lunes, 5 de marzo de 2007
Miguel Crispín Sotomayor
...Y desde aquí
en incómodo sillón
inquietos ojos
escarban el pasado
enfrentan el presente
cuestionan el mañana.
Árbol Viejo
Poco a poco se desgaja este árbol viejo
las ramas van cayendo
por el tiempo
la débil savia que llega hasta sus hojas
las raíces podridas por los años
las sacudidas violentas de los vientos
las heridas recibidas por extraños
y los gusanos que carcomen desde adentro.
Se quiebran las ramas más queridas
las que ofrecieron sus mejores sombras
la primavera traerá nuevos retoños
que intentarán alimentar con sombra y frutos
como éstas que han sufrido solitarias los otoños
y que vecinas ramas no amortiguan su caída.
Se muere este árbol
se pudre poco a poco
gajo a gajo en que me poso
pronto caerá con él
la enfermiza sombra y ajenos
son los árboles más próximos.
“Sé que la vida se esconde
tras la apariencia de un muerto”.
Silvio Rodríguez
Desaparecidos
Están
en calles empedradas.
En esqueletos ocultos en cerros.
En el fondo de ríos y mares.
Sin banderas.
Sin cristos.
Sin salmos.
Sin el consuelo del creído paraíso.
Están
en Madres y Abuelas emplazadas.
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Quizá no queda nada que hacer cuando un hombre se derrumba por dentro.
Diga usted que tal vez guardo aún algo de niño en mis adentros, y quizá eso como un amanecer con pájaros que anuncia agua en el desierto, me ayudó y me salvó.
Luis Franco
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Jorge Lemoine y Bosshardt
Julio es un flor de tipo.
Practica karate, tiene diecisiete años.
Va muy a menudo a casa.
No es muy buen mozo pero, al parecer, según dicen, tiene su pinta.
Tiene la nariz un poco halcónica y es algo rojo, pero a veces me gusta mirarlo.
Yo no soy invertido, al contrario, me gustaría ser Julio.
Es más chico que yo, pero más alto. Es más flaco, es muchas cosas más que yo.
Además, Julio se me vuelve Julio cuando los veo a los dos juntos.
Los dos están en el colegio. Él en quinto, ella en tercero.
Yo terminé hace mucho. Pero él me va a alcanzar. Me sigue con la velocidad de sus pasos. Yo estoy parado.
A veces cuando viene a casa, si está con ella, se sientan al lado sin mirarse. Ella es de él. Se nota. No sé porqué, pero se nota.
No tienen nada urgente, pero son inexorablemente “ellos”.
Ella le es.
Él hace muchas cosas por ella.
Me gustaría ser Julio.
Poder hacer con ella las cosas que yo no sé que hacen y que siempre me pregunto, entre súbdito y celoso.
Yo a ella la quiero. Tal vez por eso me gustaría ser Julio. Quizá lo envidie.
Aunque yo la veo más a menudo. Pero eso sí, de lejos.
Con frialdad, casi familiar.
Él tiene sus mejores cosas.
Yo otras, cotidianas algunas, y otras que son Julio mismo.
Siempre me habla de él.
Siempre me dice: “Aconsejame vos; después de todo, sos mi hermano, ¿no?”
Estoy escribiendo tu nombre
En esta noche aquí en esta ciudad
hoy, cualquier día un cualquier nunca
en esta ninguna parte rescatada
yo: este nadie de cosas y almanaques
de resecadas rosas y poemas volados
aquí en esta ciudad yo ahora
estoy escribiendo tu nombre
con dedos de niebla
roto contra el aire encallado
en la noche triste y sola de esta ciudad
donde hay tantos que tal vez recogen
su memoria, su alma, su tristeza
para llevársela luego a algún poema oscuro
en una ciudad cualquiera, solos.
Chiquita de Boca
Hoy es domingo 22 de octubre, y estaba recordando mis Domingos con mayúsculas, los de mi niñez, los anteriores a los siete años, los de mi casilla verde (bien pintadita) con lajas amarillas. Con un sol amarillo y un cielo azul, y los mismos colores en la vieja radio, que mi padre tenía sobre el dintel de la cocina, mientras se afeitaba, pausadamente, escuchando los goles de Boca en la radio; entonces, todo era triunfo, todo era amarillo y azul: Norma, Amalia, Herminia, Abel…
Caín no, Caín tenía el pelo negro y los ojos oscuros, como yo, y jugaba en el fondo del terreno con sus primas más grandes. Las ataba alrededor del tronco y ellas gritaban como si estuvieran prisioneras, sobre todo Sara que ya estaba por casarse y Ercilia que también tenía novio; yo dejaba mi juego de té de porcelana y mi muñeca articulada que me llamaba: “Ma-má, ma-má”, y me quedaba mirando bajo la sombra de la higuera sin entender. (¿Los grandes pueden entender? ¿Los grandes también juegan?)
Entonces aparecía Abel, tan alto, tan bueno, tan macho: nunca vi una cara de hombre tan linda. Yo lo adoraba, y él a mí también. Cuando me alzaba a upa, me parecía que estaba volando, volaba en realidad, estiraba mis piernas largas hacia atrás junto con la cabeza y quedaba como un arco, mi pecho sobre su pecho; entonces pasaba una brisa entre la higuera y mi pelo y yo le decía: “Abel, tenés el cielo en los ojos, y en el pelo el sol”, y en ese momento se sentían los mismos colores en la boca de mi padre.
Los textos pertenecen al libro Te acorralaré hasta matarte
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Hazlo. Trabaja duro en ello. Pero hazlo.
Tobías Wolff
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Don Ramón de Almagro
Cuando un ruido de llaves
le diga que ha llegado
el más rezagado de los hijos, por fin,
cesará en sus rezos,
sonreirá tranquila
y ahogando un bostezo
buscará dormir.
sabes porqué ahoga el bostezo, para que el padre no se vaya a despertar, sino seguro que grita,
qué hora de llegar este hijo de puta
Confidencias
Y entonces tú me hablarás
de aquélla la que tú sabes
y entonces yo te diré
de la que tú te imaginas
Esas cosas que se hablan
a un solo amigo
y con vino
Que yo hablo solo
¿Que yo hablo solo?
