martes, 26 de agosto de 2014

Gustavo Córdoba

NORY

Después de soñar tanto
caminando la espera,
dibujando en tu playa
caracolas de arena
en tu cintura nueva,
escribimos un nombre
de apenas cuatro letras.

…Y le llamamos NORY;
era tu nombre mismo
repetido en la siembra,
nuestra primera espiga,
ázimo pan de vida,
¡Eucaristía nuestra!

Y comulgamos juntos
amor mío, ¿lo recuerdas?
¡nuestro dorado pan
nuestra primera siembra!


In memoriam (para Bruno, mi perro, de pura raza perro)

Se le ocurrió morirse poco a poco
casi sin hacer ruido, despacito,
como caminan en la noche los recuerdos
que sin ser convocados, siempre se arriman
hasta la ventana del ojo abierto
que no sabe de sueños ni de miedos.

Y así se fue muriendo;
sus ojitos de perro callejero
se opacaban con las horas,
en el tiempo de vida de los perros,
de nada le valieron las pócimas
la comida elegida, ni el reposo
ni el encierro.

Una mañana de diciembre
casi sin hacer ruido, despacito,
se fue volando hacia el cielo de los perros.

Desde entonces no ha vuelto,
pero a veces, cuando regreso a casa
siento como si volviera,
por lo menos
a través del recuerdo;
salgo al patio, miro la cucha vacía
que todavía conservo,
y le busco en las sombras,
como si hubiera vuelto.

Se llamaba Bruno, y desde aquella vez
no he vuelto a tener perro
porque duele la ausencia,
(y vaya si duele)
¡de los amigos muertos!


¡Volver a Córdoba!

Córdoba, siete de abril del año en curso;
un otoño otoñal despinta las hojas de los árboles
y los deja a la merced del viento.

Allá abajo, las cuevas de teléfonos celulares
desbloquean recuerdos,
¡y tengo miedo!
un miedo cerval, recorriendo mi cuerpo
me desbloquea el alma,
llevándose así, casi de golpe
mis sueños de ayer, que creo ahora
¡nunca fueron ciertos!

Un desvelo onírico se agita,
con remolinos
dentro de mi pecho
mientras Jerónimo en sus cenizas, llora,
¡porque no puede desfundar lo hecho!

Busco como antes, un café para escribir mi verso;
“El Paulista” no existe y “La Oriental” ha muerto.

Regreso apresurado al hotel, engullo un analgésico;
preparo mis maletas,
busco mi boleto, abordo un taxi
hasta la terminal,
y vuelvo a mi lugar de ahora.

Cierro los ojos para olvidar lo visto,
me retorno a mi tiempo,
el verdadero;
el de guardarme en los brazos de mis hijos.


Final

Y yo me moriré,
no habrá llantos ni duelos, no habrá nada,
una ceniza oscura flotará sobre el cauce
de un río de silencios;
tal vez cante algún pájaro
un réquiem a deshora
mientras la tarde guarde muy callada sus sombras.

En mi cuarto, cerrado, algún latín antiguo
cuando arribe la noche dirá su Páter Noster
con un poco de unción, un poco solamente
porque la noche amiga buscará el horizonte final de la palabra
que se quedó en el labio antes de ser palabra.

Y yo me moriré y mis plantas quedarán sin agua,
sin luces mis ventanas;
un cuaderno de versos, un lápiz arriba de la cama
y un desamor de soles
celebrando mis nupcias
¡con alguien que esperaba!


Poemas tomados de su sitio web:


Gustavo Córdoba. Catamarca, Argentina


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Todo era de los otros y de nadie, hasta que tu belleza y tu pobreza llenaron el otoño de regalos.
Pablo Neruda
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Liliana Marengo

Atemporal

Voy a tratar de convencerte que no tengo edad
Quién me va a creer que nací hoy si el cuerpo me creció
Y quién me va a creer que naceré, si estoy aquí.
Voy a tratar de convencerte que soy atemporal
Que nací ayer, que nací hoy, que naceré. 


¿Qué se habrá hecho?

