miércoles, 11 de noviembre de 2015

José-Augusto de Carvalho

Noche y día

Los dos, al contemplarnos noche y día.
ganamos la mirada iluminada!
A nuestro alrededor, la poesía
es sueño de una Vida enamorada!

De flores son las dulces carreteras.
Sus pétalos, alfombras de desvelo.
Sin alas y sin largas escaleras,
llegamos a lo lejos, hasta el cielo.

Acá, la Vida mira nuestro sueño
y grita, en su dolor, una censura
que, vieja como ha sido el triste leño,
en lágrimas de sangre duele oscura:

No puede nunca haber verdad y vuelo
sin alas hechas tierra rumbo al cielo!

17.8.2006


Las carreteras

Son viejas las carreteras,
las carreteras que rasgan
los rumbos del desafío.

Ay, huellas, huellas cautivas
del tiempo frío de ayer!

Por las sombras del olvido
caminan hombres sin nombre!

Ay, tiempos, ay, tiempos de hoy,
donde estarán las huellas
clavando en las carreteras
el rumbo de las mañanas?

Los hombres sin nombre llaman…
Qué vamos a decirles hoy!

10.1.2008


Llanto por Víctor Jara

No te dieron el derecho de coger amapolas
en todos los caminos de tu tierra.

Para ellos,
el derecho que querías de vivir en paz
era el peligro de la luz sobre las tinieblas…

Ay, las tinieblas hijas de la muerte
y amantes de todos los asesinos!

Ya no llueve en Santiago!
El cielo ha secado todo su llanto!
Y los ecos de tus canciones se han perdido
en las alas heridas del cóndor
subyugado por los bandoleros.

9.12.2007


El límite

La conquista del cielo es el límite

Hay un pájaro en su nido
al frío de la renuncia

Pajarito, pajarito
por qué no ganas alas
y no hieres el aire
hasta el lejano cielo

hay una larga sonrisa
en las olas del sueño

Por qué tardas pajarito
si el cielo es el límite

30.1.2008


Hoy
 
Hoy,
no hay nubes en el cielo
y los aullidos del viento
se han perdido a lo lejos…

Hoy,
en los caminos vacíos,
ya se borraron las huellas
de caminares antiguos…

Hoy,
tan sólo los juglares
nos traen las profecías
de otros mundos más allá…

4.2.2008


Poemas de Al anochecer, libro en construcción

José-Augusto de Carvalho
Viana, Évora, Portugal

Cristina Villanueva

Leer

Leer es una gracia, habitarse de lo lejano, lo distinto. Leer es una forma de escribir, jugar con el texto. Pasión en la belleza de leer con otros. Compromiso, en la lectura interior en la que también estamos acompañados. El lenguaje es de todos, un legado que recibimos y que damos. El lenguaje que es vivo y cambia, regalo del tiempo, que seguirá andando sin nosotros. En el placer de leer están las ciudades, los paisajes, los hombres, las mujeres, los niños, las guerras, lo maravilloso y lo nefasto. Es el poema, los sentidos, los pensamientos. Leer es el silencio, cuando hay un blanco en la página, cuando levantamos la mirada al cielo, cuando la imaginación perfora los techos y surgen las complejidades, lo brumoso, lo cálido. Si tenemos el libro en la mano o adentrado no necesitamos el permanente ruido de los medios que nos quieren robots. Leer es complejizar, es la vida, el eros. La muerte, tánatos, desanda, desarma, simplifica. Leer es un abrigo, el calor de saber que lo que leemos y recordamos estará salvado para siempre de las hogueras de todas las dictaduras.
Los libros son compañeros del alma, recordar a Miguel Hernández, la guerra civil española, la Lengua de las Mariposas y llorar, llorar, llorar.   


Una buena mandarina

Con los ojos cerrados toca la cáscara apenas rugosa, la desprende. La fruta desnuda se abre en gajos. Los hilos distraen o adornan el jugo dulce, son como vías que guían a los labios, protegen o anticipan la pulpa naranja.
Ella abre los ojos, los caminos llevan al olor, se pregunta por los restos de esa iluminación sensorial. Arman una pintura, el ojo y el sol de la fruta se miran.
No hay más que la música del jugo del sol en el interior del cuerpo.