No me digan eso.
Es que soy poeta
yo vivo buscando
que rimen mis versos.
¿Que yo hablo solo?
Es que soy un viejo
y los que escuchaban
se han ido tan lejos
y los que vinieron
a ocupar sus puestos
casi ni me hablan,
hasta me tropiezan,
andan apurados
con todas sus cosas
y yo de tan lerdo,
siento que molesto.
Que yo hablo solo,
yo nunca hablo solo.
Hablo con mis viejos,
con todos los míos,
con tantos amigos
que ya se me han ido.
Y ellos me escuchan.
Porque ellos no corren,
porque ellos me esperan,
porque están conmigo
aunque no los vean.
Que yo hablo solo
Será…
Será porque rezo,
debe ser por eso,
será porque rezo,
y al mover los labios
pensarán que hablo,
debe ser por eso
será por mis rezos
y que soy poeta,
si vivo buscando
que rimen mis versos.
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Poesía.
Perdóname por haberte ayudado a comprender
que no estás hecha sólo de palabras.
Roque Dalton
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Mary Acosta
Cristales rotos profanan mi bohemia disfrazada.
No puedo moverme.
Señalan mi pasado.
Devoro mi última carcajada lanzada en un grito.
Coloreo el fin, con múltiples rostros,
delineando el hueco del olvido.
Busco la grieta por donde escape la locura,
atrapada en nudos de un tiempo suplicante.
Verbos paranoicos movilizan los cristales rotos,
degollando a la muerte sobre una cruz,
mientras una luna seca en cuerpo presente
no deja de mirarme.
Del libro En brazos de dos lunas
Capullo no vidente
Diseñó su vida en la mitad del ocaso,
apretando los puños y en violento avance.
Caminó por el borde de su cuerpo,
entre sollozos incoloros y oscuros.
Buscó desesperadamente
encontrarse en la próxima esquina de su cielo.
En la partida perdió su nombre,
junto al último zapato que vestía su paso.
Sobre las aristas brillantes de una estrella
dibujó besos secos,
abandonados por héroes de polvo.
Resistió sin declinar a su sueño
abrazada a sus misterios.
Como un capullo de rosa no vidente
no logró expandir su fragancia,
y hoy visita el jardín sin pétalos,
tan sólo esperando ver
si en algún ocaso volverá a encontrarse.
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Los obstáculos son esas cosas que las personas ven cuando dejan de mirar sus metas.
Joseph Cossman
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Helios Buira
El tipo volaba.
En medio del festejo, mientras los invitados bebían, paladeaban bocados preparados a la sazón y hablaban en agradable reciprocidad, él se elevó verticalmente, apenas medio metro del piso; recorrió lentamente con su mirada todo el salón a la vez que regocijándose de las voces que se iban transmutando en susurro y menguando hasta llegar al silencio. Un intenso silencio; podría hasta decirse un corpóreo silencio. Entonces Él, con graduales movimientos fue tomando posición horizontal, muy lentamente, dando la sensación de que se introducía en ese corporal silencio; así, comenzó a sobrevolar por sobre las cabezas de quienes parecían estatuas dada la inmovilidad provocada por tamaña sorpresa; a medida que él avanzaba en su vuelo de grafías ondeantes, armoniosas, podía observarse también el movimiento de las cabezas que seguían con la mirada el sentido de su trayecto y ese meneo de cabezas era una sinrazón dada la rigidez de los cuerpos. Él, con una sonrisa imperceptible, disfrutaba como pocos pueden llegar a disfrutar de esa manera en todo el planeta.
De repente, se escucha en un grito, una voz de tono metálico, una voz excitada: -¡Eso lo hace cualquiera! Y el cuerpo del dueño de la voz sale disparado como saeta hacia el techo del salón, se estrella en el cielorraso y cae con el cráneo destrozado, quedando inmóvil en el piso.
Es el momento en que los invitados abruptamente salen de su quietud y comienzan entre gritos, llantos, desesperación, a correr por todo el salón, buscando puertas de salida, huyendo, tropezando unos con otros, golpeándose contra columnas, sillas, mesas y todo se transforma en un caos indescriptible.
Mientras, Él, con absoluta serenidad, sale por una de las ventanas y elevándose, se dedica a gozar desde la altura, el espectáculo que ofrece Buenos Aires por las noches.
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Fundar el porvenir es, primero y exclusivamente, pensar el presente. Lo mismo que crear el navío es exclusivamente fundar la pendiente hacia el mar.
Antoine de Saint-Exupery
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domingo, 4 de marzo de 2007
Editorial
.........................Frida Kahlo
con voz propia nº 3 - enero 2007
Queridos amigos, lectores y colaboradores:
Deseo que hayan comenzado bien el año y con disposición para recorrer este 2007 con entusiasmo, que tengan satisfacciones y se sientan gratificados en las actividades que emprendan.
con voz propia estará a vuestro lado, juntos transitaremos el camino de este desafío literario, compartiendo y disfrutando el esfuerzo de publicar y el placer de la lectura.
Hace pocos días recordé una canción de María Elena Walsh y en esta oportunidad le cedo la palabra: ella expresará aquello que a algunos de nosotros nos hace tanto bien escuchar.
Les dejo un abrazo cálido y mis deseos que cada uno de sus días sea agradable.
Analía Pascaner
* * *
El mayor peligro para la mayoría de nosotros no es que nuestra meta sea demasiado alta y no la alcancemos, sino que sea demasiado baja y la consigamos.
Miguel Ángel
* * *
Como la cigarra
María Elena Walsh
Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal,
y seguí cantando.
Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez,
y volví cantando.
Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás,
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.
Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra,
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
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Nunca andes por el camino trazado pues él te conduce únicamente hacia donde los otros fueron.
