viernes, 29 de noviembre de 2013

Victoria Asís

-Nació en Entre Ríos. Reside en Magdalena, Buenos Aires, Argentina-


(Alelos)

Me llega su sonido en composiciones de algún adagio
y somos dos sensaciones que se columpian
en el espacio

Y así sin remitente, yo lo descubro en la arquitectura
de su palabra, que se madura en el calor de su sonrisa.
Quizá por eso, siempre lo espero.

Porque sin duda habrá un alelo de su andamiaje
que compartimos, es raza pura que se alimenta 
de los poemas y construcciones sonoras que nos atañen. . .


Albatros

Surgen en la escollera,
albatros de silencioso andar
a lo lejos se ven cual monjes de hábitos blancos.

Por momentos su presencia se hace bullicio
la vigilia los inquieta esperando al barco pasar
en las frías aguas les dejan el preciado manjar.

Tanta paciencia es premiada por abundantes camarones
y frutos que el mar les provee.
Una suerte de festín los une y prevalece la unión.

El cotidiano ritual; concluye
y en vigoroso aleteo, 
se adueñan de la inmensidad. . .


               *  *  *


Mi tierra, hecha de fuegos y fumarolas. . .

Desde mi pequeño reducto quiero nombrarte, 
Decepción, hecha de hielo y fuego

Abordarte por los Fuelles de Neptuno
anclar en tu anillo de carbonilla caliente y recorrer
tu ensenada de guijarros y fumarolas.

Desde tus factorías veías llegar
al Puerto Deseado en busca de nuevas rutas
y el perfil de canchas de pesca.

Ni el frío o las erupciones han limitado su curso
que lo llevan a navegar y recalar en puertos
del fin del mundo. . .


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Sacude el polvo, levanta la cara y sigue tu camino. Y que el mundo se aparte a tu paso con el corazón firme, guerrero y lleno de esperanza.
Sergio Zaldívar
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Lao Paunero

-La Plata, Buenos Aires, Argentina-


Alegre mente

porqué te apuras tanto
dijo la tortuga a la oruga

pronto seré mariposa
contestó como si tal cosa

posarás sobre la rosa
afirmó muy atrevida

todo eso y mucho más
respondió muy engreída

escuchaba el caracol
y pensaba silencioso

que no hay nada tan grandioso
ni nada nuevo bajo el sol

ya está todo dicho
gritaron todos los bichos

el jardín se arrodilló
junto al jardinero

por tomar su trabajo en serio
terminó en el loquero

nadie es imprescindible
meditaba el caracol
escondiendo los cuernitos

salió corriendo el poeta
y tiró el lápiz asustado
renunciando a la poesía

es que ya está todo escrito
trinaban los pajaritos


Él siempre

de pronto como si
el tiempo que hubo
ahora se detuvo

detrás de las nubes
un resplandor de sol

momentos habidos
instantes perdidos
ya no volverán

igual bienvenidos
los tiempos pasados

ni una gota de lluvia
ni un soplido de viento

llovieron tormentas
se escucharon lamentos
y corrieron las nubes

se sienten ranitas
con un dulce coro
muy acompasado

sensación de lo eterno
que colma mi alma
y restablece la calma
pleno de sentimiento
se detuvo el tiempo
que siempre estará


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No dejes que se muera el sol, sin que se hayan muerto tus rencores.
Mahatma Gandhi
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Emilio Núñez Ferreiro

-Nació en Barcelona, España. Reside en San Antonio de Padua, Buenos Aires, Argentina-


