lunes, 23 de septiembre de 2019

Carlos Benítez Villodres


El libro

Mientras alegre marcho, con la luz de la vida,
alabo aquellos libros por los dioses escrito,
y en medio de la mar rebelde necesito
leer para albergar su esencia extrovertida.

Oh, libro, amigo mío, paz para mi alma erguida
que enriquece los frutos que, con amor, transmito
al cielo de ese huerto, donde se encuentra escrito
el rumbo de mis vuelos hacia cualquier herida.

El veintitrés de abril del siglo XVII
se apagaron dos lirios, insignes escritores,
que donaron al orbe el arte del jinete.

Se marcharon los dos, entre ramos de flores,
a donde las estrellas forjan el brazalete
de oro y de miel dorada que lucen los lectores.

Azucenas de honores
para Shakespeare y Cervantes, néctares de ventura,
cuyos cantos nos dan luz de literatura.

Del libro del autor: Transparencias, 2019


Que no sequen tus mares

Necesitas los sones del alma
que mira, desde la inmensidad de su grandeza,
al cielo de los cielos.
Contempla, aunque sólo sea por un instante,
la redondez de la voz
que deja, sobre la noche
de los siete imanes, la clave
original de la luz que palpita, serenamente,
en las entrañas del tiempo
siempre alentado por jazmines.
Corre por la sangre de la vida
como un río que domina sus raíces y sus frutos.
Corre en el aliento de tu rebeldía, y defiende,
con tus soles de oro, al hombre que ofrece,
a los latidos del mundo, la amistad
de la sonrisa desinteresada y esa atmósfera
que sólo la belleza conoce.
Deja por un momento el tráfico de mohos y cardos,
y llena tus venas, copas ansiosas de brisas
cantoras, de ese beso todo transparencia y estímulo,
machacado por la fanática servidumbre
de los baluartes edificados sobre la distancia,
de las guitarras sin cuerdas,
de los olivos de humo
y de los dioses que nunca escuchan
los cantos con nombre y savia de vida.
Acoge, en lo más íntimo de tus mares,
la constancia de aquellos que sólo se nutren
de la energía que proporciona lo enteramente puro,
y crea tus primaveras y sus múltiples fragancias
con la esencia celestial
de la palabra sin suciedades ni venenos.
Después, despliega tus alas y vuela sin descanso
por la médula del silencio, abrazado a su riqueza
viva, como esa claridad invencible
que atesora el hombre en su cáliz siempre presente,
pero ignorado por los adoradores de lo vano.

Del libro del autor: Desnudo, Ed. Corona del Sur. Málaga, 2003


Carlos Benítez Villodres
Málaga, España

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