martes, 26 de agosto de 2014

Pilar Molina García

Inagotables charlas

Conservo los esbozos de una novela por concluir,
sin darme cuenta,
mientras hablaba,
el tema fue sobradamente estudiado,
abandoné las cuestiones de la lluvia
el céfiro y el sol,
y recurrí inexorable a nuestras inagotables charlas.

La expresión sosegada de tu aspecto
atravesaba ligera el petrificado aire,
paseándose inmóvil por fábulas
que se recrean en sintéticos detalles,
besando sólo a ciertas horas
y en lugares aprobados por la estupidez del prójimo.

Me siento apto para crear personajes secundarios,
potestad para hurgar en ambiguos escarceos con terceros amantes,
hacer sentir la armonía de una frase
inmortalizando la voluntad crítica del perro y su correa.
  
Dejo para un posterior prólogo
las ruinas encontradas en la tinta de mi sombrero,
que cansado de danzar junto al reloj de la escalera,
entabló fiel amistad con los búcaros del viejo vestíbulo.


Flor de invernadero

Textura de frío desierto,
empañada por un halo
de interrogativo misterio ilustrado,
víctima de soledades vanas
e imaginaciones de juventudes eternas.

Mármoles son tus hojas,
monotonía tu tierra enclaustrada
en negocio de jardinero,
nefasto tu paso por la historia
de una vida que oscila de manera precaria.

Retractarse del transcurrir infausto
no puede,
normalidad en sus entrañas etéreas
desea,
vientos irreales retumban en su mente,
soles selectivos siembran la nostalgia
en descabellados sueños.

Fallecimiento de comitivas selectas
cacarean en su entierro,
flor de invernadero,
existencia transcurrida sin pena
ni gloria, sin afán ni deseo,
silvestres fueron tus anecdóticos anhelos.


Pilar Molina García. España


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Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquéllas que perdemos.
Paulo Coelho
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