viernes, 22 de junio de 2018

Carlos Benítez Villodres

El niño cartonero

Le mataron la risa y la inocencia.
La alegría emigró de su vergel
sembrado de miserias, de erupciones
persistentes de hambre y de tristeza,
de abismos sin salidas, de carcomas, de humo…
A su paso jamás se detuvieron
los juegos infantiles, ni el aroma
sutil del beso, ni el amor de soles
radiantes, satisfechos.
De un hilo de la nada pende toda su vida,
su grasiento rastreo bajo un cielo con plumas
de lechuzas prehistóricas,
su desnudez, su ímpetu a raudales…
Noche a noche camina
entre basura y ratas
en busca de tesoros desechados
por familias que pueblan su universo.
Remueve y vuelve a remover mil veces
los nauseabundos desperdicios. Mira,
con sangre en sus pupilas, la herrumbrosa
carga recolectada.
De ella conseguirá unas pocas monedas
para su subsistencia y la de esos viajeros
amados que con él, desde siempre, conviven.
No hay en mis ojos lágrimas. Tampoco
hay en mi esencia odio,
ni rencor, ni venganza…
Sólo mi inconformismo, mi innata rebeldía,
mi ansia de erradicar
injusticias, pobreza, agonías constantes,
desigualdades, paz enmascarada…
refuerzan la energía de sus pulsos
ante la sed y hambre de vida venturosa
del niño cartonero.

Del libro del autor: Los puentes debilitados. Ed. Granada Club Selección. Granada, 2007


*  *  *

Diosa de sensibilidad

A Loli Molina, con mi amor de fuego y
Primaveras.

Amazona del cielo,
cantora de las flores…,
¿dónde puedo encontrar tu mirada de agua
que nutre la belleza?
Desgrano los susurros
del silencio, la voz de aquello que no cambia,
pero la imagen de tus rosas cósmicas
no me muestra su rostro.
Eres diosa del hombre
ramificado, esencia de la vida
que vuela por los besos en plena floración.
Ante ti las tinieblas
pierden su inspiración y aletean los versos
que nunca se desploman.
Diosa del sentimiento más sagrado.
Ábreme la alborada
que dirige tus pasos y tus sueños
con hambre de jardines
labrados con palabras, sembrados de sonrisas.

Del libro del autor: Amantes. Ed. Emboscall. Vic, Barcelona, 2005


*  *  *

¿Dónde se halla la paz?

Escondieron la luz allá en la hondura
de lo estéril. Dejó el viento su canto
bajo una tierra toda hielo y llanto.
Hasta la mar se hizo roca dura.

Matan a cada flor por su hermosura
abrazada a su sangre y al espanto.
¿Por qué crecen los odios tanto, tanto…?
¿Por qué ahogaron al beso, a la ternura?

¿Dónde se halla la paz? ¿Y la esperanza?
Combatamos por ellas con coraje.
Vivir en armonía el mundo ansía.

Contra las balas el amor que avanza
sólo con la palabra en su equipaje
y al paso de la más pura alegría.

Del libro del autor: Siempre en vuelo. Área de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Málaga. Málaga, 2005
Poesía: Primer Premio IV Concurso Internacional de Poesía sobre la Paz “Ramón Llull”. Palma de Mallorca, 2005


Carlos Benítez Villodres
Málaga, España

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