Graham Bell
............................Edición y dirección: Analía Pascaner
............................San Fernando del Valle de Catamarca
............................Catamarca – Argentina
Charles Chaplin
Realmente lo siento, pero no aspiro a ser emperador. Eso no es para mí. No pretendo regentar, ni conquistar nada de nada. Me gustaría ayudar en lo posible a cristianos y judíos, negros y blancos. Todos tenemos el deseo de ayudarnos mutuamente. La gente civilizada es así. Queremos vivir de nuestra dicha mutua... no de nuestra mutua desdicha. No queremos despreciarnos y odiarnos mutuamente.
En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede garantizar la subsistencia de todos. El camino de la vida puede ser libre y magnífico, pero hemos perdido ese camino. La voracidad ha envenenado el alma de los hombres, ha rodeado el mundo con un círculo de odio y nos ha hecho entrar marcando el paso de la oca en la miseria y en la sangre. Hemos mejorado la velocidad pero somos esclavos de ella. La mecanización que trae consigo la abundancia nos ha alejado del deseo. Nuestra ciencia nos ha vuelto cínicos. Nuestra inteligencia, duros y brutales. Pensamos en exceso y no sentimos bastante. Tenemos más necesidad de espíritu humanitario que de mecanización.
Necesitamos más la amabilidad y la cortesía que la inteligencia. Sin estas cualidades la vida sólo puede ser violenta y todo estará perdido. La aviación y la radio nos han acercado los unos a los otros. La naturaleza misma de estos inventos requería la bondad del hombre y reclamaba una fraternidad universal para la unión de todos.
En este momento mi voz llega a miles de seres esparcidos por el mundo. A aquéllos que puedan comprenderla les digo: no desesperéis, la desgracia que ha caído sobre nosotros no es más que el resultado de un apetito feroz, de la amargura de unos hombres que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y los dictadores perecerán, y el poder que han usurpado al pueblo volverá al pueblo. ¡Y mientras existan hombres que sepan morir, la libertad no podrá perecer! Soldados, no os entreguéis a esos brutos... hombres que os desprecian y os tratan como esclavos, hombres que regimientan vuestras vidas, imponen vuestros actos, vuestros pensamientos y vuestros sentimientos; que os amaestran, os hacen ayunar, os tratan como ganado y ¡os utilizan como carne de cañón! No os pongáis en manos de esos hombres contra natura, de esos hombres-máquina con corazones de máquina. ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Vosotros no sois ganado! ¡Vosotros sois hombres! ¡Vosotros lleváis el amor de la humanidad en vuestros corazones! No odiéis. Sólo los que no son amados odian. Los que no son amados y los anormales... Soldados, ¡no combatáis por la esclavitud! Combatid por la libertad. En el capítulo 17 del evangelio según San Lucas está escrito: “El reino de Dios está en el hombre mismo”. No en un solo hombre, ni en un grupo de hombres, ¡en todos los hombres! Y ¡vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder para crear máquinas. El poder para crear la felicidad.
Vosotros el pueblo tenéis el poder para crear esa vida libre y espléndida... para hacer de esa vida una radiante aventura. Entonces, en nombre de la democracia, utilicemos ese poder... ¡unámonos todos! Luchemos por un nuevo mundo, un mundo limpio que ofrezca a todos la posibilidad de trabajar, que dé a la juventud un porvenir y resguarde a los ancianos de la necesidad, prometiendo estas cosas gente ambiciosa se ha hecho con el poder, pero ¡han mentido! No han mantenido sus promesas, ¡ni las mantendrán jamás! Los dictadores se han liberado pero han domesticado al pueblo. Combatamos ahora para que se cumpla esa promesa. Combatamos por un mundo equilibrado... un mundo de ciencia en el que el Progreso lleve a todos a la felicidad. ¡Soldados! en nombre de la democracia, ¡unámonos!
Discurso final de la película El Gran Dictador, de Charles Chaplin, 1940
Nota: La película estuvo censurada en España (1940-1975), Alemania e Irlanda.
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El que usted y yo y algunos otros consigamos un día renovar el mundo, es cosa que ya se verá. Pero, dentro de nosotros mismos, tenemos que renovarlo cada día; de otro modo nada lograremos.
Hermann Hesse
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Gabriela Delgado
Tengo mi recuerdo desbordado de Sur.
Ojos de hielo que se mezclan con los míos.
En una madrugada arrancada por la fuerza
a la más larga de las noches,
llegamos mis sueños y yo, cargados de poesía.
Paisaje duro y nuevo.
Calles, costas, campos quemados de frío.
Horizonte de mar y barranco. Arenas heladas. Río.
El viento se deshilacha hasta detenerse,
en galas de estaño se proclama el día.
Se pierden las ausencias en la anchura de la tierra
y deambula mi mirada, insaciable,
capturando cada hebra de ese suelo.
Piso con pies de peregrino, con cuidado,
cada camino tatuado en piedras de esfuerzo.
Respiran profundo mis poros, para robarse el momento
y estallar frente al fuego que crepita adormecido,
encallado en la memoria, adentro y afuera.
Noche
Envuelta en el tiempo,
vigía de eternos secretos,
tallas madera y piedra.
Enciendes la antigua memoria
de la penumbra.
Cubres recuerdos
con vaivenes de mar.
Detrás de tu luna
se amparan los duelos.
Profundidad y misterio.
Entre tus negros,
sin brillo de estrellas,
renace el olvido
de cada día.
Ambos poemas pertenecen al libro AguaLuna
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De las cosas que tienes, escoge entre las mejores y después medita cuán afanosamente las hubieras buscado si no las tuvieras.
Marco Aurelio
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Agustín Elías Jijena Sánchez
A Enrique Santos Discépolo
Hace pocos días caminaba por la Avenida Corrientes distrayéndome con los dibujos de sus veredas, y también desentendiéndome con los calzados modernos que podía observar de reojo por tener la mirada caída, aunque disfrutando que los míos, mis zapatos, sí eran tangueros.
Mi andar bohemio se detuvo estremecido por un llamado agónico que provocó como súbito presagio leer la señalización del Pasaje Enrique Santos Discépolo. Un extraño susurro me llevó a abandonar la gran avenida para arrojarme en búsqueda sorpresiva e indagar qué encontraría de él allí, en ese pasillo del laberinto de la Ciudad Porteña.