Tu nombre

Sobre la ocre superficie de la arena, dibujo tu nombre. Quiero ordenarle a mi índice que intente escribir otro, pero en cuanto empieza a dibujar la "M", el intento es un imposible.
Estoy sentado frente al mar y las olas se ponen en punta de pie para leerlo. Con furia y celos, la marea acaba de borrarlo. Ahora, sobre la arena empapada, re-escribo tu nombre y el agua que aún persiste, mientras se va escurriendo por los contornos de tu gracia, adquiere dimensiones y abismos que no le conocía.
La obstinación de otra ola más resuelta, tilda de pronto, lo que yo no me animo a deshacer. Me incorporo, mientras me alejo de la orilla, me empecino en buscar otro pizarrón de arena. Dibujo otra "M" con caracteres góticos, la anulo. Intento con otra más redondeada y de grandes arabescos. Pienso en hacer una "D", me suelen salir muy lindas, pero no hay ni una en tu nombre; y quizá, inconscientemente, la descarto, pues no nos pertenece.
Tu nombre me sabe a arena borrada, aunque podría saber a hierba húmeda de aquella vez, pero insisto y garabateo otra "M" más simple, como las que trazaba antes de conocerte. Me debió gustar, pues mi dedo ha seguido con la "a" minúscula. Quisiera y no, detenerlo, pero prosigue con la "r", y lo hace con un rulito en el extremo izquierdo que seduce a mi desánimo y hace música de bolero. Ahora ya está en la "i" y el cariñoso diminutivo con el que te nombraba, acaba de completarse. Estoy a punto de dejarlo así, pero el dedo ya está terminando una "s" igualita a la que hacía en la primaria.         
  Las crestas de las olas se han subido a una escalera que no existe y avanzan en puntas de pie, obstinadas en borrar tu nombre. Me apresuro, le ordeno a mi índice para que complete tu apelativo con la "a" que le falta.
Ya siento que llegan a mi cara las primeras gotas de espuma. Son las que se adelantan al cataclismo salitroso que se acerca. A la postrera "a" sólo le falta la patita. Apenas acabarla, la ambición acuosa apresura su llegada; pero la valentía de un pequeño montículo de arena, se lo impide.
Los primeros estertores de espuma que sobrepasaron tu nombre, son ahora los últimos que retroceden en busca del mar al que pertenecen. Se escurren lentamente por los surcos que, en su loco avance, han trazado. Y tu nombre, Marisa mía, ha quedado insólitamente indemne.
Me alegro, no sé por qué, pero me alegro. Es una alegría efímera, pasajera. De pronto, quiero ser yo el artífice, el destructivo autor que lo suprima. Con la palma hacia abajo, me aboco a hacerlo, pero no puedo. Después de todo, ya se encargará este viento marino en tacharlo definitivamente. O acaso, lo logre otra ola que tenga más fuerzas.
Y ahora me voy a donde no haya arena, ni tizas, ni crayones, ni siquiera un solo lápiz. No los necesito, Tu nombre estará en mí para siempre. 


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Sostén como puedas un espíritu alegre; y nunca dudes que el destino ofrece un futuro grato por el dolor presente.
Charlotte Brontë
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Rodolfo Leiro

-Buenos Aires, Argentina-


Piedad

Hoy pide piedad la dama altiva
que supo ser mi niña primorosa
y en una madrugada tormentosa,
con su silueta de telenda argiva,

su porte y su paso que cautiva,
su blusa desafiante en la donosa
prestancia de su mística armoniosa,
partió como cometa a la deriva.

Y me dolió su tránsito de diva
en busca de una fama conflictiva,
prismático que tima el infinito.

Ya no la reconozco, es un pasado
con besos que se hurtaron de mi prado.
Desempolvo mi cítara en el mito.


Cataclismos

Si es verdad que los grandes cataclismos
despiertan los eméritos talentos,
me sumo a las vorágines de vientos,
abrevo en la impiedad de los abismos;

me trepo a la violencia de los sismos,
explosiono en los lampos de tormentos,
me giro en el turbión de los lamentos
para encallar mi tesis en los istmos.

En el propio estupor de las procelas
extiendo en papirolas de gacelas
este parco cerebro que retoña

la vasta sensación de verme necio.
¡Es que quiero evadirme del desprecio!
¡Y ofrecerte talento en mi borgoña!

Nota del autor: Construido a las 14,12 del 23 de abril de 2013 para mi libro Colisiones asonantes


Caminito
Una sombra a lo lejos serás,
Una sombra lo mismo que yo….
(1926) Gabino Coria Peñaloza y Juan de Dios Filiberto

Bajo los sueños que lo años minan
recorre mi memoria el caminito,
que mis pasos rolaron como un rito
de logros que caducan y se finan;

primer amor, el beso, se confinan
en promesas nevadas por el mito
de consumir las horas, como lito*
que se nervan y fácticos declinan.

Mirar aquel ayer, hoy me lastiman,
como luces y duelos que se enciman
desde glosas del ciclo adolescente:

Ya en los pasos postreros de mi suerte,
caminito querido, vuelvo a verte,
como un paisaje azul sobre mi frente.