¿Qué se habrá hecho de esos dos seres que se entregaban
Y se amaban en un instante para siempre?
¿Se habrán perdido en el espacio o confundido en el misterio del amor?
¿Se habrán caído de la tierra o habrán nacido en un planeta luminoso?
Qué se habrá hecho de esos dos amantes y del contacto de sus manos.
Las impresiones en sus cuerpos ¿Habrán sellado aquellos días?
¿Y esa armonía que sintieron?
¿Qué se habrá hecho de esos dos viajeros
Y del destino que los puso frente a frente?
Qué se habrá hecho de ese abrazo y de ese beso
¿Su universo?
¿Ellos?
Qué se habrá hecho, seguro algo se ha hecho
Porque a pesar del tiempo transcurrido
Huyen como escapados en el olvido y vuelven.
Sí siempre vuelven, a reencontrarse en el recuerdo. 


No resistió

No resistió
El sexo
El nacimiento
El desconcierto lo precipitó sobre la noche
Y tuvo mucho miedo.
Lo devoré sin darme cuenta.
No se aguantó la histeria
La loca atropellada
La reprimida, la revolucionaria.
Sobrevivió como pudo
A manotazos, salvándose de apuro
Y se tomó el primer tren
Con un pasaje de vuelta. 


Una reina

Estoy terriblemente enojada
Esta mañana he pensado que te arrastro.
No me atrevo a dejarte en otras manos
Ni a convencerme que amas a otra.
Soy terriblemente orgullosa
Una reina loca que no afloja
Y que te quiere aquí.
Te ordena, te condena, te atrapa
Una reina terriblemente egoísta
Guerrera, ambiciosa, mala
Y que te quiere sólo para ella.
Si no fuera reina te compartiría con otras princesas
Dejaría que alguna otra estrella te ilumine
Pero soy egocéntrica.
Quiero que gires alrededor de mi cintura
Y subas a todos los recodos en mi nombre
Que te ausentes de todas las conversaciones
Que no duermas por pensarme
Y que te escapes para escribirme.
Una reina muy caprichosa y engreída
Que utiliza todos los hechizos
Y enciende todos los fuegos para que no te resistas.
Y si aún así me sigues
Si no claudicas de esta fiera, seré exclusiva.
Llora, yo sé lo que te digo
Te llevaré conmigo.
Quiero verte rendido a mis pies.
Entonces acariciaré tu cabeza que juguetea con la nobleza
Y te haré feliz. 


Liliana Marengo. Buenos Aires, Argentina


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No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están para cumplirse.
Walt Disney
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Julio Carabelli

Gaza

Los soldados de Israel saben engordar la tierra
no es difícil
se debe cambiar la metralleta por una pala
y enterrar niños
niños esqueléticos porque gordos no hay
pero es carne
carne roja como los campos rojos
que ha pintado
la metralla gracias a la cual hay niños
muchos niños
de costillas quebradizas para hacer lugar
a otros niños
destinados a engordar la tierra que
tal vez mañana
vuelva a ofrecer al mundo la oferta
y la demanda
en absurda reiteración.


Julio Carabelli. Escritor nacido en Buenos Aires. Reside en Tucumán, Argentina


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Los grandes egoístas son el plantel de los grandes malvados.
Concepción Arenal
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Yolanda García Pérez

