lunes, 13 de mayo de 2013

Analía Pascaner


-Nació en Buenos Aires. Reside en Catamarca, Argentina-

Todo sucedió tan rápido

    Mi esposo me pidió que llevara un abrigo y saliera de la casa porque se venía el agua. Mi mirada se paralizó en su rostro, observé a mis hijos de tres y cinco años en sus brazos y sin preguntar siquiera, alcé a mi bebé y seguí a mi marido. Nos abrimos paso y caminamos entre la correntada hasta que alguien detuvo su camioneta para sacarnos del barrio.
Salí de mi hogar para adentrarme en un mundo de espanto y caos. En la calle me aturdieron el sonido de las sirenas y los gritos desgarrantes. Por las calles circulaban en forma desordenada ambulancias, coches de policía y otros vehículos, algunos con lanchas a remolque. Unas personas corrían atropellando y pidiendo ayuda, otras permanecían quietas gritando nombres. Familias abrazadas sin saber adónde ir. Hombres encaramados en los techos de sus viviendas. Y la ciudad en tinieblas bajo una lluvia torrencial.
El agua: protagonista principal. El agua arrasando las pertenencias. El agua borrando los recuerdos. El agua ahogando las ilusiones. El agua tragando los hogares. El agua cobrando vidas. El agua, monstruo devorador que nos hundió a todos en su gigantesco remolino de devastación.
Seguía paralizada mientras me alejaba del horror. La angustia me invadió más tarde, cuando nos encontramos amontonados en los patios y aulas de una escuela. La tristeza al ver el rostro de quienes llegaban buscando familiares y se marchaban desolados. La desilusión al observar el cielo gris plomizo cada noche y comprobar que al otro día la lluvia nos acompañaría. La aflicción al conocer la desesperación de quienes se quedaron en los techos y luego pedían ser rescatados pues el agua helada ya cubría sus piernas. La impotencia al saber de aquéllos que no tuvieron la menor posibilidad de salvación.
Por las noches casi no dormía, abrazaba a mis hijos, sus caritas contraídas en un sueño intranquilo. La tibieza del brazo de mi esposo sobre mis hombros me envolvía con incierta seguridad. Me rodeaban rostros de desolación, tristeza, dolor, impotencia, preocupación, rabia, soledad y el llanto desgarrador constante. La ropa empezaba a formar parte de mi piel humedeciéndome hasta el alma. A lo lejos una radio transmitía nombres de instituciones convertidas en centros de evacuados y me recordaba que había gente desaparecida, así como todos aquellos artículos que necesitábamos para sobrevivir en medio de esta tragedia. Sin embargo las necesidades del corazón no se podían expresar, no se transmitían por ninguna radio: nadie las cubriría, nadie taparía los huecos del dolor.
    Poco a poco nos fuimos acomodando y reconociendo unos a otros, aprendiendo a convivir y a compartir. Pronto reconocimos a quienes pretendían estar en un hotel y exigían cierta deferencia. Otros sólo dormían: la forma más sencilla para no pensar, no sentir. La solidaridad de la gente nos proporcionó algún tipo de bienestar físico y también nos reconfortó, con su calidez nos secó la humedad del cuerpo y nos acarició el corazón.
    La bronca me estremecía cuando escuchaba acerca de los saqueos cometidos por los buceadores nocturnos. Retenía con mayor fuerza a mis hijos cuando observaba el rostro deshecho de quienes no encontraban a sus allegados; mi pecho se cerraba cuando una voz entrecortada rogaba: “por favor… tal vez hubo un error, por favor… tal vez no lo vio en la lista, por favor… busque otra vez”. Todavía los escucho clamar por sus seres queridos, todavía oigo el lastimoso “por favor… por favor…”, con un deseo vívido en sus palabras: “por favor… hermano querido, madre mía, hijo amado, que estés vivo por favor…”.
    Ya pasaron varios días y el agua está bajando. Algunas personas volvieron a sus casas para comenzar con la penosa y lenta reconstrucción. Observo regresar vencidos a quienes susurrando cuentan: “Afuera sólo hay barro y mal olor”; hablan de viviendas asoladas, saqueadas, y lo poco que quedó se reduce a trapos, trozos de madera, suciedad y más suciedad. Todo, todo destruido.
Sonrío cansadamente al mirar a mis hijos y a mi esposo. Le agradezco a Dios, a la vida, al destino, por estar juntos y vivos. Agradezco porque sobrevivimos a la desesperación, la angustia, la impotencia y la tristeza de la pérdida material. Agradezco por la gente solidaria, por el sol, por la vida.
    Sí, todo sucedió tan rápido… Y aunque de nuestra casa no queda absolutamente nada, me siento afortunada porque jamás perdimos nuestro hogar.

