Juan Gómez-Jurado
sábado, 11 de octubre de 2025
María Pugliese
cabalgamos llanuras
desiertos estepas
cima y sima
nos elegimos viento
flameamos entre mástiles
proas y popas
enaltecimos al agua
y aplacamos al polvo
por las terrazas y los terraplenes
por los sinuosos senderos de las villas
a la hora de la siesta
escandalizamos el meneo de las hamacas
y los barriletes
con alas de gaviotas
y temblor de palomas en celo
fuimos viento
herederos
del miedo a las catástrofes
fuimos giro torbellino ímpetu
trashumancia
* * *
a un costado
sin referentes
de adelante o atrás
avanzo hacia un costado?
acompaso un trayecto
con los que exhiben bajo cielo
los gestos obscenos de la intimidad?
abierto y acechante permanece
lo que no se puede cerrar
-soliloquio entre las multitudes-
a un costado
cuál es el centro? y el sendero?
cómo retroceder
con quienes se esconden de la luz
y tejen caravanas de sombras?
a un costado y arriba
la intemperie
a un costado y abajo
desidia y abandono
y las alas?
los alientos?
las puertas?
y las llaves?
el sueño es un costado
de árbol de edificio
de banco en las estaciones terminales
en las anchas esperas de los aeropuertos
en los bordes de plaza
en los pasillos de los hospitales
el alimento es un costado de pie o sentado
el sustento es un costado de desechos
el amor es un costado a solas
el agua es el bálsamo de todos los costados
que invade mi costado
y no alcanza
para aliviar tanto dolor
de tantos
* * *
si no fuera por las aspas del molino
y la cola de barrilete
que exige más y más alturas
si no fuera por el balanceo de las ramas
que acunan el regreso de las palomas
al nido primogénito
si no fuera por las hojas secas
en círculos a ras del suelo
si no fuera por el ángel cautivo de la piedra
y su piadosa vigilia debajo de la lluvia
ni por la resolana esquiva de las nubes
ni por las mejillas que en un simple roce
retoman el diálogo de las pieles
si no fuera por lo sepultado en la indiferencia
en la mentira
en los encierros
y sus cenizas
ni por los picos de pájaros que libran semillas
ni por el cuerpo de la tristeza
trashumante en lágrimas
si no fuera por estos pies descalzos
trenzados a mi falda
ni por el agua en pugna con las olas
ni por las velas agazapadas a los mástiles
ni por los foques agazapados a los mástiles
ni por las veletas hastiadas de horizontes
del viento
qué sería del viento
Poemas del libro de la autora: El silencio de los corales. Poemario inédito, 2024
María Pugliese
Muñiz, Buenos Aires, Argentina
Luis Alberto Taborda
Alabanza de la olla
para la dueña de la olla
Alabada sea la olla
pues en su canto
cabe el de todos nosotros
en este medio mundo proletario
Cuando baila en el fuego
al compás del primer hervor
su aliento nutricio
enardece las sangres
Somos sus hijos
después de todo somos
sus hijos
porque ella es la madre
de la furia del fulgor
del pescado los tallarines
el ponche la mazamorra
o el guiso carrero
Cuando nos vamos
/ y no siempre nos vamos
de la mejor forma o manera /
qué remota queda la olla
qué frío es el mundo
más allá de los elementos
que la concitan
Más allá del recinto de la cocina
donde los astros giran
alrededor de la receta fragante
En las manos sabias
para el aderezo
en la mirada lacrimógena
que piensa mitad en la cebolla
mitad en el hijo que anda lejos
yo encuentro todos los arcanos
Celebro poder decir estas cosas
si las callara mi poesía
no tendría sentido
Viva la olla de los entremeses!
La sacrosanta olla de la ropa sucia!
Viva la olla de mis cuarenta!
Viva la olla de mis cincuenta!
