viernes, 22 de junio de 2018

Luis Benítez


Yo no espero más pasos que los tuyos por mi alma

Yo no espero más pasos que los tuyos por mi alma,
algo tuyo ha abierto paisajes sumergidos bajo el agua del rostro
y no ansía ese horizonte otra silueta en su noche, otra sombra antes del alba.
¿Ves? largas catedrales que suben a los cielos con tu bandera en sus astas
y una sangre que viene de la infancia remota presintiendo tu historia.
Yo no quiero más pasos que los tuyos por mi alma,
extraña forastera de la negra mirada, eres como la tierra:
todo sale y retorna de tu boca a tu boca. Eres como la mañana
que no tiene ningún fin, una imprecisa fragancia, una presencia muda
entre plantas y flores, no limita el tiempo tu sombrío fulgor.
Yo no espero más pasos que los tuyos por mi alma,
hay caminos que esconden el secreto de verte,
ellos que te conocen mucho más qué mis manos
penetran por mis años hasta hombres que fui, pueblos que tuve.
Donde estarías sola.


Por qué no tomarse las cosas a la tremenda

hoy aprendemos a los 20 cuanto luego lucharemos denodadamente por olvidar como quien frota una alfombra con quitamanchas y luego arroja la inútil esponja por los aires toma aliento y sumerge la cabeza dispuesto a todo en el horno bien selladas las puertas y ventanas no sea que un dios de mármol nos quite la última posibilidad

qué queda en ese hablar moribundo tan vívido en otro tiempo qué se muere pleno de insultos en la garganta gaseada más que un munch de estantería después de todo nada que no sea bagatela copia impresa el hombre es un arte producido en serie que pierde copia a copia sus colores

nadie dejó pelos de su pincel en esos trazos ya lejos del consuelo del sermón y las ofertas del mercado (sólo dos formas iguales del entretenimiento) y de las amenazas de la imaginación nos vemos obligados a mirarlo

un bello monstruo hecho con nuestros pasos y la obra de nuestras propias manos como un monigote desfigurado por un niño y la admiración proviene de que no hay otra cosa en nuestras vidas

sólo ese inerte golem que lleva tu apellido y te acompañó tantos y tantos años allí tendido junto al horno una silvia plath de mazapán en la bandeja de dios acaso tú creíste alguna vez ser otra cosa


Luis Benítez
Buenos Aires, Argentina

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