viernes, 8 de marzo de 2019

Carlos Benítez Villodres


La Alhambra, una joya universal

Lentamente la Alhambra, en ardimiento,
muestra sus gemas a la primavera,
y en fragante dulzura al sol espera
para besarlo por su ofrecimiento.

Joya de mi Granada, monumento
maravilloso que en mi esencia impera
con la belleza de la luz viajera
admirada por frutos con talento.

La Alhambra, corazón de casta mora,
de tus adentros solo paz aflora
para el hombre que ensalza tu grandeza.

El mundo te engrandece con honores
que orbitan por los sueños de las flores
en brazos de la fiel naturaleza.

Del libro del autor: Mi Granada. Editorial ‘Granada Club Selección’. Molvízar, Granada, 2016

*  *  *

El huracán de mi fogosidad

Tu risa abrió los cielos
y mi alma sin rencores.
Poco a poco tu amor me dio sus frutos
bien amados que hoy pueblan mi sangre en primavera.
Poco a poco tus besos desnudos y salvajes
granaron mi pasión, y sus llamas lograron
habitarte y quererte y poseerte
bajo la luna ebria
de susurros de amantes y de miradas cómplices.
Tú eres, amor, mi bálsamo
y el huracán de mi fogosidad.
Contigo el mundo negro
se torna en paraíso
floreado y frondoso como la vida clara,
como el fuego que ruge sobre el lecho,
en donde tiernamente conseguimos
que tu cuerpo y el mío se transformen
en un solo torrente de emociones
nuevas y placenteras.

Del libro del autor: Amantes. Editorial Emboscall, Vic. Barcelona, 2005

*  *  *

Un ángel en mi otoño

¿Adónde fue la luz que nutrió mi inocencia?
¿Por qué me abandonó la alegría de niño,
durante aquella época de inmaculados sueños,
sin decir ni siquiera adiós a mis praderas
y a mis huertos feraces y a mis ríos de soles?
Tras su ida sigilosa, quizás a ningún círculo,
me introduje en la selva que cubre por completo
este astro cultivado por la mente de olas
fecundas, bondadosas, mas también destrozado
por ideas malvadas de olas de otros linajes.
Aunque no sea otoño tedioso y con verdines,
me nacen los deseos, sin trinos ni esplendores,
en las simas profundas de un eco encanecido.
A pesar de los trenes que a mi vida llegaron
y de ella se marcharon con gran celeridad,
dejando en los hondones de mi esencia volcánica
el sabor agridulce de una vida guerrera
inmersa en las tareas en pro de los violines
que aman la paz sin precio y las perfectamente
unidas libertades fraternas, generosas…,
siento hoy cómo se abre, con un blancor divino,
aquella aurora humana en mi mundo insondable.
Ello es gracias al niño, misterio primitivo,
que perdí en mi galope duro por las montañas
selváticas del orbe, mientras iba al encuentro
del corazón del hombre turbado por su vida.
Ese niño hoy convive, en medio de mi sangre,
con la alegría blanca que en mí ha resucitado,
y con aquellos viejos recuerdos que aún palpitan,
porque mi amor los riega, los cultiva, los mima.

Del libro del autor: Sinfonía a Dana. Ed. Granada Club Selección. Granada, 2008


Carlos Benítez Villodres
Málaga, España

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