viernes, 4 de abril de 2014

Irma Droz

Banderas de Poesía

“...estas palabras suaves ásperas ayuntadas por mí
    me van a costar la salvación.”
Juan Gelman

… Y te salvaste Juan.
     Y nos salvaste …

Fueron ellos, tus poemas.
Esa “manada de pedazos”
     que en tu voz, respira todavía
y vibra en nuestra piel
cada vez que tus “palabras suaves ásperas”,
     aceleran sus latidos.

Es “la memoria de la sombra”
que clama en tu palabra herida.
Y es una luz recuperada
     tu voz, denunciadora
en nombre de otras voces
que ya no escucharemos,
     porque amarraron su aliento;
     porque apagaron sus días…

…Y seguirás salvándonos de largas noches,
iluminándonos con tu osadía,
como se salva al Hombre,
     cuando se recupera la Justicia.
Como se salva la Esperanza,
     enarbolando “Banderas de Poesía”.


Adiós en primavera

Nos despedimos ayer,
cuando arrancaban tu suelo…
Con ojos asombrados recorrí tu estatura.
Mi mano temblorosa, averiguó tu corazón de cedro.
Estabas como siempre en tu verde azulado.
Testigo de la tarde, cómplice del silencio.
Compartimos los años de dos vidas diferentes.
Tú: multiplicando pájaros
y dibujando en las nubes el contorno del cielo.
Yo: dividiendo esperas
y escribiendo en las almas el proyecto de un sueño…
Tú: ganando en altura.
Yo: tratando de hacerlo…
Te descubrí muchas veces protegiendo mi desvelo.
Y otras tantas codicié tu elocuente silencio.
Equivocaron tu sitio …
A veces el destino nos sorprende en el vuelo…
Estuviste de pie hasta el último momento.
Quisiera tener tu imagen cuando termine mi tiempo.
Tú, fuiste el Cedro Azul del Jardín del Colegio.
Guardián de confidencias,
sabedor permanente.
Yo, superando otoños y renovando sueños…
Asumo mi estatura;
soy tan sólo un maestro.


“Colores”

Necesito un color
cada mañana,
para apartar las sombras
de la noche
o aquellas que me asaltan
a plena luz del día.
Necesito un color
que me habite y me transforme
como el verano,
cuando estalla en los frutales,
o la simiente,
despertando en cada espiga.
Necesito un color
para vestirme de azul-espacio,
de rojo-amor; verde-esperanza
o blanco: luz y energía.
Un color; cada mañana,
mi fortaleza y estandarte,
cálida vestidura
para enfrentar molinos
y atravesar con ellos,
el arco iris de la vida.


Irma Droz. Santa María de Punilla, Córdoba, Argentina   


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Nacemos para vivir, por eso el capital más importante que tenemos es el tiempo, es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar cada paso y cada instante, con el favor de una mente que no tiene limites y un corazón que puede amar mucho más de lo que suponemos.
Facundo Cabral
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Daniel Alarcón Osorio

Reflexiones que son verdades

El oficio del escritor es sostener la vida mediante la palabra sustraída de la imaginación. El oficio del poeta es sostener el presente incendiándolo de futuro. En ambos casos, la ética es el brillo que sus actos-palabras tienen.


Desesperación

La próxima vez que nos visiten ya no estaremos. Nos habremos ido. No queremos que ustedes se parezcan más a nosotros aunque lo nieguen de manera permanente, ya que es fácil darse cuenta por el tipo de mascotas que tienen: cada animal tiene su propio animal.

«Agotaron nuestra paciencia», dice el rótulo de una jaula del zoológico, escrito por el elefante y firmado por la culebra.


Fútbol

Aprendió que contrariar es su mejor decisión profesional rascándose la barriga con sobrado orgullo de cabeceos de futbolista trasnochado, pero de goles fallidos.


* * *

Empezaban los asaltos en las calles, allá por los 80. Siempre esperando bus, se da cuenta que unos jóvenes indigentes (que empezaban a vivir en las calles), empiezan a asaltar a un señor de la tercera edad que regresaba de la farmacia. Haciendo gala de actor de cine de películas de acción, une sus manos para formar una pistola, diciéndoles: déjenlo o les disparo. Asustados por la orden dejan en el suelo al anciano, esperando cada uno el disparo. Se dan cuenta que no tenía nada en las manos más que sus manos y empiezan a correrlo, menos mal no lo alcanzaron.


* * *

Pasé unos días bien jodida, vos. Lo que me ayudó fue mi carácter porque si no estuviera enferma, loca tal vez con semejante descubrimiento, aunque no deja de ser una pesadilla. ¿No creés, nada de lo que te digo? Espérate a que sepás los detalles y me vas a dar la razón… ¡¡Los ojos se me abrieron como ventanas que el aire con su fuerza empuja y abre!! ¡¡No te lo puedo creer!! La perplejidad me hizo sentar, mientras el ruido de los hechos me inundó como el frío que en esa época atacaba la salud de los ciudadanos, aunque se protegieran. Sí, vos. Luego de 4 años de dudas, sospechas, preguntas sutiles y respuestas ambiguas, descubrí que el papá era su amante y él un hijo adoptado y todavía tiene el descaro de llamarme, vos. Tenés razón, nadie está solo, nadie.


Los dos últimos relatos pertenecen al libro Nadie está solo. Publicados anteriormente en esta revista digital.


