revuelta por una cuchara para siempre
Y que no quede rastro
de que alguna vez hubo noche acá,
que se piense y que
parezca que el día no avanzó,
que el calendario se mutiló a sí mismo.
Que sea el día más largo de la vida,
que la noche se disuelva
hasta que parezca día,
Como el café en la taza de leche.
Que siempre sea de día
para que los demonios que vienen de noche
se queden en la espera,
se queden en la potencia
de una noche que nunca llegará
que atrapados exploten de locura
hasta que sean sanos
y efectivamente
sean capaces de aparecer
un día sin noche
desarmados lindos
y cuando sea de noche nuevamente
se vuelva una y otra vez, ves.
Enferma
Ella gozaba
de buena salud,
yo le contagié el olvido
y por eso la recuerdo.
Soy yo
quien
vuelve a caer
en el hospitalario placer
de tener a quien confiarle
un olvido
y de olvidarme de las palabras
para recordar,
jugando en la línea de tener a quien
querer
odiar
recordar.
Tranquilidad y hermosura
Si tú mueres
yo muero…
Si me adviertes de una jungla
desparramada
en el orden matinal,
brillante por la neblina,
me puedo perder en las cosas
que no son cuando están en ti
al interior de tu estatura…
Si tú vienes yo espero
saber exactamente lo que no
sabemos
y pretender que el largo
del silencio
se asemeja a la cara más instantánea
de los días prestados a la noche
que no pasa,
si no es en un abrir y cerrar
de ojos sentados al piano…
puede ser una buena señal
de tranquilidad y hermosura,
incluso mejor que aquellos damascos cercanos
que dibujaste en la parte de atrás de tu cuaderno,
qué siniestra escena
yo contigo,
tú sin mí,
el aire sin atmósfera
y aquello que es un color y además es rojo
en el centro del fuego de los días
de los abrazos de tu pelo
y sin embargo
tranquilo,
si tú mueres
yo muero.
Textos del poemario del autor: Los silencios bien guardados. Grupo Casa Azul
Jaime Villanueva Donoso
Viña del Mar, Chile
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