jueves, 26 de marzo de 2015

Gladis Ataide

Momentos

               “No se recuerdan los días,
               se recuerdan los momentos”
                                 Cesare Pavese

He poblado de nombres el silencio.
Un torrente de sombras
en la mano rugosa
          de caminos y días.
En la ambigüedad de la memoria
sólo quedan los momentos
en el traqueteado viaje.
Instantes que son como pámpanos,
indelebles retazos
en la urdimbre compleja
       de la vida.

Amalgamados en horas,
relumbres fugaces en los cristales,
esos momentos conspicuos
      irisan el sueño de los tiempos.


Silencio y palabras

   El silencio duele, tiene olor a ceniza. Te envuelve con áspera piel, se entroniza en tu alma, la seduce… a veces la calma.
   En la oquedad otoñal la página sigue blanca. Estoy anulada como si unas sábanas taparan mis ojos. El vacío es más inmenso que nunca o es el nunca el que siempre ha estado vacío.
   Me pierdo en elucubraciones inútiles, choco contra muros pétreos. No logro cruzar el puente de vidrio que permita llegar a mis palabras hasta la hoja en blanco.
 
 ¡Que alguien dé la vuelta al folio para que pueda contar una historia!


Gladis Ataide
Balnearia, Córdoba, Argentina

Nor Losada

Cepsis

Si te contara que puedes viajar en tus sueños, no solamente con tu cuerpo astral sino con el cuerpo físico, no sé si me creerías.
O tal vez ya lo sepas. O tal vez, y esto sería lo mejor… tal vez ya lo hayas hecho.
En ese caso, me gustaría que intercambiáramos experiencias.
Cuando se ha logrado el viaje; mientras tu cuerpo sigue en la cama…y parece dormido; uno no vuelve a ser jamás el mismo.
Tal vez estás dormido al lado de alguien que también cree que tiene a alguien durmiendo al lado.
A mí me pasó. Y no una vez… sino unas cuantas.
El milagro no es voluntario; “los básicos”, como nos llaman allá a los viajeros de los sueños, nos distinguimos de los otros, porque tenemos una distribución distinta de los repliegues de las orejas.
Te explico, no te rías. Si miras una de las mías, verás que tengo un circuito más complejo que el resto de la gente. Idéntico al Laberinto de Dédalo. El viaje a la ciudad adonde vamos los básicos te desarrolla esa parte del cuerpo. Puedes taparla con el cabello o mostrarla sin problemas, porque la mayoría de los humanos no te mira a la cara cuando te habla.
No puedo ver la tuya porque tienes puesto ese inmenso gorro de lana.
El viaje es lo de menos. Estás dormido. Y durante uno de los siete sueños ya no estás en tu cama. Estás en la que algunos llamamos “Cepsis” la ciudad de los sonámbulos.
Cepsis es una ciudad sin casas. Una ciudad donde los sueños se cruzan en las esquinas y cada uno sigue su camino con una parte de los sueños de los otros.
Por eso, cuando el cordel es recogido por manos invisibles, cada básico regresa por el puente del ensueño y vuelve a ocupar su lugar en el continente que lo está esperando profundamente dormido.
Cada noche, Cepsis está de fiesta y con cada alborada se adormila.
Los básicos tienen un estricto entrenamiento en la traducción de los sueños. Los propios y los que se van agregando en los encuentros de las esquinas.
A medida que van obteniendo mejores resultados en sus interpretaciones; el plano que se va boceteando en los repliegues de las orejas se parece más a la Cepsis original.
O será… tal vez… que Cepsis es igual en su diseño que el Laberinto de Dédalo.
El secreto que la ciudad de los sonámbulos encierra en su núcleo, debe ser importantísimo porque aquéllos que han logrado su objetivo, toman el nombre de “mólices” y te aseguro que tienen un color de aura diferente.
Yo, todavía entre los básicos, creo que me faltan muchos sueños para develar el secreto.
Pero hay noches… hay noches… en las que creo, por un instante, que me permiten entreverlo.
¿Te ha pasado?


