miércoles, 23 de marzo de 2016

Federico Spoliansky


La miscelánea de pobres y abolengos hace que todo sea posible.
Londres se presenta como una cantimplora para todas las razas, el imperio liberó a los esclavos, se fertiliza la paz. Otros esclavos inmigran, se recrea lo foráneo, San Jorge y el Dragón, se lotea la identidad. Los cuerpos que sólo conocieron un ave en la frente deambulan por bocas de subte y andén. Es el usufructo que dejó la guerra, el desconcierto de pieles curtidas bajo otro sol. Londres es tolerante, generosa, se subalquilan cuartos en edificios del municipio, se copian llaves, es ilegal.
-No es ilegal saberse tramposo -sostuvo mi tatarabuelo inglés. Y se trasladó. Cambió asma y patria por traficar opio en Shanghái.


*  *  * 

Debería ser costumbre aplaudir al atardecer, al encenderse una marquesina, caminar respetando el paso del buey, no estropear la decadencia.


*  *  * 

Habla de la enfermedad en tercera persona.
Los sobrevivientes quieren volver, escapan del refugio, la paz es tan incómoda que se suicidan para confirmar la explosión, buscan estar a solas con ella, vivirla una vez más en el cuerpo, el mundo que conocen permanece en ese abril. Piden volver, no al lugar, al hacinamiento que los sorprendió dormidos. Aman la tierra natal, tropeles de plomo y cobre suben por los aljibes. Algunos han quemado sábanas, se han arrojado alcohol, encendido el cuerpo y salamandras para volver, volver y que se reavive la Ucrania del útero radioactivo. Otros imitan la ceguera de los pájaros, el balido de los ciervos, las náuseas prosperan debajo de los pies. El casco urbano que una vez los albergó habita postales de saqueadores y aventureros. No se vacía el refugio por las muertes, el recambio de comarcas devuelve gritos a los territorios del borde, el poder los ha transformado en mendigos, a gusto en la miseria.


*  *  * 

Encuentro en el cuerpo un silo, un silo rodeado de otros silos, en cuál entro, cómo entro sin que me piquen las moscas que planean rodeándolo, maestro de todos los silos, maestro silo de todas las semillas que se van a plantar.   


*  *  * 

Es una síntesis decir amor, te amo, azalea versus lila, preguntarse: ¿qué nos diferencia?, ¿en dónde se encuentra el pensamiento de una azalea con el de una lila?, donde hay orangután, ¿no hay hombre?, ¿no hay piel de hombre y azalea, lila de hombre, magia y hacer?


*  *  * 

Siempre hay algo encerrado en la boca, tres patos pasan a caballo por donde camino y yo encierro con mi cámara la mirada de un mono, la piedra que le cae encima.


Textos del libro del autor: Duda Patrón. Editorial Alcion, 2010.


Federico Spoliansky
Capital Federal, Argentina

Adriano de San Martín


Fotografía en sepia

La niebla cubre la ciudad
fantasma que emerge lentamente
con un sol no tropical
obscurecido como las entrañas de los bulevares
cantinas amarillentas en el rojo carmín
de sus espejos

Una mujer cruza la Plaza de la Cultura
desdentada sin edad ni perfil
sombra eterna de mantos velos y cruces
que anochecida en los bosques del XIX
se busca en lo perdido por el milenio
al umbral de una metrópoli encadenada
por el galimatías que se vende a granel
bienes raíces lotería científica
dentífrico místico
seudohistoria y licantropía


Ciudad

El cósmico basurero de luces
no es la última botella
que acabamos en Bolero barrio Escalante
o Rayuela San Pedro Montes de Oca
tal vez Ceferinos bar Ciudad Quesada
ya avanzados los 80

tampoco los amigos sentados en la acera
tras la humareda de cigarrillos dobles
o la lenta marcha de un furgón
hacia la guerra
como dedos que desabrochan
el vestido de una muchacha
en el silencio de la clandestinidad

laberinto de imágenes temblorosas en la llanura sos
selva vaciada de la memoria
reverso en el daguerrotipo de lo contrario

paraje oscuro de otras voces
palabras que no pronunciamos
ni escribimos
promesas hechas en la ebriedad
del círculo de señoritas universitarias
que no se lo creyeron hasta la caída de sus calzones
el ronroneo alto de sus pechos
la nalgueada
el mordisco de la camisa en el rostro
la paliza de amor al verde ramazón del hipo
lo simple en la sublimación de luceros sobre el agua

sos eso y nada y todo
gesto que se expande por la ventana
como aullido o disparo
en el edificio del pánico donde palmaste

o la mano humedecida que apaga la luz
para enviarnos a la cama sin una hierbecita siquiera
tristes y ajenos como vos
aldea hipertrofiada por el sueño que no llega


