Walt Whitman
lunes, 10 de octubre de 2022
Rubén Pérez Hernández
1
A Pablo Neruda:
¡Qué melancólica
sonó tu voz marina,
allí donde Pablo miró
sobre las crestas enloquecidas!
Altiva,
su mano tocó
en la orilla
ese rompiente
de sal y espuma fría.
Tal vez él sintió
como me sucede hoy:
ese amor…
atracción femenina
que nos seduce
con su abrazo
de bruma dormida.
Igual sonó melancólica tu voz,
En ese pedazo de tierra mía,
que moja sus pies
en las aguas del Plata,
en estas aguas queridas.
¿Dónde están las estrellas?
A veces pienso:
¿dónde fueron a parar
las estrellas,
luego de la tormenta?
Cada mañana
me asomo a la ventana,
miro el sol en el jardín
y espero…
Después de la lluvia
sólo quedará el recuerdo,
sólo eso
y nada más.
Mis pasos me llevan
por caminos secretos
pisando charcos,
mirando el cielo.
Luego de esto
sólo queda el silencio,
sonrisas opacas,
oscuras, solitarias…
El día pasa junto a mi ventana
veo el sol en el jardín
y otra vez pienso:
¿dónde fueron a parar las estrellas
luego de la tormenta?
Rubén Pérez Hernández
Uruguay
Abel Otto Torre
Cuando los párpados
Cuando los párpados
del día se cierran
los pájaros duermen
en sus nidos.
Hacemos tornillos sobre las camas.
Damos el sí y quedamos separados.
Decimos no, y quedamos solos.
Damos el último suspiro
y nos vamos.
IV
Subiré al pájaro guía
donde podré ser y estar
y pudieras encontrarme
ni aquí, ni allá.
Si me encuentras,
estoy.
Si hallas al ruiseñor
verás:
estaré,
sólo gorrión.
III
Araré la tierra
con sus fusiles
hasta coronarme
con una muralla.
Seré el rey de los que digan:
“Por aquí otro rey no pasa
si no paga los impuestos
por tener aquí su casa
en medio del universo”.
Y pagarán muy contentos
todos aquéllos que sepan
dónde queda el susodicho,
antes que llegue el invierno.
Y ahora que he llegado a rey
veo que viene una siesta.
Abel Otto Torre
Córdoba, Argentina
Noemí González
Me duele verte en todos lados
La muchacha escribía como una autómata en la libreta del libro de prácticas. Su mente volaba y su alma también traspasando moléculas del tiempo presente. Concentrada en las palabras que emergían como un río sin cauce. Estaba lejos de allí, envuelta en espacios inconmensurables y desconocidos para el conocimiento humano. Dos palabras la dejaron completamente anonadada: fantasma, era una de ellas; la segunda: pasión. Los sonidos externos se estrellaban y caían como soldaditos de juguete, sin lograr interrumpir la concentración de la joven. De repente, dejó de escribir, como si su alma y esta vez su cuerpo, se hubieran transportado a otro tiempo. A la joven repentinamente le subieron los colores a las mejillas. Cuando su mente, cuerpo y alma volvieron, ya estaba todo escrito así como en el papel, en el tiempo.
Año 2018
La muchacha prende la radio vieja. Escucha hablar al locutor. La respiración se detiene. La voz del locutor mareaba a la muchacha que enloquecida no puede creer lo que está pasando. No, no va a escucharlo. Apaga la radio en un impulso violento. La joven continúa enloquecida, los ojos abiertos como platos, el corazón palpitando exultante parecía contar con la complicidad del repentino viento que se levantó asustando a los pobladores del pueblo costero. El corazón vuelve a ganar templanza. Su pareja aparece y le pregunta porque apagó la radio. Le contesta que no tenía ganas de escucharlo. La mujer aparenta frialdad, o tal vez en ese momento ya anticipaba el instante de una separación anunciada. No lo mira a los ojos. No entiende por qué, ese otro, se empeña en volver como un fantasma, a través de la radio. El viento súbitamente para y arranca de vuelta.