Nor Losada
La Plata, Buenos Aires, Argentina

Ana María Godoy

Las máscaras

Ese rostro del tiempo que se parece al mío
maltrecho bosque de azuladas venas
bajo la piel desesperada,
bosque de fino musgo nunca hollado
ardiendo en la humareda de las tardes,
pálida grieta absurda
que busca ciegamente la lisura del beso,
la lozanía sin prisa de la lluvia en los labios.
Ese rostro
tan mío y tan ajeno
el que sonríe en las fotografías
sobre un puente de piedras milenarias
o llora en soledad junto a un arcángel,
el remoto asesino de todos los perdones,
el fabricante gris de los olvidos
viejo hechicero, amigo de las tramas secretas
inapresable huésped del espejo
que cambia a cada instante
siempre el mismo y distinto.
Argamasa de sangre, duda y lágrimas,
mi rostro descarnado
¿deberé abandonarlo en una esquina
una noche cualquiera, como una máscara vacía?
¿Y todo aquel dolor, aquella euforia,
los implacables odios o los tiernos amores,
continuarán su danza en la ceniza
o intentarán fundirse en otra máscara?
La fiesta ha terminado. Cae la noche.
Fluye el río hacia el mar con dulce calma
o violento deseo.
En sus aguas se duerme la ansiedad de las máscaras.
No perturbe un suspiro, ni un latido siquiera
de sangre empecinada,
el más bello de todos los silencios…


Horas solitarias

Las horas solitarias
son diminutas lágrimas de niebla
sobre un cristal esmerilado.
Resbalan sin cesar hacia la nada.
Se unen a sí mismas
se entrecruzan
se aquietan, se estremecen
se abrazan al silencio.
Se convierten en ramas delicadas
en formas misteriosas
en fantasmas.

Una mano de amor enjugaría
la humedad de sus marcas y desvíos.
Una palabra a tiempo,
un soplo de alegría o de esperanza
cambiaría su destino de caída,
convertiría en capullos
sus ramas descarnadas.
Pero en tanto sean lágrimas de niebla,
las horas solitarias
diminutas, precisas,
seguirán resbalando hacia el abismo
sobre un turbio cristal esmerilado.


Un cántaro ciego

En el cántaro ciego de la noche
resuenan voces que acalló el olvido.
Remota sinfonía de notas discordantes,
latido de relojes infinitos.
El aullido de un perro vagabundo,
temblor de hojas en el aire tibio,
un estremecimiento de las cosas inertes
hace crujir el alma de los muebles antiguos
y en la pálida luna del espejo
sombras furtivas claman contra el vidrio.

En el cántaro ciego de la noche
con ancestral temor nos sumergimos.
Es tan hueco y profundo…
                              No hay refugio
para albergar los sueños fugitivos.
Flotamos sin caer.
                             Miedo y congoja,
como quien baja al fondo de un abismo
y entre el negro silencio y la distancia
vislumbra perturbado
                        la sombra de sí mismo.


Ana María Godoy
Banfield, Buenos Aires, Argentina

       

Ramón Rojas Morel

A tiempo

Tendré que preparar las valijas
antes de lo esperado…
Saldré a la calle vestido de fracaso,
atado sólo a los recuerdos maravillosos,
y elegiré el camino más largo
para buscar el destino inequívoco…
Regresaré a mi pueblo
para reencontrar al niño feliz que fui
y me colmaré de fantasía y sueños…
Recobraré ese tiempo que me ayude
a recuperar la alegría, la sonrisa simple,
el desenfado, la libertad…
Antes haré un ensayo:
tomaré la mano de mi hijo
y le pediré prestada su inocencia…
Entonces saldré a la calle vestido de esperanza,
atado a su risa y alegría,
y elegiré el camino más corto
para disfrutar de la vida que me queda,
con optimismo, con la fe que no debí perder.
Hoy comenzaré a escribir el poema
que le cuente al mundo que el amor
está aquí…esperando por mí…

         Corrientes, 13-03-2011


Del verbo Amor

Creer
soñar
amar
cantar
son infinitivos
infinitos en el
lenguaje del espíritu
que se hacen una sola palabra
cuando te vivo: Hijo.

              Corrientes, 31 de octubre de 2005


Oración

Escribir el verso
que sea la blanca paloma
que desde mi corazón
unifique el poema de amor…
Compartir el vuelo
que me colme de paisajes bellos,
que me permita
reencontrarme en vos…
Hallarme en la quietud,
en la algarabía de la esperanza;
que mi poema y la canción
sean las manos, todas las manos,
que nos lleven en comunión
a refundar un mundo mejor…

               Corrientes, 13-04-2008 (13:45)


¿Por qué?

Allá va el papá
con sus dos ángeles en brazos
durmiendo la muerte injusta
de una guerra sin sentido…
Cuánta inocencia destruida
por la locura egoísta
de unos pocos monstruos
que se creen dueños del mundo…
Y nosotros somos simples espectadores
de las escenas terribles de la vida
sin poder hacer nada,
o haciendo muy poco,
intentando con algunos versos
llorar la impotencia
de tanta destrucción…
Miro a mi niño
y me pregunto
¿por qué…?