Y la que llega sin remilgos
como el perro fiel de la casa
para que en ella sopemos a la vida
Syrah
para Juan Arturo Barboza
En la bandera de su sombra
se cobija un dios aterciopelado y dadivoso.
Su piel tiene reminiscencias
de la fragancia de la noche
en que Cristo lo probó por última vez.
Nosotros lo resucitamos ahora
como sedientos apóstoles bebedores
que pretenden elevar un cauce
-entre la razón y el delirio-
para la eterna victoria del hombre y del cosmos.
Luis Alberto Taborda
Tinogasta, Catamarca, Argentina
Manuel Serrano
Día de verano
-Voy sacando el coche.
-Bájate algo.
-Ahora.
-Siempre ahora.
-No tardes.
Marisa recogió la nevera con el postre que había preparado su marido. A su suegra le encantaba el flan de huevo que hacía su “nene”. A ella le daba asco. Ya tenía la esterilla de la playa, las toallas y los potingues para el sol. No podía faltar el aftersun, o como se escriba… las chanclas, las putas chanclas para no clavarse los pedruscos de la mierda del campo. “La casita de campo”, decía su suegra. Una finca con una casa hecha de retazos, una balsa de riego y millones de moscas. Ella le llamaba “Villa Flay”.
-Ringo. Ven. -Y apareció el chucho. Un perro mestizo que su marido decía “de pura raza estrit dog”. Bastante viejo. Cada flatulencia del animal destrozaba el olfato. Y si lo soltaba en el coche…
Parecía un estibador cuando salió del ascensor con el perro y todos los trastos.
Por fin llegó a la salida del garaje. Dejó las cosas en el suelo y el perro empezó a ladrar. Quizá esperaba que saliera su dueño.
Pasaron diez minutos sin que apareciera. Diez minutos interminables a pleno sol. Le llamó al móvil y le saltó la vocecita con “…no se encuentra disponible…”. Recordó que dentro no había cobertura. El sol estaba alto y hacía muchísimo calor. Una mosca se le posó en la nariz y la espantó de un manotazo. El perro, aburrido soltó una meada olorosa a sus pies.
Cuando llevaba media hora de espera, sin poder moverse, ya harta de la situación, se colgó el bolso con su toalla, ató el perro a la nevera, paró un taxi y se fue a la playa.
-Otro día iremos a ver a tu madre, querido -le dijo sin palabras mientras el perro ladraba con furia al quedarse solo y ella apagaba el móvil.
Manuel Serrano
Valencia, España
Xenia Mora Rucabado
Verso jardinero
Porqué me adornas y me nombras
Con el prodigio de tu verso jardinero,
Con paisajes de barcos y sueños inconclusos
Lluvias de alamedas y silencios de escarcha.
Decime el porqué de tu intención escondida
Al contornear la palabra cuando el sol está en reposo,
Si inventas aromas de tinta a distancia
difuminas nostalgia de noches solitarias.
Acaso escuchas mis latidos y pausas
Con mirar húmedo de gotas cristalinas
Esta noche en plenitud me deshojaré cual rosa
Con el frío del desdén seré herida.
No me has reconocido todavía …
Ah no me prives del sol de tu mirada
Toma mi mano y no la sueltes
Me conocen todas las canciones de la lluvia,
No me dejes palidecer como la luna.
18-09-2023
Cruz
Cuando las acequias
engullen la palabra
sus bocas hambrientas
no calman
las milenarias ausencias
que hacen llorar los charcos.
Llevo una cruz oculta
desafiando un paradigma
con mi bandera al viento.
Ahora son muchos
y abren heridas en mis ideas
y sangra incertidumbre.
Tengo un poema escondido
aúllan los pájaros,
las bestias cantan
mis pesadillas.
Patean mi herida
con sonrisas de afecto.
Y salpican esquirlas
en mis ojos de sueños.
En un descuido
partieron mi vida.
Soy la subversiva.
