Hay un duende en la cocina,
que se cuelga en las cortinas.
El duende que está en la cama,
duerme toda la semana.
Y el que usa mi sillón,
mira la televisión.
Un duende con zapatillas,
dice que tiene cosquillas.
El que vive en el jardín,
pasea en monopatín.
El duende de la vereda
sale siempre que no llueva.
Un duende canta en la ducha,
como canta, no me escucha.
Sufre de fuerte ronquera
el que juega en la escalera.
Hay tantos duendes paseando
de la sala al comedor.
Salen en noche de luna,
y se duermen con el sol.
Los árboles cantores
Por la calle de la Luna,
un árbol quiere cantar.
Y la Luna no lo deja
por no dejar de brillar.
La calle de la guitarra
tiene un árbol por cantar,
pero la música quiere
que el árbol sepa soñar.
La calle de la aventura
que de tanto navegar,
olvidó sembrar un árbol
para que pueda cantar.
Hay un árbol que solloza
junto a la calle del mar.
Las flores van perfumando
con el sabor de la sal.
Un árbol redondo y alto,
creciendo en el mundo está.
Sus flores en primavera,
pronto saldrán a cantar.
Susana Solanes
Rosario, Santa Fe, Argentina