La cacerola

-Nadie se acuerda de ti.
La niña tenía unos doce años, pero aparentaba unos dieciséis. El color de sus ojos era idéntico al de su pelo: los mismos reflejos caoba, los mismos cobrizos brillantes. Su piel, obscuramente cetrina, adquiría los dorados de su vello a la fuerte luz del sol. Era algo raro verla, tan adultamente serena, tan inocentemente abstraída. Cualquier detalle del paisaje había merecido la infinidad de su atención: un árbol, una roca, un pájaro o la inmensidad del amanecer. Toda la mañana, en retroactivo, se mantenía viva en su imaginación. Sin embargo había algo en ese objeto que tenía ese no sé qué de las cosas prohibidas, de la magia del casi olvido, de las costumbres arcaicas.
-Ya estoy aquí, por fin he llegado hasta ti. Te miro y recuerdo las cosas que me han contado de este lugar. Recuerdo que es la sequía de tanto tiempo la que me ha permitido redescubrirte después de casi un siglo. ¡Un siglo! Un siglo esperando las manos, un siglo el que me ha estado llamando, solemnemente, sin pausa, desde que llegué aquí. O así lo quiero imaginar. Desde la tienda de campaña podía ya presentirte; quizás algunos digan que son mis deseos los que me hacen darte esta dimensión, pero lo cierto es que esta dimensión existe; aunque sólo sea en mi cabeza. Quedas en el límite que ha sido impuesto a mis excursiones, estás al borde del abismo de lo inescrutable; tu ser ha sido conformado en mi imaginación antes de verte, en esas ruinas, las ruinas de esta ¿casa?, casa de insectos, casa de zarzamoras, casa de las botellas de plástico vacías, casa de hadas, casa de duendes, casa de ruinas de piedras caídas. ¿Y yo? ¿Que hago aquí? Me pregunto cuál puede ser nuestro destino, una vez nos hemos descubierto.
-No ha sido fácil deshacerme de las miradas de mi madre, no ha sido fácil meterme hasta la cocina de esta tu casa. Y la rueda del destino quiso que te viera, que me preguntase por tu vida, hace tanto tiempo reposada. Si tuvieses vida ¿qué podrías contarme? Las marcas de los pensamientos de tu dueña grabados a fuerza de arañazos en la superficie de tus cocinas. La complicidad de sus pensamientos, sólo para ti; de tantas horas de trabajo para el hombre, los hombres; ganaderos, por las murallitas de piedras que ahora sobresalen del agua del pantano.
-Hace un siglo: Un poco de pimienta, buena para… Que no falte el romero, el tomillo, la sal y el ajo, quizás la cebolla. Y para los niños los purés, las sopas. Toda una vida de trabajo, de la que te muestras orgullosamente cómplice a pesar de tanto tiempo. Siento que me has llamado, pero…¿Acaso no sabes que la vida ha cambiado?
-Yo sólo puedo darte la magia de mis sueños. Sólo puedo usarte para mezclar mi arcilla y los huesos del pollo; o puedo dejarte aquí, más tapada aún, para que te coja alguien mejor que yo, dentro de otro siglo quizás. Lo más probable es que el año que viene vuelvas a sumergirte en ese olvido, dentro de las aguas del misterio.
-¿Qué haces Luisa?
-Nada mamá, sólo encontré una cacerola.
-Tienes que hacer los deberes.
La niña adolescente corre hacia la fría llamada de su madre, hacia el deber, hacia el trabajo; pero, un instante más, se da la vuelta, observa la casa encantada, y un guiño, con aquella mujer tan poco ilustrada, la hace correr, ahora con ganas. Está creciendo.


Texto extraído de Relatos de la cacerola, un libro de relatos intensos donde el lector se enfrenta a una realidad dura, a través de diez historias rebeldes, que la agitan y perturban, incrustándose en su fantasía.
Relatos de la cacerola. Editorial Literanda, 2012. Colección Literanda Narrativa


Yolanda García Pérez. Reside en Madrid, España


--
Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros y el mundo vivirá como uno solo.
John Lennon
--

Mirna Capetinich

El arte *

revela desnuda exuda
amores y desamores
temores y resplandores
acomoda y desacomoda
provoca y desboca
lo lejano y lo cercano
devuelve envuelve y disuelve
fantasmas y fantasías
transita incita suscita
pulsiones y emociones
sacude descubre recubre
ideas y pensamientos
juicios y prejuicios
el afuera y el adentro
enciende y trasciende
el aquí y el ayer
mana fluye destila
lo individual y lo colectivo
lo aventurado y lo desaventurado
los rojos los blancos y los grises
de uno y de todos
de todos y de ninguno
de su interior y su exterior
de su riqueza y su pobreza
de su razón y su imaginación
de su vida y de esas otras
que imperceptible
y existencialmente
sobrevuelan el planeta
universo/mundo
tuyo/mío/suyo
de todos y de ninguno

* Segundo Premio en el XV Concurso Provincial de Poemas “El Chaco vive a través de sus letras”, edición 2012, organizado por la Biblioteca Constancio C. Vigil, de Las Breñas, Chaco, Argentina


La literatura *

Nutre
entretiene
divierte
emociona
encuentra
vive
pervive
estimula
provoca
sorprende
energiza
apasiona
envuelve
fortifica
moviliza
polemiza
suaviza
denota
connota
identifica
sacrifica
trastoca
transgrede
transforma
transporta
interpela
recorre
lleva
y eleva
traduce
y reproduce
interpola
extrapola
enriquece
y engrandece
llena
acompaña
sin maña
protege
deambula
entrecruza
dialoga
entreteje
siempre
a la enésima
potencia.