Infinito
Espejos infinitos
reflejan una constelación
de miradas que hablan.
Alfombramos el cielo
de pétalos de versos,
entre silencios y brisas
que van y vienen.
Nos vestimos de luces
que iluminan mi universo de ti
Quedan musicales ecos
de venas que arden.
La médula lunar del tiempo
deja los sueños acurrucados
que titilan y perfuman el infinito.
Poema visceral
Desde adentro
miran mis ojos
en derrame visceral.
Día tras día
golpeo puertas
busco manos
encuentro garras
que lucran con mi sangre.
Suplico, aúllo, rasguño
siento paredes de acero.
Mi voz maniatada
cae al eco del abismo.
Cuando retiran
el respirador de la esperanza
tapian puertas y ventanas.
Y sólo muros de azulejos
gritan dolor a nadie
y brazos extendidos
imploran a fantasmas
con delantales ensangrentados.
Poemas tomados del blog de la autora
Xenia Mora Rucabado
Mendoza, Argentina
Jorge Curinao
Abandono
Un perro
cruza el puente
a las tres de la mañana.
El último gesto de la noche pide huesos.
Bajo nieve
Un rumor de pasos, sólo voces reunidas en la lluvia.
Galope inmóvil que aún retumba
como sombra de los días por venir.
Cruz del sur
Entro en mi cama
como quien espera
ser rescatado de este mundo.
Fotografía
Río
que te vuelves mar
devuélveme el silencio.
Lo triste de mi vida
es demasiado para tanta vida.
Dos primeros poemas pertenecen al libro del autor: Plegarias del humo (2009). Los otros poemas, tomados del blog del autor.
Jorge Curinao
Río Gallegos, Santa Cruz, Argentina
María Neder
Fuga
Este vuelo es sin escalas.
Cada naipe es pronunciación del viajero
con la vista esquiva en el pozo,
derivaciones de un suceso
y la reconstrucción de azares.
Este vuelo es sin escalas.
Interrumpir la partida será igual
a una fuga sin clave,
la orfandad sublime,
el ascenso y la caída
- y viceversa.
Interrumpir el juego es lo vano:
comprar títulos de honor,
el reincidente intento de cambiar
de colegio
de ciudad
de cuerpo.
Vértigo uno
Aumento de luz
no es deslumbramiento,
ni reflejo de un espejo contra
el sudor de tu mirada,
sino la jugada del vértigo
ese no creer no puede ser
esa figura
esa reina
sobre la mesa.
En este juego no hay cartas marcadas,
hay un rapto del otro.
El escarabajo con alas monta al elefante,
pronuncia un retroceso engañoso
y después el disparo.
Antes de trasponer el umbral
deberías alisar algún movimiento espontáneo,
llevar el cuerpo como si pudieras,
ejercitar también
una máscara de cera.
Hacer silencio
Si reiteras el gesto, la palabra,
secreto que delata la disparidad,
confesión ese naufragio de ser
la pulsión del encordado
(Ana Foutel cuando juega en el piano
y su silencio es alzar
los brazos en abrazo con el aire)
si volvieras a pronunciar la clave de fa
ausente en este pentagrama
donde vociferan las apuestas
(timbales manos picantes
tres ojos bizcos percusión
la mordedura de tu lengua)
deberás poner sordina,
tapar tu presencia enteramente
debajo aún más de un lienzo,
poner sordina. Hacer silencio.
El aire es el lugar
donde los garabatos de tu mano
escriben la arquitectura de otra ciudad
tan imposible como borgeana.
Poemas tomados del sitio web de la autora, del libro: Heridas de póker. Poesía. Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2012
María Neder
Nació en Buenos Aires. Vive de manera alterna entre Salta y Buenos Aires, Argentina
Ronald Bonilla Carvajal
Hablando del pecado
Mi pecado es haber nacido indefenso.
Y haber proferido un grito de libertad
cuando me alzaron del tobillo.