           Corrientes, 02-06-2007.- Hora: 15,45


Ramón Rojas Morel
El Chorro, General Enrique Mosconi, Formosa, Argentina


Ramón López Díaz

La carta

Para: un pedazo de cuerda que se quemó.

Hoy me dio por recordarla, después de todo este tiempo la volví a ver en cada rincón de cada lugar y quisiera contarle que la necesidad de olvidarle ciertamente no ha sido tarea fácil, llegué a buscar su boca en otras bocas pero ninguna llegaba a transmitir esa misma materia viva que dejaba caer en cada beso, la textura que su cuerpo dejaba cuando habitaba mis manos, los lunares en los que solía viajar las noches que pasé a su lado. Su ausencia en mi vida se está acumulando, cada segundo, hora y día.
en momentos me canso de este amor no correspondido, de que la única forma en que esté a mi lado es entre las letras que me inspira su ausencia, estoy entendiendo que lo efímero es parte de la vida y no descarto la idea que mientras yo la recuerdo entre letras usted esté durmiendo con otro, y la parte del sexo no es la que me desagrada, es literalmente que duerme con alguien más, que tiene a alguien que amanece a su lado, que piensa en usted y esta vez no soy yo; encontró una luz que supo iluminarla mejor de lo que esta vieja lámpara pudo hacerlo. En resumidas cuentas usted tiene a alguien a quien yo no tengo porque la sigo esperando a usted.
nuestro amor fue como una cuerda donde los extremos no se quemaron al mismo tiempo y por mala suerte me tocó ser el extremo que se quedó, mientras que el suyo se quemó cual hoja de papel y se fue.
la realidad del por qué le escribo esto es para no tener que llamarle o decírselo de frente, para si me armo de valor enviárselo algún día en alguna hora y que tenga la certeza que usted es mi musa y en estos últimos versos que le escribo decirle que cada sístole y diástole como cualquier palabra aquí escrita le pertenece y que ojalá en esta o en otras vidas nos volvamos a encontrar.

Atte: una vieja lámpara.


Ramón López Díaz
Matehuala, San Luis Potosí, México
      

domingo, 14 de diciembre de 2014

Editorial

revista literaria con voz propia nº 64

            diciembre 2014
 



         publicación creada en noviembre de 2006
           distribución y publicación gratuitas
  


Si quieres mejorar tu vida, debes correr tu propia carrera. No importa lo que la gente pueda decir de ti. Lo importante es lo que te digas a ti mismo. No te preocupes de las opiniones ajenas siempre y cuando sepas que estás haciendo lo correcto. Puedes hacer lo que gustes mientras a tu conciencia y a tu corazón les parezca justo. No te avergüences de hacer lo que consideras correcto; decide lo que está bien y aférrate a ello. No caigas en el hábito de medir tu propia valía en función de la valía de los demás. Cada segundo que inviertas en los sueños de otro, te estás apartando de los tuyos.
Teresa de Calcuta



La cucharita de porcelana

En un lugar en oriente, había una montaña muy alta y con su sombra tapaba la aldea. Y por ello los niños crecían raquíticos. Y una vez un viejo, el más viejo de todos, se va con una de esas cucharitas chinas de porcelana y sale de la aldea.
Y le dicen los otros:
-A dónde vas, viejito.
-Voy a la montaña.
-Y a qué vas.
-Voy a mover la montaña.
-Y con qué la vas a mover.
-Con esta cucharita.
-Jajaja. Nunca podrás.
-Sí, nunca podré, pero alguien tiene que comenzar a hacerlo.

Alejandro Jodorowsky



Cumple con la gratitud del peregrino: no olvidar nunca la fuente que apagó su sed, la palmera que le brindó frescor y sombra y el dulce oasis donde vio abrirse un horizonte a su esperanza.
Ricardo Palma Soriano


Autores publicados


revista literaria con voz propia nº 64

     diciembre 2014

                    
          autores publicados en esta edición: 


- Robert Gurney
- Laura Beatriz Chiesa
- Gustavo Vaca Narvaja
- Raúl Pérez Arias
- Rogelio Ramos Signes
- Rolando Revagliatti
- Eduardo Coiro
- Jaime Icho Kozak
- Lao Paunero
- Roberto Pagura
- Miguel Ángel Longarini 
- Jorge Omar Hermiaga
- Concepción Sedano
- Roberto Romeo Di Vita
- Victoria Servidio
- Nilda Muñoz
- Ana Barchuk de Rodríguez
- Marisa Noemí González
- Hugo Fernando Pereira
- Jesús María Ludi