*Lito: de litar, hacer un sacrificio.
Nota del autor: Construido a las 9,59 del 16 de abril de 2013 para mi Libro Colisiones asonantes

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Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión.
Paulo Freire
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Jaime Icho Kozak

-Madrid, España-


Ahora van a limpiar el mar

Ahora van a limpiar el mar
de cuerpos de niños estorbando
a las bandas imperiales
de tiendas ultramarinas.

Allí donde crecen el musgo
y el olvido en fosas comunes,
sin banderas.

Dicen que el hambre es negra,
no tiene color y los almanaques
son objetos inútiles
porque las vacas tristes
no saben leer.

Los niños son arrasados
y ni siquiera tienen
un número en el pecho,
porque según cuentan,
las mariposas mueren jóvenes,
y los buitres esperan ser abatidos
sin nombre, ni edad, ni tiempo.

Soñaban cada noche
mientras corrían al alba
por sucios mercados
sin saber que su sangre
correría todo el día.

Los bravos soldados
no saben porqué
pelean y mueren,
tal vez en nombre
de la diosa muerte
con trajes de luces,
creyendo
que el primer cadáver
fue un maniquí pintarrajeado
de amarillo color desierto.


Después del espectáculo

Me recuerdo encerrado
escribiendo versos
para que mi alma, exista.

Quise también, olvidar facturas viejas
y fotos perfectamente ordenadas,
volcadas por el suelo.

Después del espectáculo,
la noche me enseña a mirar
mi agitación sin más ideas
que su fuerza amazónica
y libertades
salvajes en bambalinas.

Nada me pertenece
con la posesión del sueño,
ni reúne mis actos abandonados.

Suelo orientarme en soledad
por el olfato,
como un primitivo
en busca de procreación o de presa.

Cuando me deslumbran cenitales
alondras convertidas en agua
y astros labiales me recuerdan
por calles de Madrid
siguiendo sombras de Lope,
cambian matices,
cae el telón.


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Si sólo se tratara de ser felices no sería difícil: lo malo es que queremos ser más felices que los demás, y eso es dificilísimo, porque siempre les imaginamos mucho más felices de lo que son en realidad.
Montesquieu
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Graciela Chajud

-Buenos Aires, Argentina-


Hombrecito de otoño
  
Bajó una figura similar al del Principito. Yo estaba sentada en el umbral de mi casa, una tarde de Otoño.
Las calles eran exageradamente empedradas, no había neblina, pero mis ojos recibían imágenes como si un humo empañara mi visión.
El hombrecillo caminaba lentamente, venía desde la esquina, traía una flor en la mano, un temblor de infancia con olor a susto me paralizó.
Al principio creí estar soñando, pero no era así ya que en mis sueños, cuando el miedo me cubría de espanto, me despertaba.
Allí descubrí que no era otra estación, él se irguió delante de mí muy seguro, al punto que me cedió seguridad. Me preguntó porqué estaba en el umbral y el motivo que tenía para ver las calles empedradas con imágenes grises.
Le contesté simplemente porque eran así.
Él me corrigió y girando su cabeza comenzó a hacer otra descripción del lugar.  
Con su dedo índice iba señalando los paisajes oscuros y a medida que lo hacía, todo se convertía tal cual él lo definía…
El gris de la neblina se evaporó, dejando a los rayos del sol traspasar el muro de mi alma.
Las desparejas piedras de adoquín, molestas y oscuras, se convertían en una pradera de girasoles amarillos más intensos, colores penetrantes, como jamás se aglutinaron en mi retina…
Una fragancia con aroma a eternidad flotaba entre el hombrecillo y yo.
El pánico acumulado, empezó a desmoronarse en pedazos al igual que el desasosiego originado por los siglos de la incertidumbre.
Siguió su dedo índice, señalando un horizonte, donde antes se desplazaban unas vías antiguas de estación abandonada, como tantas… y donde el tren con su ruido furioso ya había callado. Pero cuando el hombrecillo retiró su dedo, un lago de aguas verdes y fluida musicalización a manantial albergaban cientos de peces felices. Sobre ellos un arco iris, con más de siete colores coronaban sus bailes.
Recién allí me dijo que había llegado el momento de irse, que continuara sola, porque me había cedido el paisaje señalado.
Se fue en silencio y despacio, me dejó la flor que traía en su mano, jamás se marchitó al igual que su paisaje.