Mi pecado es y será
amar siempre
de casi toda forma posible tu mirada,
quizás porque condensa
la beatitud de todos los pecados.
Poema del libro del autor: Herida de agua, de pronta publicación en Editorial de la Universidad Nacional. Poema finalista al VII Premio Iberoamericano Pilar Fernández Labrador de Salamanca, España
Otoñero
Ya no quiero ser más otoño,
año a año,
más otoño,
no más hojas desprendidas de mi alero
al camino,
del camino a la pendiente,
adonde bajan hojarascas al río
de la muerte.
Ya no quiero ser más otoño
y que el viento remueva mis alas
en las sombrillas tristes del recuerdo.
Solo un transeúnte lento
en pos de las esquinas de los versos.
Solo un andariego roto
velando por los sueños de la alforja.
Solo un álabe cansino
regresando a la puerta de tus besos.
Solo eso,
en este otoño.
Nota del autor: Improvisación para el otoño desde mi estación de lluvias
Improvisación virtual
y es que de pronto dejo
esta carne
esta sangre en el tintero de siempre
estos huesos almacenados en la locura
de un desván
pulso teclas y teclas
y me diluyo en la noche
soy un poeta más en el silencio
y me acompañan miles de versos entusiastas
al otro lado del espacio
donde el aire es solo la quiniela
de saberse compartido
sombras y sombras fotografías
que nos develan sin importar la edad
y de pronto es virtual la noche que silba
detrás de la ventana
y se deshace la planta que dejaste
en la maceta de tu cuarto de huéspedes
donde al fin he viajado con mi sed de quimeras
con libros nuevos y un teclado caprichoso
sin abanico sin vino
mientras la montaña afuera también desaparece
y solo deja un murmullo virtual
de azahares
que a veces me golpea la puerta
pero no:
es tu voz que me llama
a compartir la alcoba principal
que se hace niebla
como todo lo que imaginamos
entre versos.
Nota del autor: Improvisación para los poetas virtuales. Sin puntuación sin mayúsculas solo dos puntos solos entre la pantalla que también se diluye
23-10-2015
Últimos dos poemas tomados de La revista CR
Ronald Bonilla Carvajal
San José de Costa Rica
Perla Chirino
La nostalgia se mueve como mariposa entre las flores. Ella navega por lugares color sepia y de mucho verde, rojos, amarillos, violetas… son los colores de las flores. También por rostros, palabras, gestos, voces, susurros. Amados en otros tiempos y en el presente también, ya que jamás fueron borrados de su memoria.
Están ahí, perdurando, se visten de todos los colores del arco iris, porque así los vivió, de colores. Fue blanca la camisa que lucía en ese baile de carnaval. Verdes sus ojos pícaros, graciosas sus mentirillas esparcidas en una conversación casi amarilla. Dulces sus besos azules, tiernas sus caricias color piel. Y todo él, como un colibrí que se tiñe de azul, de verde, de rojo, de amarillo… para conquistar, cortejar, mientras el insecto que vuela alrededor de ellos, se asienta en la memoria para afirmar que el amor nace y está ahí, dónde, cuándo y cómo quiere. Se ancló a su vida y quedará prendido a sus sueños de todos colores… como la mariposa.
Delira con el vuelo circular de esa candelilla un poco azul, casi verde, casi roja… que le trae melodías en corcheas, fusas y blancas para hacerla bailar. Gira con los valses vieneses, con los boleros de paso corto y abrazo de sentirse uno… ¡Así los bailó antaño! Tenían el brillo de los fuegos artificiales de la Navidad, color plata como la luna y dorado como el sol. Fue hasta la orilla del río y lo sintió llorar en sus plafplaf al chocar con las piedras… El río, color azucena, cálido y musical la invitó a bañarse en él… Ella accedió y con su corta estatura se recostó en el agua mansa. Luego el río le susurró un secreto: “Él volverá, está volviendo… prepara tus brazos para abrazarlo en azul, prepara tus labios para besarlo en color miel… Prepara tus manos para darle caricias color rosa… que él nunca tuvo esos colores ni a nadie que lo ame así”.