--
Información de Concursos en:

           revista literaria con voz propia
             ISSN 2314-0275


             Edición y dirección: Analía Pascaner
             San Fernando del Valle de Catamarca
             Catamarca – Argentina

Robert Gurney

En Llanmadoc Hill

a Sir Cedric Lockwood Morris (1889-1982)

Sentado aquí
en la cima de Llanmadoc Hill
con mi ordenador portátil
mirando un cuadro llamado ‘Llanmadoc Hill’
pintado por Cedric Lockwood Morris,
empiezo a preguntarme algo.

Me pregunto
si Dylan se sentó aquí.

Me pregunto
si, en uno de sus “paseos medicinales”,
miró hacia abajo
hacia la aldea de Llanmadoc.

Me pregunto
si alguna vez se preguntó algo
acerca de un nombre antiguo de la aldea:
Llanmadog, con una “g”.

Me pregunto si miró hacia el estanque
delante de la granja
y se preguntó
qué aspecto tendría “Llanmadog”
reflejado en ello.

Llanmadog – Godamnall -
Maldito todo – Odototidlam.
Me pregunto si alguna vez

estuvo tentado a usarlo
en alguna de sus obras.
Me pregunto si sentía
que eso, tal vez,
hubiera sido demasiado arriesgado
y escogió, en su lugar,
Llareggub – Buggerall -
Adanasapon – No Pasa Nada
deletreado al revés.


Cuando John Malcolm Brinnin le pidió a Dylan que escogiera un título menos pesado que Llareggub para su obra de teatro (Buggerall deletreado al revés, Adanasapon, digamos, en español), Dylan respondió de inmediato, según Brinnin: “Under Milk Wood” (“Bajo el bosque de leche”).*


Poema del último libro del autor: Dylan's Gower, La Gower de Dylan. Cambria Books, Llandeilo, Noviembre 2014, 114 pages. Available on Kindle. Google Gurney Dylan’s Gower. Original cover design © William Gurney

Robert Gurney
St. Albans, Inglaterra

Laura Beatriz Chiesa

Niñez sin niñez
(a todos los niños del mundo)

¿Dónde está tu rostro niño?
¿Dónde la inocencia en ojos azabache?
Veo tus mejillas sucias
por el llanto y el frío descarnado.
Veo almohadas de baldosas
y colchones de cartón ennegrecido,
y veo harapos, muchos harapos
que cobijan tu cuerpo
sin destino.
¿Dónde están tus sueños, niño,
y dónde el porvenir sin ilusiones?
Tu corazón late distancia
y tu mente,
aún sin concreciones,
se presta a juegos
con revólveres y asaltos
para satisfacer
a gentes que exigen tu obediencia.
¿Dónde está tu rostro niño?
Tal vez metido en una bolsa
para crear noches,
con viajes placenteros,
sin un camino de vuelta.
Viene el invierno, niño,
y tus tripas sin calor
moverán la nada, acobardadas,
por su quehacer sin sentido.


Vacío

Estoy aquí, sin ecos ni sonidos.
Sola de soledad en mi desierto.
Fría vivencia, rostro de algún muerto.
Cadencia sin vibrato y sin tañido.

Iglesia. Confesión de un sin sentido,
carencia muy sutil, cual desacierto.
Hostia, fragilidad, puerto sin puerto.
Vacío vivencial, hueco y olvido.

Recuerdos que se evaden. Algo mío
que quiero retener sin desvarío,
para justificar mi ser; pero carezco

de lucha por crecer en un pasado
cubierto de tristezas y, a mi lado,
sólo un ayer sin fe. Así fenezco.


Un racimo

Un racimo de uva nos condensa
el licor, la dulzura espirituosa.
Nos atrae su aroma cual la rosa,
que invade y nos envuelve por intensa.

Nos asombra su forma roma y densa.
Pirámide de jugos, majestuosa.
Se vuelve escurridiza por acuosa
e impregna paladares sin ofensa.

Decora con zarcillos los parrales
desde un lejano tiempo de arrabales
hasta el hoy, que los forma con esmero.

Sabiendo que al cuidarlos se preservan
su presencia en el tiempo y se conservan
los deseos de un Baco, por primero.