               Siempre que
le alcances tus h i l o s
y ella te ex-
                 tien       
                    - da
                         los 
                               su-
                                   yos.

* Segunda Mención en el XIV Concurso Provincial de Poemas “El Chaco vive a través de sus letras”, edición 2011, organizado por la Biblioteca Constancio C. Vigil, de Las Breñas, Chaco, Argentina


Mirna Capetinich. Resistencia, Chaco, Argentina


--
Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto sino un hábito.
Aristóteles
--

Laura Beatriz Chiesa

Tiempo

El tiempo atraviesa el espacio.
Atrapa los sueños y las pasiones.
Eclosiona en el ser
riendo o gritando a la injusticia.
Ausculta el latir
e interpreta los humores
que mojan por dentro.
Vive mientras vive la vida
luego, silencioso, retira su equipaje.
Apaga ese reloj
mientras, obligadamente,
continúa auscultando
al que aún, ríe en su camino.


Indiferencia

Los celos de un fósforo incendiaron la escena
con sus chispas de festejo inoportuno.
En instantes una bocanada de fuego y humo
ascendió sin control y pintó,
en el vacío, sus anuncios de hollín.

La indiferencia pasaba sobre ruedas,
exclamando monosílabos sin socorro.
El agua llegó tarde, las lágrimas también
y las cenizas volaron, demasiado libres,
desdibujando los límites de ayer.


Destino implacable

Quise hacerme amiga de tu nombre,
caricatura con nombre masculino.
Eres el eterno doble de la vida
permanente interceptas mi camino.
No eres equitativo, sí implacable.
Eliges caminos muy sinuosos
y pretendes que sortee el examen
que me planteas, a diario, irrespetuoso.
Con algunos sonríes desde siempre,
a otros los inundas con el llanto,
que les haces brotar por sus dolores
o pérdidas sentidas con quebranto.
Creemos con fe, poder vencerte.
Eres burla constante mientras vives,
porque tienes el poder de lo imprevisto
y sabes que, al final, sólo tú ríes.
Compañero permanente y altanero.
Interlocutor de éste, mi sino.
Ilusión de vida. Esperanzada muerte.
En resumen, sólo eres mi destino.


Cortejo

El pétalo se abrió.
Un insecto alborotado,
pretendía violar el cerrojo del polen.
Insistente le zumbaba
cosquilleando, en la cintura floral.
Pretendía llegar al néctar
que negaba su esencia,
como dama pudorosa.
Al fin, el peso de su cuerpo
ganó la batalla.
Saboreó, largamente, la dulce gota de la vida
y se alejó, en pos de otro cortejo,
para cumplir el ciclo.


Laura Beatriz Chiesa. La Plata, Buenos Aires, Argentina


--
La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.
François de La Rochefoucauld
--

Joan Mateu

Horóscopos

En Rouen, en la Normandía francesa, el 18 de Mayo de 1847 nace, de padres campesinos, Charles Perigot Damûet que después de una juventud llena de privaciones decide trasladarse a París con la idea de buscar fortuna.
En la misma fecha, en Kuala Lumpur, capital de Malasia una joven de la aristocrática familia Yap da a luz un varón al que pone de nombre Woti que es educado en las mejores escuelas del país y al cabo de los años se traslada a Paris a completar su formación.
En verano 1869 Mademoiselle Fournarin, trabaja como camarera en una fonda de la Rue Rivoli donde acaba de incorporarse un normando llamado Perigot por el que se ha sentido atraída desde el primer instante. Fournarin, mujer de fuerte formación religiosa, se sorprende a sí misma al responder a las insinuaciones de un varón cetrino de nombre Woti que cada tarde repasa sus libros en la mesita del rincón.
Ambas relaciones crecen paralelamente en el corazón de la doncella, hasta el momento en que los dos galanes descubren el doble juego de la dama lo que les lleva a batirse en duelo en las inmediaciones del Bois de Bologne.
Únicamente Woti sale indemne del duelo y la muerte de Perigot cae como una losa de culpabilidad sobre el corazón de la joven. En el entierro descubre la coincidencia en las fechas de nacimiento de ambos y se pregunta porqué dos personas con el mismo horóscopo han tenido destinos tan dispares. Uno consiguió el amor y el otro la muerte.
Decide no creer en el destino que marcan los astros, pero después de meditarlo detenidamente admite que puede que no haya error, porque quizás el amor y la muerte sean lo mismo.