Sociedad de Consumo

Le resultaba tan difícil hacer duelos que hasta le daba nostalgia cambiar el termotanque.
Pensaba tantas lluvias tibias y piscinas bañeras.  
Se deshacen los hilos de la historia.
¿Y cómo hacer con el alma que está empotrada?


¿A quién le preguntó?

A veces me parece que anduve por la vida con una memoria vaporosa, una gasa para la red de cazar epifanías, agarrándose trocitos de sol oliendo a sol, o besando la roja ebullición de la Santa Rita en el cielo de mi patio. Cazando con los ojos, o imaginando que lo veía, al quetzal tan buscado entre los árboles altos del parque nacional. Mojada la memoria en la lluvia que borda un encaje para la hoja verde. Él se acordaría del resto, la precisión de las fechas y los itinerarios. Ahora no puedo olvidar la llave salvo que quiera dormir a la intemperie. ¿Y si la intemperie fuera esto: no poder compartir los recuerdos?


Camila O Gorman
Amores rebeldes

Camila escribe cartas, pero sobre todo una historia de amor no convencional. ¿Puede ser el amor encerrado entre los muros de las convenciones? A ella y al cura Ladislao los matan por haberse atrevido. Ella estaba embarazada. A la iglesia no le preocupó la vida por nacer. Está claro que lo que la iglesia persigue en ellos es el placer y el amor ya nacidos.


Anudados

Cintas que desnudaban en un solo movimiento el camino de la vida. La vida como un cuento. La luna desataba fulgores que impregnaban tonos de sorpresas líquidas. Como fragmentos plateados, luces, guijarros de belleza, invadían todo. Ellos se daban a la noche como al agua los peces.


Mujeres que escriben 

Quiero hacer un pequeño homenaje a las mujeres que han sacado tiempo del sueño para intentar un poema o las cartas que atravesaron el mar con sonrisas y secretos. Las que ingresaron con un tropel de sueños a los estudios, a la política, a la vida misma. Escribieron cuadernos de clase, volantes, recetas de cocina, artículos en revistas estudiantiles, barriales y graffitis. Hay mujeres que en tiempos terribles perdieron hasta el cuerpo (desaparecido) para dejar inscripta una palabra de lucha.
No me refiero solamente a escritoras, las mujeres que escriben son un infinito universo buscando sus voces y sus brillos a través del tiempo.


Cristina Villanueva
Buenos Aires, Argentina

Gustavo Córdoba

El niño y la calle

Cerré los ojos,
apreté las manos hasta hacerme daño;
traté de dar la espalda
a la miseria próspera multiplicada geométricamente
por el funcionario precursor
de la infancia desvalida;
el sol de la mañana inauguraba la ruta diaria
del camino del hambre buscando
ávidamente,
¡al niño de la calle!

Lo encontró en el centro
tirando la manga en las esquinas,
abriendo puertas y limpiando cristales
de los autos de nadie,
pero estaba en la calle;
polimodal sin cupo de ingreso,
sin pago de aranceles,
Facultad de indigentes
donde se obtiene el Master de especialista
en robar celulares…

Yo voy por todas partes
con esta cruz a cuestas de ver a diario,
¡la ruta del hambre!

De hurgarme los bolsillos vacíos
en vano intento de encontrar algo;
un pedazo de sopa, un guiso de utopías
que ponga una sinapsis en sus neuronas flacas,
mielina en sus axones,
para que no transiten esa ruta del hambre…

Para que todos tengan
un padre y una madre y no caminen a diario
un camino de calles.

Y sin bajar los ojos miren un día a Dios,
retornen al milagro de panes y de peces
y refunden el día
sin niños de la calle…


La lluvia y yo

La lluvia y yo;
siempre lo mismo,
la eterna, constante y pertinaz llovizna
mojando la noche de mis horas.

Cuando llegue el final, en un orgasmo lúdico
mi cuerpo se unirá a la tierra
para buscar su amparo, tratando en el himeneo
de procrear el silencio.