El lobo púrpura

A Alfonso Peña, Tomás Saraví, David Maradiaga

El mito te convirtió en feroz recuerdo de arrabal

Por eso nadie recuerda nuestros diálogos
Sino la estupefaciente materia de tu vientre

Sin embargo / asistimos puntualmente a tus aullidos
En remolino de imágenes como la lluvia
Que oficiaba de persiana a los golpes del chacal

Aúllos que trastornaron la tranquilidad del barrio
Y cicatrizaron los hospitales con el griterío
Como antífona a la cacería de la gnosis de los poetas
Que se internaron bosque adentro en desvarío

Solamente queda la humareda de aquellos poemas
Escritos sobre las mesas con el puñal de la venganza

Ahora parecen viejos grafitos desclavados de la gran pared

Pero si nos esforzamos podríamos verlos aún
Al trasluz del tranvía que te encandila por dentro


Poemas del libro San José varia


Adriano de San Martín
San Carlos, Costa Rica

Omar Darío Ruiz


Intento de ciencia ficción poética

1

universo
te molesta mi ego ecuménico
la nocturna sombra nocturna
el semen fugaz en busca de su galaxia

tampoco aceptás
el opuesto cartucho de la palabra
vida en mi sexo interplanetario

para vos -universo
nada existe más allá del tiempo
el tiempo es el comienzo
donde terminan los encuentros prematuros

pero te digo -acá la nada se transforma
es un corto circuito en el alma
una víscera desangrada 
un órgano cristalino
energía carnívora

grieta por donde asoma otro universo 
reflejo asesino 
de su propia mirada duplicada

2

estoy en otra dimensión
voy y vuelvo
los niveles se superponen
la gravedad de la tierra
me come los pies

hago una grieta
salto
escapo
descubro seres que no conozco
una dos tres
cuatro risas me sostienen

afuera el agua suena
es otro tiempo en mi conciencia 
siento que se diluye el universo
que ahora soy todo
y a la vez uno
o nada

acá la razón no duele
mi cuerpo es un tejido creado
por dioses universales

tengo la certeza que en este lugar
voy a encontrar lo que fui

3

el obrero en este mundo
tiene un vuelo siempre disponible
incrustado en picos magnéticos

el hambre no tiene lugar
aquí el organismo vive del átomo
a base de energía espacial humana

su esencia nace de la abundancia eléctrica

se sabe que en el pasado
lo sólido fue instrumento de poder
palabra gorda en límites obscenos 

ahora el hueso del hombre
tiene río estelar abundante en la razón
órgano vivo a base de especias nutritivas

en este mundo se vive una igualdad concreta

la riqueza vital para los seres
se crea por la fricción espontánea
de bocas desiertas diluidas
en la partícula más diminuta de la luna


Omar Darío Ruiz
Buenos Aires, Argentina

Marisa Noemí González


Mis amigas

A veces parece que me hablan, aunque no pueden hablar ellas se comunican conmigo. Hace rato que convivimos todas juntas. Al principio no las podía ni ver. Me quería ir, pero no podía.
Había un amor que me ataba a la casa. Por amor me las aguanté. A veces cuando me despertaba de noche creía que me estaban diciendo algo. Trataba de escucharlas, pero al rato me dormía. Era bastante difícil no verlas. Una vez que vinieron las hormigas a invadir y ellas les marcaron el territorio. Son muy fuertes. Recuerdo que cuando era pequeñita me encantaba jugar con ellas. Era tan delicioso sentir sus caricias sobre las palmas de mis manos. No me gusta cuando él las mata de un zapatillazo. Un día me levanté y las vi a todas juntas. Eran tantas que era imposible contarlas. Lo habían rodeado a él. Rápidamente se le subieron al cuerpo, la sangre comenzó a manar. Yo me quedé mirando como mis amigas, las arañas lo mataban. 


