miércoles, 24 de marzo de 2010

Carlos Arturo Trinelli

-Buenos Aires, Argentina-

Los amantes


Nos citamos por la noche. No fue fácil combinar los detalles de la mentira. Fuimos casi sin hablar a un hotel. Allí desnudamos nuestros cuerpos en penumbras y de espaldas.
El impacto del encuentro contenido fue hermoso. No hubo palabras de más y un turno colmó el activo silencio que nos unía con un férreo e invisible vínculo.
Cuando salimos tomamos un café en un bar, yo miraba por la ventana con el aroma de su cuerpo aún en mis sentidos. Ella se mostraba nerviosa y apurada; era lógico, pensaba en los chicos. Tampoco hubo diálogo.
Como día distinto que era, abordamos un taxi. Al descender me sonrió halagada por la noche especial.

No nos despedimos ¿para qué? Si cuando despertáramos continuaríamos en silencio, uno al lado del otro, como en tantos años de matrimonio.


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El problema del matrimonio es que se acaba todas las noches después de hacer el amor, y hay que volver a reconstruirlo todas las mañanas antes del desayuno.
Gabriel García Márquez

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