Habrá, de buen seguro, una llovizna lenta
para abonar el sitio de la entrega;
y allí una mujer,
esperando en esa geografía terrenal y antigua
demorada en la espera y
en silencio total…
Seremos una sombra y otra sombra
caminando hacia el confín eterno de la hora,
bajo una llovizna pertinaz y después
el silencio derramado en el suelo…


Mi pueblo

Cuando vuelva a mi pueblo, si es que vuelvo,
las casas derruidas y el adobe desnudo
resguardarán con su sombra,
mi recuerdo.

Cuando vuelva a mi pueblo, si es que vuelvo,
por esa calle larga
que siempre caminaba hacia el norte
regresaré a mi casa de ese entonces;
abriré las puertas, las ventanas,
para inundar de sol, las galerías
para que el viento del sur pueble de frescor el valle
bañando el mediodía.

Y mi madre, abrojo en el recuerdo,
tienda sus brazos para decirme, ¡hola!
has vuelto,
aquí te esperaban mi regazo, las uvas frescas,
las acacias del patio, el agua en la tinaja
y los algarrobos
que no pudo ni el tiempo, destruirlos…

Los algarrobos son como las lápidas,
pero no se oxidan;
con sus brazos largos, mutilados
recuerdan las ausencias,
guardan la memoria, custodian el sueño
de los que no están, de los que se han ido
pero siguen viviendo todavía.

El algarrobo, para nosotros, el árbol,
es leña, es sombra, es alimento y vida;
no pudieron los nuevos predadores
destruirlos del todo.

A veces los comparo con el Fénix
que regresa en cenizas,
pero otras vuelven tan solo en mi recuerdo,
en “añapa” fresquita, en verde, en sepia
pero nunca en negro
porque el algarrobo es como mi pueblo
que aún muerto, pervive, todavía…

Cuando vuelva a mi pueblo, si es que vuelvo,
volveré para quedarme,
como mi padre,
¡en un solsticio de invierno, de por vida!


Poemas tomados de su página de Facebook:

Gustavo Córdoba
Catamarca, Argentina

Victoria Asís

Poema I

El dolor atemperado,
hoy es la dulce nostalgia
donde siempre te encuentro.

No hace falta un motivo, una canción
para sentir,
tu abrazo cálido y mudo.

La lluvia de los ojos,
no borran tu sonrisa, tu perfume
el contacto de tus manos están en mí
se quedaron en la piel protegiéndome
del silencio, del olvido. . .

9/8/2.015


Poema II

Un caudal de ternuras
sobrevuelan en mi entorno.

En un ritual de cenizas,
digo adiós - carnem-levere
me libero de cadenas y ambiciones.

Otra vez. . .
El corazón se puebla de sueños
pero en ellos permanecen
tu sonrisa, tu voz.

Y mi caudal de ternuras sobreviven
sólo para vos. . .

20/8/2.015


Poema III

Me ata el cordel sonoro
de tu risa, de tu acento
Me quedo noches enteras

platicando con tu sombra
seguro es la manera
de retenerte conmigo

En las penumbras inciertas
brillan tus ojos sinceros;
Y los sigo peregrina

por las veredas de siempre
Sé, me encontrará tu abrazo
entonces todo llanto será inútil
cuando con tu mano en la mía
iniciemos los traspasos. . .

17/8/2015


Poema IV

tal vez mañana
te busque
desde otro punto cardinal.

Ya no tan frío ni distante
sin nada que decir en apariencia
dejando todo guardado en el fondo,
en la forma del poema.

Tal vez mañana mis ojos sin sueño
gastados por el tiempo te encuentren
desandando el universo. . .

21/08/2.015


Poema V

Este dolor inédito en mí,
hace que toda mi estructura
se resquebraje.

Todo consuelo es una utopía
sin ninguna posibilidad de calma.
Los retos que me impone la vida hacen
que descrea de la poca fe que aún me espera

Todo queda tan lejano, ese amor incondicional
que nos unió,
ese dios de los milagros, de los clavos y la cruz. . .

Todo tan lejano.
¡Ay! Dolor,
cuánta vida nos queda. . .!