La ofrenda

Después de que Nahuel se hubiera levantado rápido de la cama recordó que se había sentido muy contrariado de no poder ver las estrellas en el cielo en la noche de ayer, una verdadera lástima, pensó. Su madre lo había interrumpido para que no se perdiera la cena. Nahuel escuchó que su madre le decía desde la cocina que hoy primero de agosto era el día de la ofrenda a la Pachamama, que como siempre iban a ir todos incluso la abuela Francisca y que no podía jugar en la computadora que le había regalado el gobierno a su hermano Newen. Nahuel se apenó pero después pensó que sería divertido ir pues lo que más le gustaba a él era escuchar los copleros y copleras.
Ya era la hora de salir y Nahuel se olvidaba el gorrito tejido por la abuela Francisca, corrió a la pieza que compartía con su hermano mayor Newen, se lo colocó lo más rápido que pudo y por la ventana vio que se levantaba un viento extraño para las fechas en que estaban. Toda la familia se dirigió al punto de encuentro acordado para realizar la ofrenda de la Pachamama al que iban todos los años y el viento levantaba la tierra rojiza enfriándoles las ropas. Alrededor del pozo, el surco que se hacía en la tierra para alimentar a la Pachamama, los presentes que habían llevado comida y bebida fueron dejando uno por uno las ofrendas en el surco, la boca abierta de tierra de la Pachamama. Nahuel que no había llevado ninguna lo codeó a su hermano y este se rió, lo que provocó la mirada severa de su madre. Todos los presentes sacaron el cigarrillo y lo prendieron para colocarlo alrededor de las ofrendas. Esperaron un buen rato para que se consumieran hasta el final. Alen, la madre de Nahuel se estremeció pues el cigarrillo prendido por su madre, la Francisca, no se había apagado del todo. Significaba que una desgracia o la muerte se presentaría ante ellos. Las copleras y los copleros cantaban después de que los ofrendantes tomaban el vino para brindar con la Pachamama. Nahuel volvió a su casa con sus familiares cantando una copla: Pachamama, Santa Tierra haz que suba este cerrito sin cansarme, mientras pegaba saltitos al finalizar la copla.
Al día siguiente Nahuel se levantó solo, sin que su madre lo despertara. En la cocina se encontró con que su madre lloraba desconsoladamente.
-¿Mamá que te pasa?
Murió la abuela Francisca, Nahuel. Ayer durante la ceremonia su cigarrillo no terminó de apagarse hasta el final. La Pachamama nos habló.
Nahuel se entristeció, pues la abuela Francisca además de tejerles los gorritos a todos sus nietos también les preparaba unas galletas con naranja para que comieran en el recreo de la escuela. Entró corriendo Newen que les dijo:
-Hablé con Juan y me dijo que su mujer está esperando un bebé.
-¡Ves! -le dijo su madre a Nahuel- la Pachamama es sabia. Se llevó a la abuela al lugar de donde salió, del polvo venimos y al polvo volveremos; y la hizo fértil a la mujer de Juan bendiciéndola con una criatura.
Nahuel y Newen observaron por la ventana como quizás el viento que levantaba a la tierra rojiza se llevaba al Qhochapampa de la abuela Francisca.


Marisa Noemí González
Felix U Camet, General Pueyrredón, Buenos Aires, Argentina

M. C. Vásquez


En Marzo

Una mañana dulce de Marzo
Cuando el rocío destila las rosas
Nerviosa veo el reloj
Y el paso sin piedad de las horas,
¿Calmarán mis ansias un Whisky en las rocas?
Deseo tenerte a solas…

Ante todos somos un amor prohibido,
Un amor que para nadie tiene sentido…

Una noche oscura de Marzo
La criatura más Solemne abre su paso
Destrona su belleza a Selene
Con destellos vestida de plata
Nos miramos y nos convertimos en un Parnaso
Amándonos desde el ocaso…

Ante todos somos un amor prohibido,
Un amor que para nadie tiene sentido…

Amo las mañanas y noches de Marzo
En donde mis ansias de tenerte
A solas ya no son un desfaso…

Ante todos somos un amor prohibido,
Un amor que para nadie tiene sentido…


¿Bondad?

