domingo, 4 de marzo de 2007

Alfredo Luna

Las palabras imposibles

Para Rosa Luna

La casa tiene el peso del vacío, el veneno de la ausencia
y el río es una marca de sed, una luna amarga y solitaria
sobre las palabras que se resisten, todavía

madre te habla el agua que se desliza ciegamente
dentro de mi cuerpo, te nombra el huracán de mi boca.
Tú, desde quién sabe dónde, me tiendes un edredón de niebla
como si al anochecer acabara la vida, como si supieras
el color del cielo en los socavones de mi alma

a golpes, ciérrame el corazón, por favor
para vivir en paz.

Del libro Los días demorados


voracidad en fuga

quiero borrar estas quemaduras
tu sangre me toca con su reverbero de sombras
y no soporto el esplendor de tu cuerpo
ni el estupor de tus lívidos muslos.

quiero alejarme de ti,
de las tropelías del amor fugitivo
y esconderme en el agua bendita del infierno.

quiero abandonarme otra vez
en la cárcel del deseo que herrumbra mi corazón;
es tarde otra vez y tantas veces:
puntual, “el crepúsculo cae siempre, a la misma hora”.

Del libro Los fuegos prometidos



oración

Señor: sé que repruebas la noche en que los cuerpos
hilan su túnica de arena contra el olvido
como animales enjaezados para el crimen;
amo sus manos, esas candelas que apagan el miedo;
su voz de nardo en solísimo pavor;
amo su boca, incandescente abismo del goce;
defiendo el temblor de sus muslos
donde soy colosal jadeo bajo sus espesas aguas;
donde soy viento luminoso de azufre en su alma.

Señor: yo, tierra hambrienta, sueño palpable
desde el fondo de la locura
y con estas palabras como puñales indecentes,
alego por este amor: haz las cuentas otra vez
y acuérdate de quienes elegimos la luz, el vuelo.

no quiebres el Pacto, Señor
la muerte es la ranura por donde te miramos.

Del libro Los fuegos prometidos


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Cuando tumbe la guerra las estatuas
y el desorden de los muros desarraigue,
ni la espada de Marte ni su incendio
destruirán tu memoria siempre viva.
Irás contra la muerte y el olvido.
Vivirás mientras alguien viva y sienta
y esto pueda vivir y te dé vida.
William Shakespeare

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1 comentario:

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Analía Pascaner