Poemas tomados de su página de Facebook:

Victoria Asís
Nació en Entre Ríos. Reside en Magdalena, Buenos Aires, Argentina

Esther González Sánchez

Mujer desconocida

Me hubiera gustado conocerte,
recoger tus manos abnegadas
y pedirte perdón por las mías,
pero ibas ajena,
vencidos los ojos
acaso ensimismada en el paisaje
de otros ríos y otras tierras
que no nos pertenecen
y traía anclados, tu mirada.

Niña o mujer de sueños sin destino
¡te leías tan triste en un asiento…!

yo iba contigo pero no pude encontrarte:
tu cansancio viajaba lejos,
mucho más lejos que el mío.

Lo siento,
¡no pude regalarte una sonrisa!


Cada minuto

Cuando me miras, siento
un asalto de miel en mis pupilas
y desde la Alhambra de tu boca
oigo temblar un beso en la distancia:
es Él mi esperado, 
mi cómplice amoroso.

¡Qué dulce silabario cuando viaja
y golpea mi puerta
el vino caudaloso de sus ríos,
mientras grita ser preso
que en palco de mis labios
quiere enterrar su cielo!

Ven, mi amado, mi reo carcelero,
a sentar en mis alas la fortuna
de haberte conocido.
¿Escuchas como caen
los turnos de distancia?

¡Amor, cada minuto nos acerca!
¡Dibújate en petunias!! Apresúrate!
que ya tengo en el pecho
jarrones de alegría.


¿Dónde estás?

¿Dónde estás agua mía?
Tu desgranado encanto y corazón solemne
me desnudan a ciegas, 
y a tientas, con tus sílabas,
veneras mis perfiles,
como a la caña frágil de los trigos
el hambre de los pájaros.

Astro mío, estela que no cesa
y en delantal de rosas
me brinda sus horarios:

Escribo desde ti,
cual si fueras molino
que muele en su fatiga mi desdicha
o río que me acoge en sus meandros,
acaso por velarme lo triste y lo vacío
que vive en la espalda de los besos.

A veces te persigo
como a una bendición extraviada,
y a veces me despiertas cual grito enajenado
que aborda mi ropaje de viuda
llevándome a un estruendo de cerezos,
como si fueras árbol
y en tu boca de agua
bebieran mis raíces.


Adolescencia

¡Oh, niña de las rosas!
La entretenida en ondas y festones
y llena de prodigios:
En el dulce diluvio que te empeña,
¡Que puras van tus gotas!
¡Que enteras de latido por humanas
cuando encierras los ojos
rodeándolos de verbos
y gozas la medida
de aquel primer abrazo
que empuja y ensaya su belleza!
¿Acaso no es su alondra
quien te detiene en arias,
dulcemente aumentada
y vestida de fiesta?

¡Como llaman al sueño
los suaves sobornos,
que en retoñar de azules
te decoran en beso!

Y si al cabo despiertas en su efluvio:
¿Qué nuevo es tu mirada si despiertas?
¿Qué húmedo sus islas cuando ríes?
¿O no es si no, que guardan sus esferas
ese botón de lluvia
que brota hacia el creciente,
sonrojando el pulmón de las mejillas,
entre albores de pájaros
y flautas de agua dulce?