Inmediatamente recordé unas palabras del poeta que me acompañan en mi agenda con otras diversas introspecciones y decidí releerlas a manera de invocación: "Yo honradamente no he vivido las letras de todas mis canciones porque eso sería materialmente imposible, inhumano. Pero las he sentido, todas, eso sí. Me he metido en la piel de otros y las he sentido en la sangre y en la carne. Brutalmente. Dolorosamente. Dicen por ahí que soy un hipersensible y aunque la palabrita no me gusta, algo debe de haber porque vivo los problemas ajenos con una intensidad martirizante”.
En esta Ciudad de Buenos Ayres que ha cambiado muchas veces su vestido pero sigue siendo la misma mujer, como si mis ojos fueran guiados, miré a mi alrededor intentando percibir como Discepolín. Y no fue difícil encontrar al dolor ajeno, la miseria de la incertidumbre de no saber nunca qué nos sucederá, y esa mezcla de rabia y resignación que por momentos llama al heroísmo de la transformación y, otras veces, al derrumbe que nos sepulta en la decepción. Pero Enrique no sólo vivía su ciudad sino que la sufría como entraña humana de esa arquitectura enferma descripta con su genio en Cambalache. Y porque amaba a su ciudad se angustiaba con ella, y su catarsis consistía en escribirle como lo hace un amigo que dice una triste verdad exigiendo el abrazo para llorar en compañía.
Amaba a Buenos Ayres a pesar de sus pesares, y con sus letras soñó que la inmensa ciudad lo amaría también a él. Dicen que la amistad se edifica con la fidelidad, entonces, el poeta debería sentirse feliz. Porque en su pasaje puede verse que no hace falta modificar una sola canción, porque los viejos edificios y su gente ecléctica se mantienen iguales, para que siempre comprobemos que si el tiempo no transcurre en su poesía será que Enrique Santos Discépolo aún está por ahí y es un absurdo decir que se fue…
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Los ritos son al tiempo, lo que la casa es en el espacio. Porque es bueno que el tiempo que pasa no nos parezca nunca que nos desgasta y nos pierde, sino que nos perfecciona. Es bueno que el tiempo sea una construcción. Así voy yo de fiesta en fiesta, de aniversario en aniversario, de vendimia en vendimia... al igual que cuando era pequeño, iba desde el salón al jardín, del jardín a mi cuarto... y cada paso significaba algo.
Saint Exupèry
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Osvaldo Risso
UNO
es a veces
algo
de este
vehemente poema
azul
contemporáneo
divagamundo
resurgido
entre las tantas muertes
suburbanas
que acechan
las esperanzas
de poder
sobrevivir
al tiempo.
Del libro Hasta que el Sol Nos Aguante
Los naufragantes del silencio
Allí están
los que se bebieron
la tarde
en un solo trago
de esperanzas.
Los naufragantesdel silencio.
Los transeúntes
inadvertidos
que se perfilan
de repente
entre los muros
emergentes
de la noche.
Allí están
como todas las horas
sucedidas
en el desliz
de los
siglos.
Convocados
por los miedos
las palabras
las tragedias.
Exactamente
en este preciso momento
donde la soledad
converge
en el vértice celestial
de la Historia.
Allí están.
Para comenzar
de nuevo.
Del libro inédito Los naufragantes del silencio
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Spam
Lo que resta
(del día)
al abrir el correo virtual
y no encontrarte.
Aldo Novelli
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Reynaldo García Blanco
Te escribo en el año del perro para decirte que no creo en los horóscopos. Han sido demasiadas las guerras los jardines arrasados los giravientos tirados al olvido. Nadie es carne de la carne sin alistar sus brazos. Caen los miércoles como la mostaza en el mantel. No es posible definir los denarios para comprar el pan y los libros que otros compraran a precios de usura. Te escribo en el año del perro sin hacer caso de la jauría de esas músicas que caen de sopetón nos ponen cardíacos irreverentes sordomudos. Aquí no hay línea de la mano izquierda no hay runas no hay una solvencia para sentarnos sobre una piedra blanca y en el espejo del agua se pueda leer el día de la muerte o el casamiento. Han sido suficientes los sobresaltos a mano armada a mano profunda a mano silbante que nos saluda nos dice adiós y luego busca el cuello y nos ahogamos. Aquí no hay signos zodiacales peces sombríos o palomas mensajeras que traigan un respiro. Soy el húmero el coyote la platea donde bailo la danza de la sobrevivencia y esto no está escrito en ninguna parte. Te escribo en al año del perro para decirte que no creo en los horóscopos.
No morir hasta haberlo visto todo
Mi mujer cantando Alfonsina a las diez de la noche
Unas muchachas recostadas a los médanos
Un poeta robándose las obras completas de Severo Sarduy
Tres prostitutas en Medellín que me confunden con un nicaragüense
Un ciego cantando de espaldas al mar
Fayad Jamis leyendo El ahorcado del Café Bonaparte
Una librería con todo Borges y Los alimentos terrestres de Gide
Un pingüino muerto en las costas de Talcahuano
Otra vez mi mujer haciendo pajaritas de papel
Mi madre tendiendo unas sábanas blanquísimas
Un policía leyendo a Rainer María Rilke
Thiago de Melo y María de Aparecida preguntándome por Cuba
Mi padre bebiendo té con bergamota a punto de morir
Una mesa llena de uvas negras y otras ambrosías desconocidas por mí
Tres mendigos sonrientes en la Avenida paulista
Dos revistas Orígenes en la Librería Renacimiento
Unas vacas nadando en el mar de Manzanillo
Un tren francés roto en las llanuras de Camagüey
Un vendedor de agujas con poemas publicados
Un ciervo herido que busca en el zoológico amparo
Mi hermana a la salida de un quirófano
La Plaza de la Revolución vacía y oscura
Los muros del Moncada a las tres de la tarde y en agosto
Esto he visto yo y espero no morir hasta haberlo visto todo.