Mutación

Centro de circunferencia.
Comienzo del radio.
Síntesis del deseo y la eclosión.
Inicio de un todo con destino.
Exacta división de la materia
con futuro de forma convenida.
Un fin que cabalga las horas
hasta que la mutación expire.


Laura Beatriz Chiesa
La Plata, Buenos Aires, Argentina

Gustavo Vaca Narvaja

Rebelde

No existe la devoción que tejen los cielos. Esos nimbos retozan en formas extravagantes de vendavales y borrascas, en un vacío impetuoso, facilitado por el arrebato de tus alas, cuando recién ejercitabas el volar. Ahora, permaneces enclavada entre muchedumbres hacinadas, viviendo en el estiércol de resumideros pestilentes. Y como la borrasca devasta playas refinadas donde el paisaje se nubla a gris ceniza, no pretendas ser una brisa cálida en playas ciudadanas; tampoco pretendas beber sangre que derraman los poderosos. Tienes la sed del hambriento, del proscrito, del rebelde. Ansías limar barrotes de celdas favoritas, que mantienen, cautivo y acicalado, el capricho; en ese estado de abandono, por el tremendo silencio del desencanto, quedas sobre lienzos descartables para tus lágrimas secas; donde nace un bramido inhumano, ocioso y vehemente, derrocando el sueño ficticio a la vera de utopías mancilladas sobre una muralla de recuerdos desnudos, donde emergen gigantes y eternos; es en la parte más gris de la sombras, y en la luz más apagada del día, donde nacerá quien aguarde tu regreso.
¡Siempre!


Deshabillé

El Deshabillé fue la única piel que pudo retirar suspirando, y gozar del suave y metódico planeo del cóndor. El brassiere, festivo y derrotado, permitió buscar la senda exacta, donde afloró el fuego anhelado. Sus manos recorrieron una y mil veces el cuerpo de esa mujer, cuya piel era la seda codiciada y eternamente apetecida. Si bien antes fue esquiva, hoy se entrega dócilmente, y es ganada al cosmos, en un desafío de sutil hechizo. Los sueños abrigaron su sonrisa ante una naturaleza salvaje y exuberante, que sólo atinó a protegerse de su tamaña belleza, cohibiendo la majestad de la sorpresa e implorando que la armonía impere y regrese. Superada la demencia insólita del deseo, que asió regocijado esos dos cuerpos indivisos en su embeleso, vivió en plenitud su hechizo.


Paloma

Una paloma cándida, malgastada, calada bajo el agua, respira. Una paloma inutilizada, abatida bajo la arena, despierta: tiene los ojos abiertos y sus alas quebradas por el tiempo; las patas atadas con alambres de seda, no impidió que el viento deje libre su loza y la paloma regrese a su vuelo. Hay una paloma cándida, volando con alas sanas y patas libres de sedas, que toma vuelo y vive.

                     
En tu edén

Apeteces el espacio indolente, libre de tirria. Florecen espigas vanidosas, mientras un cielo sumiso resguarda momentos de inolvidables encantos. Tus manos delicadas repujan la esfinge del ideal ausente, un espacio pleno cobija tus olvidos, y en tu edén lloviznan matices asombrosos.


Sueños calmos

No hace falta…, no hace falta que te arrulles bajo la sombra de los árboles, custodiando el Sena como Coubert te inmortalizó. ¡No! No hace falta que corras tras tu belleza calma, ni desesperes por encontrar tus ojos en el firmamento o las estrellas en tu rostro, como lo soñó Shakespeare. Sueña igual, despabilada igual, ¡igual!, cerrando tus ojos, porque cientos de efímeras imágenes resucitarán sin el pincel de Hayez, que dejó la pureza de tu desnudez virgen e intacta en espejismos sin tiempo, en calendarios tibios y ausentes de fechas precisas, con recuerdos deslizándose suavemente sobre la imaginaria lámina gredosa de la memoria. Los sueños calmos lucen siempre eternamente vestidos, vestidos de ilusión, como una gota cristalina de lluvia pendiendo del pétalo virgen de nenúfares, que coronan el sueño de la infanta de Millais, con sus pequeñas manos abiertas suplicantes y su mirada frágil, navegando en el espacio. No hace falta que duermas. ¡No…, no hace falta! Delira con tus fantasías, con tu arte y creatividad potenciada, ¡deja que fluya…! Deja esas imágenes libres de suplicio, para que cobren una vida exultante, liberadas de sórdidas penumbras y de la nimiedad imperante. ¡Fue Baudelaire!; no yo, quien te premió a que el tiempo no pueda destruir tu dócil armonía y tu trajinar refinado. No hace falta que duermas. ¡No…, no hace falta!
Estás viva. ¡Viva!