Beduinos

El desierto se presentaba delante de ellos como un mar de arenas sin fin y a pesar de ir dejando atrás una duna tras otra, la aparición de otras de igual apariencia les hacía tener la sensación de que no avanzaban en su huida.
No se arrepentían de su decisión y el amor que les había lanzado a marcharse de sus respectivas tribus les daba fuerzas para seguir. Su amor estaba por encima de las rencillas, los odios y las continuas peleas que durante décadas habían enfrentado las dos familias.
Sólo la casualidad hizo que se conocieran y gracias a ella se había fraguado aquel amor que les llevó a resolución de huir y formar su propia familia lejos del pasado.
Al cabo de muchas jornadas llegaron a un oasis pequeño y escondido detrás de unas formaciones rocosas de escasa altura, pero que mantenían el lugar lejos de las miradas de circunstanciales trashumantes por lo que decidieron establecerse allí.
Con el curso de los años, tuvieron dos hijos, consiguieron cultivar la tierra y tener algunos animales pudiendo con todo ello vivir una vida tranquila, feliz y en paz.
Una mañana despertaron sorprendidos al ver que el oasis había desaparecido, sus dos hijos no estaban y el huerto y los animales se habían esfumado. Sentados sobre la arena caliente con los primeros rayos del sol de la mañana, se miraron a los ojos y comprendieron, con desesperación, que habían vivido todos aquellos años en un espejismo.


Los viajes

No he oído el reloj esta mañana y cuando me he despertado en el lugar del cuarto de baño había un trastero. La cama era antigua y hacía frío. ¿Por qué no notaba la calefacción? Mi ropa de Armani, la colección de corbatas Plumkier y los zapatos de Tood's habían desaparecido.
Al bajar por la escalera ya suponía lo que había pasado pero me acerqué a la calle para constatarlo. Hay un camino de tierra donde debía haber una carretera de asfalto. Tampoco hay ningún coche, únicamente un carro al final de la curva. ¡Ya empiezo a estar harto de estos viajes en el tiempo!


El Acuario

Era un amante de los peces y siempre había soñado ser uno de ellos. Le hubiera gustado que la gente le mirara a través de un cristal mientras él nadaba plácidamente entre las aguas. Suponía que de esta manera estaría en paz consigo mismo.
Uno de los sueños mas recurrentes consistía en imaginarse que nadaba en un gran acuario mientras el público le observaba desde el otro lado de los grandes cristales reforzados. Sabía, sin embargo, que eso era una utopía, pero no le importaba porque el mero hecho de imaginarlo ya le daba placer.
Abrió los ojos y creyó que su sueño se había cumplido. Veía desfilar a todos sus amigos y familiares por detrás del cristal observándole y haciendo comentarios. Le extrañó sin embargo, que el cristal fuera tan pequeño, apenas suficiente como para que le vieran la cara, pero se extrañó aún más al constatar que el resto de aquel pequeño acuario fuera de madera.


Textos tomados de Inventiva Social, publicación editada y dirigida por Eduardo Coiro, Buenos Aires, Argentina
http://www.inventivasocial.blogspot.com


Joan Mateu. Escritor nacido en Girona. Reside en Barcelona, España


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El mundo es de quien nace para conquistarlo y no de quien sueña que puede conquistarlo.
Fernando Pessoa
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Osvaldo Ballina

Por agujeros de un absoluto
ajeno a lo humano
huye el aire
sube el verde baja el azul
apenas un huerto de naranjos
donde alguno dejó
aquí las entrañas allá el corazón
en un rincón los ojos
en otro las manos
cuando decidió vivir
sin sombra en la tierra


*  *  *

La manada de bueyes se negó
a cruzar la plaza de los mil degollados
yacentes en la tórrida náusea

Una decisión acertada
ante la retórica de las buenas causas
y la voluptuosidad general