Ella se quedó esperando mucho tiempo… hasta que llegó la mariposa casi azul, casi verde, casi violeta y remontándola en su vuelo la llevó tan lejos que otra vez el río se puso a llorar.
Perla Chirino
La Rioja, Argentina
Alicia Balista
Con ojos doloridos
“Cuando me
van quedando espacios
zarpo por un
océano que dibujo en
el cuarto”
Mae Roque
Enredada por viscosos pensamientos
trato de asirme a tu dulce locura
mis manos resbalan por tus olas uniformes
caigo en el vacío de la razón
ambas miradas atrapadas en grises nubes
(agobia el silencio)
los espacios emigran del cuarto
la fría mañana persigue lágrimas
transita el amor por esquinas de ausentes espacios
-ambiciona paraíso-
rasguña paredes techos
busca la inmensidad perdida
se precipita al abismo azul
-océano dibujado-
zarpa mi barco de estrellas
(tejen anhelado camino)
el alba revolotea
te espero
con ojos doloridos hasta el infinito
2do. Premio X Concurso de Poesías y II de Cuentos Cortos “Carlos Castellán” 2006. Resolución Nº 657/06 - Consejo Deliberante Mercedes – Corrientes, Argentina
Anclado reclamo
“son más tristes
los muelles cuando
atracan”
Pablo Neruda
La casa madera y hojalata cimbrea
su cíclope ventana
desgarra cortinas
jirones vuelan trepan naufragan
sobre remolinos de arena
zozobran olas contra los muelles
espumas de pañuelos atracan
-infinitas veces-
tejen redes secretas
-de otras vidas-
emergen esperanzas de sueños primitivos
-breves mensajeras-
amanece el dolor de los siglos
-sobre océanos de hombres-
sin voces sin palabras sin silencios
se despierta la casa
delicioso aroma salino
-inmóvil silenciosa complacida resignada-
como anclada a la espera
reclama agobiado dolor
¿en qué ola sin nombre navega este poema?
1er. Premio Año 2009, SADE Sec. Surbonaerense Delegación San Vicente. Buenos Aires, Argentina
Alicia Balista
Villa Adelina, Buenos Aires, Argentina
Leo Lobos
Buscando luces en la ciudad luz
A Paz Carvajal y a la tan necesaria Paz para este mundo y el otro
Busca que busca
la luz de la palabra cruzando
ríos y lagos
mares y montañas internándose en
ciudades laberintos actuales bosques
sumergidos desde Santiago a Boston desde
Nueva York a París, París, París y en este
bosque blanco que, otra cosa, la misma cosa
la veo parada ahí
en la calle
pensando quizás en el eco
de las aguas entre la multitud y los autos veloces
buscando la luz, buscando las luces de una piel
que nadie podrá herir
mientras perdidos transeúntes
le preguntan
por dónde
por qué camino
por qué lugar
se entra
se sale del espejo
donde a ratos logran escuchar a un triste Lewis Carroll
llorar por una niña llamada Alicia
atrapada por
él
en
una
historia
paradojal
Marnay-sur-Seine, Francia, 2002
Tres mujeres, un piano, un gato y una tormenta
Es difícil ser un pájaro
y volar contra la tormenta sobre
la cicatriz de la Tierra
mejor es como un gato estar
siempre atento a las brasas
cerca de la chimenea
y escuchar
siempre atento escuchar
a tres lenguas diferentes hablar
un idioma a la vez fascinante
a la vez misterioso y conocido
oír e ir en su música
en sus luces y propias
y universales sombras
fotografiar
por tan solo un segundo
fotografiar con la mirada sus perfiles
de ser posible
flotar
dentro
de la sala
como
un pájaro
en
la
tormenta
Poemas de: Nieve y otros poemas, libro en el cual el autor reúne una selección de textos escritos en diez años
Leo Lobos
Santiago, Chile
Santiago Risso
Evolución
todas las páginas
de mi destino
fueron dibujadas
en los cómics rupestres
que observo
en el libro de historia
natural
la edición es de 1967
año que me recuerda
mi primer llanto
y aquellas páginas
amarillentas
ahora
me dicen
como un llanto raudo
y cíclico
que mi destino
reposa en el azul
cobijo
de un siguiente llanto
esta vez seco
y de páginas
pulverizadas
Inestabilidad
todo lo que toco
en la vida
está en constante nacimiento
o fenece
al levantarse
insurrecto el sol
derritiendo
el calor de la hoguera
me sujeto a tierra
y las erosiones
difuminadas
son usuales parroquianas
en la guantera
del Timón
de mi existencia
Interrogante antropológica
A Dalter,
Mi Poeta del Gran Buenos Aires.
