domingo, 13 de junio de 2010

David Slodky

-Salta, Argentina-

Despertar


Despertó en medio de la noche. Algo había interrumpido su sueño.
En el enorme cuarto donde en una cama dormían sus padres, en otra ella, y en otra su hermano, la oscuridad más absoluta hacía imposible divisar nada.
Percibió un rumor de voces quedas, y un extraño chirriar.
“¿Mami? Siento voces…”.
El susurro cesó, el rechinar se pasmó un instante y se detuvo.
“No, hija, debe ser afuera.”
“Prenda la luz, mamá.”
“Cortaron la luz, dormíte, no pasa nada.”
“¿Cuándo vuelve el papá?”
“El sábado.”
“Mamá, tengo miedo. ¿Puedo pasarme a su cama?”
“No. Sos grandecita para esas macanas. ¡Y ya dormíte, chinita!”
Contuvo la respiración, aguzando los oídos. Ya no escuchó nada. Recordó que entre sueños había sentido esa voz odiosa, la del hombre que antes comía en casa, en la pensión que daba su madre para trabajadores del pueblo sin familia. Ahora mamá la mandaba a ella con una vianda al hospedaje donde el hombre vivía, y ella no quería ir, y mamá la obligaba y el hombre le agradecía y a la niña le desagradaba profundamente la voz del hombre, su mirada pegajosa.
¡Mañana le diría a mamá que no la mande más, que hasta le hacía tener pesadillas!
A punto de dormirse de nuevo, volvió a sobresaltarla el cadencioso chirriar. Sintió que el corazón se le helaba.
“¿Mamá…?”
“¡Dormíte, chinita ‘i mierda, que te vi’a dar un rebencazo! ¡Ya vas a ver cuando vuelva tu papá!”
Ya no se volvió a dormir, pero aguantó toda la noche la respiración y el sollozo y el grito que le explotaban adentro. Con sus orejas espió todo. Y la oscuridad del cuarto llenó su alma. Había despertado en la noche, había despertado para siempre.

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No puedo evitarlo. En una fiesta, mis ojos se apartan de quienes se divierten y van hacia el rincón donde alguien sufre.
Marco Denevi

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2 comentarios:

  1. Así es, querida Nerina, una historia intensa, cruda y real, tan lamentablemente cierta.
    Mi cariño
    Analía

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Saludos cordiales
Analía Pascaner