Esther González Sánchez
Vigo, España 

Norma Costanzo

El confesionario

No sé porqué, pero cuando las noches son más profundas e impenetrables, con el suave frío cubriéndolo todo como un manto mágico, se presenta la ocasión de reunirse entre amigos para degustar algo rico con un buen vino tinto de aquellos que parecen gotas de rubíes.
Así disfrutábamos aquella noche cuando distraídamente comentamos acerca de sucesos paranormales. Es un tema que gusta pero se siente cierto respeto por el mismo.
Cada quién contó alguna que otra historia relacionada con el tema, todos hechos, según ellos, ocurridos en los parajes un poco apartados de la población.
Cuando me tocó el turno, no pude menos que relatar lo que había visto en una capilla hecha en piedra, casi sobre el borde del camino que va desde mi pueblo al pueblo vecino.
Cierto día, viajando hacia el norte, a unos dieciocho kilómetros, alcancé a ver al costado de la ruta, una capilla totalmente de piedra, abandonada, cubierta de un musgo color marrón, y rodeada de un pastizal que tapaba casi la totalidad del pequeño edificio.
Me sorprendí muchísimo ya que siempre iba hacia aquellos lados pero jamás la había visto.
La curiosidad pudo más que la cordura, así que paré el auto en la banquina y caminé hasta cruzar el alambrado para verificar si era real o no.
Sí, era verdad, estaba allí como algo abandonado, totalmente solitaria y triste. Tenía solo dos ventanas de madera desteñida por el tiempo y al frente, una puerta que se notaba que hacía mucho que nadie la abría. La cruz que identificaba al edificio, estaba caída perdida entre la maleza.
A pesar de estar impresionada, empujé suavemente la puerta y ésta cedió ante mis deseos.
No me atrevía a entrar, confieso que a veces el miedo me puede, pero atiné a dar el primer paso para ver su interior, todo estaba oscuro y solo se escuchaba un silencio sepulcral.
Cuando pude acostumbrar mis ojos a las tinieblas reinantes, noté que allí no había nada, ni bancos, ni altar y mucho menos ornamentación religiosa.
El corazón me latía a cien, porque sí había algo, algo que no podía definir pero que paralizaba todo mi cuerpo y hacía trabajar mi mente a pasos agigantados.
En un momento giré la cabeza y detrás de mí había una casilla de madera antigua que se usaba para las confesiones.
El confesionario viejo comenzó a crujir como si alguien estuviese adentro. La sangre se me heló.
De pronto distinguí algo que se movió, era un ser extraño, horrible, peludo, ojos rojos como el fuego y un par de cuernos coronaba la inmunda cabeza.
Inmediatamente pensé en el diablo, quise salir corriendo, pero un bramido de terror me paralizó en el lugar.
Creo que me desmayé. Cuando recobré la cordura estaba completamente sola, tirada sobre el pasto y ni rastros de la vieja capilla.
Regresé al auto y confundida regresé a mi casa olvidándome del viaje a la población vecina.
No pude dejar de pensar en este hecho tan raro y espeluznante, yo les aseguro que jamás tomé drogas, que no estaba bajo el efecto de ninguna medicación y mucho menos, alcohol.
No conté nada de este suceso, solamente hice algunas investigaciones con personas de mucha edad para saber si en ese paraje aconteció alguna vez algún hecho extraordinario. Obtuve respuestas positivas con don Eugenio, un viejito nacido en la zona y recordaba que cierta vez un sacerdote venido de otro lugar, se dedicó a enseñarles el catecismo a un grupo de indios y que en agradecimiento acarrearon piedras toscas para levantar una capillita para honrar al Señor, hasta que un malón de otra tribu, destruyeron todo y mataron a los nuevos cristianos junto con el ministro de Dios. Entre los caídos, atrapado por el derrumbe de las piedras, muere también el jefe del malón enemigo que era un verdadero diablo. Antes de expirar juró que siempre estaría de guardia para que nadie vuelva a levantar una capilla en ese lugar.
Até cabos y solo deduje que el indio malvado seguramente murió atrapado dentro del confesionario.


Norma Costanzo
Villa Ocampo, Santa Fe, Argentina

María Cristina Noguera

Sobre la vida:

El ramo de rosas

El abismo del blanco
la opacidad del oscuro
el fuego como fuerza
el amarillo como bálsamo.
Así es la vida un sin fin de rosas
majestuosas, marchitas
amargas, melosas.
Ríen con un clamor de terciopelo
cantan en un jadeo de espinas.
Respiro su alfombra perfumada
los cielos, los infiernos
la tenue brisa
los fríos huracanes
los mares turbulentos
la quietud de la tarde.
Nada me detiene
abro mis caminos
entre las rosas de la vida.


Melodías de la vida

Encender el alma
Apagar los miedos
Nacer en las palabras
Hablar con los sueños
Construir la paciencia
Aquietar el infierno
Pintar rostros queridos
Borrar los que duelen
Nadar en la esperanza
Es transitar el viaje
es respirar la vida.