¿Bondad? ¿Quieres ver en ella bondad?
Si no tiene corazón
No tiene alma y no tiene compasión
¿No ves?, ¡en sus poros destila la maldad!

¿Bondad? ¿Quieres ver en ella bondad?
Si en su cuerpo moreno
Sus curvas emanan lujuria y libidinosidad
A su paso a todos hace pecar

¿Bondad? ¿Quieres ver en ella bondad?
Si se deleita en la injusticia
Y se goza en la impiedad.

¿Bondad? ¿Quieres ver en ella bondad?
Si en su alma vacía
Sólo el oro tiene lugar.

¿Bondad? ¿Quieres ver en ella bondad?
Si a su propia madre aborreció
Y a sus propios hijos despreció.

¿Bondad? ¿Quieres ver en ella bondad?
Busca en otro lado en ella…
Nunca lo veras.


Fanático sin razón

¿Dónde estás fanático sin razón?
Lastimas y culpas a tu hermano
Sin compasión,
Sólo porque no canta tu misma canción

¿Dónde estás fanático sin razón?
Que tomas la religión como un galardón
Te vistes de santo para
Juzgar y matar a tus pares y a otros tantos,
¿Acaso no tienes corazón?

¿Dónde estás fanático sin razón?
Perfecto te crees
En tu estar y tu hablar
Apedreas a otros y
No miras tu errar.

¿Dónde estás fanático sin razón?
En iglesias barrocas
O edificios de gran valor
En mezquitas de grandes cúpulas
O en Tsampas, kirones, santuarios
Como leones devoras a tu hermano
Escondido en las rocas
Con lo santo te evocas.
¿Dónde está tu honor?

¿Dónde estás fanático sin razón?
Asesinas a humanos
En nombre de Dios
Te enriqueces
Quitando el pan a tus hermanos
Que no tienen voz.

¿Dónde estás fanático sin razón?
Escondido en el Edén
Culpando a Dios o a la mujer,
A la serpiente o saber a quién.


                                         Del poemario inédito Ángel Bello

M. C. Vásquez

Osvaldo Ballina


Aire tendido

desagua el tiempo en la inminencia de la nada
la alegría se dispara y es un fenómeno celeste
sin testigos, ni mediación
vuela tras ella tu aire tendido
y no hay ruinas en el sendero de regreso
a la estación de montaña


Otro espacio, otro reino

se descarna el mundo
sueña en tu pecho alhajado
y la llama que desgajas,
de la nuca a los pies,
es la última mentira
o la primera verdad


Mediodía

toqué el laurel del lado de mi sombra
la desnudez dejó caer un eco de signos huérfanos
y la brisa se escondió, a río abierto,
detrás de tórridas máscaras, desposeídos
sin mala conciencia
y mariposas que se aparean
bajo santidad


Cabo da Roca

al frente
el infinito verde de un mar infinito

ojos abiertos a la omisión
de un testamento incumplido

detrás
el sublimado espanto de la historia

“puja el sueño de lo sagrado”
cantan

templo, espacio y sombra pura
en tiempo bicéfalo


La blanca tierra

cortado el último haz de lo silenciado
desnudo de máscaras, vestiduras y ornamentos
se abre el cosmos mental de la casa sin dueño
fuego rumoroso la voz habitante
burilada de luz en objetos tatuados
espesuras que congrega la blanca tierra
del alumbramiento y la demolición


Paraje  

en sanidad se lava el cuerpo
despega liberado de sí
y deja atrás el rancio aire canalla
de una tierra sin propósito


El zarpazo del tigre

lo oscuro más desnudo
mira perplejo desde la cueva
a los pequeños vivientes

sobre el demonio silencio
cae de pronto
sumario y pragmático
el zarpazo del tigre

y la boca impone entonces el orden inicial
el centro el círculo y el fuego


Carnadura terrena

hablando y deshablando
cae vertical tu amor
desvanecida la hierba
raíz de todo aire
y carnadura terrena
adiós de lo oculto
que se deja tomar
como si así fuera


