El calmo hastío
degrada
el encierro
Los huesos pesan
amazacotando
las vueltas
Recoge la mirada
los ojos gotean
Las botas anuncian
la soberanía del látigo
Fósforos de carne
se encienden y cercenan
Emancipado ese animal
huye.
En el barro
En el barro
los cascos
cuando
en el luto
sucumben
los hermanos.
La mecedora
Susurran las plantas
y el fuego rechina en el jardín
La mecedera atempera
la asfixia del remordimiento.
Indagar
Ráfagas ligeras
envuelven
la palidez de la mujer
Una sombrilla de luna
observa
el mar en su enojo
La arena despreocupada
se pasea en la cintura
Un magnetismo aparente
enjaula las pestañas
mientras
indaga con la mirada
los zarpazos del mar.
Verde
Oscila
en el aire
un verde intenso
El hilo
sincroniza
el movimiento
Llora
un niño
su desilusión
Globo.
Sobrevolar, revolotear
Indóciles
claros oscuros
sobrevuelan
los umbrales de la aventura
Un meneo frágil
fisura
el cuerpo compacto
Revolotean indulgencias
en los ojos áridos
Hincada
Adriana
zurce tajos
ensangrentados.
Poemas inéditos
Ana Romano
Poeta nacida en Córdoba. Reside en Capital Federal, Argentina
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