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Las personas pueden ser divididas en tres grupos: aquéllos que hacen que las cosas sucedan, los que ven cómo suceden las cosas y los que se preguntan qué fue lo que sucedió.
Emisora radial FM Milenium, Buenos Aires
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Javier Saceda
Postrado en los anales de la historia, recordando cómo pudo el ayer que nunca tuve, veía cómo el tiempo se deslizaba entre mis dedos, cual minúsculas partículas de viento colándose entre los agujeros de mi alma.
Tomé prestada del todo tu foto y te soñé, toda tú, preciosa como siempre y noté que tu imagen me guiñaba un ojo, cómplice de una existencia que nunca existió, de una vida que nunca viví, junto a alguien que nunca estuvo allí.
Ser, qué difícil poner en práctica este verbo, no se es, se ocupa un hueco vacío, sin tener que estar, sin poder decir “mi sitio”.
Yo nunca estuve allí, contigo, pero tu fotografía me recordaba muchos sueños que nunca soñé. De mis ojos saltaban al vacío dos lágrimas de olvido, de no saber si las horas pasan o somos nosotros los que nos deslizamos entre ellas. Mi presente no existe, mi pasado, pasado fue, nunca estuvo allí, mi futuro... vendrá? no creo. No creo que quiera perderse por mi existencia y que me haga un guiño, tan cómplice como el tuyo, y me haga entender que yo soy yo, el que está, el que te escribe y ve cada día tu foto en el tablón de su red de amigos, y no aquél que nunca soñé.
Del libro De nuevo… ¡La Nada!
Dame tu silencio
Apágame la luz y dame tu silencio,
deja que las yemas de mis dedos
dibujen,
en la soledad del guerrero,
tu silueta.
Apaga la soledad,
dame tu luz,
siénteme cerca, aunque no estés.
Acállame el silencio,
y a media luz los dos cuerpos
revolotean, cual mariposas,
en la cima del sin ser.
Apágame la luz,
deja que mi cuerpo
juegue con tu alma
y te diga en silencio
que eres la estrella que le alumbra.
Apágame la luz,
apaga tu silencio,
toma mi alma.
...me gustas cuando estás silente,
porque te siento mía.
Del libro Historias en canela y taller
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Nunca discutas con un necio, no sea que te veas en el caso de darle la razón en todo.
Luis Taborda
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Emilio Nuñez Ferreiro
Para paisano paciente y parsimonioso: Yo, Pedro Pantaleón Paredes. Pese a que puedo parecer pánfilo, pajuerano y pacífico, si veo una componenda o parcialidad, me pongo paranoico. Soy de piscis y patagónico, pues me procrearon y parieron en una pocilga de la provincia del petróleo. Padezco piel pajiza, parecida a un papiro y poseo papada. Paralelo a eso, soy un patriota patológico.
Supe tener un pingo de pelaje pampa con el que me paseaba por la pradera, pero por privación de pesos, se lo traspasé a un primo. Pavadas, payasadas y patrañas pueden producirme periódicas perturbaciones. Posiblemente pueda perfilarme penumbroso, pero para percatarme de pelafustanes, papamoscas y papanatas soy un particular y pasional espectador y me pongo pendenciero.
Para paladear parrilladas y beber pingüinos de patero, puedo parecer una piraña y suelo pecar de patán; pues, a papas, pan y pastas les escapo porque me producen pedorreras. Peino pelambre pediculosa y de pelilargas patillas. Para percibir penurias, pienso poco y padezco permanentemente.
Supongo que se percataron que poseo cierta propensión a perorar con la “P”. ¡Positivo! Para eso pagué lo que me impusieron los hispanos parlantes para emplearla a perpetuidad. En pocas palabras, al papanatas que piense poder usarla, tendrá que pagarme impuesto. ¡Piénsenlo!
En mi paradero, pernocto poco. Me permito permanecer pensativo, perseverando en perentorias peripecias. Perplejo, parezco perpetuarme en permisivos pensamientos. Para payar, me perfilo perito, pero soy un poquito plomo y proclive al pleonasmo. Parafraseo perfectas prosas paisajistas, pero porfío en perseguir personalidades perversas. Al populacho le permito perogrulladas, pero persevero, pertinazmente, en perfilarme pésima persona para persuadir a personajes petulantes.
Con Pepita, la pelona, soy pegote y me pienso pícaro y picaflor. En un pimpampum, me produzco la película. Me pongo el pijama, me perfumo, la piropeo y sin protocolos, peticiono su pesebre. Pepita Pantoja, primero pone pretextos, privatiza prioridades, pues padece prolapso; pero procaz, pestañea y, pronta, se dispone a la picardía. Los pezones de sus pechos se ponen de punta; preventiva, se zampa la píldora y plácidamente, se plancha aplastada contra el pasto, paralelo a una planta de paltas. El pastizal pisoteado, participa del proceder pecaminoso. Yo, Pantaleón, y ella, Pepita, pugnamos por empatar la supuesta pelea, pues para prosperar en ese pugilato, empatar: es provechoso y plausible.
El año pasado, me postulé para prefectura, pero no prosperé, pues ni pasé el preescolar. Hoy, para pergeñarme un porvenir provechoso, peleo con sorprendente personalidad; pues, mi ocupación de puestero es postrante y, podrido de peludear privaciones y pobrezas, padezco un precoz y prematuro perjuicio que, como una premonición, me impone a prejuzgarme como prisionero e impotente.
Suelo empilcharme con prendas pobres: un pantalón pardo, un pullover plomizo y apolillado, pordioseras zapatillas “Pampero” y un poncho prehistórico.
Probablemente, el problema de mis pobres privilegios proceda de Pascual Perfecto, mi padre: un prófugo y pringoso ex presidiario, que le pifió al pretender poseer prisionero al presidente de una agrupación de primera.