Daniel Alarcón Osorio. Guatemala


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Tome su idea y luche con paciencia por ella y el sol se elevará para usted.
Swami Vivekananda
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Stella Maris Guibaudo

Angelado

-----------------Un silencio lleno de promesas

…es el que me contiene en el tiempo de oración,
Cuando la angustia da lugar a la esperanza,
Porque me entrego a la voluntad del Creador.

Es un momento místico, colmado de ilusión,
Desde el que puedo renacer fortalecida
Para volver a transitar lo cotidiano
Confrontando el misterio de la fe,
En reñido combate con la abrupta realidad.


Elogio del fuego

Te invito a imaginar conmigo
Una noche junto al río…
Todo el paisaje oscurece
Mientras el cielo se enciende,
Con sus farolas plateadas,
Y aquí, abajo, vos y yo…
En la tarde hemos juntado
Varios troncos, ramas secas,
Hasta formar un montón…
Y los hemos colocado
Sobre la arena caliente,
Cerca del agua silente,
Que sólo refleja el eco
De algunas voces lejanas…

…Es de noche y junto al río
nos sentamos a mirar
cómo comienza a crecer
la luz rojiza del fuego…
arden los leños chirriantes,
la llamarada se agranda,
y nuestros ojos no alcanzan
para abarcar el encanto
que nos ofrece este fuego…

Entonces, yo te propongo
Imaginar lo que quieras:
Te sugiero, por ejemplo
Un gran incendio en un bosque…
O, talvez, otra visión,
Fantasmal, si lo prefieres…

Pero, pero en verdad, lo que quiero,
Es que estemos vinculados
Por este lazo de fuego
Para gozar con sus brasas,
Sintiendo que su calor
Nos envuelve y nos protege,
Dándonos la sensación
De estar aislados del mundo
Que, salvaje, se desangra
En otros cercos de fuego,

Que no son como este fuego
Pues lo hicimos con amor.


Stella Maris Guibaudo. Puerto Rico, Misiones, Argentina


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Aunque sea un acto inútil, el esfuerzo que le pones se queda dentro de ti.
Haruki Murakami
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Ana Romano

Cercanía

Aun más que ausente:
mira
desfigurado
Pregunta
Absorto
niega
Huye:
la realidad
persigue.


Capitulación

Se sientan
el tiempo
y la mujer:

sus ojos
se hunden
en el libro.


Austral

El cachetazo
se desprendió impaciente
y sacudió
Se tiñó de penumbras
la lozanía
y así rememoró
El sol
atenuó el resplandor
Los pájaros
esfumaron los trinos
La brisa
en el cuerpo
¿Y el pavor?
Gotas perladas
salpicaron
La alarma
despertó al hospital.


Acople

Se esparce
la mancha
que genera
oscura

la dilación

Piadosa
sin omitir
asiente
Aunque
atónita

Una lágrima
impregna
su resignación
a la almohada.


¿Escuchaste?

Miraba la luna
y fue tu cara la que brilló
Miraba el lago
y tu mano fue la que se asomó
Miraba el cielo
y tus ojos entonces titilaron
Miraba el futuro
y tu nombre fue el que susurré
¿Escuchaste
mi llamado?

Poemas del libro De los insolentes fantasmas


Ana Romano. Nació en Córdoba. Reside en Buenos Aires, Argentina


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El pasado y el porvenir, esas dos mitades de la vida, una de las cuales dice jamás, y la otra siempre.
Alphonse de Lamartine
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Viviana Walczak

