sábado, 13 de junio de 2026

Abel Otto Torre

Fin del juego 

Hace tiempo quiero comunicarme, pero no puedo. 
La oscuridad me rodea e imposibilita hasta el surgir de mis pensamientos. De tanto en tanto veo luces; a ratos túneles y tortuosos caminos que se bifurcan o me siento caer desde ominosos toboganes al vacío en un silencio que nunca había experimentado y también veo personas y luces poderosas que hieren mis ojos aun cuando los cierro mientras oigo a mis padres que me llaman, y veo amigos que extienden sus brazos para abrazarme y que me indican qué camino debiera elegir entre los muchos que se separan ante mí pero sin embargo no puedo o no sé en qué lugar y tiempo me encuentro porque hay una razón por la que estoy aquí y debo averiguar qué lugar es éste en el que existo o si estoy muriendo, o naciendo porque hasta no saber no podré tomar una decisión mientras algo extraño está sucediendo porque ahora siento dolor y lo que sea que haya ocurrido me deja ver entre relámpagos manos ávidas entrecruzándose sobre ruedas de colores y bellas mujeres vestidas lujosamente y más ruedas que giran y es que mi memoria despierta y regresa al pasado para ver otra vez la sonrisa de mis padres que me tientan a seguirlos y mientras pienso que debo resistir es cuando huelo el licor que se derrama y el humo de habanos que nublan los salones entremezclándose al aroma acre de mi odio y de los cuerpos desnudos abrazados y otra vez las luces que no se apagan ni confunden con la oscuridad y las sombras y los abrazos ajenos y el asco me desquician y esos ojos como estrellas en las noches deambulando sobre el túnel de mis padres que se mezclan con perfumes extraños y los gritos que son engullidos en un laberinto de espanto y miedo cuando veo dos caminos que se ensanchan y la oscuridad y el silencio que se han roto precisamente en ese lugar en el que intuyo hay sólo olvido cuando mis ojos si los tuviera para mirar ven en mi mano un refulgente aro de acero y de pronto el fuego y la pólvora incendiada que se esparce mientras ella sigue allí recostada, mientras crece el olor de aquel cuerpo que no es mío y en los salones los vestidos y las ruedas quedan demorados bajo las luces que suavemente se apagan mientras llega a mis oídos el sonido de mil fichas que se esparcen en el suelo y recuerdo ahora que tuve una fortuna en mis manos que ya no me importa porque allí está el camino al que me dirijo sin mirar atrás y al llegar a la negrura siento finalmente una maravillosa sensación de paz que me consuela. 


Abel Otto Torre 
Córdoba, Argentina

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