Año 2019
Levanta la vista del celular nerviosa. Su vista se posa en su valija que portaba todas sus cosas. Era hora de volverse a casa. La relación no había funcionado y lo sabía. No había tiempo para recriminarse eso ahora. Sus ojos se abren de par en par. Desde el asiento de la terminal de micro no puede creer lo que está viendo. La publicidad del micro, el escudo de tres colores de una bandera flamea como una burla del destino. La mano se apoya sobre la mejilla derecha en señal de incertidumbre; con la otra se rasca la pierna izquierda lentamente. Los gritos que provienen alrededor de ella no parecen alterarla en su ánimo. Observa al micro con atención hasta que se va. Una mueca de extrañeza surca su rostro. Los ojos color café de la muchacha miran el frente como queriendo entender la señal. Otra vez, el fantasma o el monstruo de alguna mala película se empeña como un antihéroe en volver, en revolverle ese recuerdo que no se muere nunca.
Tiempo interestelar
Los ojos de la muchacha se expanden a pesar de escribir como una autómata en la libreta de prácticas. Su mente volaba y su alma también traspasando moléculas del tiempo presente. Algunas veces ve la oscuridad por un segundo en la extensa línea que divide el velo del cielo. Su alma pestañea por un segundo. Él respira. Fue un resplandor, entonces lo ve entre la penumbra que oscila en la oscuridad. A través del resplandor se dibuja la figura de un hombre tal cual como era en la tierra. Resplandece como un sol que no ha cesado de buscar a la luna, y que ahora, ya no sabe qué hacer con el antiguo deseo tan gastado y aquiescente. Con un leve movimiento, el espíritu de la muchacha se acerca hacia la figura del hombre escoltada por sonidos celestiales. La unión queda sellada en el espacio tiempo del cielo.
Noemí González
Adrogué, Gran Buenos Aires, Argentina
viernes, 16 de septiembre de 2022
Editorial
con voz propia Nº 119
Revista literaria
Septiembre 2022
Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner
Publicación creada en noviembre de 2006
Distribución y publicación gratuitas
ISSN 2314-0275
¿Cómo puedo sonreír cuando estoy lleno de tanta tristeza? Es natural: necesitas sonreír a tu dolor porque eres más que tu dolor.
Thich Nhat Hanh
Durante años, copiando a los demás, traté de conocerme
Desde dentro no podía decidir qué hacer
Incapaz de ver, escuché mi nombre
Luego, salí afuera.
* * *
Hoy, como cualquier otro día, nos despertamos vacíos y asustados
No abras la puerta del estudio y empieces a leer
Coge un instrumento musical.
Deja que la belleza de lo que amamos sea lo que hacemos
Hay cientos de formas de arrodillarse y besar el suelo.
* * *
La brisa de la mañana guarda secretos para ti
No te vayas a dormir.
Debes pedir lo que realmente quieres
No te vayas a dormir.
La gente va y viene a través del umbral
Donde los dos mundos se tocan
No te vayas a dormir.
Rumi
Poeta sufí, 1207-1273
De Amor y vida: Poesías, Frithjof Shuon
Y no es que existan las casualidades, simplemente cuando alguien busca algo siempre lo encuentra, es el deseo de la persona lo que hace que las cosas sucedan, su necesidad lo lleva a ello.
Hermann Hesse
Revista literaria con voz propia
ISSN 2314-0275
Propietaria: Analía Pascaner
San Fernando del Valle de Catamarca
Catamarca – Argentina
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor.
Analía Pascaner
Si pudiera calmar el dolor de una vida, o hacer más llevadera una tristeza, no habré vivido en vano.
Emily Dickinson
Autores publicados
Pregunta del día, en Internet
con voz propia Nº 119 – Revista literaria
Septiembre 2022
Autores publicados en esta edición:
Autores publicados desde inicios de la revista con voz propia:
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor.
Analía Pascaner
Revista literaria con voz propia
Publicación y distribución gratuitas
ISSN 2314-0275
Propiedad, dirección y edición: Analía Pascaner
Alba Aída Oliva
Sonriendo Canto
Van a querer robarte la sonrisa,
con esa garra que tiene la injusticia.
Pero sonríe sobre el mar y con la brisa
Confiadamente,
ante lo imposible.