María Cristina Noguera
Nacida en Rosario. Reside en Pergamino, Buenos Aires, Argentina

Hilda Augusta Schiavoni

Lluvia y fulgores

Sobre el pajonal dorado
relumbra
una extraña fosforescencia,
arriba de los frutos tornasolados
reverbera el sol como centella.
Al costado,
encima del lomo de la gramilla,
esferas de cristales
titilan y espejan
los colores
de cuanto las rodean.
Un flamígero destello
parte de la charca
que yace al acecho
de la cuerda luminosa
para remontar al cielo
como una cometa,
convertida en libélula.
Olor intenso a verde,
croar estridente de sapos,
zumbido de mosquitos,
pulsación de estío
palpitan en la tierra
besada por la lluvia del verano,
y en cada latido,
asoma un mundo mágico.


Magia

            A la memoria de mi padre
           Ermanno Schiavoni

Noches
sombreadas por los plátanos
bajo cuyo ramaje
se filtraba la luna
estampando cada hoja
con sus dedos abiertos
sobre el patio de tierra
lleno de misterios.
Los niños jugaban
con sus padres
y pedían historias infinitas
sin saber
que entre esas sombras
de estío, grillos y cigarras,
ellos eran la maravilla
cerrada en las varitas
de todos los duendes y hadas
que a esa hora pasan.


Atardecer invernal

El cielo
es una fiesta de fulgores.
Las palomas
aletean sus alburas,
planean precisas
sobre la claridad.
Las ramas desnudas
vibran ante su roce
y el sol se tornasola
detrás del monte.
Las familias
cierran los postigones
y encienden la lumbre
que los cautiva
con sus miles de arreboles.


Gringa

Yo soy la gringa
que anda haciendo versos,
la que se bañó
en el oro del trigo,
la que se acunó
junto al maíz lisonjero.
Soy la que vio el tractor a uña
y a los hombres fieros
descuartizar el campo
en pos del progreso.
Soy la que se bañó
en la flor de lino
y escuchó historias,
a falta de abuelos,
del trigo barbado
y del alfalfar
rumoroso de sueños,
la que se deleitó
con los bisbiseos
del pajonal inquieto.
Soy,
la campesina
que hace versos,
gringa docta
sobre el temple nuestro.


Poemas del libro La Catedral Verde

Hilda Augusta Schiavoni
Inriville, Córdoba, Argentina

Eliana Flórez Pineda

Niños de mi patria


He visto llorar a los niños de mi patria,
sufriendo con cadenas atadas a sus manos y a sus pies,
con heridas irreversibles en sus almas…
He visto la tierra manchada con su sangre,
y el dolor yendo con su ruana para cubrirles el frío de la muerte.

He visto pequeños que cargan fusiles a sus espaldas
atando una espada en su cintura, en vez de llevar mochilas escolares,
o quizás estar corriendo para no ser alcanzados por las pelotas
con las que se jugaba yermis o ponchados.

He visto pasar sus días consumidos en juegos tecnológicos,
en vez de leer un cuento o jugar golosa en las aceras.
Los he visto vanos conversando con sus amigos imaginarios
tras un panel de ilusiones inventadas y a esos amigos a los que nunca podrán abrazar.

He llorado en silencio sus desesperanzadas vidas
torturadas por el mundo que se les ha puesto a sus pies.
Y ellos castos, terminan por arrodillase sin saber qué hacer.
Tan sólo creen que han vivido todo, sin vivir nada.

He escudriñado en sus mentes infantes,
tal vez ni encuentren luego motivos porque luchar.
Quizás, nos quejamos de sus acciones indecibles
sin darnos cuenta que naufragan
en el barco que los adultos les hemos puesto en su camino.

Nota de la autora:
Poetas en cueros. Texto de mi libro objeto o artesanal que recientemente se lanzó dentro de un proyecto llamado “Proyectos en cueros”, presentado en la 28ª Feria Internacional del Libro de Bogotá, Colombia, cuyo lema es libro artesanal desnudez naranja de Eliana Flórez poesía, William Alfonzo Jaimes y Vladimir Meneses quienes me acompañan en el libro con pinturas en diferentes técnicas.