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Somos el tiempo que dedicamos a nuestros sueños.
Paulo Neo
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Jorge Lacuadra

-Nació en Santa Fe. Reside en Córdoba, Argentina-


Los ríos

Si un día, todos los ríos, sólo por ego,
elevaran sus cauces hasta el génesis,
perderíamos la huella de los tiempos,
carentes de referencias sobre la piel.

El río es un río y más que río,
Es serpiente que horada la espesura,
collar que engalana la corteza.
El río cuando es río, suena a río.

Si un día, todos los ríos, por despecho,
remontaran sus piedras cuesta arriba,
la montaña sería el Olimpo inalcanzable
y el hombre creería en poemas inmortales.

El río come al río y alimenta al río,
Es caníbal de su vientre emponzoñado,
caudal que no se doblega ante la piedra.
El río que reluce en río, es un dios río.


El precio de un fantasma

Por las cuatro esquinas de mi día,
anduve buscando lo imposible:
el leve precio de un fantasma,
de un jirón de su dulce carmín.

Apoyado en el árbol que tú sabes,
Inquieto como siempre, observo,
a la llovizna mojar autos y peatones
y advierto, el cansancio que no grita.

Por esta tarde horizontal y gris,
transité complicando mi mirada:
en etéreos recuerdos de tu rostro,
en el beso que aún está hambriento.

Una hora ha transcurrido y más,
sé que el fantasma ha puesto precio,
a mi enajenada forma de amar,
y sé que las otras sombras frías,
                                 pronto vendrán.


Time Machina

Te invito hoy a conocer,
la máquina del tiempo,
la construí sólo para ti
en este día lluvioso y gris.

Un engranaje sepia sin carmín,
como una sonrisa sin un diente,
y el solenoide de un tallo de trébol
que escondí en tu libro de poesías.

Un disco de bronce de un faro,
el que vimos en la foto aquella tarde,
y la bobina tesla de tus pestañas
resonando sobre los azules de mi piel.

Un reloj con bigotes de ébano,
un núcleo ámbar latiendo como el tuyo,
y un bimetálico con la temperatura justa,
del beso aquel que más recuerdo.

Hay quien dice que la máquina está activa,
un segundo por segundo hacia el futuro,
un segundo por segundo sosegado,
es también, el viaje al pasado sin escalas.


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Si al franquear una montaña en la dirección de una estrella, el viajero se deja absorber demasiado por los problemas de la escalada, se arriesga a olvidar cuál es la estrella que lo guía.
Antoine de Saint-Exupéry
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Javier Cabrera

-Islas Canarias, España-


Esquina del Mundo

[Por esta foto que evocadora nos empata]

                       A Juan Disante, en Buenos Aires


En esta Tierra, en todas sus ciudades,
sean viejas o recientes, secretas
o vividas -aquéllas que de grietas
saben-, una esquina las hace iguales. 

Por esta porción mínima del aire,
donde el cielo su reflejo concierta,
cuajaron las memorias imperfectas
que las empata al resto de otras calles.

Aprende el chiquillo en estas aceras
a conjugar infancia con pelota.
Recibe la muchacha anuncio de hembra

cuando la luna hizo noche en su charco.
La esposa a su hombre abraza temerosa
de no oír más su eco en el empedrado.

Esta esquina susurra cada noche
la historia del Mundo y sus moradores.


Cercanos de tan lejos

[A los poetas de tan distintas partes del
Mundo que he leído a través de Internet]


Hice un esfuerzo último y certero
por gozar los poetas más perdidos
por esos mundos: aquéllos que huidos
hasta regiones impensadas dieron

a su voz retiro imperecedero
y buscaron hacia adentro su hilo
que los conectara al resto, ese filo
de lengua donde se reconocieron.

Habitaran donde quisieran me eran
tan cercanos en tono aún distinto,
incluso ajenos, por cuanto insistieran,

con excéntricas palabras, ‘instinto’,
con súbitas, ‘vida’, en esa manera
que nos sustanciara tan al unísono.


Ellos, Otros  

[A los que, tal vez, alguna noche me sueñen]


Vienen hasta mí en la alta madrugada,
cuando el sueño nace de la inconsciencia.
No merodean sus bordes, se asientan
precisos en el centro de su magma.

