domingo, 22 de junio de 2014

Elmys García Rodríguez

Descubriendo su propio rostro

Esperé cuatro lunas para ir a visitarle, era un hombre muy extraño, llegué a pensar que no estaba en sus cabales. Se encerraba los fines de semana en su habitación a leer y soñar, el resto del tiempo lo consumía en la imprenta donde trabajaba. Por las noches pintaba un cuadro tras otro en la biblioteca de su padre.
El día que concertamos nuestra cita, me estaba esperando con una copa de vino y una banda negra para cubrirme los ojos, era su deseo pintarme de la cintura hacia arriba. Caprichos de hombre joven dedicado a pintar mujeres ridículas en los Boulevares. Dejé que me pintara sin vendarme los ojos, la copa de vino que me ofreció la lancé contra el espejo, no me gustaba tener un centinela mirándome las espaldas.
Dibujó mi cuerpo y me dejé caer sobre la cama con cierto desgano, no tenía deseos de entregarme a sus abrazos letales. Lo entendió y me dejó dormir hasta el amanecer. Cuando desperté hicimos el amor junto a la ventana, ésta crujía por lo agitado de sus movimientos. Se convirtió en todo un símbolo y le busqué siempre que deseaba distraerme.
Al presentarse en la puerta de su habitación me lo encontraba dándole retoques a mi cuadro, me dijo que era su obra maestra, por la ingenuidad de mi rostro y lo profundo de mis ojeras. Recién había culminado mi preparación como maniquí para algunas Casas de Modas y me acompañaba a cuanta exposición realizaba.
Comprendí que no existía otro hombre para mí, aunque tenía sus locuras, era un tipo especial, sublime, se ajustaba entre mis piernas, era como nacer cada noche a la vida. Me expresó su deseo de cambiar de residencia y nos trasladamos para el apartamento de unos viejos ingleses que nos tomaron mucha estimación. Logramos comprar el apartamento a un precio razonable y tuvimos mayor espacio para sus cuadros y colocar las botellas de vino que coleccionaba.
Volví a reiniciarme como Reportera en los diarios locales y en una ocasión al regresar de la calle observé que el cuadro no estaba. Trascurridas unas semanas nos fuimos a visitar a los antiguos dueños del inmueble y encontré en la pared de la sala colgado mi cuadro. No le mencioné una sola palabra y a partir de ese momento jamás volví a romper un espejo.


Después del retorno

Hacía poco que había regresado de sus vacaciones en la Capital, se apareció con un tatuaje en el pecho. No le pregunté si era verdadero, los tatuajes se han puesto de moda. Pasamos a mi habitación y sin preguntarme cómo marchaban mis asuntos, se abalanzó sobre mí, rasgó mi vestido y me llenó de mordiscos todo el cuerpo.
Casi grito al experimentar repetidos orgasmos, cuando su cuerpo vibrada encima del mío. Cada noche cuando hacíamos el amor, me parecía que me acostaba con uno distinto, siempre tenía algo que enseñarme. Me pidió que lo esperara desnuda junto a la puerta, allí permanecía sentada hasta que se escuchaba el sonido de su llave en la cerradura de la puerta y me ponía de pie.
De continuar con este hombre voy a terminar haciéndome daño. Tengo decidido envenenarle el vino, ya todo está previsto. Espero a que se abra esa puerta para brindar por nuestros deseos.


Elmys García Rodríguez. Holguín, Cuba


--
Nunca permitas que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien.
Isaac Asimov
--
   

2 comentarios:

  1. ¡ Cuánta brevedad para tanto decir desde el erotismo y la pasióne-. Belleza de poema, mi admiración a su autora que hace ya mucho tiempo que no puedo comunicarme con ella. Un abrazo amiga querida, por publicarlo. Ya me comunicare via e-mail. bs Vic

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tus conceptos y tu lectura, mi querida Victoria.
      Ya he avisado de tu mensaje a Elmys y seguramente podrán contactarse.
      Un abrazo, mis mejores deseos cada día
      Analía

      Eliminar

Muchas gracias por pasar por aquí.
Deseo hayas disfrutado de los textos seleccionados en esta revista literaria digital.
Saludos cordiales
Analía Pascaner