*  *  *

Moneda de oro en moneda falsa
sombra larga en luz breve

ojo cerrado en ojo abierto
lengua diurna en lengua nocturna

Ni bien ni mal
sólo altura
sólo altura


*  *  *

Aquí acampan
los que eligieron dormir pesadilla

Aun el infierno tiene un mundo
Y es justo


*  *  *

Goza y crea memoria
Huele fuerte la desnudez
Alma de dos luces


*  *  *

Crepita fulmíneo sol
sobre el travertino

resuena
un paraíso que no existe
pero alcanza


*  *  *

Crece en su lugar
el vacío y el todo

El cerebro
caldero de tu penitencia o lujuria

Y está debajo de tu almohada


*  *  *

Nada cielo el ojo del águila
blancas lápidas blanco tiempo
que no cierra
hondo blanco
y vuelve al todo


Poemas del libro Prodigios residuales. Ediciones Al Margen. La Plata, Buenos Aires, Argentina. Primera edición: marzo de 2009


Osvaldo Ballina. La Plata, Buenos Aires, Argentina


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Los obstáculos no pueden aplastarme. Cada obstáculo proporciona una resolución firme.
Leonardo da Vinci
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Anabel Vera Suárez

Mis pies sobre los tuyos

Mis pies sobre los tuyos
Marcan el espacio de nuestros cuerpos.
El espíritu del vino tendiendo
Sobre la prisa una manta,
Las luces en los bolsillos
Dichosa prueba que nos hizo reír.
Mis manos encuentran la luz
Juegan con ella y recogen
Finas telas luminosas para ponerlas
Allá donde empezamos
A bajar satélites por primera vez.
Mis ojos dentro de tus ojos
La respiración haciendo surcos
Por todas partes,
Un cansancio inconcluso
Que estalla súbitamente
En el interior de la queja.
Mi pregunta es tu pregunta
Un rayo traspasa nuestro interior
Vuelve otra pregunta tuya
Con otra pregunta mía,
Canta el ave nocturna
Y viene el silencio que habla
A poner sobre nuestros dedos.
Razones que sin razón
Soplamos al aire.


Flores olvidadas

Ahora te culpo, pincho los duendecillos
Que hacían arder mi rostro,
Trago las flores olvidadas,
Voy a los portales
Buscando fugas de encuentro
Murmuro la queja, el nombre
Tu nombre invisible, sin regreso
Acuso la suerte cuando trago
El amor perdido a mi puerta
Prófugo mendigo en otra isla
Llego a las paredes y me sostengo
Con un escandaloso recuerdo
Invento un poema sin decirlo
Te regalo la palabra fiel,
Bailo con las sombras,
Aprendo a estar sin ti.


Cántame una canción

Cántame una canción debajo
De los árboles
Aunque los pequeños pájaros
Hayan volado del nido
Por la semana santa.
Cántame una canción
Donde el río calma mi sed
Y los bañistas observan
Una poeta desconocida.
Cántame aquí dentro de mí
Donde la piel aguarda
Tu música hecha boca
Porque mañana estarán vacíos
El río, los árboles, los bancos
Donde no volverán
A juntarse nuestras voces.


Caballete con luz

Aquí donde el caballete teje rayos de luz
El hombre nuevo siembra semillas
Un surco de tierra contempla la figura.
Aquí donde los niños cuelgan fotos
En las paredes de la enseñanza
Vienen los padres y hablan de la estrella:
Mágica luz del infinito
Vuelan zunzunes sobre la gorra airada
Cantan arrieros, se abren las puertas
Esperan los jóvenes, siembra el calor
Una voz.
Sigue mi pueblo tu camino.


Anabel Vera Suárez. Cuba


--
Cuando descubres lo que te gusta, realmente estás descubriéndote a ti mismo.
Agnès Martin
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Andrés Casanova

