El Trono de Hielo
Rey sobre la montaña,
ventisca helada posa sobre su larga barba,
y su silueta es la sombra estirada
sobre la sábana blanca que envuelve la montaña.
y su silueta es la sombra estirada
sobre la sábana blanca que envuelve la montaña.
Rey en las alturas,
tu trono en la intemperie
rabiosa
desde allí sentado señor de tormentas,
invocabas el fruto de tu tierra,
los cristales de aquel cielo
desde allí sentado señor de tormentas,
invocabas el fruto de tu tierra,
los cristales de aquel cielo
que
caían en danza con el viento,
se
envolvían en él,
era la bella nevada
era la bella nevada
que
posó en mi suelo fértil de ayer.
Señor sobre el trono de hielo
en cadáveres se alimentan ahora
Señor sobre el trono de hielo
en cadáveres se alimentan ahora
las
aves calvas de la muerte,
deja caer el manto helado
deja caer el manto helado
en
este desierto sin retorno
una vez más, cuando todo ya se ha perdido.
Déjame sentir,
una vez más, cuando todo ya se ha perdido.
Déjame sentir,
saborear,
ver
señor de la colina,
una vez más los pétalos de tu cielo congelado,
déjame ir
una vez más los pétalos de tu cielo congelado,
déjame ir
sintiendo
en mis secos labios
que
en la tierra reseca
aún, la nieve vive.
aún, la nieve vive.
Alzheimer
Vivo lo que un día fuimos,
cuando éramos, en los recuerdos
cuando nos conocíamos,
mucho tiempo atrás
yo un niño y tú una anciana.
Vivo el pasado que carga ahora esta espalda,
soy anciano,
también niño,
viajo al pasado y no es por la almohada,
no es un sueño, es una realidad que me atrapa,
dejo que el tiempo siga adelante,
vuelvo a antiguas etapas donde fuimos algún día
un punto medio.
Tú me conocías
nos conocíamos como una madre y su niño
te quise como a mí ella y como ella te quiso a ti.
En las noches nos olvidabas
buscabas tu casa,
en las noches buscabas a los tuyos,
a tu madre y a tu padre,
en jóvenes recuerdos donde te perdí,
volvías a la vida de un pasado como me pasó a mí,
de anciano te recuerdo como un niño,
y tú como una niña me recordabas anciana,
todos los días nos volvíamos a conocer ya cuando llegaba el
fin
te veo en sueños y me llamas,
aquí estoy nona,
y de recuerdos y de vida me quedo contigo
hasta que despierte
hasta ser el niño que fui muriendo de viejo
caminando junto a ti.
Del libro Tierra silenciosa
Jeremías Vergara. San Martín de los Andes, Neuquén, Argentina
--
El orgullo, que nos inspira tanta envidia, a menudo nos
sirve también para moderarla.
François de La Rochefoucauld
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