Ríe por lo hermoso y verdadero,
porque la risa te bendice
con el misterio del sueño venidero
que nos hace felices.
Ríe con lo bueno y lo vedado,
porque la arruga es galardón que
el tiempo ha forjado
Sonríe pleno,
que no haya dudas,
sólo hay un tiempo que tienes deparado.
Hay que vivirlo, riendo y amando,
pues si te tengo no siento adversidades,
pues si te tengo la muerte ya no existe.
Canto a la vida la alegre y la triste,
porque la lluvia moja a los prados y los revive.
Así sobre mis caminos he llorado;
Por mi dolor
he recibido amor y ahora canto.
Silencio
Oh el silencio sagrado,
cadencioso íntimo, crepuscular, ansiado.
Recóndito, el silencio de la noche oscura
de la madrugada fría,
de la húmeda escarcha,
de la brizna de mi alma.
Anhelo el silencio del cielo azul
Inmenso como la creación.
El silencio que redime,
que aguarda, que arrulla.
El silencio del ruego,
de los que callan su amargura.
De los que sellan su amor.
De los que ocultan su agonía.
El silencio dulce de manteles y rosas,
de agua, de miel, el que espero
para soñar aún contigo.
Pájaro, vuélveme
Hoy ha venido un pájaro a mi rama,
Estoy tan triste,
pero él llega y se posa frente a mí,
tan bello,
observo sus movimientos
y la belleza del manto
que deshoja la mañana,
con su trasluz.
Y temblequea y entona un trino,
Ahueca un ala
y es todo mío.
Una fervorosa pena musita
Pájaro herido,
juega conmigo, desde mi alma,
yo te lo pido.
Vuélveme niño, pájaro mío.
Alba Aída Oliva
Mataderos, Ciudad de Buenos Aires, Argentina
María José Calatayud Ponce de León
Silencio sin retórica
No tengo voz.
La dejé esperando una palabra
en el ángulo incierto de la tarde.
No pude articular ni una sílaba
y fui como el silbido de ese viento
que traspasa la copa de los árboles
meciendo soledades.
El nudo en mi garganta
se quiso volver llanto
y tuve que tragarme hasta el último acento
porque no entenderían
que era por esta tierra dolorosa.
Y me volví silencio,
silencio sin retórica.
Fue ayer cuando me dijo el árbol:
-No eres nadie,
tan solo con dos ramas
y dos raíces en tierra.
Eres débil y tu copa parece
un final sin terminar de la espesura.
Mira la sombra que produce mi copa.
Y me vi reflejada
en el espejo redondo de una lágrima.
Y miré la majestad del árbol
y entendí porque mi voz
era un tallo quebrado en mi garganta.
Y ya no tengo voz,
porque grité tan alto
que cimbré la copa engreída de ese árbol
y doblé mis ramas
hasta tocar la punta húmeda de mis raíces
y la tierra se abrió sin hacerme preguntas,
como si comprendiera mi silencio
y perdonara
sembrando ante mis ojos
multitud de semillas con las voces
que quisieron callar y florecieron.
La esperanza
Ya anduve atardeceres
y fui con las auroras
a surcar por encima de tus sueños.
¿No crees que ya pasaron las libélulas
que debieron anunciar que llegarías?
Y me quedé esperando en ese ocaso
que inventaste para mí esa tarde.
-No esperes nada,
dijeron los silencios del arroyo
que baja de las altas serranías,
reflejando el vuelo de las aves
cuando completan su círculo amoroso
y vuelven, colmados sus instintos,
a su lejano peregrinar de verdes nuevos.
Y no volví a esperar,
Traigo aroma de madera derramada
bajo la húmeda soledad de los recodos
y el color de la herida que el relámpago
abrió en el cielo gris de la tormenta.
La desnudez del agua transparenta mi cuerpo
y tengo la limpidez del aire que se adentra en la sangre
con el rojo calor de los incendios.
No me importan la noche ni los vientos,
ni su ausencia vagando en los rincones.
Hoy se llenan de luces mis pupilas
cuando despierto y sé que ya no espero.