¿De qué es capaz el hombre?
Interrogante antropológica que se plantea Kundera
Preocupación cíclica que suda la rosa
Una vez más el trigo sacude su piel dorada
El arco-iris tornasol entorna su mirada azul
¿Y qué ve?
Interrogante antropológica que se plantea Kundera
¿De qué es capaz el hombre?
Una vez rosa] [Una vez más, rosa el hombre
¿De qué es capaz el hombre?
Una vez más
Último poema, del libro del autor: Cuesta. Lima, 1999
Poemas tomados de la página http://www.antoniomiranda.com.br/
Santiago Risso
Lima, Perú
Norma Dus
Fernandito
El día era gris, lloviznaba y el viento azotaba los árboles. La gente caminaba apurada y encapuchada en sus preocupaciones. Nadie lo veía, nadie lo percibía.
Él se acurrucaba en el escalón de un viejo portón en desuso. Con sus ropas gastadas y mínimas, trataba de guarecerse. La barba mal recortada y el pelo apenas rasurado daban el aspecto de un cuidado exiguo. Sentado abrazando a sus piernas, cubría sus manos deformadas, laceradas.
Me acerqué sigiloso, para conversar. En realidad para tratar de ayudarlo, viendo que su mirada era perdida y sombría, pero no agresiva, solo temerosa.
-¿Cómo te llamás?
Me miró asustado y balbuceó algo que no entendí.
-¿Cómo te llamás, amigo?
-Fernandito -dijo, mirando por el rabillo del ojo.
-¿De dónde sos?
-De Canela -receloso, trató de decir en voz muy baja.
Su fonética, mezcla de brasilero y español, era poco entendible. Tenía un acento que dejaba deducir que era extranjero.
-Quiero ayudarte -le dije con pausa y demostrándole confianza.
Tímido me extendió una mano, de dedos en gancho y con señales de golpes. Una sonrisa ínfima se deslizó en sus labios agrietados. Seguramente pensó que le daría unas monedas o algo para comer.
Tuve dudas, después de mi acercamiento, sobre qué hacer con ese ser indefenso, aterido y maltratado. Pensé en llevarlo a la Policía Federal, pero ellos solo lo arrestarían. Pensé en Defensa Civil, pero ellos lo pondrían en un refugio para los sin techo. No era la solución que yo pretendía.
Mientras, en nuestro diálogo, ya más fluido y seguro, me aclaró que era argentino. No recordaba su apellido ni su edad. Solamente que se llamaba Fernando. No tenía identificación alguna y no sabía cómo había llegado a Brasil.
De pronto tuve una intuición, llevarlo al Consulado. Suponía que allí se encargarían con responsabilidad, de averiguar quién era y qué hacía en esas circunstancias.
