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sábado, 15 de junio de 2013

Ester Vallbona

-España-

Si me faltas...

Yo quería morirme. No me importaba. No, ayer no. Ayer hubiera muerto a sabiendas de perderlo todo y a todos. Ayer sentí la ausencia de tus manos en mi pelo, de tus labios en los míos, de tus ojos, y deseé morir como nunca por temor a tener que desaprenderlos. No siempre basta con ser valiente… La felicidad me rehuía, la soledad me saludaba de la mano de tu imagen más desolada. Tu no-tú y mi no-yo se deseaban en silencio, pero mantenían la actitud fría y dura que creían apropiada para ese momento, exenta de ternuras. 

Pero desconocíamos, amor, que la piel es sabia, que sabe tomar las riendas en el momento exacto, cuando descubre horrorizada que la razón se ciega en estúpidos argumentos que amenazan su felicidad. Entonces actúa, se erige por encima de todo y grita, reivindica su necesidad de decidir cuando la mente se bloquea, y toma el poder, el bendito poder, a tiempo de convertirnos de nuevo en ti y en mí.


Negro zaino

8 de la mañana del 7 de julio. Pamplona es una fiesta. Es la primera vez que asisto al encierro y estoy algo despistado. Sé que la carrera no durará más de 2 o 3 minutos, pero es peligrosa y debo tener los cinco sentidos bien alerta. Observo con curiosidad a los mozos, que cantan y se encomiendan al patrón. Me gustaría poder hacer lo mismo. El lanzamiento de un cohete da la salida y empiezo a correr sin saber muy bien hacia dónde. Me dejo llevar por los demás. Me tropiezo con otros compañeros y algunos caemos al suelo, pero hay que levantarse deprisa, la calle está abarrotada y corremos peligro. Sigo corriendo, pero empiezo a notar que el cansancio se adueña de mis músculos. Me cuesta mucho respirar y sopeso la posibilidad de abandonar la carrera. Aflojo la marcha, consciente del peligro que supone, y me doy la vuelta, exhausto. En ese momento veo las caras de terror de los mozos que corrían por detrás. Sus ojos se clavan en los míos. El sudor que cubre por completo mi lomo le confiere al negro una tonalidad inquietante. En un último esfuerzo, me lanzo contra ellos. Que sea lo que Dios quiera.


Letras de ida y vuelta

Hace tiempo que no escribo. Hace tiempo que perdí mis letras. Te las llevaste lejos, contigo, sin saberlo. Al marcharte te siguieron en silencio como niños encantados por las notas mágicas de tu flauta.
Y yo me quedé aquí, primero confiando en que pronto volverían; después, extrañando que tardaran tanto y, hoy, apurando las que quedaron rezagadas y logré recuperar, y que no me sirven más que para suplicar torpemente que me devuelvas el resto. 
Si alguna vez te asomas a este espacio vacío, a esta hoja en blanco, y lees esto, sabrás cuánto las necesito. No te pido que te quedes, de sobras sé que en tu horizonte ya no ondea mi bandera, tan sólo que las conduzcas hasta la frontera y les muestres dulcemente el camino de vuelta.
Ellas harán el resto.


La respuesta tardía

Hubo días en que tu muda curiosidad me puso entre la espada y la pared. Pensé de ésta no me escapo, de hoy no pasa, pero no. Me interrogabas con los ojos, pero tu boca seguía sellada. Y yo, sin embargo, seguía sintiendo las afiladas aristas de la pared contra mi espalda.
Temía ganar, y más aún perder. Pero hoy, con la fingida valentía que nace de la resignación, te respondo. Ya no importa. Ya puedo hacerlo.
Sí, la respuesta a todas tus preguntas, fueran las que fueran, era… sí.


De matemáticas

De pequeña odiaba las matemáticas. Para mí no eran más que conceptos abstractos alejados de la realidad. 
Después crecí y descubrí que las matemáticas también explican el amor. Que dos rectas paralelas son los caminos que recorren dos personas de la mano. Que la geometría te ayuda a calcular el ángulo perfecto de un beso juguetón. 
Aprendí a sumar momentos, restar penas, multiplicar instantes y a descubrir la importancia de dividir, que es compartir, es querer. 
Ahora veo el amor por todas partes, será porque te quiero “infinito”.


