domingo, 22 de junio de 2014

Ada Inés Lerner

Con método

Tenía que encontrarla antes de la partida del avión. Era vital. Busqué una y otra vez en el lado derecho. De atrás para adelante.
Sólo es cuestión de ser cuidadoso. Ahora del izquierdo. De adelante para atrás. Nada. No importa. No desesperar. Ahora en los pequeños de arriba, a la izquierda, porque a la derecha no llevan.
Entonces… no olvidar el método. De atrás para adelante, sin saltearse ninguno. Nada. Ahora voy a controlar los interiores. ¡Uff! ¡Menos mal! Sólo hay del lado izquierdo. Uno por uno… de adelante para atrás. Nada. 
No darse por vencido… tiene que estar…
Se hamacan… parece que ejecutan su danza… burlándose de mí…
¿Tendrán alguno oculto? No. Si yo había cortado la tela. Personalmente abrí el gran rollo, luego los armé y los cosí, cuidadosamente; los conozco al dedillo. Sí, pero no aparece. Tampoco se oye nada… ¿Y si no está ahí…? ¡No! ¡No empecemos con las dudas! ¡Tiene que estar ahí!…
A ver… prolijo… con método… comencemos nuevamente…
Ahora al revés, los izquierdos. De adelante para atrás. ¡Con método! Ahora los derechos. De atrás para adelante. Nada. No importa… no desesperar. Ahora en los pequeños de abajo… ¿abajo? ¡Claro! ¡Detrás del grande! Al final, había decidido ponerlos a la derecha! ¡Ocultos! ¡Lo había olvidado!
No hay nada como renovar la esperanza.
Esos condenados bolsillos pequeños… ¡Encima les cosí un botoncito! No olvidar el método. De adelante para atrás, sin saltearse ninguno. Nada. Ahora los interiores. ¡Uff! Ya se oyen los altavoces. Va a partir el avión. Sólo faltan del lado izquierdo. Uno por uno… de atrás para adelante… Nada.
Todo había terminado para mí. Me alejé unos pasos y los observé atentamente. Todos están ahí… ¿todos? ¡Vamos…! ¿están todos? ¡No los había contado! Comencemos de izquierda a derecha… Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, ¿éste lo conté?, comencemos de nuevo… 
Con método… por pares… dos, cuatro, seis, ocho, diez, doce, catorce, dieciséis, dieciocho, veinte, veintidós… veinticuatro… están todos… Por cinco hacen un total de cien… 
Además tendría que notarse el bulto en los bolsillos y al danzar las perchas de los uniformes, ella hubiera hecho ruido…
¡Menos mal que lo había pescado justo cuando revisaba los uniformes! Ese comandante de avión… ¿Por qué querría robarse mi cajita de alfileres voladores?

*  *  *

Sucede. Porque una niña es como un árbol, como un poema. Frágil y eterno. Luminoso y umbrío. Forastero. Como María. Es el momento de abandonar las raíces y caminar hacia el sol.
Somos varios, habíamos cursado el secundario sin pena ni gloria porque la gloria… nos esperaba en la Gran Ciudad.
No a todos. Porque no a todos los grillos se los oye en el silencio. A veces sólo se oye crecer el silencio de los grillos.
Desde el conocimiento íntimo que cree tener de sí misma María se sorprende esa mañana con la expresión que le devuelve su imagen en el espejo. También se sorprenden los primeros brotes al reflejarse en el charco de la última lluvia.
María enciende las luces del botiquín y fija la atención en sus ojos. No puede advertir nada anormal en ellos, salvo por las ojeras del cansancio.
Y aquí se terminan las coincidencias, porque el árbol conoce su destino.


Ada Inés Lerner. Ituzaingó, Buenos Aires, Argentina


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Las decepciones no matan, y las esperanzas hacen vivir.
George Sand
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3 comentarios:

  1. Me gustan, me parecen buenos como todo lo que escribís.
    Julio

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    Respuestas
    1. Gracias Robi, por tu lectura
      Saludos cordiales
      Analía

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  2. Agradezco tu comentario tan elogioso, de buen amigo.

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Analía Pascaner