Todo es cuestión de acostumbrarse

A mi padre

No se inquiete: ya los días se irán acomodando. Al principio es difícil, desde luego. Llega, y es como si mil ojos quisieran derretirlo; la hostilidad no es externa: es usted mismo quien presagia tormentas, alusiones, rumores. En cada palabra nueva supone mañas escondidas e intenciones furtivas y el secreteo de los demás también resulta molesto.
A cada paso suyo escucha advertencias parecidas a: “Tenga cuidado”, “Por ahí no”, “Está equivocado”. Son las palabras de ritual, manidas, estrujadas, que en los próximos días comenzarán a fastidiarlo.
De inicio, usted mismo se impone limitantes: mide sobre seguro cada paso y desea descubrir qué dicen quienes comentan a su lado. Después comienza a darse cuenta: no hay que ser avaro con los pasos, los tropezones también ayudan a vivir; los cuchicheos son propios de la gente, a muy pocos les gusta andar exhibiendo públicamente los problemas.
Dejarse abatir por una contingencia es normal. Resulta opresivo que por su lado pase una mujer hermosa, de senos abundantes, de caminar altivo, y los demás la admiren mientras usted se queda sin saber en realidad cuáles son los colores que dibujan su rostro cuando ella escucha esas frases de los demás que usted mismo quisiera repetir. Decirle por ejemplo: “Me quedaría un siglo contemplándola”. Son minucias: ya aprenderá a orientarse por el taconeo de los zapatos; sabrá si tiene una pierna dos milímetros más corta que la otra.
 Aquí no habrá lugar para las dudas, no pensará nunca: “Tendré que mendigar o ganarme el sustento rasgueando una guitarra sin deseos”. Estará seguro que de chocar contra un latón lleno de basura escucharán sus protestas.
Por tanto, la única muralla a derrumbar será la que traiga usted mismo entre pecho y espalda. No se quede encerrado en la casa: salga a tomar el sol tibio y hasta el del mediodía aunque la piel sufra; deje que durante las noches la luna lo acompañe en sus viajes hacia los lugares que decida descubrir. Esa es la palabra: descubrir el mundo, fabricarlo de nuevo como si usted fuese Dios, domarlo como si se tratara de una bestia salvaje. Porque eso sí: las victorias fáciles no existen.
Cuando ya tenga esa presencia de ánimo, alíviese de asperezas y sea indulgente. Algunos no entenderán su obstinación, tomarán por caprichos esa necesidad vital de vencer que podrá manifestarse aprendiendo el movimiento de las piezas del ajedrez o manejando una máquina de escribir. Piense que ellos están en un costado del mundo diferente al de usted y discúlpeles la incomprensión sin apenas criticarlos, sólo perseverando en su propio triunfo.
Liberado así de las amarras físicas suelte las morales, quiero decir las anquilosadas. Sus hijos quizás sean los primeros en criticarle esas ansias de amar, de ser amado. ¿Y qué? ¿Acaso hay derecho a condenarlo a que las horas se le licúen en el pecho? ¿No está su cuerpo todavía listo para sentir las urgencias que en marabunta lo llevan a disfrutar los despiadados silbos de las nubes? Deseche por inútil cualquier consejo de mesura: en estos casos, se llega al lindero de la avaricia.
No le niego que pueden sobrevenirle recaídas. Al declinar la tarde, las risas pueden ponérsele estrechas, las sienes suelen comenzar a marchitársele, las flores son capaces de negarle sus perfumes. Contra estas dificultades es conveniente estar prevenido. De nada valdrán llantos ni borracheras; engañar las miserias es pretender saciar la sed sin agua. El antídoto será extraer el último zumo de la vida y marchar adelante, sin miedo. Allá lo esperarán nuevos misterios y escuchará de nuevo las frases consabidas: “Tenga cuidado”, “Por ahí no”, “Está equivocado”. Sería tonto no escucharlas. Ahora las necesita, aunque no les resulten agradables al oído. Pero no sucumba: no acepte lazarillos, porque andar por sí mismos es la gran victoria de los que ya no pueden mirar el mundo con sus ojos.


Cuento tomado del libro Ficciones de la Cuba Mía

Los lectores que deseen tener el libro completo en versión digital, pueden pedirlo al correo electrónico del autor: casanova@tunet.cult.cu


Andrés Casanova. Las Tunas, Cuba


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Lo que de raíz se aprende nunca del todo se olvida.
Séneca
--

Remisson Aniceto

Transición

Es tan frío el hueco y tan oscuro el huerto
donde depositan mi cuerpo doliente!
_ ¿Cómo el hueco es frío si el cuerpo está muerto?
A partir de ahora sólo el alma siente…

Ah! Esta cama tosca donde estoy echado
y este cuarto oscuro y tan bien cerrado!
Quiero levantarme, pero estoy cansado…
¿Qué rumor es ese en el cuarto al lado?

Hay un jardín cerca: siento aroma a flores.
Quiero levantarme, pero estoy cansado…
Estoy tan cansado pero sin dolores.
Y el rumor aumenta en el cuarto al lado.

_ ¡Bajen el cajón! _ dice alguno ahora.
¿Quién murió en tanto estuve durmiendo?
Cercano a la puerta oigo alguien que llora,
lamenta la suerte de quien va partiendo.