El aviador

Andrés no era un hombre diferente de los demás, pero poseía ese toque viril que tanto atrae a las mujeres. Su fuerte personalidad y el riesgo que presuponía su actividad, acentuaban su magnetismo. Era comandante de aviación. Surcaba, temperamental, el firmamento y abarcaba en su feliz vuelo, todos los mares. Y entre cielo y mar, en cada aeropuerto surgía un nuevo amor… Lamentablemente, su seducción desaparecía cuando sus conquistas descubrían la extrema vulnerabilidad que los encantos femeninos ejercían sobre él. Su primera esposa, una bonita azafata inglesa, ante sus continuas infidelidades optó por abandonarlo y regresar a Inglaterra. Para Andrés siguieron años de libertad y amoríos fáciles hasta que conoció a Helga, una bellísima abogada alemana de profundos ojos azules. En pocas semanas se casaron y partieron rumbo a la Argentina, tierra de donde era oriunda la madre del piloto. Enamorada, su esposa lo dejó todo: patria, familia, amigos, profesión… y lo siguió hasta el fin del mundo. Para ella, que había crecido en la vieja Europa, establecerse en Buenos Aires, significaba arribar al confín de la tierra. Cuando llegó, se encontró con una idiosincrasia, una raza y un idioma tan diferentes que no sólo le impidieron adaptarse, sino que la hicieron sentir totalmente segregada.
Entretanto, Andrés había retomado las antiguas costumbres amorosas, incrementando el séquito de su harem con una innumerable cantidad de conquistas. La soledad y tristeza de Helga se agravaron con el tiempo. No había logrado formar nuevas amistades y las que habían quedado en Alemania, poco a poco, dejaron de escribirle, inclusive Hans, su hermano, había espaciado la correspondencia.
- ¡Cosas de la distancia…! - se repetía - intentando tranquilizarse. ¡Extrañaba tanto a Hans! Ese compinche grandote, que tanto la protegía… Él nunca quiso que se casara con un extranjero y siempre le decía:
- Hermanita, recuerda que los hombres y los bueyes deben ser de tu tierra… ¡Comprendía cuánta razón había tenido, pero ya no podía volver atrás!
Siguieron pasando las estaciones y, una vez más, llegó el invierno. La escarcha dejó mustias a las plantas y los árboles desnudos mostraban sus brazos descarnados e implorantes por doquier. Se sintió más desamparada que nunca en la tierra inhóspita, mendigando siempre una limosna de afecto.
- ¡No me dejes sola por más tiempo, no puedo seguir viviendo de esta manera…! - le suplicó una noche a Andrés que había regresado de uno de sus viajes. El hombre, compasivo, le acarició la cabeza paternalmente y luego, rendido, se tendió sobre la cama y se durmió enseguida.
A la mañana siguiente, lo despertó estridente, el minúsculo despertador que chillaba sobre la mesita de luz. Se levantó tardo, tropezando con sus propias pantuflas. Se higienizó y se vistió con pereza. No tenía deseos de ir a trabajar. Se abotonó con la mayor parsimonia la elegante chaqueta del uniforme. Se ajustó la visera de la gorra hasta encontrar la ubicación exacta. Desde el cuarto veía a Helga, sentada en el sillón del living, melancólica y con la mirada perdida hacia el jardín de la casa, como solía hacerlo cada vez que tenía que irse de viaje.
- ¡Justo hoy, que estoy tan demorado, tendré que soportar otra ridícula escena de celos…! Trataré de calmarla. Después de todo, comprendo que está muy sola - pensó con fastidio.
- Escucha Helgus… - así la llamaba cuando intentaba hacerse perdonar - este viaje será más corto y en una semana estaré de regreso. Te llevaré a cenar al mejor lugar de la ciudad…
Volvió a ajustarse la gorra y sacó un fresco clavel del florero que estaba sobre la cómoda. Siempre había en algún lugar de la casa un pimpollo recién cortado para él… Le agradaba ese recibimiento tan delicado y especial.
Se acercó a ella con la flor en la mano y le acarició el bello rostro … Apenas le rozó la cara, Helga se desplomó sobre la alfombra. Tenía los hermosos ojos azules inanimados y su mano, todavía apretada, retenía un frasco de veneno vacío. Se habían terminado sus angustias… Ahora, la soledad era toda para Andrés.


Del libro La curandera de Ibicuy, Creadores Argentinos, Buenos Aires, 2009


Viviana Walczak. La Lucila, Buenos Aires, Argentina


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Duda que sean fuego las estrellas, duda que el sol se mueva, duda que la verdad sea mentira, pero no dudes jamás de que te amo.
William Shakespeare
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Perla Chirino

Destino

Elegí mi destino
emprendiendo un camino
que me llevara lejos,
¡Muy lejos de allí!
¡Quise olvidarlo todo!
Los gestos, las miradas,
las voces, los susurros,
los vientos de las siestas…
el agua cantarina
de la arenosa acequia
y el color de los cerros
en los tibios crepúsculos.
Un aroma a mañanas,
a tardes silenciosas,
y a inciensos vespertinos,
¡se enredó en mis entrañas
y enterró los olvidos
de mis viejas quimeras!
¡Hasta el eterno Tiempo
olvidó mis olvidos!
Que en el Presente viven
desfilando certezas,
para hacer las vendimias
que puedan saciar mi sed!


Sueños…

Otra vez he soñado
con tu plaza,
tus olivos, el jazmín
y las acacias.
Otra vez he oído
las voces de la arena
como ayer…
Pero…
Ya no es como antes
tu plaza con su arena.
Ya no es como antes
mi andar y tu ternura…
Perduran solamente,
los olivos, las acacias
y el jazmín
con su perfume…
Perdura, todavía,
atravesando sueños,
pesares y alegrías,
mi amor encerrado
en un rincón del alma,
bebiéndose los días
con sus soles.
Las noches con sus lunas
encendidas de verano,
los vientos de arenisca
en los agostos
y la escarcha de la acequia
en los inviernos.
Y he pensado que,
solo los sueños
pueden colmar
de quimeras los olvidos…


Alma

No sabe respirar
en otro tiempo.
Guarda sólo un compás
de sol y arena.
Lleva su ritmo de caudales
y se mece en azulados tallos.
Sólo sabe respirar
los tibios vientos
de aromas insensatos
que parecen espinas
en la carne.
Sólo puede traerlos
con soles empolvados
y lunas calentadas
al rescoldo del tiempo,
donde nacen hidalgos
los amores de siempre.


Perla Chirino. La Rioja, Argentina


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Sabiduría es saber aprovechar todas las pequeñas alegrías que nos salen al paso cada día, y no esperar para ello la oportunidad de una gran felicidad.
Bernabé Tierno
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Nidia Orbea

Entorno de la coherencia… 

Tras otra pausa en el Único Camino que va hacia lo Alto
veo al Sol con su Luz -dador de vida- y a la Luna reflejando.
Cósmica resonancia del mandato: “Amaos los unos a los otros”.

Casi paradojal irrupción al nacer para sobrevivir muriendo.
El “abc” inicial con sus claves: Amor, Belleza y Cristianismo.
Lento peregrinaje terrenal y trascendente revelación: ¡el SER! 