María José Calatayud Ponce de León
Costa Rica
Aurea López Quiles
en la puerta de Flores de Kiskeya,
mientras llenaba su pipa,
yo un cigarrillo, después de comer,
no lo vendían en Pedernales.
Uno similar de brillo dorado
fue lo que encontramos.
Se lo llevó a su casa.
No quería perderlo no le fuera arrebatado.
Miraría la hora
de marchar a uno u otro trabajo.
Hubiera preferido uno sumergible de mejor marca
como el antiguo que se le oxidó
con tanta humedad caribeña,
para saber la hora de otros días de tristeza
por el incierto futuro que acecha.
* * *
En la camilla con una sábana
que no se cambió en días
venían con sus mejores ropas
a la consulta del médico.
Limpieza hermosa
la de ellos y sus únicos tesoros
cogidos en los brazos.
Por un constipado,
por unas medicinas recetadas
por los médicos del hospital.
A veces por medicamentos imposibles,
inexistentes, caducados,
por un sobre que les curara la diarrea
del agua no potable.
Y sin ser médicos, voluntariamente,
hacíamos de enfermeros, doctores,
de lo que fuera necesario.
Todo fue antes del COVID-19.
Ahora van a los hechiceros haitianos
para que les curen
con la magia del vudú.
* * *
No exportan, no viven del turismo
como hace la República Dominicana.
Sometidos por el imperialismo
de uno o de otro continente,
por sus vecinos,
la corrupción los ahoga,
les destroza la vida.
Sin parar de luchar.
No llegan a viejos.
Las ayudas desaparecen
en las maletas
de los mandatarios.
Les roban, los prostituyen,
los engañan, los matan a golpes.
Los utiliza la rapiña inhumana
en sus orgías de poder y abuso.
Inertes como los diamantes que lucen,
incrustados en el oro de un anillo o brazalete,
los gobernantes perversos
se preparan a vender lo que les paguen.
Piedras junto a las piedras.
Poemas del libro de la autora: Entre Dominica y Haití
Áurea López Quiles
Alicante, España
Dora Zulema Lorusso
Cansancio
El cansancio lo agobiaba. Deseaba llegar pronto a su casa. El traqueteo del tren alimentaba su somnolencia. Descendió en la estación, le restaban varias cuadras. Caminaba apresuradamente. Mientras su cuerpo se sumergía en la oscuridad de la noche, se preguntaba: ¿qué es eso que flota en el aire?, ¿a qué se debe ese humo?… Tuvo la molesta sensación que la viscosidad de la atmósfera lo rodeaba ajustándose a él como un envase flexible. Extendió su brazo izquierdo -el derecho sostenía la pesada mochila con libros para preparar su próximo examen- su mano se humedeció con la densa bruma que semejaba un espeso velo. De pronto, la mano busca introducirse en el bolsillo del saco -a modo de protección- al escuchar algo que lo sobresalta.
Presta atención, deteniéndose. Identifica el sonido. ¿De dónde proviene ese ruido de cadenas? ¡Ay!… ¿Quién le toca el hombro? Tratando de razonar, se dice: Nadie, tonto. Sigue entonces, avanzando. La bruma es cada vez más espesa. A esta altura había perdido la cuenta de cuántas cuadras le faltaban para llegar a su casa.
Pero, algo sucede varios metros al frente. Se detiene nuevamente. Cree ver blanquecinos destellos. ¿Qué son esas luces extrañas?… Duda. Mira hacia atrás. La noche cerrada como un hoyo negro lo estremece… Las luces se van desvaneciendo como leve crepitar de fuego recién encendido. ¿Quién miente? Sus percepciones o la fantasmagórica certidumbre de estar viviendo circunstancias que no comprende.
Una sensación de indefensión lo invade. El miedo lo abruma. Siente en su hombro una mano que lo sacude. Entonces, una voz le dice:
Vamos muchacho… Llegamos a la Terminal. ¡Qué sueño pesado tenés!…
Dora Zulema Lorusso
Lanús, Buenos Aires, Argentina
Rolando Revagliatti
“Victim”
A la luz del día más claro
nos interceptan
y en la noche
En la propia casa
nos interceptan
y en las casas ajenas
En las calles, en el trabajo
en las bibliotecas nos interceptan
y en los bares
Solos, acompañados por las esposas
rodeados por los amigos
o abandonados por los amigos
nos interceptan
A la luz del día más claro
nos anulan los victimarios
en una celda.
