sábado, 13 de junio de 2026

Norma Etcheverry

Camino de la escuela 

Caminábamos casi diez cuadras 
por inciertas veredas,
muy temprano, a la mañana. 
El agua se escarchaba sobre la superficie 
de las zanjas y nosotros nos asomábamos 
peligrosamente al borde 
para quebrarlo 
con la punta del pie. 
El viento helado en los ojos nos hacía llorar, 
la nariz y las orejas se nos congelaban, 
pero nos divertía sentir el frío y nos gustaban 
las sensaciones del invierno. 
Igual que el mate cocido con leche 
del primer recreo, 
junto a los chicos de un barrio 
donde todas las casas se parecían entre sí. 


El tren carguero 

De vez en cuando nos topábamos 
con algún carguero 
y nos quedábamos largo rato 
contando los vagones. 
La cabeza se extraviaba imaginando 
por qué lugares andarían 
antes y después, 
bajo qué soles, 
por cuáles lluvias, con qué personas, 
que tendrían qué historias 
vaya a saber dónde. 
Finalmente 
perdíamos la cuenta de los vagones 
y nos íbamos por ahí, pateando piedras, 
hasta achicarse el horizonte. 


Tener dos corazones y uno que cante 

Amanece y el día recoge mansamente 
los primeros rayos de luz sobre la plaza. 
Aprendí muchas cosas de esta vida 
pero en otra 
me gustaría volver a ser la niña que fui, 
aprender el nombre de los presidentes, 
tener dos corazones y uno que cante 
la marcha peronista. 
Me gustaría ver, como antes, a mi madre en la cocina 
con sus moldes y la Singer, 
aunque me pinche el alma uniendo los retazos. 
Repetir sobre la arena los versos de Alfonsina, 
escuchar a Alfonsín recitando el preámbulo, 
amar a hombres que se irán por el mundo. 
Me gustaría volver a mi casa de niña, 
retener la belleza de los patios frutales, 
grabarme la inocente demora de la infancia 
y el sueño de los pueblos que atraviesan la historia. 


Amigo de al lado 

Tenía un Winco y escuchaba Léon Gieco, 
le gustaban los Beatles, 
adorábamos la banda de caballos cansados 
y a su padre campesino. 
Nos robábamos besos entre los alambrados
sin saber. 

En la puerta de su casa, 
sentados sobre el tronco que hacía las veces 
de banquito, esperábamos 
a que volviera a sonar el tocadiscos. 

Todos se habían ido 
con la música a otra parte. 


El día que murió Perón 

¿Estábamos en cuarto o en quinto 
cuando murió Perón? 
Fue uno de esos días que caía una lluvia 
vertical y sistemática 
como si fuera un registro de cifras indeseables. 
En aquellos tiempos, casi todas las calles del pueblo 
eran de tierra, 
nadie quería salir cuando el agua borraba los detalles 
de la acera. 
Camino al almacén podíamos ver 
por las ventanas abiertas de los vecinos 
brotar de las pantallas multitud de paraguas. 
Al otro día, en la escuela, 
bajaron la bandera a media asta, 
hicimos un minuto de silencio y sobre el pupitre, 
cantamos a capella. 
Una sola vez canté la marcha peronista, 
el día que murió Perón. 


Poemas del libro de la autora: País niño 
Norma Etcheverry 
La Plata, Buenos Aires, Argentina

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