Tesón de vascos, herencia española en la invisible mochila.
Nuevas señales en el vasto sendero apenas esbozado.
Creciente información. Dificultades en la interpretación.

Contrastes en la estrecha senda hacia lo virtuoso.
Cohesión ineludible entre el querer y el deber ser.
Confluencia de tolerancia y solidaridad en lo cotidiano.

Dudas y más dudas, más allá y más acá de los discursos.
Fecunda siembra aún entre piedras y calles polvorientas.
Distintos diagnósticos y algunas dudas. Diferentes posiciones.
………………………………………………………………
Rostros sonrientes y discursos vehementes, revuelo de palomas.
Proclamación de la Justicia, aún entre injusticias.
Persistente consigna: “De casa al trabajo, del trabajo a casa”.

Crecientes oposiciones e inevitable caos.
La realidad semejante a la daga en continuo desafío.
Ímpetu latente mientras la multitud exclamaba: ¡Leña!

En la telaraña de los intereses creados
hasta los eclesiásticos completaron la sutil trama.
Velas y cadenas de oración por la insólita ¡desaparición!…

Encrucijada tras el decreto cuatro uno seis uno.
Rápido embalaje de los libros y sucesivas mudanzas.
Una chispa encendía el fuego y resplandecían las ideas

Desde oscuras cuevas aparecían inquietantes ratas.
El General demócrata juzgado como tirano
y mutaron algunos libertadores en osados fusiladores.
………………………………………………………
Pesada pelota de trapo arrojada al arco en los potreros.
Liviana y blanca tiza aún la maestra rural desliza.
Vocación y pasión en las escuelas. ¡Febo asoma!…

Ni las balas pudieron aniquilar los pujantes recuerdos.
Entre duendes y gnomos se generaba otra urdimbre.
La humareda aún delata ardiente destrucción y cenizas

Despertar de los pueblos entre bombos y pancartas.
Múltiples siglas y efímeros rótulos en falsas ceremonias.
Aún rotas las cadenas entre clamores por ¡Libertad!

Principio y Fin, Alfa y Omega en el escorzo del Misterio.
Desde la meseta que me contiene vislumbro la armonía
y más allá de la estética, trascendente es la Ética.
……………………………………………………………

A Roberto Casablanca, patriota y amigo a perpetuidad.
11 de Mayo: Día del Himno Nacional Argentino.
“Año del Bicentenario de Mayo de 1810”
…comienzo del camino hacia la Independencia.


Nidia Orbea. Santa Fe, Argentina


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El hombre depende en gran medida de la idea que se hace de sí mismo.
Gabriel Marcel
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Eduardo Espósito

La luna es una cruel amante

La luna se aleja de la tierra a 38 milímetros por año
3 metros cada siglo y
qué esperamos Amor para dejar las matemáticas y
                                                           el Word
y así salir a acariciarnos
Para untar nuestros dedos en la brillantina
Para abrir nuevos agujeros de gusano
en su cárcel tormentosa hecha de tiempo
No hay arrugas que curar
El miedo nos va tiñendo el pelo
Nos va haciendo parecidos
Esa vieja redonda
guarda un luto de grullas por nosotros
un milagro blando algunas noches
y el sexo carcomido
como un rayo secuestrado en dos espejos
No nos va a esperar
Vendrá a buscarnos la ladrona
y antes de retirarse a su molienda de huesos
ya estaremos deshidratados y en letargo
Casi hermanos de su prueba de exilio.

                                                A Robert Heinlein

*  *  *

Calidoscopio

Me voy cayendo al sol
Todos parecen darse cuenta
La hierba es fina
Mis manos transpiran soledad
                               ingravidez
La grave-edad desacelera para mí
con su manojo de arrugas
No hay cremas paliativas
para el cansancio de los materiales
Mi cuerpo es un satélite en desuso
Me voy cayendo al sol
como ellos
que encremados de espanto
reparten Pancután y botiquines
Ayer fuimos más que Dios
                          hoy somos pasto
Mis manos queman cromo
La hierba es inasible
                        Y el destino amarillo.

                                       A Ray Bradbury

*  *  *

Toda la carne es hierba

Un despertar como de pájaro
en la jaula equivocada
y colas en el super
a la hora en que derrapan
la fiebre y su museo
La casa dada vuelta
uncida a los recuerdos
(un Poseidón henchido de naufragios)

Con el día crujiendo en el rescoldo
Algo en la causalidad cambia de mano
Prolijas/ tempraneras
las hormigas del patio del vecino
me acercan sus carritos
(en furtiva procesión las Reinas Magas)

El bamboleo de la existencia continúa
Como Tarzán en las lianas
Nosotros en los pasamanos
Las culpas repartidas con cada amanecer.