En somnolencia dibujo sus caras
tal si fueran rostros de gente cierta;
se mueven y hablan, me miran cerca,
casi me tocan y el temblor me marca.

Luego, en el día, los busco en las calles,
en los escaparates, en los parques,
pero nunca desvelo sus razones.

¿A dónde, a quién pertenecen? Quizá halle
un día en otro sueño, en otra parte
que ellos conmigo sueñan en sus noches.


Del libro en proceso Golpe al mar (2012-…)

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No hagas el mal y no existirá.
León Tolstoi
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Nora Azul del Rosario Akimenco

-La Plata, Buenos Aires, Argentina-


Vaquita de San Antonio, la verdadera historia

Fruti era una vaca diferente, en un sueño el dios toro blanco le presagió que su fortuna era ir al matadero. Como era rebelde y no quería ese destino para ella, pidió un deseo a su guía de la manada que la dejara volar. Quería ser liviana y sencilla, tenía aires de doncella. Era coqueta hasta en sus cuernos, a los que maquillaba de frutos salvajes dejando un aroma inigualable cuando caminaba por el campo… Ansiaba volar como las mariposas y como los grillos llevar la suerte a los de corazón abierto.
Así en una tarde de verano, se recostó debajo de un ombú y dos hojas de cristal se cayeron sobre su lomo. Un pájaro carpintero, le matizó lunares de frutillas en su cuerpo y caracoles en sus patas. Su figura fue haciéndose cada vez más esbelta y espumosa
Sus alas se desplegaron en transparente solidaridad…
Hoy Fruti vive en los jardines aireados de libertad, rodeada de hortensias y golondrinas.
En sus antenas siempre vibra la imaginación.-


Las palabras vuelan más *

He muerto tantas veces que ya ni recuerdo… diversas voces me han susurrado que estaban para cobijarme en el silencio más opaco. Así amarrada a esos nidos me he confiado a entregar lo mejor y lo peor de mí. 
Pero la cama radiante se transformó en un salto al vacío.
Recompuesta en mis sobresaltos he aprendido que las palabras vuelan más que los abrazos.


Mi viejo y los ojos *

Esos ojos grises leían y leían los tomos gigantes de leyes.
Protocolos encuadernados de blanco, con fechas de cada año que se despedía.
Su vida era el trabajo, examinaba atentamente con una lupa las firmas, antes de certificarlas. Los domingos, cuando casi todos descansaban. Algún vecino tocaba el timbre. Y preguntaba: - ¿Está el Doctor? Le tengo que hacer una consulta-. Entonces mi viejo salía con su portafolio de cuero, los anteojos y el libro de actas.
Él quería que fuese escribana, pero yo de chica odiaba tanto los librotes, los certificados, los dominios y los “libre deudas”. No me gustaban tantos papeles y lapiceras, quería ser distinta, no deseaba hacerme mala sangre como él.
Cuando murió, paso algo muy paradójico. Comencé a escribir.
De sus ojos me jacto de tenerlos parecidos. De su puño y letra me eduqué para amar mi trabajo.


* Textos tomados de Inventiva Social, publicación editada por Eduardo Coiro desde Buenos Aires, Argentina 

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Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes.
Jorge Bucay
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Jorge Castañeda

-Valcheta, Río Negro, Argentina-


Eclesiastés

Yo voy juntando estrellas en la noche callada
Y me brillan las manos con clarísima luz.
Yo maneo al lucero en plena madrugada
Y la traza conozco donde marcha la Cruz.
Yo sé que las Marías encuentran su morada
En el cielo más bello que se ha visto en el Sur.

Yo conozco las huellas del puma predador
Y voy por las picadas llevando mi verdad.
Yo he mirado la luna en todo su esplendor
Cuando viste de plata su clara vanidad.
Yo presiento en el aire el inquieto rumor
Que viaja en el cielo con voz de tempestad.

Yo levanto las piedras pulidas por el río
Y me subo a los montes del último confín.
Yo viajo con el viento como si fuera mío
Y abrevo en las vertientes un alba de carmín.
Yo conozco los nidos en el peñasco frío
Donde remonta el águila con su vuelo sinfín.

Yo conozco los vados del río en la espesura
Y del mar impetuoso he gustado la sal.
He mirado los pájaros que vuelan en la altura
Y pesado en mis manos la roca mineral.
Yo sé que hay en las cosas una cierta ternura
Y también muchas veces una pizca de mal.