Poetas y su mundo

Y si los poetas crearan su propio mundo? ¡Ah! ¿Para ellos? ¡Sí, para ellos o ellas! ¡Todos! ¿Y cómo sería ese universo? Porque dicen que eternamente sollozan, que son acongojados, que se laceran, que han perdido algo, o que escudriñan algo, que rondan mucho y también… sufren. ¿Y quién lo dice? Lo dicen… ¡los que no son poetas! ¡Ah! ¿Y ellos? ¿Qué mundo poseen? ¿Cómo? Sí, ¿de qué mundo disfrutan? ¡Parece muy feo! ¿Por qué dices eso? Porque se quejan, sufren, hablan del dolor. ¿Y del amor? Poco, hermano, poco. Lo han perdido, puesto que lo buscan en el vacío. ¡Ah! ¿El mismo mundo entonces? ¿Cómo? ¡Sí, el mismo mundo! Sólo que el poeta es capaz de dar vida. El poeta y el arte, mi amigo y hermano, son creadores de belleza con palabras, como el pintor con sus pinceles, o el tenor con su voz, o el músico con sus glosas melodiosas… Porque la poesía es Himno-Melodía-Utopía-Fantasía-Fogosidad-Encantamiento. ¡Deleite perpetuo! que, a veces, renuncia. ¿Oyes? ¡Sí!… ¡Ah!... ¿El mismo mundo entonces? No lo sé. ¿Qué opinas tú?


Asesino

Nunca pensó que lo lograría; su mano se mantuvo firme, el índice sobre el gatillo obedeció en pocos segundos su orden: ¡fuego!, y la bala emergió limpiamente. Al comienzo tiritó, y el sudor frío invadió su piel. Un asesino -se dijo- debe tener sangre fría”, y él no sabía aún que la tenía. Mientras tanto, la víctima mira paralizada; fue en ese momento que supo que sí, lo era. Se sintió todopoderoso. El cuerpo de ese hombre se sacudió en el asombro y después aceptó la muerte en silencio. Dicen que no hay malestar, y lo que más duele es el terror previo, que no dura mucho. Apenas puede admitir la maldición como descargo; pero ya es tarde, la sombra de la muerte lo envolvió. Guardó el arma homicida y se fue silbando por las calles vacías y oscuras. Tenía mucha sed y los bares estaban todos cerrados.


Del libro Sueños Calmos. Poesía en prosa. Colección Sur de Poesía, Ediciones de La iguana, 2012

Gustavo Vaca Narvaja
Córdoba, Argentina

Raúl Pérez Arias


Como no me esperaba
y era tarde
me fui a dormir
sin abrirme la puerta.

*  *  *


Un bus
atestado de sombras
pasa por la puerta
sus arlequines de hastío.

*  *  *


In memoriam

Me duele
cada muerte
inoportuna,
innecesaria,
estúpida,
evitable.
Reconozco
al hombre 
esa mi lucha.
Estoy aprendiendo
a silbar 
el silencio
de los muertos
y me faltan
sílabas
para otra despedida.

*  *  *


La noche
gruñido de un escote.
Una mujer
con trozos de sueño
no responde
y una palangana
es su única caricia.

*  *  *


La puerta

Cuando venza esta
árida timidez 
de ripio bajo la ducha
y me seque el cuerpo
de tanta trifulca de colección.

Cuando reasuma
la hora que mutiló mi vacío
sabrás porqué no llegué a tu boca.

Te diré entonces
que hundas en mi mano
tu bronca de improperios
catorce años de soledad,
un beso de ascensor,
una mirada
y me digas:

¡Mi cuerpo te espera!

aun no te pertenece
puedes entrar.


Del libro La Puerta. Ediciones La Luna Que (2014)

Raúl Pérez Arias
Lomas del Mirador, La Matanza, Buenos Aires, Argentina

Rogelio Ramos Signes

Due corpi

A Juan Bautista Gatti, in memoriam

Dicen que en el Museo Nacional de Nápoles
hay gallos que riñen eternamente
desde pequeños mosaicos esmaltados
      que recuerdan otras glorias.
Es una vieja disputa de las aves
que anidaban en Pompeya;
un fracaso de la cancillería que sesiona en los corrales.