                               A Clifford D. Simak


Eduardo Espósito. Reside en Paso del Rey, Buenos Aires, Argentina


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Me volví loco, con largos intervalos de horrible cordura.
Edgar Allan Poe
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Hugo Donvito

Diez centavos

-La pérdida de su vista es irremediable, lo único que puedo hacer por usted y solamente por un tiempo limitado es recetarle anteojos como para que pueda ir por la calle sin llevarse a nadie por delante.
En la mitad de mi vida salgo del oftalmólogo desanimado, desalentado, desmoralizado, desahuciado y todos los des imaginables, deambulo por la ciudad sin ningún des a mi favor. Miro gente que pronto no veré, absorbo los productos de las vidrieras para archivarlos en la memoria. De pronto veo que en una galería de arte se exhiben pinturas en miniatura, asombrado por lo que se puede pintar en la cara de una moneda de un centavo entro a satisfacer la curiosidad, quizás por única vez. Una de las cincuenta obras realizadas en la cara de una moneda de diez centavos me remonta a mi pueblo natal, apenas si alcanzo a ver un paisaje de campo en su círculo de diez y ocho milímetros de diámetro, veo un extenso llano, sembradíos, alambradas, montes y animales pastando. En primer plano un carro cargado con gallinas en jaulones camino a la tranquera. Sobre uno de los postes de la tranquera se ve nítido un nido de hornero con su parejita y la cría. El gaucho que conduce el carro de boina y pañuelo al cuello sostiene las riendas, y aunque está de espaldas el artista tuvo la habilidad de hacer girar el pie para que se le vea una alpargata desflecada, con barro seco en los costados y el dedo gordo asomado por un agujero y su uña ligeramente larga. El carro va por un sendero costeado de sauces, a lo lejos, más allá de la tranquera, un rancho de adobe y junco blanqueado a la cal, a un costado el aljibe y a la sombra de un ombú el horno de barro y una paisana con un pañuelo rojo con flores blancas y amarillas le cubre el cabello entrecano, con la pala de madera saca el pan, uno es de centeno, hasta me parece oler la masa crocante, además, al borde del horno hay tres figazas con semillas de sésamo como las que mi madre solía amasar, una pareja de zorzales picotean las migas que cayeron al suelo, y adentro del rancho un cincuentón sentado en una banqueta de paja estira el brazo derecho tratando de focalizar su mirada con presbicia en la receta de un oculista.


Hugo Donvito. La Reja, Moreno, Buenos Aires, Argentina


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Justifica tus limitaciones y te quedarás con ellas.
Richard Bach
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Juan de Marsilio

Poemas conservadores
(¿y qué?)

2) Retrato

Me ha tocado
llegar a la fiesta
cuando ya se apagaban las luces
en algunos rincones del salón
cuando ya levantaban el servicio
de algunas de las mesas más distantes
cuando algunos de los mozos
se comían su sándwich se tomaban su copa
a vista y paciencia
cuando todos todos
– invitados y mozos –
habían aflojado sus corbatas
cuando el más zafado
se atrevía por fin
a tantearle las nalgas
a la veterana que se le ofrecía
ya desde un principio.
Supe de inmediato
que aunque todo aquello
hubiera tenido lo suyo
de jodido
de vil
había tenido también
un esplendor que lo salvaba
de ser una bosta.
Cuando yo llegué
el paté todavía era finísimo
pero estaba ya
a un tris de ponerse rancio
(de la gloria un regusto
pero ya no la gloria).
El whisky era importado y del mejor
pero tenía un dejo
como a pichí de los mil demonios.
Vivo sabiendo bien
que nuestras más consecuentes virtudes cívicas
no habrán de llevarnos ni en mis años carnales
ni en los de mis hijos
y nietos
a la orilla entrevista
al cielo casi tocado
con la puntita de los dedos
– otros cofrades dirán:
al cielo que casi casi ya
caía cuando lo casi
tomábamos por asalto –
al paraíso humano
ya casi por construir
(diga que tengo el consuelo
de que del otro Paraíso
no me privan
ni mis más contumaces pecados,
tan grande tu victoria,
dulce Jesús).
Y por eso me ha quedado
– en estas mis andanzas
político sociales
del más acá –
de por vida este aire
como de estar bailando con la más fea
sin encontrar qué tocarle
pero buscándoselo aún
por la inercia inútil de una vieja avidez
y con una tristísima parodia de elegancia
de giro en giro más compadecible.


5) Hogaño

En las ramas de hogaño
cantan aún a veces
fantasmáticos pájaros de antaño
(de esos que cuando niño
tuve yo el gusto de
y eran los ultimísimos de su especie).
Cantan
gloriosos tristes bellos dolorosos.
¡Yo vivo al son de pájaros ausentes
y el mundo no me sigue la tonada!


Juan de Marsilio. Montevideo, Uruguay


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Si no sabes dónde vas, acabarás en otra parte.
Laurence J. Peter
---

Lydia Pistagnesi

Inhóspita región

Inhóspita región,
azotada por vientos implacables
y contaminación ambiental.
De la profundidad de tus entrañas
brota la negra sangre que te roban,
riqueza mineral para unos pocos.
Rudas facciones guardan dolores y secretos.
Hombres luchando con la naturaleza,
manos callosas, rostros arrugados,
tratando de subsistir por sus familias,
Mientras se mecen incansables las cigüeñas
rutinarios robots sincronizados,
tomando al oro negro
del útero mismo de la tierra,
mientras un pueblo mira acongojado
esperando respuestas que no llegan........................