“Victim” (“Víctima”) de Basil Dearden.
* * *
“The piano”
Con mis traductores simultáneos
hija y piano
y sin ninguno de los dos
por atrás
en el cuello desprevenido, elocuente
soy besada
por mi alumno
mi oyente
mi hablante
declarándose
y es ahora
mi cuerpo todo el piano
que él toca.
“The piano” (“La lección de piano”) de Jane Campion.
* * *
“The fog”
La niebla
las palabras son:
la niebla
las palabras de la niebla son:
la venganza y el resarcimiento
Aun cuando un banco de niebla
lo haya sido de sangre
se invoca la disipación
Y que no vuelva por nosotros.
“The fog” (“La niebla”) de John Carpenter.
* * *
“I compagni”
A las ideas disparatadas
les han brotado revoltosos
asalariados y enfrentativos
militantes
A las ideas disparatadas les florecieron
unos inconformistas recalcitrantes
A las ideas disparatadas
se les atraviesan los efectivos recapacitantes
disparos comunes de los soldados
y la infaltable policía
A las ideas disparatadas les germinaron
amorosos disparates reivindicativos
(al principio con las hojitas vacilantes)
Y todo logrado
con poquita agua cada día
Fuera de lo común
el mucho sol.
“I compagni” (“Los compañeros”) de Mario Monicelli.
Del libro del autor: Tomavistas. 4ª edición (corregida), Ediciones Recitador Argentino, agosto 2022. Tomavistas tiene 5 ediciones en soporte papel: 1998, 2001, 2004, 2005, 2012; y 3 ediciones en soporte electrónico: 2009, 2013, 2018.
Rolando Revagliatti
Buenos Aires, Argentina
María Cristina Berçaitz
Soliloquio
En tu ausencia
presiento tu presencia.
¡Esta loca manera de extrañarte!
Este dulce dolor que me acompaña…
............................................
El sinuoso camino de mi vida,
transcurrido por desiertos y ciudades,
se cruzó varias veces con el tuyo.
Hoy decidí seguirlo, paralelo,
escondida entre selvas y lagunas,
salpicada de luces y rocío.
Cada tanto te detienes a mirarme,
a recoger las flores perfumadas,
a tirar piedritas en el río,
a sentarte sobre la hierba húmeda
para ver nublarse
la luna y las estrellas.
Nunca habrá para nosotros
amores juveniles,
ni el arder de fogatas frente al mar,
o el perderse en las sombras caminando.
No tendremos espacios en el tiempo,
no tendremos campos verdes, o un trigal.
Pero, profundo como el cielo azul
y vibrante como las cuerdas tensas
que desgranan la música y el alma,
así siento nuestro amor,
así nos entregamos vos y yo,
en mutua comunión.
¡Tantas cosas sentimos de igual forma!
............................................
Es tan dulce y dolorosa tu ausencia,
que es casi… una presencia.
A Joaquín
(El nieto que me hizo poeta)
Niño de la noche tibia
capullito de alelí
amasado en nueve lunas
como duelas de marfil.
Un vientre y un lucerito
un corazón pequeñito
otro grande, mucho más
y un amor de mujer niña
que los une más y más.
Estallaste en esta noche
con fuerza de manantial
rodeado de amor, de luces,
besos, risas y alegrías por demás.
Y te insertaste en la vida
con bellos sueños de paz.
10-06-2008
Abuela Cristina
A mi nieto Sebastián
Surgió de las entrañas de la vida
Este capullo dulce y misterioso.
Bajo un cielo celeste desvaído
Abrió los ojos y miró su entorno.
Será simiente varonil y férrea,
Tiempo tendrá de edificar ternura,
Impondrá siempre el pensamiento justo,
Abrirá su presencia a este presente,
No cerrará su mano a la dulzura.
Abuela Cristina
5 de mayo de 2018
María Cristina Berçaitz
Buenos Aires, Argentina – Valencia, España
Iris Giménez
1
Tomo nota
escribo
palabras para recordar
cosas importantes
qué sana
qué enferma
desde cuándo
por qué.