He visto muchas cosas y todo es vanidad
Dice el Eclesiastés. Y también el hastío
Que en el alma nos deja no encontrar la verdad.
Ser falibles y pobres, menguado todo brío,
Esperando la barca que con cierta ansiedad
Para siempre nos lleve en las aguas del río.


Yo he buscado mi luz

Los cerros, las jarillas, los basaltos.
Todo bajo el cielo fue cerrazón.

De golpe fueron rotas las esclusas
Y descargó su furia el chaparrón.

Ha pasado el chubasco. Una ventana
Se abrió en el cielo donde alumbra el sol.

Mi alma que estaba oscura y guarecida
Vislumbra tal vez un tiempo mejor

Porque ha mirado el abra pequeñita
Que anuncia sobre la vida un albor.

  
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La calumnia siempre es sencilla y verosímil. Y en esto se diferencia muchas veces de la verdad.
François Mauriac 
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Griselda Rulfo

-Villa María, Córdoba, Argentina-


Seis cuadrados
se forman
y deforman
hasta ser un cubo
despoblado
de puntos y figuras.

No cuento los vértices.
Cada uno se desplomará
sobre mi pecho
para apurar
la agonía.


*  *  *


Sobre lo baldío
un cuervo
apoyado
sobre el poste
sacia su agonía
  entre hojas de hierba
                  
Y hasta los huesos
desparraman
retazos
   de misterio.

Ella,
en la sala,
la espalda encorvada,
retira la piel
y forra de rosado
  la vieja libreta
de responsos.

Extraño oficio el de la muerte.

Sobre la pared
que el tiempo apuñaló
un retrato en sepia
desluce
   aristas anguladas.


*  *  *


Se clavan
los vértices
en las palmas
para que una lluvia roja
pinte calaveras.

Un cuadrado
aprisiona el contorno
y la cara se deforma
aplastada contra el vidrio.

Ella
no sabe       
qué cubismo
le dibujó la vida.
                  
  
Poemas del libro Aspereza 

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Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.
Buda
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Ada Inés Lerner

-Ituzaingó, Buenos Aires, Argentina-


Las cartas olvidadas

Mary atraviesa la placita con paso desparejo y torpe mientras atisba el futuro de costado como una yegua compadrita. Los pibes, bandada de regreso que abandonan con esfuerzo el potrero y la redonda, la observan desconcertados, como quien busca respuesta en un reloj detenido en otro tiempo. 
Las agitaciones y tormentas de una empleada postal como Mary pertenecen al pasado reciente, quizás por eso gruñe un reclamo desafinado por ese pueblo indolente. Ya en la estafeta, levanta la cortina enmohecida y la reciben afablemente el vaho, la humedad, y las hilachas de aquellas cartas que nadie leerá. 
A Mary la satisface esa melodía repetida a través del tiempo, y todas las mañanas, ella insiste en danzar al compás de un acorde quejoso:
- ¿Qué será de mí si nadie espera una carta? Una carta es una visita inesperada, que uno puede besar, acariciar o evocar. Ahora todos están con ese correo electrónico, superficial y rápido.
   Alguna vez, un repartidor postal se acercó a Mary pero por culpa del destino, tan insalvable como imprevisto, lo dejó ir: es que ella fue incapaz de comprender que ese cartero, tercero involuntario, ya no cargaba de su hombro el útero desierto con las cartas que muchos dejaron abortar en la madrugada. 
Porque del buzón vacío nace una canción desafinada, Mary baja la cortina mientras entona la última oración…


Prueba de amor

Muy amada Amanda: esperando te encuentres bien, yo me encuentro triste y solitario en este planeta de nombre difícil. No hallo las supremas palabras para expresarte el desvelo que me embarga voz de alondra, nacarada piel, mejillas aterciopeladas cuales pétalos de una rosa, dientes de perlas, preclara inteligencia y excelsa bondad, los sueños hacen la felicidad y espero que conserves la fe para cuando me dejen volver, estamos haciendo una carretera pero no llega hasta nuestro nido en el que pronto estaremos juntos y podremos amarnos y aunque el fin no justifique los miedos, nuestra juventud que es la semilla nueva del mañana encontrará esa felicidad cuando ocurran nuestras próximas nupcias. Dicen estos que me abdujeron porque necesitan albañiles pero si vos querés te abducen y por tu sincera humildad y tu belleza inconmensurable y esplendorosa, me atrevería a solicitarte, suplicarte, pedirte esta prueba de amor, tu Negro Salvador