Igualmente, caminaríamos hasta la Policía del Estado Civil. Sin documentos ni individualización alguna, fuimos hasta la calle Freixas 455. Procuraría que le dieran un baño y ropa limpia. Él estuvo de acuerdo. Con dificultad, se incorporó y tembloroso comenzó a dar sus pasos.
Quien nos recibió comenzó a interrogarnos. Nos dio las indicaciones del caso. Me informó que hasta entonces era un NN… Fernando quedaría allí para una investigación más profunda. Debí ir a buscarlo a la mañana siguiente.
¡Cuál no sería mi sorpresa, cuando supe que había una historia inconclusa!
Fernando tenía 29 años. Su legajo había sido abierto hacía 14 años atrás, en la lejana ciudad de Chos Malal (En lengua mapuche: Corral Amarillo), en la Patagonia argentina. Y esa causa permanecía en custodia, sin solución.
Aquel día Fernando jugaba al fútbol en un potrero del barrio. Tres personas miraban a través del alambrado. En un momento, una de ellas llamó “al rubiecito de pelos enrulados”.
Con preguntas sobre el partido y las reglas del juego, llevaron a Fernando hasta el portón de entrada. Sin dar tiempo a resistirse lo abrazaron y subieron a la combi estacionada, pero con el motor encendido.
El revuelo fue infernal y el momento ínfimo. No hubo lugar a reacción y Fernando se perdía en el final de la avenida y del tiempo.
En esos años se supo de varias desapariciones en la zona. Robo de niñas para la prostitución, se buscaban niños bien alimentados para el tráfico de órganos, preadolescentes para el trabajo esclavo. Se investigaban los cafetales colombianos, los algodonales en el Chaco, los prostíbulos en Bolivia y en Paraguay, las cosechas de plátanos y abacaxis* en Brasil.
Y hasta allá había llegado Fernandito… Años de insolación y sed. Espaldas encorvadas, manos heridas y deformadas por cachos y espinas. Picaduras de arañas habían dejado sus secuelas…
*Abacaxis: nombre que se le da al ananá en Brasil.
Del libro de la autora: El camino de libra
Norma Dus
Poeta de Concepción del Uruguay, Entre Ríos. Reside en San Carlos de Bariloche, Río Negro, Argentina
jueves, 4 de septiembre de 2025
Editorial
con voz propia Nº 144
Revista literaria
Septiembre 2025
Propietaria – Editora – Directora: Analía Pascaner
Publicación creada en noviembre de 2006
Distribución y publicación gratuitas
ISSN 2314-0275
Ahora no espero ni quiero nada y, por tanto, tengo mucho.
Julia Navarro
La tierra natal
No la llevamos en oscuros amuletos,
ni escribimos arrebatados suspiros sobre ella,
no perturba nuestro amargo sueño,
ni nos parece el paraíso prometido.
En nuestra alma no la convertimos
en objeto que se compra o se vende.
Por ella, enfermos, indigentes, errantes
ni siquiera la recordamos.
Sí, para nosotros es tierra en los zapatos.
Sí, para nosotros es piedra entre los dientes.
Y molemos, arrancamos, aplastamos
esa tierra que con nada se mezcla.
Pero en ella yacemos y somos ella,
y por eso, dichosos, la llamamos nuestra.
Anna Ajmátova
Ucrania, 1889 - Rusia,1966
De: Réquiem y otros poemas
En un mundo de ruido, confusión y conflicto, es necesario un espacio de silencio y paz interior; no la paz de la mera relajación, sino la paz de la claridad interior y el amor.
Thomas Merton
Revista literaria con voz propia
ISSN 2314-0275
Propietaria: Analía Pascaner
San Fernando del Valle de Catamarca
Catamarca – Argentina
Las expresiones derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva responsabilidad de cada autor.
Analía Pascaner
Hasta en los peores males es posible hallar una ración suficiente de bien como para que podamos soportar esos males con paciencia.
José Saramago
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