Madre Coraje. Dedicado a Susana Trimarco

Con los ojos secos, crispados los labios,
constante en tu lucha buscando justicia,
por tener nuevamente en los brazos
a tu niña ausente, que seres macabros
desaparecieron hace ya diez años.
En ese negocio de sexo y miseria
trafican los falsos mesías de turno
apañados siempre por los poderosos.
¡Tú te abalanzaste haciéndoles frente
buscando a Marita!
Pasado y presente, sin tapujos,
sin miedo a la muerte,
fuiste denunciando todo ese sub-mundo.
Ay Madre Coraje, no te amilanaste
ante ese flagelo, de sucios prostíbulos
donde esconden a niñas- mujeres, raptadas
golpeadas, vejadas, drogadas, vencidas,
para utilizarlas en viles negocios,
pisando la honra de las inocentes.
Filosas palabras llenas de improperios
con aspas de infamia, pretenden callarte,
pero el mundo ha abierto los ojos
y está de tu lado.
Tu lucha Susana no quedará impugne.
Hoy en el banquillo de los acusados,
tiemblan los culpables negándolo todo.
La justicia es lenta pero ten confianza
la verdad muy pronto mostrará su rostro.
Y una tarde cualquiera…
cuando el viento traiga perfumes de antaño,
sentirás sus pasos, golpearán tu puerta.
Y allí estará ella buscando tu abrazo,
con otra mirada, con mucha tristeza.
Pero tú que tienes tanto amor guardado
con suaves caricias borrarás las huellas
de tantas heridas, de tanto cansancio!
Volverá la niña, volverán los juegos,
y serán dos seres que en pos de justicia
siguiendo la lucha por tantas mujeres,
que han sido arrancadas de hogares felices.
Unámonos todos para que ellas puedan
borrar las heridas que nunca desearon
y vuelva la risa a sus rostros tristes,
y cumplan los sueños que un día perdieron……

¡¡¡Mas nunca olvidaron!!!


Poemas de los libros: Eres el paisaje que se adentró en mi sangre, El grito que acompaña mis silencios, La mirada que se esfuma en el crepúsculo, Cuando asoman las lágrimas


Lydia Raquel Pistagnesi. Banfield, Buenos Aires, Argentina


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Sin riesgo no se hace nada grande y memorable.
Terencio
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Sara Hughes


Quisiera saber   
qué vieron tus ojos
llenos de esperanza
cuando tu barca
al golfo llegó
qué sintió la arena
cuando la sellaste
con tus pisadas
quisiera saber

Qué sintió la roca
cuando tu coraje
buscando refugio
en ella cavó
qué te susurró el viento
en su frío idioma
ese día de julio
quisiera saber

Qué sintió la tierra
cuando tu arado
en ella clavaste
por primera vez
cual fue la semilla
qué brotó primero
dándote esperanza
quisiera saber

Qué cruzó tu mente
cuando el indomable
indio sureño
se te apareció
qué fe traías
qué ambición oculta
te dio el coraje
quisiera saber

Qué juramento hiciste
a tu Biblia amiga
cuando la leías
junto al fogón
qué dijo el cielo
cuando oyó tu canto
y tus largos rezos
quisiera saber


Nota de la autora: Dedicado a mis antepasados que llegaron en 1865 al Golfo Nuevo, Chubut, Argentina


Sara Hughes. Nació en Trelew, Chubut. Vive en Buenos Aires, Argentina


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La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante.
Paulo Coelho
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Esther González Sánchez

Madre

Nací el día de un año que yo quise. Podría haber sido antes, pero decidí esperar el calor de tu alborada y fue mi primer batalla ganada al tiempo, el instante en que me uní a ti en anunciado susurro.

Recuerdo que ya entonces ensayaba mis primeros aleteos y si al descuido rozaba tu vientre abullonado, por su periferia, repartías dulce y cóncavo el tacto de los dioses entre dedos que escalaban mis pies diminutos y te hacían dueña de su espacio unos instantes, para insinuarme que ansiabas seguir siempre a mi lado.

¡Tantas veces conocí el gesto de tus manos sin aristas!

¡Qué murmullo de pájaros en vuelo me ganaba!

Disfruté de tus cuidados y tu empeño por mi peso ingrávido y ligero. Y a pesar de todo deseaba nacer. Quería conocerte y alcanzar el acólito sitial de tu sonrisa y así fue mi primer llanto un himno de alegría (aunque nadie lo supo).

Nunca te lo pregunté madre, pero creo que hasta compartiste el alma conmigo.


A una botella de champán

A ti, que en bulevares, anaqueles y caminos, provocadora y femenina muestras tu esencia de música y poesía y llevas el paso de tu edad vestido de etiqueta:

Concédeme un instante; desliza por mi cuerpo tu pregón de gotas bailarinas y un guiño de bodegas y burbujas a agotar en la euforia del gusto, igual que se consume en la pasión solar el renglón amoroso del arroyo,

¡Oh deidad de espumas y vapores! 

¿Quién te descubrió vital y virtuosa, proclamó tu nombre de botella y te puso apellido de fiesta? y, ¿quién mejor que tú, para limar la aspereza de mi tierra si en ti va su corazón de uva después de la vendimia?

Sin yugos y sin nortes, nacida al regocijo de los cuerpos, te declaras inventora de peces para aquel que te examina con ansias de vivir en tus burbujas y sin embargo yo suscribo la insistencia con que el hombre también muere hacia ti en la barrera de los ojos, pues vi miles de veces el temblor y la duda en sus alturas y otras tantas recogí su alma tumbada en las aceras, absorta en la misma indecisión que estrechaba tu camino cuando crecías al umbral de los lagares, tal vez amiga mía, porque te amaron demasiado y nunca pensaron que tu boca era de vidrio.