Una decisión difícil

Hoy Felipe, exultante, salió del casino y pasó por mi estudio ¡había ganado! y me invitó a cenar en su casa. Apenas entramos se desató la tragedia.
Anoche, luego que cada uno cerró su negocio, acompañé a mi amigo Felipe al casino del Barrio de Montecarlo y así supe que, a veces, cenaba afuera y luego cruzaba la calle hasta la plaza de enfrente, daba tres o cuatro vueltas alrededor y después se iba a su casa, que está a una hora de automóvil.
Sé que debo pero no puedo dejar de mirar la mano de Felipe agarrotada sobre una culata y tampoco me decido a huir, cómo hizo el amante de su mujer. Ahora me dejo caer en el sillón. No, no puedo reaccionar, ni siquiera atino a llamar a la ambulancia porque frente a mí, Felipe dispara sobre su pecho, y se queda mirándome fijamente con los ojos grandes, como nunca lo he visto porque Felipe, para disimular su miopía, suele entornar los párpados hasta achicar notablemente los ojos y ahora los tiene muy abiertos y fijos, fijos en el techo. 


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Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto.
Aristóteles
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Dionel Edmundo Filipigh

-Clorinda, Formosa, Argentina-


Al amigo

No
te pediré que lo leas
ni que ensayes unos dedos
sobre tus ojos,
ni formules
ni te arrepientas
ni te salpiques
para saber si es verdad.
Nada de la nada.
Estás allí por mis afectos.
Cuando sonríes
mi alma se comunica
y cuando lloras, también.
A veces es tan queda mi presencia
que puede parecerte
desinterés.
Sé que no me clasificas
como las citas de investigación
o los arrebatos de estímulos.
He estado
saboreando cada pedazo de tu vida
como si fuera un fruto prohibido
escondido
de los dioses variados
y de aquel del Génesis.
A veces, hartado
por tanta dádiva
y como animal
me he echado una siesta de olvidos
desmenuzando
pequeñas saturaciones
permitidas.
No te parodiaré de sobresaltos
ni me amilanaré
para decirte que te quiero.
Superados los errores,
las generaciones nuevas
nos dicen caminos
y nos señalan urgencias
y nos gratifican de énfasis
y nos soportan de buenas.
Esta noche,
mientras huyen los mensajes
me recupero de algunas heridas,
(en eso posiblemente
seamos exactamente humanos)
y me reconforta
saberte
en algún lado
en medio de una tarea
al cabo de un pensamiento
en la penumbra
de alguna reflexión,
para contarte
apenas
mis penas
y mis emociones.


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Creer en lo que imaginamos es lo que nos ayuda a forjar nuevas realidades.
Jorge González Moore
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Mariano Shifman

-Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina-


Del disconforme

Si amante, mis fervores despreciados;
mi corazón, si amado, que desdeña:
la ocasión más deseada se despeña,
si no sostienen su ascensión los hados.

¡Quién pudiera hilvanar con sus hilados
el devenir que en su desvelo sueña!
O con mansa ignorancia y faz risueña,
aceptar las limosnas por legados…

Anhelar, ¡vaya cruz!, nunca es sencillo:
mis medios mal se casan con mis gustos,
mis ojos se fascinan con el brillo

de mil diamantes. Nada o vida plena,
no este limbo que añade más disgustos…
Saber que existe el cielo es mi condena.


La conversión

¿Hasta cuándo seré el triste Gregorio,
sufriente en Lídice y sufriente en Praga?
Viajante oscuro, haga lo que haga,
nunca escapo de un bajo territorio.

Rutina, humillación, el purgatorio
¿de alguna culpa oculta? Pobre paga
estos florines por mi vida aciaga,
pena de cumplimiento obligatorio…

Tal vez soñando logre aquel efecto
que niegan las vigilias: el trabajo
de ser humano cansa, cansa, cansa…

Hermana, madre, padre: ¡soy insecto!
Un horrendo, un bendito escarabajo;
he dejado de ser Gregorio Samsa.


