sábado, 7 de febrero de 2009

Ester Vallbona

-España-

De fantasmas


Hoy me habitan multitudes. Me asalta a cada paso tu recuerdo de fantasma instaurado bien adentro, orgulloso de su recién estrenado papel. Lo harás bien. De eso no me cabe la menor duda.
Te quedarás ahí, en los rincones más recónditos de mi memoria, acechando el momento menos propicio para salir y anegarme las pupilas con sabor a mar.
Me acuerdo de los días en que te ayudaba a luchar contra tus fantasmas y, fíjate, hoy, en qué nos hemos convertido. Yo, en uno más de tus fantasmas; tú, en el mío. En esos vagos recuerdos que nos asaltarán de tanto en tanto, como hoy a mí, y nos traerán los instantes vividos, los buenos, los muy buenos, para hacer que nos traguemos una furtiva lágrima mar adentro, y al instante los malos, como queriendo autoconvencernos de que es lo mejor, de que ahora todo va bien. (¿?)
A mí, el papel me queda grande, te lo juro; se me olvidan los diálogos, tropiezo a cada rato con la sábana, que llevo apedazada de tanto pisármela, y se me oxidan las cadenas. Soy un fantasma de pena, de veras; pero sé que eso no basta para dejar de serlo, por desgracia. En fin, me vuelvo al escenario. Mis compañeros me apremian. Hoy hay función doble y aún no he ensayado la escena. ¡Mucha mierda!


Un día de playa

Días atrás sentí la acuciante necesidad de ir a la playa. Me extrañó, porque en realidad nunca me ha gustado demasiado. No soporto el calor asfixiante que parece concentrarse allí más que en ningún otro sitio, añadido al fuego que parece desprender la carne de cientos de personas apiñadas en busca de un metro cuadrado de espacio, tumbadas a la parrilla, algunas bien hechas, otras vuelta y vuelta, casi todas rebozadas de arena… Para mí es insufrible la empalagosa sensación que deja la mezcla de sudor, crema solar y arena en la piel. Y si te bañas para librarte un poco de esa sensación, al rato, tu piel amenaza con convertirse en un pergamino tirante y reseco, salado como la piel de un bacalao. Así que, de nuevo, crema, sol, arena y vuelta a empezar. No, en definitiva no me gusta.
Por eso me extrañó tanto oírme decir que me apetecía ir a la playa. Igual se había apoderado de mí algún extraño espíritu playero que me hacía decir esas cosas... Le estuve dando vueltas y más vueltas hasta que lo comprendí.
Comprendí que quería ir a la playa, pese al calor, el agobio y la gente, simplemente, por buscar pechinas para ti. Tú ya me entiendes...


De primaveras

A ti, que fuiste primavera en mis otoños, hoy te digo adiós.
Igual que las estaciones llegaste a mi vida para marcharte. Yo lo sabía, sabía que ocurriría, y por eso acudí a tribunales, firmé instancias, solicitudes, consulté oráculos, visité a magos, pero todo fue en balde: la primavera no puede ser eterna. Sigue la ley natural, me dijeron todos. Se marchará, pero no te preocupes, volverá. Pero a mí no me bastaban sus palabras, buscaba certezas, milagros, porque sabía que jamás volverías si te ibas. Te marcharías para siempre, dejando huérfanas mis estaciones. Aun así, no desistí en mi empeño de conservarte, pero de nada sirvió. Conseguí atrasar el reloj de los instantes robados un tiempo, y finalmente pasó: te hiciste silencioso invierno y un viento helado congeló, para siempre, nuestras risas y cuarteó nuestros abrazos.

A ti, que fuiste primavera en mis otoños, hoy te digo adiós.


Soplaré y soplaré

No debería haberte dejado entrar. Pero me confié. Llamaste a la puerta con toques cadenciosos, como cantos de sirena, y yo, tonta de mí, no supe reconocerte tras ellos. Ahora ya es tarde, porque al abrir la puerta me atacaste sin piedad. Te abalanzaste sobre mí, envolviéndome en tu negra red. Me ataste de pies y manos, llenaste mi boca de reproches, que ahogaron mi voz, y echaste la llave, secuestrando mi alegría, mis ganas de vivir, mi ánimo, haciendo oídos sordos a mis ruegos.
Como lobo de cuento, soplaste y soplaste hasta derribar mi fortaleza. Tristeza, hoy he sucumbido a ti. Has hecho de mí lo que has querido. Pero ten presente que mañana será otro día y que no volveré a cometer el mismo error. A partir de ahora, si quieres que abra la puerta, tendrás que enseñarme antes la patita.

.................Textos tomados de http://www-laletraescarlata.blogspot.com

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Si la respuesta es amor... Podrías repetir la pregunta?
Emisora radial FM Milenium, Buenos Aires


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3 comentarios:

  1. Creas con tus palabras en prosa una cadencia poética. Me agrada lo tuyo

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  2. Muchas gracias, Julio. Me alegra que te guste. :)
    Un saludo

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  3. Gracias Julio por tus conceptos.
    Y gracias Ester por permitirme contar con tus narraciones para compartir con los lectores.
    Un abrazo
    Analía

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Analía Pascaner