Textos tomados del blog de la autora:


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La lógica te llevará del Punto A al punto B. la imaginación te llevará adonde sea.
Albert Einstein

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miércoles, 13 de junio de 2012

Ester Vallbona

-España-

Anuncios Inclasificables


- Se ofrece por no usar amor a medio fraguar. Desgaste medio. En buen estado. Si lo prueba, se lo queda. Garantizado.
- Se busca mirada perdida. Fue vista por última vez una tarde de otoño, siguiendo el vuelo de las hojas del parque. Se recompensará a quien pueda dar algún tipo de información.
- Vendo sombra o cambio por algo que me interese. Carácter algo rebelde, pero noble. Pedigrí demostrable.
- Regalo por no poder atender lote de miradas esquivas. Vendo a juego caja con llave y candado para tenerlas a buen recaudo.
- Por mudanza del corazón, vendo a peso cartas de amor. Buena calidad de papel. Aptas para reciclar recuerdos, lágrimas y momentos que ya no volverán. Precio negociable.
- Busco aprendiz de duende para jornada navideña. Imprescindible buenos propósitos y transporte propio.
- Regalo por no volver a usar paracaídas abierto, casco abollado y avioneta con pequeño golpe. Recomiendo leer antes atentamente las “Instrucciones para llegar con éxito a tu corazón”. Interesados pueden visitarme en el hospital. Se aceptan bombones.
- Urge airbag para mi corazón.
- Cambio margarita deshojada por paraguas roto. Regalo cajita con pétalos de recambio.
- ¡Aviso urgente! Se ha fugado una nota del conservatorio donde estaba interna. Fue vista por última vez en un pasillo del metro, de la mano de un músico ambulante. Si alguien conoce su paradero, por favor, díganle que sus hermanas, aunque nos deja totalmente desafinadas, nos alegramos por ella y le deseamos lo mejor.
- Busco gps que me guíe hasta tu corazón.
- Por jubilación, poeta cambia musa por sudoku.
- El pasado sábado me robaron el corazón en plena calle. Busco testigo del suceso.
- Se busca tiempo perdido.
- Intercambio saco de buenos propósitos por una sola promesa cumplida.
- Aprendiz de poeta busca inspiración. No importa estado.
- Recién salido del armario lo cambia por cama para celebrarlo.
- Regalo puerta de mi casa por no usar. Está siempre abierta para ti.
- Indeciso busca moneda de dos caras, o de dos cruces, o…, bueno, no sé, para no tener que tomar decisiones.
- Busco esperanza para caja de Pandora abierta.
- Poeta nostálgico cambia pc por pluma de ave.
- Regalo lote de sueños hermosos por no saber con quién compartirlos.
- Cambio día nublado por una mirada amiga.
- Busco reloj que atrase para alargar nuestras citas.
- Cambio libro de astronomía por estrella fugaz.
- Busco recuerdos perdidos para llenar memoria en blanco.
- Busco nave espacial económica para convertirme en tu satélite.
- Náufrago busca botella de vidrio reciclado para mandar mensaje de amor. Indispensable tapón de corcho.
- Perdida pajarita de papel. Se recompensará. No lleva chip.
- Por suspensión de pagos, empresa recicla talonarios de cheques sin fondos.
- Criador de palomas ofrece ejemplares adultos a gobiernos de todo el mundo. Se acompañan de ramita de olivo. Sin garantía de éxito.


Texto tomado del blog de la autora:
http://www-laletraescarlata.blogspot.com

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Si te dan un papel pautado, escribe por detrás.
Juan Ramón Jiménez

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domingo, 20 de marzo de 2011

