miércoles, 20 de abril de 2016

Andrés Casanova


Búsqueda

Busco entre la multitud
la señal de la redención o al menos
la sangre derramada por el hijo
para salvar al padre sin pretender olvidarlo.

Busco las miserias en el paria
relegado a la profesión de saltimbanqui
que genuflexo descorre sus pantalones.

Voy buscando la luz
entre tahúres
corredores de bolsa
camellos enlutados
y otras aves migratorias.

Y cansado de buscar en los alrededores
comienzo a disponer lo necesario
para una larga marcha que he de emprender un día
cuando no queden esperanzas de obtener
entre los rescoldos de la hoguera
imágenes con que alimentar mis versos.

Restauro el filo perdido por la espada
en mis combates contra los dragones;
limpio la adarga de nubes y restos de estrellas;
reparo el yelmo casi destruido
cuando me enfrenté a las serpientes;
alimento el rocín con mis ilusiones
y ya estoy preparado para continuar la búsqueda.

Sólo necesito un buen escudero.


Hablo de mis deudas y crezco

Los versos y la espada han quedado guardados
mientras pienso en la urdimbre que me atrapa
en esta lucidez de mis quimeras. Porque
repasemos las pérdidas y sea cada cual
valido de su prójimo
o perdonemos al juez cada condena
y al somnoliento sueños inconclusos.

Detengámonos entonces en las sumas:
las luces se apagan cada noche
mientras continúa el aquelarre;
el cinto es un nudo corredizo contra los madrugadores
y las ninfas del jardín misterioso quedan inmortales
de tanta horizontalidad con que sostienen a sus padres.

Entonces traigamos los versos y la espada
y paguemos las deudas.


Quedarte solo

Irte
o quedarte solo
con tus señales que acercan las distancias.

Seguir en medio de la niebla
con tus dolores
la resaca del agua
y la mentira.

Volverte a los desiertos
cuando no andas detrás de los demonios
ni hablas tus verdades
porque pierdes la lengua
y te aplasta la lluvia.

Tener donde dejar la piel
sin temor a que mueran los sueños
por la borda
como esas anclas
oxidadas por falta de ternura.

Detenerse la marcha
porque sobra silencio.


Los dioses del olimpo

Haremos de la vida un gran sueño
prometieron los dioses del Olimpo
gente endurecida por el salitre
y piel impregnada de almíbar.
Durante noches de luna y nevadas
tomaron por asalto los andenes
explotaron las jaulas donde anida la muerte
y extrajeron tumores del asfalto.

Al paso de los años
los andenes no iban a ningún sitio
la muerte mostraba sus pezuñas
y los tumores volvían a reproducirse.


Poemas inéditos exclusivos para la Revista Con Voz Propia

Andrés Casanova
Las Tunas, Cuba

2 comentarios:

  1. Versos fuertes, con una realidad que palpita, se siente, un gusto leerte, Andrés.
    Betty

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, querida Betty.
      Cariños
      Analía

      Eliminar

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