Hace de mí un intento
tomar nota.
Nada me dice por dónde empezar,
sólo esta realidad que sucede
no sin esfuerzo
e inevitablemente.
2
Cada minuto
desde el primer minuto
espera
que reinicie la búsqueda.
Cada minuto
desde el despertar, cada mañana
junta retazos
que se dejen hilvanar.
3
Salí a caminar
a la hora exacta
en que se encienden las luces de las calles.
Salí con voces en la cabeza.
Crucé
miradas, sobre todo de niños,
-creo que también las escuchaban-;
un cielo todavía claro, uniforme;
el aire quieto;
una caravana de autos como hormigas.
¿Alguna vez te preguntaste
qué hicimos de nuestra vida?, me dije.
Caminé despacio,
últimamente hago todo despacio / llegué lejos.
Me di cuenta porque al volver
ya no estaban las voces
y se veían estrellas en el cielo.
4
Mis hermanas y mis hermanos
quieren saber
cómo estoy
cómo va “todo”.
En algún lugar
de la sangre
de la historia
conjugamos verbos similares:
nacer, sobrevivir. Preguntarnos.
Lilí Muñoz
Espuma es apenas la memoria
brizna en el canasto que tejimos
hilito de canción
tapiz terrones
tesón del huellar entre las alas
* * *
Aún se yerguen mesetas y pezones
habitan yemas
retozan
en junturas
vibran cielos
y celos
encienden paraísos y humedales
maderos astillan
no lugares
cómo deshacer los ghettos
cuando se esfuman las fronteras
quiénes amarran nuestros tiempos
ellas
desnudan en desnudo
mudan y mutan
también ellos
los que aún quedan
todavía.
2020
* * *
compañero del alma
a brujularla
hasta encontrar los centros
y los otros
si el sur se ombliga
¿te das cuenta?
al norte ya no hay centro del mundo
cambia el ombligo
todo es según el punto en que sitúas
igual que en el amor y sus lenguajes
si los años arriba
o si abajo
si el pesar de distancias y de ausencias
proa hacia las cuatro estrellas
compañero
hacia los cuatro puntos de la tierra
a remover los centros de los mundos.
Último poema tomado de:
Comentario de la autora en dicha página web: …gracias por la publicación de algunos de los poemas generados por el Encuentro de Poetas en Homenaje a Miguel Hernández (…) La segunda línea, "a brujularla", es una licencia que me permití sobre la base del sustantivo brújula. 28-6-2010
Lilí Muñoz
Neuquén. Patagonia Argentina
Annabella Rinaldi
Todavía no aprehendió
Duele. Duele un montón. Pero va a
pasar, y cuando sane, más fuerte vas
a brillar, más alto vas a volar, más
libre vas a soñar. Y vas a entender,
que algunas historias terminan, para
que otras mejores puedan empezar.
El Principito
Todavía no aprehendió lo que significa el desapego.
Todavía no aprehendió lo que significa el dolor y el sufrimiento.
Sigue poniendo en práctica que el amor tiene que ver con lo externo. A sabiendas que el Amor está dentro de uno, con la presencia del Todo, de lo Uno, de Dios. Llámese Cristo, Tao, Brahma, Yahvé, Allah, Budha y todos los Dioses Egipcios*.
Sigue en permanente Maya. La ilusión según los hinduistas.
Sale a la terraza de su casa, en un día que amenaza lluvia, bendita lluvia, para limpiar. Para limpiar lo no logrado, lo imaginado, la ilusión, Maya.
El cielo está totalmente cubierto de nubes grises. Se pregunta ¿el cielo es gris?
El cielo en esos momentos está velado, como nuestra conciencia, con capas; elevando el estado se logrará ver el cielo celeste. Porque los humanos así lo denominaron, su esencia no cambiará nunca. El Ser es imperecedero.
Se restriega el rostro con los ojos semi abiertos. Sintiendo la humedad del viento del oeste trayendo las benditas nubes más grises aún, que por fin y por gracia de Dios traerá la bendita lluvia.