Ester Vallbona

-España-

De príncipes y princesas

10:00 de la mañana. Imagino a mi princesa, despierta quizá no hará mucho, arrastrando sus cansados pies hasta el lavabo y, asomada al espejo, preguntándole a su rostro fatigado por qué narices se dejaría convencer para quedar con el aprendiz de príncipe.
No, este príncipe no lo va a tener nada fácil. Sobre todo, porque ella no está demasiado por la labor.
Y es que los cuentos ya no son lo que eran. Las princesas de hoy ya no creen en príncipes azules. Ya no suspiran por ser rescatadas de las garras de dragones por aguerridos caballeros de armaduras relucientes. Ya no tejen bordados esperando pacientemente a ser desposadas. Las princesas de hoy, como mi princesa, saben muy bien lo que quieren. Saben que hay mucho sapo suelto, disfrazado de príncipe, que seguirá siendo sapo tras el primer y último beso. Por eso están bien solas, tranquilas, dueñas y señoras de su castillo y de su vida, aunque de vez en cuando sientan una punzada de soledad.
11:15 Seguramente, ahora, el aprendiz de príncipe, comido de nervios, ensayará una y otra vez su mejor perfil, su postura más varonil, y repasará mentalmente el listado de temas más o menos ocurrentes con los que confía llamar la atención de la princesa. Rebuscará en su memoria anécdotas divertidas que le hagan quedar bien y, si es necesario, no reparará en adornarlas con retazos de su propia cosecha. Por supuesto, no descuidará lo más importante: sacar brillo a su montura, que hay que dar buena impresión…
Lo que, sin duda, no imagina es que mi princesa no es como las demás. A ella no la encandilan los supuestos héroes con su retahíla de grandes hazañas, sino las pequeñas gestas de esos héroes anónimos que, día tras día, dan lo mejor de sí sin pedir nada a cambio. No la deslumbran los lujosos corceles, le basta un paseo a pie que le permita disfrutar de esos pequeños placeres que suelen pasar inadvertidos a la mayoría, la sonrisa de un niño, el sutil e inesperado aroma de una flor o el dulce y azucarado de una pastelería, una curiosa forma en la nube que se disipa, el aleteo travieso de dos pájaros, la curiosa disposición de colores de la ropa tendida en un balcón, un acorde misterioso mecido por el viento…
Y entonces, sólo entonces, puede que él tenga la suerte de verla emocionarse, la mirada perdida, e incluso se haga la ilusión de que ha tenido algo que ver en ello y que todo va viento en popa, y puede que hasta se atreva a comentarle algo al respecto, pero lo que ignora es que, en ese instante, ella ya no lo ve ni lo escucha, su atención hace rato que voló muy lejos, en busca de la persona con quien le gustaría compartir realmente ese momento.


......................................... Texto tomado del blog de la autora:

......................................... http://www-laletraescarlata.blogspot.com

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Te miro y planeo una vida contigo cargada de sueños. Y si no se cumplen cuando despertemos, con la luz del día ya veremos lo que hacemos.
Ismael Serrano

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lunes, 20 de septiembre de 2010

Ester Vallbona

-España-

Sólo para atrevidos


Si me aceptas un consejo, te diré que vivas sin miedo lo que te toque vivir, y no sufras con lo que ha de venir, ¿para qué?, si no está en nuestras manos abarcarlo… Vívelo todo como hay que vivirlo, con el gesto de un saltador olímpico que, con los ojos cerrados y el rostro hacia el cielo, llena los pulmones de aire un instante antes de saltar y zambullirse en la piscina. El placer, también el riesgo, está en el salto, no en su ejecución. Ése, el resultado, ya lo juzgarán los jueces, pero que no te preocupe demasiado…
Yo te doy un diez por seguir a tu corazón, por lanzarte tras él, aunque caigas de cabeza, de medio lado o te pegues un planchazo. Yo te doy un diez, no por ser tu juez, sino quien salta a tu lado.


De puzles

Uno se pasa media vida buscándose y la otra media, escondiéndose. O más bien, como en mi caso, queriendo perderse. Algunos somos como esos puzles rebeldes que no quieren ser completados y esconden sus fichas bajo la alfombra para desespero del jugador de turno. La mayoría abandona la partida y entonces seguimos felices, incompletos para nuestro regocijo. Pero ¡ay cuando das con un jugador pacienzudo que no se da por vencido tan rápido! Entonces estamos perdidos. No hay estrategias que valgan con ellos. No les basta con completar las cuatro esquinas, el marco, y vislumbrar un poco el paisaje de turno. No, quieren llegar al final. Quieren colocar la última pieza, completarnos, y ver de qué estamos hechos realmente.
Así que no hago más que esconder pedazos de mí, triturados bien finitos, para que pasen desapercibidos, y tú te empeñas en remover mis palabras, ponerlas patas arriba, darles la vuelta y sacudirlas a conciencia, buscando recomponerme. Tú preguntas ¿por qué? Y yo respondo ¿para qué? No es necesario buscarle respuesta a todo. A veces, cuando menos lo esperas, tropiezas sin querer con la alfombra y ves asomar la verdad, con carita asustada y temblorosa, y ya no hay vuelta atrás.


