes, armoniosas, podía observarse también el movimiento de las cabezas que seguían con la mirada el sentido de su trayecto y ese meneo de cabezas era una sinrazón dada la rigidez de los cuerpos. Él, con una sonrisa imperceptible, disfrutaba como pocos pueden llegar a disfrutar de esa manera en todo el planeta.
De repente, se escucha en un grito, una voz de tono metálico, una voz excitada: -¡Eso lo hace cualquiera! Y el cuerpo del dueño de la voz sale disparado como saeta hacia el techo del salón, se estrella en el cielorraso y cae con el cráneo destrozado, quedando inmóvil en el piso.
Es el momento en que los invitados abruptamente salen de su quietud y comienzan entre gritos, llantos, desesperación, a correr por todo el salón, buscando puertas de salida, huyendo, tropezando unos con otros, golpeándose contra columnas, sillas, mesas y todo se transforma en un caos indescriptible.
Mientras, Él, con absoluta serenidad, sale por una de las ventanas y elevándose, se dedica a gozar desde la altura, el espectáculo que ofrece Buenos Aires por las noches.


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Fundar el porvenir es, primero y exclusivamente, pensar el presente. Lo mismo que crear el navío es exclusivamente fundar la pendiente hacia el mar.
Antoine de Saint-Exupery


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Analía Pascaner