Agradece el ser observador de sí mismo. ¿Qué está pasando? No lo sabe. Sólo sabe que no sabe nada.
Observa al trabajador de la casa ubicada en diagonal, que nuevamente como cada año repara la pared soplada, por su eterna exposición al oeste, de donde vienen los vientos, el frío, el sol, el calor del verano, que está pasando. Como todo.
Esa pared, viva, todavía no aprehendió a fluir con los cambios, pero sólo es una pared que no aprehendió.
Observa la salida de los estudiantes del colegio de enfrente. Pareciera que son Todo en Uno, con sus uniformes, deberían ser Todo en Uno, pero son seres individuales que viven en comunidad. Cada uno en su mente, esa loca de la casa que domina y hace decaer aun en los momentos en que se piensa que se está mejor plantado.
Si el limpio líquido no cae del cielo, cae de los ojos sobre sus mejillas. De todos modos está limpiando. Se entrega. Se aliviana.
Siente el silencio interno, ante tanto bullicio, pero a diferencia de todo, ahora está aprehendiendo.
Respira… sólo respira…
Entra a la casa. A su templo…
*Nota de la escritora: Pueden recibir otros nombres.
Cuento del libro de la autora: Donde viven las palabras
Annabella Rinaldi
Neuquén Capital, Patagonia, Argentina
Ricardo Ponce Castillo
Desde su juventud
Ayudado por el narcotráfíco
y sus malditas drogas,
el joven inteligente,
ya fuera de sí,
asalta, roba, mata
sin importarle nada.
Ayudado o empujado
por los adultos
que se ríen de su idiotez,
sus familias,
agobiado por el temor,
se alejan de él.
Así están las cosas,
el de arriba elimina
al de abajo,
al que estorba,
al que protesta,
al que lucha buscando
la justicia.
Así nace el joven combatiente,
luchando desde su juventud
para poder decirle al mundo
que son parte del pueblo,
de nuestra historia.
Ese amor intenso
Mientras dormía, soñé,
sí amada mía, te vi venir
y yo impaciente te esperaba,
abrí mis brazos para recibirte
y deleitarte con mi amor;
sí, ese amor intenso
que desde mi pecho brotaba,
construíamos la fortaleza
que nos llevaba seguro
hacia el mañana incierto.
Soñé que eras mía,
que tu voz era concierto
de ángeles vigilantes,
mis oídos se deleitaban,
todo era sinfonía;
esos labios que tanto besé
me insinuaban su dulzor,
su suavidad, su poesía.
Sí, amada mía, te soñé,
tomados de las manos
irisamos el futuro
con albos amaneceres
y rojizos rosicleres;
y siempre abrazados
le cantábamos al amor.
¿Qué más podía hacer?
Perdonen si ya no pueden
respirar, si por mi causa están
enfermos, muertos en vida;
de cierto les digo:
he hecho todo lo posible
para mantenerme limpio
para ustedes, para que puedan
respirar y seguir viviendo.
Pero los incendios forestales,
las industrias químicas,
sus propias casas,
las barricadas con neumáticos,
llenándome de mugre,
¿Qué más podía hacer?
Es que no los entiendo,
me dijeron mis amigos
que eran inteligentes,
que me cuidarían custodiando
los bosques, ya que ellos
son los que me ayudan
a cumplir mi tarea.
Si me matan, ustedes
se mueren conmigo, pobres,
no importa ni ya me importan:
¡YO SOY EL AIRE!
Ricardo Ponce Castillo
Coquimbo, Chile
Gerardo Molina
Casi Primavera
Una banda de músicos bohemios
-roto el vaho de la mañana nueva-
su bullicio trajeron a mi patio
donde humildes gorriones señorean.
Al festejo se suman los dorados
-tan mimosa pareja-
y el sabiá y el hornero presurosos
ocupan su lugar en la platea.
Un blando premio fulge en la gramilla
de migas como estrellas.
Desde la tensa cuerda de la ropa
el glotón benteveo curiosea.
Una banda de músicos bohemios
que el verde visten de armonías frescas
y una tímida flor de duraznero…
¡setiembre ya está cerca!