De ausencias

Te echo de menos, que es como decir que te pienso tanto, y tanto, a lo largo del día, que se me hace eterno el momento de volver a verte. Da igual si te veo o no, te echo de menos si no te veo y te echo de menos a los cinco minutos de despedirnos. Con tu voz me pasa lo mismo. Hay momentos en que necesito escucharla, aunque sepa que no estás disponible para mí, aunque la cotidianidad te secuestre ocho horas y, después, mil cuestiones más te retengan hasta tarde. Yo procuro esperar pacientemente mi turno, lo juro, y entretengo mi nostalgia intentando no pensar en ti, pero contigo me pasa como con el chocolate, que cuanto más intento dejarlo más me apetece.
Pero ¿cómo no voy a echarte de menos si estás en todo lo que hago, en lo que no hago, en lo que pienso y digo, en lo que no digo aunque lo piense? Estás presente en todo mi ser, aunque ausente, que es tu forma exacta de habitar en mí.


Deberías aprender a mirarte

Ahora puedo decir que te he encontrado. Aunque sepa a ciencia cierta que tú no puedes decir lo mismo, porque aún no lo sabes, pero sí, tú también me has encontrado, y daría todo lo que tengo y todo lo que soy por ver la expresión de tu rostro en ese preciso y precioso instante en que te des cuenta.
Sí, yo te he encontrado, lo sé porque ocupas todos los espacios de mi mente. Estás en todo lo que hago y en todo lo que pienso, siempre presente. Me basta recordarte para sonreír, para ahuyentar mis temores. Me regalas un presente tranquilo y un futuro cierto. Ya nada me da miedo, me imagino envejeciendo a tu lado, contando las arrugas nuevas que nacen de tu risa y la mía, besando el horizonte de tu piel para calmar la inseguridad que aflora a veces en ti. Deberías aprender a mirarte como yo te miro. Sólo entonces serías tú, verdadera y ciertamente tú.


Textos tomados del blog de la autora
http://www-laletraescarlata.blogspot.com/search/label/MICROTEXTOS

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Ganamos justicia más rápidamente si hacemos justicia a la parte contraria.
Mahatma Gandhi

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jueves, 11 de febrero de 2010

Ester Vallbona

-España-

Memeces


Esta mañana, mientras navegaba por Internet, se me abrió una página por sorpresa de ésas que te asaltan cuando menos lo esperas y sin avisar. Era el horóscopo para hoy. Sin mucha convicción, pero con algo de curiosidad malsana, y porque no tenía nada mejor en qué perder el tiempo, lo leí: “Un amor perdido vuelve a tu vida, e intentará que todo sea como antes, pero cuidado, tú ya tienes algo bueno que puedes estropear.” Inmediatamente me maldije a mí misma por haberlo leído. Cerré a toda prisa el ordenador, desconecté el teléfono, la radio, la televisión, bajé todas las persianas, me puse tapones en los oídos, eché la llave de la puerta y de mi alma, cerré los ojos y esperé, rezando para que no sucediera nada. A los cinco minutos, llegó la soledad. En ese instante, descubrí que la predicción se había cumplido. La soledad, ese amor perdido, había vuelto de nuevo a mi vida para tomar posesión de ella. Entonces, abrí los ojos con convicción, la cogí por la solapa, abrí la puerta y la eché a la calle; me quité los tapones de los oídos y se inundaron del murmullo de la vida; subí las persianas y me dejé acariciar por la luz de la mañana; puse la radio, la televisión, y me llené de voces, de risas, de música; conecté el teléfono, el ordenador, y me puse a escribir. ¿Quién me mandará hacer caso de semejantes memeces?, al fin y al cabo, soy tauro, y los tauro no creemos en esas cosas…