*  *  *

Alma rebelde

Mis manos empuñan cadenas invisibles,
rebelde tengo el alma.
Mi pueblo colombiano derrama sus sangres por campos y ciudades,
algunos lo llaman justicia,
yo lo llamaría barbarie.


Extraño duelo

Lloré en el silencio de mi pena sorda.
El dolor fue esclavo de tu cuerpo inerte,
de tus labios impávidos, del olor, color de muerte,
de consuelos grises, de tu voz ausente.

Lloré en la cripta donde reposaste,
tus huesos prestados, también tu carne,
donde cayó la tierra con ruidos punzantes,
cual tormenta de granizo alucinante.

Pensé en los días mozos que tanto gozaste,
remendé recuerdos de forma ascendente,
cuando de tu alegría mi corazón inundaste.
Lloré de amor hijo mío por fecundarte.

Lloré en silencio de mi pena muda,
entre abrazos fingidos del que ni siente,
el duelo extraño, del abstraído doliente,
y el sufrimiento que perdurará por siempre.


No me llames loco

Bajo las tinieblas se aguarda mi alma,
tal vez sí, tal vez, no
bajo la dura realidad de una sociedad corrupta
clasista, racista y sin cultura.

Bajo mis tatuajes a los que llamas manchas
guardo sentimientos, días de soledad, o de euforia,
momentos íntimos que no entiendes, no mato, no robo,
no me importas tú, porque importo yo y lo que pueda sentir.

¡Entonces! ¿Por qué me juzgas?
¿Por qué me ignoras?
¿Por qué indignas?
¿Por qué me llamas loco?

Mis cabellos largos símbolo de irreverencia
de sentirme distinto a lo distinto,
de manejar mi vida, en el sentido contrario
de lo que por apariencia parece correcto.

Entonces,
no me juzgues
no me ignores
no me indignes
no me llames loco.


Eliana Flórez Pineda
Florián, Santander, Colombia 

Alejandro Carbia

Eppur si muove

Toda esa mañana se soñó navegando en una noche tan ciega como cuando él estuviera en Arcetri. En otras épocas él había llevado al limite su visión mejorando aquel invento holandés para poder confirmar lo que sentía; él, Galileo Galilei, a través de una galaxia que nunca soñó imaginar, oscura, llena de vacío, sin esas luminarias como referencia, sin esas esferas de plasma brillando con luz propia iluminando su cabeza y marcando el rumbo de millares de marinos osados y pasajeros soñadores. ¿Cómo se navegaría por esas rutas espaciales? Atravesando esos 28 mil millones de años luz sin esa brújula natural, surcando agujeros y vacíos, eludiendo esa estrella gigante de 1.400.000 km y sus ocho planetas y sus orbitas elípticas, viendo en forma soslayada, a la carrera, esos asteroides y satélites naturales. En sus entrañas siempre sospechó que Aristarco de Samos y Copérnico más tarde, tenían razón. Siempre arrastró aquel estigma de pensar que la rigidez de las teorías ponían un freno a la evolución, aquella patraña de la teología física; o como su padre lo había hecho con la música, imaginando la modulación armónica. Jamás le importaría que una Unión Astronómica Internacional excluyera a Plutón de aquel sistema si tuviera un real basamento científico. Este es un pequeño viaje en el mar, con tanto para reflexionar sobre lo que irá a decir en ese Santo Oficio, Santa Inquisición, aun recordando las futuras palabras de Campanella; nada hace pensar que estemos a 150 millones de kilómetros de este astro rey creado hace 5000 millones de años, girando sobre nuestro eje a velocidad exorbitante, y yo, aquí sentado, sin vértigo. La luna nos escolta modificando nuestros caminos y mareas; el sol con sus graduajes en el perihelio y en el afelio; la luna y el sol se suceden, simulando su tamaño, aunque a muy pocos nos importe la diferencia en su masa final. Cuánto camino queda por recorrer; esos periscopios terrestres, esas sondas planetarias, cometas, misiones espaciales y claro está, mucho antes, mi alegato y abjuración y esa sentencia patética, pronunciada en la boca de un Cardenal Ascoli, graciosa si no la tuviera que sufrir; no pude menos que dejar escapar esas palabras de mi boca, mi conciencia no lo perdonaría y tal vez no estaríamos contando esto.