Esther González Sánchez. Vigo, España


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Hay muchas personas que adquieren la costumbre de ser infelices.
George Eliot
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Daniel Montoly

Entrevista de trabajo

Voy a venderme como la mejor puta
en el mercado, me pondré
aquella camisa
de pretensiosa imagen
el traje negro para esconder miserias
en el fondo secreto de sus bolsillos
un nudo “Windson” en la corbata
de segunda mano
y en el brillo de los zapatos
podrán ver cómo la guillotina
          me corta el cuello.


Cuellos de buitres

La tarde fue acorralada
entre alambradas de púas/ su cuerpo adusto/
macerado por el cuello de los buitres/

languidece en el negro espinazo/
    estéril/ de aquellas tierras malditas/
tierras con misterios abiertos/
que se tragan la mañana
del día anterior/ tierras con la efeméride
de sus muslos empolvados/
muslos que urgencian tardes
lesbianas de sábanas húmedas/ con las cuales
             encontrar parentesco./


Ofertorio del sacrificio

¿Quién hizo de mí
él cual no era/ hiriendo mi ombligo
con su lanza húmeda?/
¿Quién tocó a la puerta de mi cuerpo/
diciendo traerme lo ya olvidado?
El sueño de mis huesos/
la cicatriz del labio izquierdo/
la oreja roja
que perdí en la almohada
        de sus gemidos./ ¿Quién?...
¿Quién profesa este amor
                      por lo pagano?


Daniel Montoly. Nació en República Dominicana. Reside en Estados Unidos


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No hay hombre lo bastante rico para comprar su pasado.
Oscar Wilde
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Mauro Morgan

Poema 1
En el poema
las tijeras indagan lo inverosímil
del cristal que emboza el verso
el filo proyecta imágenes y solloza
el cristal que cae de sí mismo
cuchillos
se afilan a medianoche
pronto a desnucar el poema
lapidando las palabras
de un Dios crudo que me ha creado.


Poema 12. Paranoia
Y siguen las voces
las figuras después
de la mansalva.
La guarida de mi memoria
se espanta de lo que somos:
una aritmética nula de lo que
queda de un hombre.


La poesía nunca tendrá Gloria
Si vos te sentís solo
Y esperás en una futura publicación
La gloria de ser entendido
Por el lector ajeno y también triste
quizás con más tecnología pero la misma noche
De Rosario, con sus fisurados fantoches
Enardeciendo la nostalgia de que toda
Ciudad es París destruido
¿cómo se debe sentir Miguel Ángel Bustos
o Pessoa? Más de 50 años muertos
Y su poesía respirando la madera el cajón fúnebre
un olor a roble o pino que no cesa
de frustrar las palabras
de mirar para arriba sin un atisbo de luz
ese inexplicable designio de saber
que serán rotas por un
malentendido lector
que piense que su sufrimiento
por fin se encuentra, se justifica.
Si vos estás solo,
qué posible lugar le queda a la poesía?


Mauro Morgan. Rosario, Santa Fe, Argentina


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Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula, y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga.
Denis Diderot
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Eddie Góngora

Ciudades

Rostros
Cruzan estas avenidas
Secuestran ilusiones
El espejo refleja mi oscuridad
Toco mi cuerpo
Lo desgarro
Me encuentro desnudo
Con las venas abiertas

Veo mi cuerpo sobre el asfalto
Fantasma envenenado de poesía
Fantasma atravesado de soledad

Es interminable la ciudad
El sueño escapó hace tiempo de mis ojos
Quedan las harapientas sensaciones
Las ciudades agonizantes

Mi cuerpo sobre el asfalto
Envenenado de poesía
Atravesado de soledad.


Escena II
(La soledad)

La realidad me escupe hacia el día, vuelve su luz hipócrita, las almas se encarcelan y soy dueño de este infierno, busco el placer de la noche, cuerpos gastados de vicio, hambre, ecos y voces que desesperan al mal, cuchillos afilados, esquinas grises, espejos de la muerte; vivo la noche y su soledad, jugador, titiritero de almas oscuras, de palabras, de rostros sin esperanza; miro mis demonios, acaricio sus almas, camino en silencio, la noche me espera, no es impaciente, a veces me detengo espero sin conciencia que llegues muerte sincera me devores y no dejes nada.


Eddie Góngora. Quito, Ecuador


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La buena salud viene de la cabeza.
Séneca
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Stella Maris Taboro

Noche azabache

Volvió la noche azabache, las estrellas se ocultaron dentro de las nubes, mientras el viento juega en mis cabellos. Igual mueve los pétalos y el rocío hace equilibrio. Pero mis lágrimas ruedan, trasparentes por mis mejillas. Escucho a los árboles plateados de luna, buscando consuelo.


Y por el viento

En una callecita curva, una daga de viento llegó hasta los bolsillos de mi viejo abrigo. Mis manos se refugiaron en esos abismos. Descubrí que uno de ellos estaba descosido en su hondo fondo. Usé las pinzas de mis dedos para buscar un pequeño objeto que se deslizó por el agujero. Palpé un frío metal. Al rescatarlo, vi que era la medallita de comunión de mi madre.