Sólo para valientes

Ven, acércate…, más, un poco más, hasta que tus ojos estén tan cerca de los míos que se reflejen en ellos, justo antes de que mi rostro se convierta en un borrón y tengas que cerrarlos para evitar el mareo. Ven, acércate, asómate a ellos, si no te asustan las alturas o, mejor, las caídas en picado. Atrévete a mirar y a preguntar. Ellos son sabios. Tienen todas las respuestas. Bueno, todas no. Las preguntas triviales para otro momento. Pero ésas que realmente te interesan, ésas sí las conocen. Puedes probar y verás. Pero, antes, un consejo: no busques una respuesta que no quieras escuchar.
Anda, acércate lo suficiente para que nuestras respiraciones se confundan, calientes, contenidas, para que nuestros labios intuyan sus respectivas formas, sus relieves, y da el paso, no te prives, adelanta un milímetro más el rostro y serán tuyos. Mis labios se dejarán llevar a donde quieras llevarlos, mecidos, sostenidos, pero no te fíes, en cuanto despierten tomarán el control, y entonces ya no podrás escapar a ellos. Entonces marcarán las reglas de este juego. Es mejor que huyas ahora que estás a tiempo.
O quédate, atrévete, si eres amante de las emociones fuertes, si crees que hay besos que pueden detener el tiempo, dar la vida, combatir la pena, encadenarte, liberarte, transportarte muy lejos, traerte de vuelta a cada embate, vaciarte para después llenarte, sólo eso y todo eso, en fin, tú decides.


Éramos viento

Recuerdo el día en que tú y yo nos conocimos. Tú y yo, dos soledades encontradas. Éramos, por separado, dos vientos temibles, huracanados -uno del Norte, otro del Sur-, que lo arrasaban todo a su paso. Sin embargo, al encontrarnos, nos fundimos en un cálido abrazo que nos hizo torbellino diablillo y juguetón.
Éramos entonces el viento que sobrevolaba los árboles, acariciando levemente sus copas y meciendo sus frutos; el que descendía en picado y, con su estela, deshojaba respuestas de los pétalos de tímidas margaritas.
Éramos uno solo surcando las olas, salpicándonos, riéndonos de los peces que saltaban a saludarnos y que, atrapados en nuestra espiral, se preguntaban aturdidos cómo habían llegado a tocar las nubes.
Éramos el aire que jugaba a levantarle la falda a las mujeres por la calle, a arrebatar las gorras de las cabezas de los hombres, a despeinar a los jóvenes primorosamente peinados.
Éramos la brisa que sacudía un hola y un adiós en una sábana tendida, y que nadie respondía porque nadie lo entendía.
Éramos desbarajuste, locura, pasión, cuando nos encontrábamos.
Sí. Éramos viento, entonces.


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La vida. Obra maestra de la arena, entre dos olas.
Valeriu Butulescu


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domingo, 5 de julio de 2009

Ester Vallbona

-España-

Llueve


Pequeñas gotas, incesantes, silenciosas, golpean contra el suelo igual que los recuerdos lo hacen en mi mente ahora. Siempre me pasa. La lluvia de otoño es una bruja de ojos grises que me obliga a asomarme a su bola de cristal para traerme de vuelta los recuerdos que más duelen. No se conmueve por nada. Aunque le diga que no, que no quiero asomarme a ella, que no quiero mirar, no desiste. Una y otra vez acude presurosa a la cita, ya caiga lluvia fina o chaparrón, con su risa estruendosa y su bola desempolvada. Da igual que cierre los ojos con fuerza y niegue con la cabeza, la magia de su bola traspasa mis párpados y se cuela muy dentro.

No sé por qué lo hace, no sé por qué me busca. Le grito que se vuelva a sus cuentos, a buscar ingenuas princesas a las que martirizar, y me mira con esos ojos grises, conmovidos ligeramente o acaso tan sólo humedecidos por la lluvia, y sonríe en silencio. Quizá crea que ya la ha encontrado.