Pancracia, mi progenitora, era petisa y panzona y de pulposos pechos. Parió una punta de pibes, pero el primogénito, soy yo. A los pecados de mi papá, la vieja los piloteaba, pero peleaban por pavadas. Él, decía que su Pancracia era una petaca petulante y pestilente y que parecía de plástico. Ella, le imputaba su pesimismo, la pigmentación de su piel, el prepucio paspado y sus periódicas melopeas. En lapsos de destemplanza, lo puteaba y como padecía parkinson, le profería al rostro: ¡piltrafa de pacotilla!
Hoy, éste que parlotea: Pedro Pantaleón Paredes, es piquetero. Apretado contra un premolar, pito un porro. Si hay que pegar piñas a los policías, pego. Parcialmente tapado con un pasamontañas, entre provocativos paragolpes, parabrisas y pesados periodistas, transporto una pancarta, proclamando apasionadas peticiones. Próximo a mis compañeros, paramos en una plazoleta y pegado a una pira, me pongo pipón con un puchero popular.
Yo me pienso capaz de empinarme al palco y pronunciar una pomposa prédica, pero como soy un poco pueblerino y chapurreo pamplinas, me lo prohíben. Exponen que soy pletóricamente porfiado en pronunciar la “P”.
Puede ser. Para eso pagué. Por hoy, paro. Pero para la próxima: ¡Prepárense!
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Que tengas la fortaleza de continuar; la paciencia de intentarlo otra vez, cuando algo te resulte mal.
Que tengas la facultad de ver belleza, donde otros no la vean.
Que tengas siempre la esperanza de un sueño nuevo y la persistencia para cumplirlo.
Que tengas siempre la ocasión de ofrecer y compartir, y la sabiduría de esperar lo mejor del mañana.
Emisora radial FM Milenium, Buenos Aires
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Ana María Manceda
Creí que estaba en reposo
la nostalgia
pero en algún lugar del universo
aleteó una mariposa.
Como un río viajando por su cauce
la mente esculpida a cada instante
timonea emociones en la rutina.
El caos acecha transparente.
Lo simple se vuelve complejo
lo equilibrado comienza el desorden
lo invisible se presenta inexorable.
Uno lucha por encontrar la dulce
entropía.
Porque la nostalgia es perversa,
parásita, seductora.
Omnipresente, se mezcla con el flujo
de la sangre,
con el aire que inspiramos.
El bello paisaje se cubre de neblina
la música escuchada proviene desde
las sombras
y pinta las caras extrañas
que deambulan por las calles.
Entonces... El poema es incipiente
y el temido llanto asoma.
Creí que estaba en reposo la nostalgia
pero en algún lugar del universo
aleteó una mariposa.
De la Antología Arte en Tres Tiempos, Editorial Novelarte, Córdoba, 2006
Los ojos de los hijos sin hogar
La Injusticia se mueve ondulatoria
como alas de cuervos,
expectantes.
Las Leyes reposan inertes
o volátiles,
entre nieblas de indecisión y miedo.
La realidad golpea cruenta y trágica
en una región abrumada de riquezas
bastardeando la belleza de la vida.
Un hogar es el abrigo de la tierra
para el hombre.
Un hogar es la meta atávica
por la que mueren de fracasos las esperanzas.
Los ojos de los hijos sin hogar
tienen el color de la desesperanza
y la mirada volátil
de las leyes que reposan
inertes de indecisión y miedo.
Al negar a un solo grupo humano
negamos a toda la humanidad.
Aniquilamos la belleza de la vida.
Ser solidario no es hacer beneficencia.
Ser solidario eleva nuestro intelecto.
Ser solidario es brindar dignidad.
Quizás
logremos encender en los ojos de los hijos
sin hogar
la luz, la mágica y poderosa luz
que nos debemos.
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Si la gente no incurriera en faltas no sentiría tanto placer en señalar las ajenas.
La Rochefoucauld
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Antonio Calì
Le daba igual un cuchillo que un trozo de vidrio.
Los probaba con el codo y los apoyaba, con cuidado, en el suelo, sobre un paño verde.
Entonces, hacía equilibrio mientras bailaba sobre el filo, protegiendo sus pies con dos pares de medias de lana gruesa.
Hizo de esta habilidad una profesión muy redituable.
Siempre se reunía mucha gente en las plazas de los barrios apenas él llegaba los fines de semana, con su valija de madera bien lustrada.
Nunca faltaba quien dijera que en la actuación había fraude.
Ante esto, el profesional tomaba en su mano derecha el objeto cortante y, delante de los presentes, sostenía en la izquierda un cartón que cortaba varias veces, siempre sonriendo.
Cuando terminaba su actuación, pasaba la gorra entre el público ocasional, que aplaudía y acercaba más objetos cortantes: tijeras, bisturíes, hachas, incluyendo, una vez, una hoja de sierra sinfín.
Si tenían filo suficiente, eran útiles para otra demostración.
Sus objetos preferidos eran los cuchillos de cocina, con historia, de hoja larga y cabo de madera.
Haciendo una demostración sobre el filo de una navaja de peluquero, pisó mal y cayó.
El público aplaudió.
El profesional no se movió.
Quedó en el piso.
Quedó boca arriba.
Quedó quieto.
Quedó solo.
Cuando llegó la ambulancia, todavía estaba tibio.
De la planta de su pie derecho salía sangre.
Poca, demasiado poca.
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Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún viviera, el mundo entero hablaría de él… ¿Que por qué? Porque si estuviera vivo tendría 140 años.
Groucho Marx
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Dora Giannoni
“El cielo del cóndor abre de par en parlas puertas de Tiahuanacu”...
Armando Tejada Gómez (1)
“Lo que no existía
fue creado” (2)
y lo que existió regresa.
Lo que ayer eran sólo ruinas
hoy es otra vez ayllu
de los primeros habitantes de esta tierra
devastada.
Aymaras, mineros, campesinos,
pobres pero dueños
de ancestral cultura
logran retomar el poder
que será servicio
según su concepción
y una enorme huipala
de esperanza
une la Luna y el Sol
de Puertas milenarias
cuyas piedras
son Memoria del futuro.
Lo que una vez existió
vuelve
porque nunca
pudo ser desaparecido
y en este nacimiento
es toda América
que vuelve
con el mismo sueño.