En Lastenia
(Tucumán)
entre la ceniza despiadada de la malhoja que vuela
otros gallos deciden por sí mismos
algún retazo de poder,
ciertos honores.

Picos que horadan.
Bisturíes.
Espolones que rajan.
Tus gallos
(como aquellos sobrevivientes alados del Vesubio)
cuando el dinero de las apuestas de los hombres
ya no cuenta
libran otra batalla que también es eterna.


Monólogo interrumpido

Esto sucede en una habitación de mi cabeza
de cuyo trayecto no quiero acordarme.

“El silencio es malo”
  grita una mujer
que curiosamente pide silencio
cuando otros quieren escuchar música.

“Tragarse las palabras hace daño”
  dice
pero no ha dejado ni una sola palabra en el plato.

“Es necesario pedir ayuda”
  insiste,
mientras la sirena del coche de bomberos
aúlla en busca de un incendio desatado en otra cabeza.


Noticias policiales de la gleba

La fe de los creyentes
ha mutilado a este Cristo de palo
que sigue agonizando en la cruz.

Sus pies atormentados por un clavo
han ido desapareciendo lentamente
en las huellas dactilares
y en los labios resecos
de quienes todo lo piden
agotado el motor de tanto esfuerzo.

El Cristo sin pies
ya no desvela a los funcionarios del templo
ni a las autoridades judiciales
que no sabrían cómo rastrear
a lo largo de los años
y en población tan dispersa
el objeto sustraído.

Desde que un escultor
                hoy anónimo
le modeló ese rictus
la imagen del Cristo sufre sin parar.
Dicen que sus motivos son tantos
como hombres deambulan por el mundo.
Su dolor es atávico.
Su cansancio, inaudito.
A los pies ya ni los siente.


Terratrémol
(Terremoto)

a Gloria Bratschi, que aprendió
(y luego enseñó) a comunicar el desastre

La ciudad que todo lo ignora
duerme en paz.
Nadie atiende las máquinas
que leen la catástrofe,
y es noche feliz
con vecinos que conversan en la vereda.
Habrá estupor más tarde
        y fogatas
        y preguntas retóricas
a un dios olvidadizo.
Habrá nuevas lecturas
para antiguas injusticias
y una bendición
desde los aviones
que no llegará hasta los escombros.

¿Qué loba me amamantará mañana
cuando los escasos sobrevivientes
hayan huido?


Del libro La casa de té. Ediciones En danza, Buenos Aires, Argentina, marzo 2009

Rogelio Ramos Signes
Tucumán, Argentina

Rolando Revagliatti

Los que aman odiar

 “...el delito, como la locura, es un fruto de la simplificación y de la deficiencia.”
De la novela “Los que aman, odian” de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares

Los frutos de la simplificación y de la deficiencia
suelen provenir de obstrucciones anímicas
camufladas con alharaca y chamusquina
racionalistas

El dogmatismo de sapientes, sabihondos, suicidas y analfabetos
con su inercia querulante
fomenta la compulsión detractora
demente tanto como
delincuencial.

*  *  *


Ahora te amo como después de haberte
amado como antes

Ya no es como antes que te amo

Con todo nuestro antes, es como ahora
que te amo.

*  *  *


La luz me teme
exhibiéndole
mi castración.

*  *  *


“...eso era infantil, es decir, incestuoso...”*

Un valsecito
                   bifronte
                   bífido
que se baila
como la cumbia

o una cumbia
                    bífida
                    bifronte
que se rememora
como a un valsecito.

*Ralph R. Greenson en “Técnica y práctica del psicoanálisis”, Siglo Veintiuno Editores, 1979.

*  *  *


Después fue

Después del apogeo fue
que nos enfangamos

Muertos, y rematados, ya el uno para el otro
bañaditos
denotamos un lacónico escepticismo.


Poemas Inéditos

Rolando Revagliatti
Buenos Aires, Argentina

Eduardo Coiro

*  *  *

Se desnudan. Ella apoya su espalda contra el respaldo de la cama. Abre sus piernas. 
Deja sus piernas dobladas, las rodillas quedan como una cima curva y perfecta. Un haz de luz que se filtra por los postigos entornados les da un aspecto irreal. Son la superficie de un planeta mágico.
Ella Desnuda. Con sus piernas abiertas y el sexo expuesto, recibe al hombre.
El hombre apoya su espalda en los pezones que chispean a la altura de los pulmones.
Ella lo contiene en sillón de mullida ternura humana. Abre un libro, recorre en silencio las páginas. 
Cada vuelta de hoja genera una brisa o un huracán en la piel.
Él se concentra en la respiración. Los pulmones son una caja perfecta de resonancia. Siente al latido del corazón de ella como doble latido del propio corazón.