De Refugio de altura, 2014


Osvaldo Ballina
La Plata, Buenos Aires, Argentina

Alba Estrella Gutiérrez


Los amantes

se contemplan
cristal de encuentro y desencuentro
los ojos en el nombre se contemplan
el miedo es un apenas todavía
se observan y se atreven a ser dos
suma del uno
a confiar historias que golpean de lejos
su caverna de miedos y alegría
desnudan sus presencias
y se atreven a abrazar todas sus ruinas
ordenan sus huesitos de nadie
se contemplan hermosos y fugaces
y se olvidan
se atreven a ser dos
un coraje de enigmas 

en el aire


Para “Alta en el cielo”
Una obra teatral maravillosa

delantal blanco
tiza de algodón
sueños en cuaderno
un lápiz para los miedos
y goma para borrar silencios
pequeña niña
tímida y fugaz
vuelo de gaviota
pececito azul y amarillo
nadando en los recuerdos
un delantal blanco
y “alta en el cielo”


Alba Estrella Gutiérrez
Buenos Aires, Argentina

Salomé Moltó


Cuando lo diferente coincide

- ¡No se la lleven, no se la lleven! Si me la quitan, me moriré.
- ¿Eso es lo que dijo el viejo?
- Exactamente
- ¿Tanto la quería?
- Pues parece que si.
- Y, ¿nunca se lo dijo?
- No, nunca, fue ella la que se declaró a pesar de la diferencia de edad.
- ¡Yaya sorpresa! ¡fue ella!
- Marcelo era un argentino que vino a luchar a España durante la guerra civil. Lo hirieron en Belchite, al terminar la guerra estuvo en un campo de concentración, en la cárcel y después no volvió a su país. Se casó aquí, pero su mujer murió al dar a luz y también su hijo. Llevó una vida de bohemio, la España franquista le oprimía. Se mantuvo indiferente, cerrado en sí mismo. Un día conoció a Clara, ya sabes, en el bar que estaba enfrente de la agencia que ella regentaba y donde iba a comer todos los días. Él era un harapiento vagabundo que el dueño del bar le daba de comer a condición de sacar la basura del bar por las noches y dar un barrido al local.
Un día Clara se lo quedó mirando y le dijo:
- ¿Estaría usted dispuesto a cuidarme el jardín?
- Deme un cobijo y la comida y trabajaré para usted.
-¡Hecho!
A partir de entonces Marcelo ocupó una habitación en la parte trasera de la casa. Comía en la cocina y durante el día cuidaba el jardín y los árboles frutales. Con el tiempo de una parte trasera de la casa hizo un huerto. Clara estaba encantada de comer verduras y frutas ecológicas.
Hablaban poco, eran dos mundos diferentes, no sólo por la edad, y no obstante, esos dos mundos diferentes, esos enfoques, vivencias distintas, se fueron acercando, un tiempo después, a través de largas conversaciones que no dejaban de sorprender a Clara, aquel vagabundo era culto, ponderado y respetuoso. En silencio se fue desarrollando entre ellos, algo profundo que ninguno de los dos se atrevió a clasificar y revelar, pero que se convirtió en el caldo de cultivo de su cotidianidad.
- Es sorprendente cómo las personas que se ven distantes, cuando las circunstancias surgen se trama un acercamiento, muchas veces profundo y duradero.
- Pues sí, hay algo que subyace en nuestro subconsciente, en nuestra parte más íntima y que puede aflorar en determinados momentos. 
- La casa de Clara, a menos de dos kilómetros del pueblo, estaba rodeada de 2.500 metros de jardín y desde que Marcelo vivía en ella, como ya te digo, también de una hermosa huerta.
Un ictus acabó con la vida de Clara, con la huerta y el jardín. Los herederos lo vendieron todo y Marcelo con el petate a cuestas, emprendió otro camino, más viejo y con el corazón destrozado. Y es que a pesar de la adversidad y sin importar las circunstancias, hay gente que sabe amar a todas las edades.