Incienso

Era un atardecer de azahares. Su tapiz de aroma voló a mis manos. Se confundió con el incienso que emanaba del libro que estaba leyendo. Era de mi abuela. Antes de irse de este mundo me lo entregó para leerlo a mis hijos. Ella siempre me contaba las leyendas árabes que allí estaban. Sus hojas aún contenían el incienso que mi abuela usaba para no despertar, en mí, sueños terroríficos.


Salvada

Me pareció escuchar un sonido de cascos. Venía de lejos. La tierra retumbaba con esos corceles que al galope se acercaban relinchando. Cerré las puertas y me escondí debajo la cama. Una luz refulgente entró por la ventana, los jinetes estaban incendiando el galpón, pensado que allá estaba. Ni sospecha hubo. Yo escondida estaba temblando, mientras ellos se alejaban.


Silencio 

Está en calma el día, hay silencio de árboles. Sus hojas se mueven silenciosamente. Silencio hacen mis manos aunque sus dedos bailan. Silencio mi cuerpo que se contornea. Silencio el libro que estoy leyendo. Silencio hace mi soledad, que te extraña. Pero hay un silencio que es el que más me gusta, es cuando tu alma callada mira por tus ojos mansos. Silenciosamente se mueve tu alma hacia la mía.


Sin dudas...

Esa burbuja está en la piel de la noche hechizada.
Su aroma a jazmín es inconfundible. Ella llega dibujando vibraciones alrededor de un candil que emerge de la hondura del cielo. Un lenguaje de cortinas murmura su nombre.
Ella avanza como una melodía sin destino. Brillan sus ojos claros y camina con osadía sensual.
Fulgores de hoguera debajo de su falda plateada y un viento deseoso aviva su despertar. Y ella se vuelve luz, esplendor canta y danza. Sólo espera que el sol no esté…


Stella Maris Taboro. San Jorge, Santa Fe, Argentina


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El que logra aceptar la perfección Divina detrás de toda situación, puede liberar en un instante años de rencor, resentimiento y enfermedad.
Buda 
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viernes, 29 de noviembre de 2013

Editorial

               revista literaria 

con voz propia nº 57 – noviembre 2013


         publicación creada en noviembre de 2006
           distribución y publicación gratuitas


                           transitando sus primeros 7 años
                           como publicación independiente
  


Y yo siempre he pensado que las palabras más sencillas deben ser más que suficientes. Con decir lo que está pasando a cualquiera se le tendría que romper el corazón.
Bertolt Brecht
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Brindar por brindar
Por Mex Urtizberea

BRINDEMOS. Brindemos todo lo que podamos brindar.
Brindemos por brindar.
Brindémonos.
Que todo el mundo brinde lo mejor que tenga para brindar.
Que cada uno brinde su aporte.
Que el mundo brinde oportunidades; que los economistas brinden soluciones; que los comerciantes brinden mejores precios; que la escuela brinde herramientas que sirvan; que el fútbol brinde espectáculo; que los políticos no brinden espectáculo.
Que los horóscopos brinden buenas noticias en Amor; que los pronósticos no brinden fantasía.
Que los hospitales públicos brinden la mejor atención; que las empresas privatizadas brinden mejores servicios.
Que los vecinos se brinden ayuda; que los padres brinden apoyo a los maestros; que los maestros brinden apoyo a sus alumnos; que los alumnos se brinden ayuda entre ellos.
Que los automovilistas no brinden mucho si van a conducir; que la televisión brinde algo más.
Que se les brinde tierra a los sin tierra, techo a los sin techo, alimento a los subalimentados.
Que los sueños brinden realidad; que la realidad brinde algunos sueños.
Que la industria brinde trabajo bien remunerado.
Que las fronteras no brinden muros; que a las víctimas se les brinde justicia.
Que los lectores sigan brindando su tiempo para la lectura.
Que los libros brinden libertad.
Que los libreros brinden ofertas.
Que la historia brinde lecciones.
Que la naturaleza nos brinde sus disculpas; que nadie tenga que pedir disculpas por brindarse a su propia naturaleza.
Que los gobernantes se brinden a los ciudadanos.
Que las personas se brinden confianza; que los que se brindan por entero al prójimo sean festejados.
Que a nadie le falte un festejante con quien brindar.
Que el pasado nos brinde experiencia; que la experiencia no nos brinde sólo canas.
Que el Primer Mundo brinde un buen trato al Ultimo Mundo; que no se brinden acuerdos en desacuerdo con el mundo.
Que haya más brindados y menos blindados.
Que brindar por la paz sea más que una frase hecha.
Que la política brinde la posibilidad de evitar las guerras.
Que ningún gobernante, por brindar de más, inicie una guerra.
Que los soldados brinden en sus casas con sus familias.
Que la familia brinde un lugar para ser feliz.
Que la vida nos brinde siempre otra oportunidad.
Que todo el mundo brinde.
Que cada uno brinde su aporte.
Brindemos.
Brindemos todo lo que podamos brindar.
Brindémonos.
Antes del brindis, después del brindis, brindemos un tiempo mejor.
Brindemos un futuro.
Brindemos mañana: que todas las Noches pueden ser Buenas, si cada uno brinda al mundo lo mejor que tiene para brindar.
Nadie nos quita lo brindado.




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El que usted y yo y algunos otros consigamos un día renovar el mundo, es cosa que ya se verá. Pero, dentro de nosotros mismos, tenemos que renovarlo cada día; de otro modo nada lograremos.
Hermann Hesse
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