Pequeños placeres con los cinco sentidos

–Cierra los ojos y abre la boca –me susurra.
Desconfío. Sé que le gusta jugar y dudo un momento, sopesando la posibilidad de tener que lamentarlo. Sonrío, aprieto los labios y niego con la cabeza, como un niño travieso.
–Venga… –me insiste–. Si no pasa nada…
Cuando me mira con esos ojos de hechicera estoy en su poder, así que consiento. Cierro los ojos y me concentro en recordar la última imagen que me llevo de ella, esa sonrisa entre pícara y sensual que me transporta del cielo al infierno en apenas unos segundos. Sé que se acerca a mí. Es curioso cómo se acentúa el sentido del oído en cuanto dejamos de utilizar el de la vista. Noto su respiración muy cerca. Casi un jadeo. Intuyo que aproxima su boca y entreabro los labios, esperando los suyos… Entonces algo inesperado roza mi boca, algo de relieve granulado, pero de tacto suave. Me tenso por la sorpresa. Sé que no son sus labios. Conozco bien su textura y su sabor. Éste es dulce y a la vez algo ácido, silvestre, un sabor que se acentúa cuando ella introduce ese pequeño elemento perturbador en mi boca, ahora sí, ayudándose suavemente con su lengua. Ahora sé a qué juega. Me relajo. Me gusta. Me abandono a una explosión de sensaciones. Olores, sabores, tacto… todos mis sentidos funcionando a la vez, en plena ebullición. No quiero ceder a la tentación de masticar lo que empiezo a intuir que es, no quiero que el juego acabe todavía. Dulzones y calientes aromas se desprenden de esta pequeña fruta, que se diluye poco a poco, igual que el beso… Abro lentamente los ojos para mirarla. Me sonríe, está bellísima, y no puedo evitar buscar de nuevo sus labios, teñidos de un suave lila azulado, y borrar de ellos, con un beso, el sutil rastro de la mora.


Buen viaje

Como si de un sombrero se tratara, el viento se lleva hoy mi pensamiento muy lejos, en pos de ti, y tan rápido que resulta inútil que intente recuperarlo, me sería imposible alcanzarlo por más que tuviera las botas de siete leguas. Va en tu busca, lo sé, es cabezota como yo, y no cejará en su empeño hasta que te encuentre. Entonces mudará su forma y será invisible caricia, será perfume tibio o suave brisa. Luego regresará, acaso a lomos de otro viento, y traerá de vuelta un brillo mágico en sus ojos, profundamente conmovidos, y sabré que lo has reconocido, que me has reconocido, y has sonreído.


Sin tiempo

Hoy te escribo desde ningún lugar en concreto, en un día cualquiera, así que no voy a dignarme a procurarle a esta carta una estructura formal. ¿Para qué? Va a durar muy poco. Exactamente lo mismo que la anterior. Además, hace tiempo que desaparecieron los formalismos entre tú y yo. Hace tiempo que las palabras y los gestos se despojaron de sus ropajes y dejaron de significar lo que esperábamos de ellos.
Quizá fue ése mi error, consentir que fueran diluyéndose hasta dejar en desuso nuestro lenguaje secreto.
Por desgracia, no supe ver a tiempo las señales en tus ojos, no supe leer en ellos una huida desesperada hacia ninguna parte o hacia cualquier lugar, pero lejos de mí.
Quizá entonces hubiera estado a tiempo de hacer algo, y ahora no estaría escribiéndome esta ridícula misiva; porque sí, en realidad es para mí. Jamás podrá llegarte. Porque un día decidiste dejar de ser mi puerto y abandonaste el faro que guiaba mis oscuras brumas. Así, simplemente, sin acuse de recibo, renunciaste a su cuidado y su luz se fue apagando poco a poco, sin importarte que me hiciera añicos contra la roca al acercarme a ciegas.
Y ahora te escribo, me escribo, desde esta isla baldía, sin amarre, pero debo apurarme. Ya viene, ya la veo acercarse, apenas unos segundos… No falta a su cita. Cada minuto exacto llega esa ola, inusualmente intensa, para llevarse mis palabras, aún calientes, inacabadas, y borrar de la arena, una y otra vez, todo rastro de…

Hoy te escribo desde ningún lugar en concreto, en un día cualquiera…

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Si los que hablan mal de mí supieran exactamente lo que yo pienso de ellos, hablarían peor.
Sacha Guitry

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sábado, 7 de febrero de 2009