Salomé Moltó
Alcoy, Alicante, España

Omar Darío Ahumada


Alma (porqué la extraño)

Brillas en la noche
y tu magia lejana
le da nuevos destellos
a un alma marchita,
brillas y sin saberlo
le das nuevos colores
a un corazón
envuelto en tormentas,
quiebras el gris
de mi espacio,
llenas de luz esta soledad
que me encierra,
quisiera tener alas
para volar tan alto,
y alcanzar tu corazón,
sólo para cuidarlo,
Estás allí reflejada sobre el mar,
estás allí y no te puedo alcanzar,
estás allí y no te das cuenta,
que toda mi magia
es para ti,
Quisiera ser el sol que te ilumina
pero tan sólo soy
un destello de luz
tras la neblina,
quisiera llegar a ti,
y calar tan hondo
como tú has llegado a mí,
Sé que estas allí,
y tan solo
quisiera estar junto a ti…
A pesar de esta distancia…


Que los golpes no callen tu voz

Que te griten insulten y denigren
ni es normal ni tampoco es justo.
Que te ofendan cuestionen o ataquen,
no es sensato, ni es respeto hacia vos.
Nadie debe silenciar tu voz.

Que te hagan llorar o sangrar,
no es correcto ni tampoco es moral.
Si te hacen daño o censuran tu opinión
no te aman ni cuidan tu corazón.

Si te golpean no te dan cariño
y muchísimo menos amor.

Hoy tu cuerpo relata tu día
y es muy grande ese moretón,
una placa con dos costillas rotas,
y el daño que llega al pulmón.

Que los golpes no callen tu voz
que los golpes no apaguen tu luz,
que los gritos no te hundan en silencios,
ni el infierno te llene de dolor.

Nadie tiene derecho a tratarte
cual si fueras material de descarte,
nadie puede levantarte la mano,
ni tiene derecho a hacerte daño.

Tú no eres inferior a nadie
no lo pienses ni una sola vez.

Que los golpes no callen tu voz,
y que nadie apague tu vida,
tienes derecho a vivir sin violencia,
a ser feliz y recibir amor;
tú eres un ser valioso,
y en tu interior brilla el sol.


Eres la luna sobre el mar...

No hay preguntas que responder
a veces los sueños no pueden ser,
y ahora al despertar me doy cuenta
que sólo se puede amar a alguien real.
Ya no hay palabras que decir
ni sentimientos que inventar,
tan sólo preguntas,
¿por qué te amo
si eres sólo un sueño más?
mujer distante ángel virtual.
¿por qué te quiero
si eres sólo un sueño más?
eres la luna sobre el mar…


Omar Darío Ahumada
Nació en Capital Federal. Reside en General Pacheco, Buenos Aires, Argentina

Aurea López Quiles


Rap en el cole

Gorriones en los nidos
que se asustan de ruidos
y peces en los ríos
que temen los vertidos.
Niños en los colegios
que no quieren que cierren.
Por eso no te calles,
por eso no te cortes,
cuando tú estés en las calles,
pues no quieres recortes,
y ponle RAP al cole.

Yo sé que no calló
uno que se cayó,
y si anda con cayado
ya sigue caminando
y no marcha callando.


Hay libros

Los libros de historias
me ponen melancólica
y los de magia,
un poco nostálgica.
Con los de Ciencias
aprendo de experiencias
y busco en el diccionario
palabras desconocidas.
Para pasar el tiempo
leo entretenimientos
y para preparar galletas
de mi libro de cocina
las más apetitosas recetas.


Minúsculas y mayúsculas

Me gustaría medir
la cola de los dragones,
el cucurucho de un mago,
la distancia entre planetas,
el zigzag que hacen los rayos
y el sonido de los truenos
en un día de tormenta.
Pesar los granos de arena
en las dunas del desierto,
contar los copos de nieve
que caen sobre las aceras
o las gotas de la lluvia
del charco donde chapoteo.
También cuánta diferencia
entre las letras minúsculas
y las que llaman mayúsculas.


La lagartija

La lagartija se escapa
de sus manos temblorosas
escurridiza.
No repara en su huida
en los deseos infantiles
para que siga suya.
Tiene la cola partida
en cautiverio perdida,
le crecerá en unos días.
Se despide sonriente,
ausente, sin detenerse,
con agilidad ya corre.
Su vida protege
en la rápida subida
para esconderse.
Una niña la sigue,
nublada la mirada
y allá arriba la busca
sintiéndose burlada.


Poemas pertenecen al libro de la autora: El rap de la escuela

Áurea López Quiles
Alicante, España