jueves, 15 de noviembre de 2018

Abel Edgardo Schaller


Viae Dei

Salida de Antonioni o Passolini,
de Poe, de Chagall o Dostoievsky,
la vida, a duras penas caminada,
como dos líneas de temblor, los labios.


La calle a martillazos de las noches,
las horas en litigio con los días,
las manos, improbables de ternura,
tu sombra, sin tú misma, de regreso.

Con un cansancio que ya tiene siglos
has conseguido el pan de las penumbras.
Regarás tus malvones por las tardes,
remendarás tu aseo por las noches
y cansarás esquinas conocidas
hasta el cúmplase obscuro de los años.


Momentos

I) Almidón

Dos cuadras de almidón y la campana
de despertar los ojos a la risa,
dos cuadras de almidón, y la mañana:
cigarritos de nubes en las tizas.

Un ojo de retinta porcelana
moja la pluma frágil, y desliza
la presurosa letra que a desgana
deja después de clase a la sonrisa.

Un mar de figuritas imposibles
recrean los bizcochos jubilosos,
y embanderando un mástil, inasible,

hay en el patio un paño luminoso.
Dos cuadras de almidón, y vuelvo a casa
perdido entre las flores de la plaza.


II) Las altas horas

En estas altas horas de la vida
miro ponerse el sol en mi ventana,
el sol, que fuera anuncio de mañanas,
es en mi frente luz atardecida.

¿Qué fue de aquél que ajeno a las heridas
del tiempo y del amor - suertes humanas -
irguió su gesto de soberbia vana
y le jugó a los fuegos sus partidas?

En estas altas horas, ya sin prisa,
hago las cuentas, destituyo el llanto,
un hijo primordial me nombra en risas

y beso alguna flor, de tanto en tanto.
Por la ventana miro, ¡cuán precisa
pasa la vida! Y la acompaño. Y canto.


Abel Edgardo Schaller
Paraná, Entre Ríos, Argentina

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