Junio 2003 

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Yo estaba empeñado en no ver lo que vi, pero a veces la vida es más compleja de lo que parece.
Jorge Drexler

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6 comentarios:

  1. Es así, Analía, la cruel realidad que nos tocó vivir y lo peor, que puede volver a repetirse.
    Un abrazo desde Lincoln
    Bertha Carou

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    1. Gracias por tu tiempo, tu lectura, querida Bertha.
      Saluditos y buenos deseos
      Analía

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  2. Tragedia reciente el agua amiga y en tu bello cuento la perseverancia del amor más allá de las pérdidas impacta. Muy bello. Un abrazo Gus.

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    1. Gracias querido Gusti. Aprecio tus conceptos, tu tiempo, tu lectura
      Mi abrazo y mis mejores deseos siemrpe
      Analía

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  3. Analia para tu Blog

    LOS POETAS DEL ENCUENTRO
    de VILLA BALLESTER (Partido de General San Martín-Prov. de Buenos Aires)
    1990 - 2013
    Convocan al:
    XXII CERTAMEN NACIONAL DE POESÍA - Año 2013

    AUSPICIADO POR:
    Liga del Comercio y la Industria de San Martín

    BASES: Podrán participar escritores mayores de 16 años, nativos o extranjeros (de habla hispana), residentes en la República Argentina.

    * Presentar hasta 2 poemas de no más de 35 líneas c/u con versos rimados o libres.
    *El tema será libre; las obras pueden ser:Éditas o inéditas.
    *Se presentarán en hoja A-4, a máquina o P.C. fuente 12, a un espacio, por triplicado y firmadas con seudónimo.
    *Enviar los trabajos en un sobre, dentro del cual se colocará un sobre más pequeño con los datos personales: Nombre y Apellido, domicilio - c. postal, T.E. - e-mail, títulos de los poemas, seudónimo –Se incluirá en el sobre un arancel de $ 15.- (no enviar giro) para gastos administrativos.
    *Los trabajos se enviarán por correo postal únicamente, a: “LOS POETAS DEL ENCUENTRO”- XXII CERTAMEN NACIONAL DE POESÍA -AÑO 2013 - José C. Paz 2471-- Barrio Parque-San Andrés-Prov. de Bs. As. (c.p.1651)
    *Recepción de poemas: A partir del 1º de Junio hasta el 1º de Setiembre de 2013- vale fecha del matasello del correo postal.
    *El jurado se expedirá en Octubre de 2013. Los trabajos no serán devueltos y por causas organizativas se procederá a su destrucción. El fallo del jurado será inapelable y se les comunicará a los ganadores por vía postal, telefónica o e-mail.

    *PREMIOS:

    1º -.2º y 3er Premio: PLAQUETA y DIPLOMA
    1º- 2ª y 3ª Mención:MEDALLA Y DIPLOMA
    *La entrega de premios se realizará en el mes de noviembre en día y lugar a determinar.

    PREMIO “PEDRO BALLESTER” para autores locales.
    *Los escritores residentes en el Ptdo. de Gral. San Martín, concursarán además por este premio, para ello deberán incluir dos copias más de los poemas y agregar en el remitente “Ptdo. de Gral. San Martín”. Se otorgará un ÚNICO premio que consistirá en: PLAQUETA y DIPLOMA.

    GRUPO COORDINADOR
    Sergio O. García José Checchia M. del C. Poyo Martínez sergioomar_garcia@yahoo.com mdcpoyomartinez@yahoo.com.ar
    sergioomar_garcia@yahoo.com
    4738-5165 4752-5994

    AGRADECEMOS LA DIFUSIÓN

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    Respuestas
    1. Gracias por la información. La incluiré en el blog destinado a difusión de concursos literarios.
      Un saludo cordial
      Analía

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Muchas gracias por pasar por aquí.
Deseo hayas disfrutado de los textos seleccionados en esta revista literaria digital.
Saludos cordiales
Analía Pascaner