Quiero levantarme, con fuerza tamaña
inertes mis manos y mi cuerpo duro.
Reza el sacerdote en una lengua extraña,
mientras quedo preso en este cuarto oscuro.

Va cayendo tierra sobre el tejado.
Parece que el mundo se está derrumbando…
El aire me falta en el cuarto cerrado
y una multitud está afuera llorando.

Siento un temblor leve, un escalofrío…
Ya casi nada más estoy sintiendo.
¿Por qué no me sacan de este cuarto frío?
Alguien murió mientras estuve durmiendo.

Es tan frío el hueco y tan oscuro el huerto
donde depositan mi cuerpo doliente!
_ ¿Cómo el hueco es frío si el cuerpo está muerto?
A partir de ahora sólo el alma siente…
  
                                              Traducción: Graciela Cariello


Transição

É tão fria a cova e tão escuro o horto
onde depositam meu corpo doente!
_ Como a cova é fria se o corpo é morto?
A partir de agora só a alma sente…

Ah! Esta cama rude onde estou deitado
e este quarto escuro e tão bem fechado!
Tento levantar, mas estou tão cansado…
Que rumor é esse ali no quarto ao lado?

Há um jardim bem perto: sinto o odor das flores.
Quero levantar, mas estou tão cansado…
Estou tão cansado mas não sinto dores.
E o rumor aumenta ali no quarto ao lado.

_ Desçam o caixão! _ diz alguém lá fora.
Quem morreu enquanto estive dormindo?
Bem perto da porta ouço alguém que chora,
lamentando a sorte de quem vai partindo.

Quero levantar, faço força tamanha
mas tenho as mãos inertes e o corpo duro.
Agora o padre reza numa língua estranha,
enquanto fico preso neste quarto escuro.

Está caindo terra sobre o telhado.
Parece que o mundo está desabando…
Falta-me o ar neste quarto fechado
e lá fora há uma multidão chorando.

Sinto um tremor leve, um breve arrepio…
Já quase nada mais estou sentindo.
Por que não me tiram deste quarto frio?
Alguém morreu enquanto estive dormindo.

É tão fria a cova e tão escuro o horto
onde depositam meu corpo doente!
_ Como a cova é fria se o corpo é morto?
A partir de agora só a alma sente…


Remisson Aniceto. Poeta de Nova Era. Reside en Sao Paulo, Brasil


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¿Qué sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?
Vincent van Gogh
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Pilar Molina García

Inagotables charlas

Conservo los esbozos de una novela por concluir,
sin darme cuenta,
mientras hablaba,
el tema fue sobradamente estudiado,
abandoné las cuestiones de la lluvia
el céfiro y el sol,
y recurrí inexorable a nuestras inagotables charlas.

La expresión sosegada de tu aspecto
atravesaba ligera el petrificado aire,
paseándose inmóvil por fábulas
que se recrean en sintéticos detalles,
besando sólo a ciertas horas
y en lugares aprobados por la estupidez del prójimo.

Me siento apto para crear personajes secundarios,
potestad para hurgar en ambiguos escarceos con terceros amantes,
hacer sentir la armonía de una frase
inmortalizando la voluntad crítica del perro y su correa.
  
Dejo para un posterior prólogo
las ruinas encontradas en la tinta de mi sombrero,
que cansado de danzar junto al reloj de la escalera,
entabló fiel amistad con los búcaros del viejo vestíbulo.


Flor de invernadero

Textura de frío desierto,
empañada por un halo
de interrogativo misterio ilustrado,
víctima de soledades vanas
e imaginaciones de juventudes eternas.

Mármoles son tus hojas,
monotonía tu tierra enclaustrada
en negocio de jardinero,
nefasto tu paso por la historia
de una vida que oscila de manera precaria.

Retractarse del transcurrir infausto
no puede,
normalidad en sus entrañas etéreas
desea,
vientos irreales retumban en su mente,
soles selectivos siembran la nostalgia
en descabellados sueños.

Fallecimiento de comitivas selectas
cacarean en su entierro,
flor de invernadero,
existencia transcurrida sin pena
ni gloria, sin afán ni deseo,
silvestres fueron tus anecdóticos anhelos.


Pilar Molina García. España


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Todas las batallas en la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquéllas que perdemos.
Paulo Coelho
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