Juan Amigo
Nombre único y sonoro
llega atravesando siglos:
de todos los nombres, Juan
es claro nombre de amigo.
¡Cuánta nobleza atesora!
igual que el apóstol bíblico.
Digo, simplemente, Juan
como si dijera amigo.
Cuando duele la nostalgia
para poderlo evocar
-amigo entre los amigos-
digo, simplemente, Juan.
Paisajes…
Paisajes del arroyo y la barranca
donde ensoñé el amor por vez primera,
vivos estáis en mí, como aquel árbol
que extiende su follaje en la ribera,
a cuya sombra casi adolescente
escribí en sueños mi primer poema.
Vivos estáis en mí… dulce memoria
para seguir viviendo. Permanencia
de cuánto amé y viví, cuando las horas
aún vestían sus mieles de inocencia.
Vivos estáis en mí,
estremecéis aún mi lira de poeta
y prolongáis fulgores en el tiempo
como una eterna y dulce confidencia.
Del E- Book del autor: Oda al árbol y otros poemas. Primera edición: Uruguay, agosto 2020
Gerardo Molina
Canelones, Uruguay
Alicia Balista
Alejandra
La hoja vuela hacia su delicada mano
posa sus aristas
-verdes tiernas-
mientras
con la mirada cansada
recorre sus nervaduras perfectas
con ramificados caminos
presagiando destinos inciertos
de vidas próximas pasadas
ruedan por su rostro
cristales líquidos
perdiéndose en sueños nebulosos
tratando de recordar
cada uno de ellos
una magia plasmada de estrellas
deja caer su polvo nacarado
sobre el recurrente sueño
olvidado en algún recoveco
del alma despojada
de un futuro incierto turbado
y esperanzas adormecidas
las palabras malditas descaradas
ahogadas en su garganta
se desbordan sin piedad
y recuerda los días
que sentía el terror de estar loca
Amanece
Amanece
y la noche que abarca tu mirada
ha desaparecido
con el viento de la nostalgia
un farol cuelga junto a tu puerta
mientras
una campana tañe en las tormentas
infernales del universo
y cuando regreses a la ciudad
verás tus ilusiones extraviadas
en un pasado no lejano
cuando te surja la pregunta
“ni siquiera sabes por qué vives”
sin embargo
te convences un poco
tratas de superar
tu propia rutina persistente
y de borrar el daño que te causa
el silencio es abrumador
y el latido de tus sienes
ya no se escucha
porque la angustia
debilitó tu conciencia
y has perdido la memoria
en los desfiladeros de tus sueños
Alicia Balista
Villa Adelina, San Isidro, Buenos Aires, Argentina
Luis Alberto Serrano
El dragón de oro
Llevaba en coma unas semanas. Los tres hermanos estábamos a sus pies, día y noche, relevándonos y organizados. Mi hermana, la más pequeña, que hacía los turnos los fines de semana, vino inquieta. Dijo que papá había despertado un segundo y, con un pequeño hilo de voz, le susurró algo que no llegó a entender del todo: “nunca pierdan el dragón de plata, pero no lo custodie ninguno”, antes de volver a sumirse en el sueño conectado a la máquina que lo mantenía vivo. ¿Qué quiso decir?, nos preguntábamos ante el enigmático encargo.
La clave debe estar en el cortijo de la sierra, pensamos. Al día siguiente, mi esposa hizo turno en la habitación del hospital para que pudiéramos ir a “rebuscar” a ver si hallábamos algo que nos pudiera dar una pista acerca de ese mensaje. Lo encontré en una desvencijada caja de música. Era un anillo de plata con un dragón de oro engarzado. Al rato, una llamada nos alertó del fallecimiento de nuestro padre.
No sabremos nunca lo que significó este sello para él. Y eso que intentamos investigar el significado, consultando con expertos en la materia. No sacamos nada en claro. Lo mejor que se nos ocurrió esa tarde fue decidir que deberíamos llevar, un mes cada uno, el anillo en señal de respeto a su última “orden” de protegerlo como si fuese a él mismo. Hoy, creo entender que eso era lo que quiso hacer con su última voluntad, para mantenernos unidos para siempre.
Luis Alberto Serrano
Islas Canarias, España
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