Henry Ford

¡Bienvenido al país de la cadena!
(cadena en libertad, si lo resumo):
dividiendo el trabajo, solo sumo
próspero capital, mejor faena.

Nadie me ama en mi industrial colmena,
se excitan con mi miel, eso lo asumo:
jornales generosos -¡dios consumo!-
brindan a América su gracia plena…

El obrero es un hombre y un cliente:
le veo brillar su apetitosa aureola;
¿es acaso un iluso o un inconsciente

quien le colma el bolsillo y lo controla?
Alimento a la mágica serpiente
que muerde en mi favor su propia cola. 


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Quien nunca tuvo almohada, no la echa de menos.
George Eliot
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Oswaldo Roses

-Torremolinos, Málaga, España-


Era aquel campo

Era aquel campo. Era
boca que soñaba
cómo yo le hablaba
a la primavera.

Era como un guiño
que se acostumbraba
-mientras me pensaba-
a cosas de niño.

Era de luz rosa…,
revivir del tallo,
mirada en ti, hermosa
tan clara de mayo.


Objetivo

Poco a poco comprenderemos la noche
tras tanta ilusión con raza de pájaro.
Será poco a poco
como tu fe
y como tus labios;
será poco a poco,
a duermecaricia niña,
ahondando con altitud cercana
la tan luchada dignidad,
todo lo que se enamora por solo…,
por solo -mismísima- entrega
hasta salir nuestro Sol.    


El todo que nos has creado

¡Sí!, la luz sólo puede conocerte
que está en el todo que nos has creado
y es el camino del valor amado
lleno de vida hacia donde verte.

¡Dios!, para dar tu voz por merecerte
antes en alma he de soñarme guiado
por ti y, así, ser rostro enamorado
que a alma alumbre y tu verdad acierte.

Ya sólo quiero para amar tu aliento
que él avivará nuestra alegría
porque él purifique un sentimiento;

ya sólo, ¡Dios!, lo que tu don envía
de amor llamando - ¡sí!, como lo siento -
con toda la ilusión del alma mía.



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La falta más grande es la falta de intentar.
William Arthur Ward
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Zulema Funes

-Nació en Zapala, Neuquén. Reside en General Madariaga, Buenos Aires, Argentina-


Felices cien años abuela...

                  Por la maravilla infinita de haber vivido cien años…

Tienes guardados en tus ojos los días del último siglo, y, hace cien años, que ejercitas el ritual de la caricia.
Tienes fresca la sonrisa y limpio el corazón, y aún conservas la mirada asombrada de los niños, porque… aún tienes de niña el alma.
Y, yo te amo…
Porque encuentro en ti a la abuela que no tuve, esa que infunde paz y serenidad.
La abuela siempre soñada de la capa y el sillón, la de los largos silencios y el pensamiento ausente.
La de los cuentos y las historias.
La que pudo escuchar la música de cien años, viendo nacer cien veces la rosa, mientras tejía los sueños de la vida.
Y, yo te amo así… pequeña y frágil, en apariencias, pero… inquieta y vivaz.
Madre de madres…
Pilar unificador de la familia.
Cuerpo, cuna, brazo.
Abrazo que une, oración que acerca.
Consejo oportuno y sabio, dicho a media voz, como pidiendo permiso.
Y porque eres así, única…
Yo te amo…
Porque, aunque no eres mi abuela
Eres “La Abuela”, la que es un poco de todos… Y mía también.


Dormida antes del alba

La luna no quiso ver,
Como te ibas por la arena
Perdiéndote a la distancia,
En una noche serena

Callada escuchó tus pasos
Deslizarse hacia la muerte
Y mirando hacia otro lado,
Maldijo tu mala suerte

Ella sabía que quizás
Esa noche partirías
A reunirte con el dueño
De tu mirada infinita.

Ese que día tras día,
Lamía tu pie desnudo
Y te invitaba a quedarte,
Para compartir su embrujo.

¿Qué miedos te cercenaron?
¿Qué dolor cerró tus manos,
y te empujó suavemente,
a las aguas del mar manso?

Ay Alfonsina, tu pluma,
Que se sintió abandonada
No pudo escribir los versos,
Que te nacían del alma.

Ay poeta de poetas.
Ay mujer tan mal amada
Ay hilandera de sueños,
Dormida antes del alba.


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Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de mi vida era el que yo le quisiera dar.
Paulo Coelho
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