Ester Vallbona

-España-

De fantasmas


Hoy me habitan multitudes. Me asalta a cada paso tu recuerdo de fantasma instaurado bien adentro, orgulloso de su recién estrenado papel. Lo harás bien. De eso no me cabe la menor duda.
Te quedarás ahí, en los rincones más recónditos de mi memoria, acechando el momento menos propicio para salir y anegarme las pupilas con sabor a mar.
Me acuerdo de los días en que te ayudaba a luchar contra tus fantasmas y, fíjate, hoy, en qué nos hemos convertido. Yo, en uno más de tus fantasmas; tú, en el mío. En esos vagos recuerdos que nos asaltarán de tanto en tanto, como hoy a mí, y nos traerán los instantes vividos, los buenos, los muy buenos, para hacer que nos traguemos una furtiva lágrima mar adentro, y al instante los malos, como queriendo autoconvencernos de que es lo mejor, de que ahora todo va bien. (¿?)
A mí, el papel me queda grande, te lo juro; se me olvidan los diálogos, tropiezo a cada rato con la sábana, que llevo apedazada de tanto pisármela, y se me oxidan las cadenas. Soy un fantasma de pena, de veras; pero sé que eso no basta para dejar de serlo, por desgracia. En fin, me vuelvo al escenario. Mis compañeros me apremian. Hoy hay función doble y aún no he ensayado la escena. ¡Mucha mierda!


Un día de playa

Días atrás sentí la acuciante necesidad de ir a la playa. Me extrañó, porque en realidad nunca me ha gustado demasiado. No soporto el calor asfixiante que parece concentrarse allí más que en ningún otro sitio, añadido al fuego que parece desprender la carne de cientos de personas apiñadas en busca de un metro cuadrado de espacio, tumbadas a la parrilla, algunas bien hechas, otras vuelta y vuelta, casi todas rebozadas de arena… Para mí es insufrible la empalagosa sensación que deja la mezcla de sudor, crema solar y arena en la piel. Y si te bañas para librarte un poco de esa sensación, al rato, tu piel amenaza con convertirse en un pergamino tirante y reseco, salado como la piel de un bacalao. Así que, de nuevo, crema, sol, arena y vuelta a empezar. No, en definitiva no me gusta.
Por eso me extrañó tanto oírme decir que me apetecía ir a la playa. Igual se había apoderado de mí algún extraño espíritu playero que me hacía decir esas cosas... Le estuve dando vueltas y más vueltas hasta que lo comprendí.
Comprendí que quería ir a la playa, pese al calor, el agobio y la gente, simplemente, por buscar pechinas para ti. Tú ya me entiendes...


De primaveras

A ti, que fuiste primavera en mis otoños, hoy te digo adiós.
Igual que las estaciones llegaste a mi vida para marcharte. Yo lo sabía, sabía que ocurriría, y por eso acudí a tribunales, firmé instancias, solicitudes, consulté oráculos, visité a magos, pero todo fue en balde: la primavera no puede ser eterna. Sigue la ley natural, me dijeron todos. Se marchará, pero no te preocupes, volverá. Pero a mí no me bastaban sus palabras, buscaba certezas, milagros, porque sabía que jamás volverías si te ibas. Te marcharías para siempre, dejando huérfanas mis estaciones. Aun así, no desistí en mi empeño de conservarte, pero de nada sirvió. Conseguí atrasar el reloj de los instantes robados un tiempo, y finalmente pasó: te hiciste silencioso invierno y un viento helado congeló, para siempre, nuestras risas y cuarteó nuestros abrazos.

A ti, que fuiste primavera en mis otoños, hoy te digo adiós.


Soplaré y soplaré

No debería haberte dejado entrar. Pero me confié. Llamaste a la puerta con toques cadenciosos, como cantos de sirena, y yo, tonta de mí, no supe reconocerte tras ellos. Ahora ya es tarde, porque al abrir la puerta me atacaste sin piedad. Te abalanzaste sobre mí, envolviéndome en tu negra red. Me ataste de pies y manos, llenaste mi boca de reproches, que ahogaron mi voz, y echaste la llave, secuestrando mi alegría, mis ganas de vivir, mi ánimo, haciendo oídos sordos a mis ruegos.
Como lobo de cuento, soplaste y soplaste hasta derribar mi fortaleza. Tristeza, hoy he sucumbido a ti. Has hecho de mí lo que has querido. Pero ten presente que mañana será otro día y que no volveré a cometer el mismo error. A partir de ahora, si quieres que abra la puerta, tendrás que enseñarme antes la patita.

.................Textos tomados de http://www-laletraescarlata.blogspot.com

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Si la respuesta es amor... Podrías repetir la pregunta?
Emisora radial FM Milenium, Buenos Aires


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