La noche de Tiahuanacu
es crepúsculo del día
que otra vez amanece
después de 500 años.
(1) Tejada Gómez, Armando: Canción “El cóndor vuelve” con música de Eduardo Aragón.
(2) Ap. 4, 11
Capitán de los pájaros
(A Antonio Esteban Agüero)
“Yo no quiero morir. Es imposible
que yo pueda morir mientras la vida
siga viva en jilgueros y caballos...”
A. E. Agüero
En el valle de Conlara
escuché tu voz profunda
y cantarina
que trajo a mi memoria
viejos versos amados
entre sonidos del silencio.
Tu voz que habla del hombre,
el árbol, las raíces
y esa ansia de infinito,
serena o torrentosa,
buscando a Dios
entre las piedras
de esa tierra hermosa,
con águilas en vuelo
en libertad infinita
en el cielo siempre azul
de tu provincia.
Escuché tu voz,
Capitán de los pájaros,
sus arrullos y trinos
con miles de caballos
briosos y libres
galopando al unísono
para sacar de su modorra
a Buenos Aires.
Capitán de la luz,
el canto, la pureza.
La fuerza de quien sabe
lo que quiere
aún nos llega
golpea nuestra alma
y nos dice que es posible
cambiar con versos la vida.
Digo Antonio Esteban Agüero
y me siento feliz al recordarte.
Del libro Camino a la raíz
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Respeta tus esfuerzos, respétate a ti mismo. El auto respeto conduce a la autodisciplina. Cuando cuentas con estos dos factores es cuando tienes el verdadero poder.
Clint Eastwood
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Guillermo Medina
Trato de buscar la palabra.
No existe.
Me dijeron de una sepultura
en la catacumbas del verso.
Rodeada por la ojiva venenosa
del silencio.
Se perdió en el mundanal.
Se estrelló con la codicia y el desprecio.
Confundió el verbo.
Ya es humana.
No,
no existe.
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Mientras hay sangre en las venas
lugar tiene la esperanza.
Porque en el pozo más hondo,
dicen que la soga alcanza.
Arturo Franco, Folklore de Catamarca
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Editorial
................................................................Frida Kahlo
con voz propia nº 2 - diciembre 2006
No es el desafío el que define quiénes somos ni qué podremos ser. Lo que nos define es cómo afrontamos ese desafío: incendiando las ruinas o construyendo un camino, a través de él, hacia la libertad.
Richard Bach
* * *
Queridos amigos, lectores y colaboradores:
Y llegamos a diciembre, el mes de los descontroles.
Diciembre me resulta un mes triste. Pienso en aquéllos que no tienen o en quienes gastan en pocos días su sueldo, aguinaldo y salario familiar. Pienso en quienes están solos y no tienen alguien con quien compartir una mirada o una sonrisa. Pienso en quienes perdimos un ser querido (…quién no?), no importa cuándo, pues todas las fechas especiales se empeñan en obligarnos a recordar.
Pienso… y también deseo… Deseo que cada uno de nosotros tomemos conciencia de todo aquello que nos rodea, que sepamos observar a nuestro alrededor y nos atrevamos a aportar algo, aunque sea ínfimo, para instalar una sonrisa en un rostro chiquito y sucio o en un rostro surcado y abatido por la vida. Deseo que procuremos ser mejores personas para compadecernos del dolor ajeno. Deseo que sigamos soñando e intentando, lo que sea, pero siempre intentando; que nos animemos a cruzar los límites ante miradas azoradas o enojadas o…
Agradezco a cada uno de ustedes sus cartas, su calidez y apoyo, su buena disposición y solidaridad, sus colaboraciones. Les agradezco la constante presencia, ustedes me recuerdan que todavía hay buenas personas.
Un buen año para todos, un buen 2007.
Les mando un abrazo cálido, que estén muy bien y sus días sean agradables.
Analía Pascaner
* * *
El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago.
Woody Allen
............................Edición y dirección: Analía Pascaner
............................San Fernando del Valle de Catamarca
............................Catamarca – Argentina
Quien precisa rebajar sistemáticamente a los otros para sobresalir, tiene sin duda clara noción de su desmedrada estatura.
Luis Franco
Eduardo Galeano
Sixto Martínez cumplió el servicio militar en un cuartel de Sevilla.
En medio del patio de ese cuartel, había un banquito. Junto al banquito, un soldado hacía guardia. Nadie sabía porqué se hacía la guardia del banquito. La guardia se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían. Nadie nunca dudó, nadie nunca preguntó. Si así se hacía, y siempre se había hecho, por algo sería.
Y así siguió siendo hasta que alguien, no sé qué general o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días, un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca.
De El libro de los abrazos
Ventana sobre la memoria
A orillas de otro mar, un alfarero se retira en sus años tardíos.
Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan; ha llegado la hora del adiós.
Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.
Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedazos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla.
De Las palabras andantes
La función del arte/1
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar!
De El libro de los abrazos
La llegada
El hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado. Recibió una caracola:
-Para que aprendas a amar el agua.
Abrieron la jaula de un pájaro preso:
-Para que aprendas a amar el aire.
Le dieron una flor de malvón:
-Para que aprendas a amar la tierra.
Y también le dieron una botellita cerrada:
-No la abras nunca, nunca. Para que aprendas a amar el misterio.
De Las palabras andantes
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Si el enemigo se está equivocando, no lo distraigamos.
Napoleón Bonaparte
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Araceli Otamendi
“Ayer soñé con los hambrientos, los que se fueron, los locos, los que están en prisión, hoy recordé de nuevo esta canción que ya fue escrita tiempo atrás”.