Alejandro Carbia
Buenos Aires, Argentina

Mirta del Carmen Gaziano

Allí estaré

Camino, sí
quizás no lleve tu ritmo
ni tu misma dirección, pero camino,
y mi andar en nada se parece
solo crece con la necesidad natural de darlo todo.

Para seguirme
busca mi estrella
ella podrá guiarte
o las huellas que seguramente voy dejando.

Para seguirme
procura escuchar al ruiseñor que me acompaña
ve los cúmulos de nubes que me envuelven
déjate acariciar el rostro por la brisa.

Fíjate en la luna estriada de la lluvia
que felizmente me secunda
ve los montículos de arena blanca
donde quedan las huellas de mis pies descalzos.

Verás rastros de líquenes en frondosos bosques
y un abra,
¡¡ah!!, un abra formidable
apertura desde lo alto
cumbre estelar tocar el cielo con las manos.

Ventana abierta sin marcos ni persianas
espacio abierto
estremecedor estrépito de vida
allí festejaremos el encuentro
¡¡allí estaré!!


Aquella tarde

Caen sinuosas las hojas ya marchitas
dejan a su paso un lento trayecto/
un lamento.

Tenacidad, frecuencia sucesiva
irán sumando en tierra las caídas
ocre marrón los cúmulos denotan
la dulce conjunción ámbar limón en cada tallo.

Veo
un parador/ soledad abandonada.

Puñados en veredas y rincones
dulce ambular promete gruesa alfombra
rumor en quiebres
crepitar solemne.

Sigo mi andar, me suelto, me descalzo
el viento me despeina de inmediato
simbiosis,
despertar en medio de una sutil transformación
me mimetizo, soy el paisaje
tierra y limo soy
envuelta en matices y frecuencias
subliminal en un otoño irrepetible.


Mirta del Carmen Gaziano
Santa Fe, Argentina

Elena Paso

Río

Encontrarme caminando para el río
cuando el camino era tierra
polvareda y piedras
risas
amores escondidos

Obispo en lucha
homilías que atestiguan la Historia
escrita con mayúscula
y aún así algunos olvidan

Cómo olvidar el río, río de mi memoria,
con aguas transparentes
Para febrero se dejaba cruzar
y en época de deshielo bajaba embravecido

No te fíes, consejo de viejos

Qué no me iba a fiar si era predecible
Lo que no era predecible ni avizoramos fue lo que venía.


De dos cosas viento

En el Chocón dicen que miremos
las huellas
yo solo veo huecos en las piedras
gastadas por el viento
imagino sus formas, antiguos colores
su tozudez, tozudez tan patagónica
quedándose ahí a pesar de todo

Viento, viento seco
cardos rusos que azuzan mi bicicleta
y la bicicleta en diagonal
ay la puta
cómo enderezar la bicicleta
o la vida o los sueños
si hasta los sueños se los lleva el viento

Cuando miro las bardas
lo demás pierde sentido
transcurren silencios
minutos   horas
o el mientrastanto
en que sauces llorones acarician el río
río que no vuelve
el viento tampoco

qué espero entonces? un pedazo de lluvia? acá que no llueve?
qué espero entonces?
para colmo amanece de vez en cuando
solo si madrugo

polvareda en el horizonte
delata

a remolino, ganancia de piches
de noche se calma
¿será alondra?

neneos, chupasangre y jarillas vigilan el desierto
                                                      no te olvides

rabioso “batea” fruta
hacen yunta las heladas
no habrá cosecha este año

se hace el distraído

enfurecido golpea
mi puerta
así no

aunque mendigue clemencia
así no

brama al cruzar el puente


baten palmas
piedras en el río
huellas 
tan solo
huellas

danzan neneos, chupasangre y jarillas
                                    igual vigilan


Fragmento del libro Serás Dos. Publifadecs (2014)

Elena Paso
General Roca, Río Negro, Argentina