Delicia es apagar la soledad
sobre una espalda de mujer
en un instante azul que rompe los absurdos.
Traición es un incendio en lo sagrado
una amarga cicatriz fosforescente
que nunca termina de sanarse.
Belleza es el intenso resplandor
de magnolias que se abren
o una niña entusiasmada por el arcoíris.
Cárceles y cementerios
Cárceles y cementerios me limpiaron la visión.
He aprendido lo importante en el peñasco de las lágrimas.
Libre como las panteras o los arcoíris.
Como el reino secreto de la noche.
Como la luz purificada de ciertas cicatrices.
Pájaros y flores y niñez divinidades sencillas.
He avivado en mis entrañas un fuego de otro mundo.
Murciélagos y colibríes
Cae la mañana y con ella algo de mí.
Cadena de gorriones y cuervos en las calles cotidianas.
Árboles como brujas que susurran.
¿Qué me roban los ojos reptiles,
los ojos ávidos que nunca dan dulzura?
Atardece
en el vértigo violento de la ciudad donde vivo.
Veo palomas dormidas y rostros con huellas de dolor.
Nada, nada exime
de asumir la lucidez más ardiente.
Llega la noche entre murciélagos y colibríes.
Un sabio transforma su martirio en un reino de luciérnagas.
Acribillado
Acribillado
por una gris codicia.
En las contradanzas del idilio.
Entre crímenes y rosas.
Con la certeza más feroz
ante todos los abismos.
Añoro el principio;
los juegos sin reloj,
las manos de mi abuela,
el asombro indecible
mirando a una tortuga.
Es duro conocer el rencor.
La lucha salvaje por la supervivencia.
El verano desmedido quemando las cosechas.
Que a veces no hay nada
debajo de las máscaras.
Alternancia agridulce
de música y aullidos.
Escombros encendidos
He asimilado la vastedad.
Cuando mi mirada liberó todas sus cargas
como escombros encendidos.
Cuando mi pecho aceptó su sombra antigua
de cuervo que agoniza.
Cuando mi lengua saboreó una mujer
con nuestras almas fusionadas.
He forjado la llave milagrosa
para mutar con elegancia al Otro Lado
y no volver a este denso territorio
repleto de trampas
repleto de prisiones.
He tiritado en la cumbre del temor.
He quemado las máscaras mundanas
perdido en el ocaso brutal
de la última felicidad transparente.
Damián Andreñuk
La Plata, Buenos Aires, Argentina
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