Ella comienza a leer.
Su voz se eleva en catedrales.
En su voz que eleva en catedrales hay un eco de otra voz dormida. 
El hombre cierra los ojos. No está del todo allí.
Hay una niña que canta en latín. Cuando su voz vuela, se despega del coro y los fieles se giran, dejan de ver hacia el púlpito y buscan el origen a ese desgarro del aire que llega a los oídos.
Afuera, probablemente está nevando, el reloj de la iglesia está congelado como en una postal sepia a las 10 y 5 minutos de una mañana de domingo. Los tejados rojos cubiertos en algodones de nieve. El río D'Orba hace espuma al chocar contra los pilotes del puente de hierro y madera, y más allá el horizonte se eleva como en una visión de piernas que culminan en cimas nevadas de luz matinal.
El hombre, que se elevó lejos lejos para recuperar el canto de su abuela, ahora vuelve para sentir un cielopiel al presente de sus manos.


Pedacitos en viaje…

Cerca de la estación de trenes, en terrenos aledaños a las vías alguien guarda un barco tapado por partes con nylon, es del tamaño de un bote de los que utilizan pescadores artesanales que salen a alta mar. Cada vez que paso rumbo a la estación del tren lo veo. Trato de imaginar cómo llegó hasta ahí.
Cada vez que paso y veo ese barco me encuentro con la misma perplejidad de cuando trato de explicarme cómo llegué hasta aquí, desde que naufragio, intentando vivir.

*  *  *

Es la medianoche. Han apagado las luces del vagón para que la gente duerma.
Afuera hay luna plena y un cielo estrellado que ilumina el interior del vagón, dibuja formas extrañas según ingresan las sombras de los árboles altos que bordean cada tanto el recorrido. El hombre lee a Saramago gracias a una débil luz individual. Encuentra una frase que lo sacude: “La culpa es un lobo que se come al hijo después de haber devorado al padre”.
Piensa en su padre, nacido en un hogar campesino en la Italia de 1923. Ese sueño que lo sacudió ya anciano: los lobos se comían a sus ovejas y él no podía hacer nada para evitarlo. Así se despertó, de esa cara de espanto de su padre, el hombre no se olvida. Piensa en su padre, en él, en sus hijos. En otros padres con sus hijos. Todos acechados y finalmente devorados por la culpa. El espanto no lo deja dormir.
En los sueños de muchos hay aullidos.

*  *  *

Dos novios se dan un beso en el andén. La chica sube al tren.
Beatriz vuelve a decirle "cuando la gente se quiere ver, se ve".
Fue la despedida y ocurrió cuando ese hombre que mira era un adolescente de la edad del chico que quedó allí, parado en el andén, viéndola partir.

*  *  *

Después de kilómetros de viaje, con su nariz cerrada por el resfrío, el hombre percibe como se abre paso lentamente un aroma a sopa de vegetales.  
Un olor a hogar inunda el aire quieto de su habitación.
Ahora puede respirar bastante mejor que en los días anteriores. Se abren sus sentidos. Ese gusto a sopa le trae la voz lejana de su compañera cantando en la cocina…

“Who can buy this wonderfull morning?”
“Who can buy this morning to me?”

Desde su voz vuelve a oír el ritmo espontáneo del cuchillo cortando sobre la tabla de madera.
Pedacitos y pedacitos que fueron aroma y alimento.
Con la cama bañada en sol, el hombre abre sus pulmones y los llena del aire a sopa que flota en la habitación…

“Who can buy this wonderfull morning?”
“Who can buy this morning to me?”

Tiene razón. Nadie puede comprarle esta maravillosa mañana, cuando recibió como un golpe benigno del recuerdo ese aroma y esa voz.

*  *  *

En el cajón de las fotos sin presente hay una carta escrita a letra cursiva en italiano sobre el papel liviano que se usaba para correo internacional. Pudo traducir apenas el núcleo del mensaje “murió nuestra princesa” pues está ilegible por partes. ¿Salió llorada desde Paterno Di Lucania? ¿Su padre la lloró al recibirla?


Textos tomados de Inventiva Social, publicación editada y dirigida por Eduardo Coiro, Buenos Aires, Argentina
http://www.inventivasocial.blogspot.com

Eduardo Coiro
Temperley, Buenos Aires, Argentina