Charly García
Florencia, millonaria, actriz frustrada, jorobada y directora de cine tiene a los treinta y tres años un solo sueño sin cumplir: dirigir un film donde actúen juntos Woody Allen y Pedro Almodóvar. Considera, como Allen, que obras maestras del cine son Los viajes de Sullivan, de Preston Sturges, Ese oscuro objeto del deseo, de Luis Buñuel, Con faldas y a lo loco, de Billy Wilder y Los siete samurais, de Akira Kurosawa. Hija de padres millonarios, cuando era chica y ellos peleaban, Florencia llamaba a Cisco Kid para hacer justicia. Cisco Kid entraba por la ventana y la jorobada galopaba en el caballo junto a él hasta el amanecer cuando se dormía. Cansada de los avatares de esa simulación, de adolescente se inclinó por estudiar cine y declinó la actuación, pensaba que le faltaba altura para eso. Pequeña y baja, con la mochila de la joroba a cuestas, la jorobada apenas sobrepasa la altura de una mesa. Ahora tiene varias documentales sin estrenar, casi todas sobre la vida en los circos. Harta de payasos, domadores de leones, ecuyeres y magos, Florencia ha decidido cumplir el sueño, se ha enterado que sus admirados Allen y Almodóvar vienen a filmar a la Argentina. La jorobada no ha hecho más que dar disgustos a sus padres, la madre pretendía que fuera abogada y el padre que hiciera un doctorado en economía. Pero a Florencia se le ocurrió dedicarse al arte y esa tal vez haya sido su desgracia. Dividió a la familia: los padres se divorciaron por culpa de ella y el único apoyo estuvo en su hermano algo mayor. Desde entonces, Florencia no hace otra cosa más que filmar. La jorobada averigua cuál es el hotel donde se alojan los anhelados directores de cine y manda a comprar veinte muñecos inflables y varias cajas de champagne de primera marca. Pide una suite en el hotel más lujoso de Buenos Aires, donde estarán Woody y Pedro y se aloja ahí. Apenas llegan Woody Allen y Pedro Almodóvar al hotel, Florencia se dedica a seguirles los pasos y anota todos sus movimientos: la hora en que desayunan, cuando nadan en la piscina, cuando salen, cuando entran. Todo es documentado en un cuaderno de notas, mientras teje su plan. Cada noche envía varias botellas de champagne a las habitaciones de Allen y a Almodóvar con una tarjeta: “El espectáculo ya se estrena”. Al recibir la tarjeta Allen decide llamar por teléfono a New York a su sicoanalista y Almodóvar pone un video de su mejor película. Pasan tres noches sin poder reunir a los directores hasta que la jorobada ejecuta el plan: arroja los muñecos de goma a la piscina, casi todos tienen máscaras de actores y actrices famosos: Marilyn Monroe, James Dean, Elizabeth Taylor, Richard Burton, Sean Conery, Robert Redford, Carmen Maura, Geraldine Chaplin, Antonio Banderas, Catherine Deneuve, Javier Bardem, Cindy Crawford, Madonna, entre otros. Los muñecos flotan en el agua como noctilucas en el mar y la jorobada paladea la escena. Florencia llama por teléfono a la habitación de Allen y le dice que es la secretaria de Almodóvar y que éste lo espera en la piscina para conversar con él. Lo mismo hace con Almodóvar fingiendo ser la secretaria de Allen. Se encuentran los dos directores al borde de la piscina, se estrechan la mano y es ahí cuando la jorobada, al mejor estilo de Charly García se arroja a la piscina desde la ventana de la suite. La jorobada cae sobre los muñecos que amortiguan el golpe, la piscina desborda y el agua empapa a los dos directores que se miran consternados. Algunos minutos después, apenas los guardias del hotel la dejan sola en su habitación, Florencia sale sigilosamente y roba el video de la cámara de seguridad instalada en la piscina. La música es de Charly García.
© Araceli Otamendi - Todos los derechos reservados
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A menudo son los propios inquisidores los que crean a los herejes.
Umberto Eco
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Rodolfo Leiro
Yo asumí con mi crónica paciencia
sin una sola queja de mi suerte,
la inmensa desventura de no verte,
el tremendo vacío de tu ausencia;
hallar en un vestigio de elocuencia
la razón esencial de no tenerte,
en el recio rolar en que perderte
era un simple destino; coincidencia
en que juntas rotaban la demencia,
un tamiz de nefasta providencia
en la cósmica prez de mi delirio;
me llamaba, de pronto, la imprudencia,
yo preferí el recuerdo, la turgencia
de tu pecho flotando sobre un lirio.
Más no puedo escapar de este martirio.
Del libro Mazorcas adultas
Estar sin estar
Con mi habitual parsimonia
y la inusual ceremonia
de ofrendar mi pecho abierto,
vi que el orbe enajenado,
con su paso conturbado,
rodaba sobre un desierto.
Como si un vestigio incierto
triscara en raro concierto
voz de un púlpito crispado,
rodé a mi vez como un cierto
sentido de hallarme muerto
dentro de un pulso inviolado.
Me vi sin mar y sin puerto.
Vivir y estar sepultado.
Del libro Mazorcas adultas
No dejo nada
Preparo mi equipaje, despacioso,
con la calma habitual de cada anciano,
rescato de mi página de humano
con cierto fatalismo licencioso.
el muro, mi clavel, el paso ansioso,
mi parra, la placita, andén, verano,
mi amistad, mi ternura, limpia mano,
la caricia primera, el armonioso,
el garbo de su paso primoroso,
mi casita, la esquina, el empeñoso
festín de mi rayuela displicente:
efigie de mis viejos, mi alborada,
mi luto, mi dolor. No dejo nada.
Sólo un beso final sobre tu frente.
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El humor, aunque sea universal, no es en todas las literaturas el mismo tipo de humor. (…) El humor argentino es ambiguo, dudoso; está siempre al borde de aquella categoría que inventó Macedonio Fernández: el casi chiste. Puede llegar a ser negro, herético, paródico, incluso absolutamente cómico, pero siempre tiene un sarcástico matiz de crueldad, y tal vez sea esto lo que se confunde con la “tristeza argentina”. Porque el antónimo de tristeza es alegría, y el humor argentino nunca es alegre. Mark Twain sería inconcebible entre nosotros. El argentino no se ríe de contento, se ríe por instinto de conservación. Si dejara de tomarse la realidad en broma sería un perfecto amargado, cosa que suele pasarle en cuanto se descuida un poco.
Abelardo Castillo
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