George Eliot
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martes, 20 de agosto de 2024
jueves, 3 de septiembre de 2020
Editorial
con voz propia nº 103
Revista
literaria
Septiembre 2020
Propietaria – Editora – Directora: Analía
Pascaner
Publicación creada en noviembre de 2006
Distribución y publicación gratuitas
ISSN 2314-0275
En vez de criticarnos, seamos cálidos y comprensivos con nosotros mismos cuando estamos sufriendo, cuando sentimos que hemos fallado o cuando nos sentimos incompetentes.
Kristin Neff
Cuando
callas también hablas de ti mismo
Cuando callas un
secreto, conozco tu fidelidad de amigo.
Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza.
Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu impotencia y tu respeto.
Cuando callas ante la injusticia, conozco tu miedo y tu complicidad.
Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y tu dominio.
Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría.
Cuando callas ante los fuertes y poderosos, conozco tu temor y cobardía.
Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia.
Cuando callas tus propios méritos, conozco tu humildad y grandeza.
El Silencio es el tiempo donde el sabio medita,
Cuando callas tu propio dolor, conozco tu fortaleza.
Cuando callas ante el dolor ajeno, conozco tu impotencia y tu respeto.
Cuando callas ante la injusticia, conozco tu miedo y tu complicidad.
Cuando callas ante lo imposible, conozco tu madurez y tu dominio.
Cuando callas ante la estupidez ajena, conozco tu sabiduría.
Cuando callas ante los fuertes y poderosos, conozco tu temor y cobardía.
Cuando callas ante lo que ignoras, conozco tu prudencia.
Cuando callas tus propios méritos, conozco tu humildad y grandeza.
El Silencio es el tiempo donde el sabio medita,
la cárcel de la
que huye el necio,
y el refugio
donde se esconden los cobardes.
Siembra para ser tú mismo…
Siembra para ser tú mismo…
George Eliot, seudónimo de Mary Ann Evans
Inglaterra, 1819–1880
Cuando te des cuenta de que todo lo que le haces a otro te lo haces a ti mismo, habrás comprendido la Gran Verdad.
Lao-Tsé
Revista literaria con voz propia
ISSN 2314-0275
Propietaria: Analía Pascaner
San Fernando del Valle de Catamarca
Catamarca – Argentina
Las expresiones
derivadas del material literario aquí publicado, son de exclusiva
responsabilidad de cada autor.
Analía Pascaner
Aquél que quiere
cantar siempre encuentra una canción.
Proverbio sueco
domingo, 22 de marzo de 2020
viernes, 4 de abril de 2014
Esther González Sánchez
Madre
Nací el día de un año que yo
quise. Podría haber sido antes, pero decidí esperar el calor de tu alborada y
fue mi primer batalla ganada al tiempo, el instante en que me uní a ti en
anunciado susurro.
Recuerdo que ya entonces ensayaba
mis primeros aleteos y si al descuido rozaba tu vientre abullonado, por su periferia,
repartías dulce y cóncavo el tacto de los dioses entre dedos que escalaban mis
pies diminutos y te hacían dueña de su espacio unos instantes, para insinuarme
que ansiabas seguir siempre a mi lado.
¡Tantas veces conocí el gesto de
tus manos sin aristas!
¡Qué murmullo de pájaros en vuelo
me ganaba!
Disfruté de tus cuidados y tu
empeño por mi peso ingrávido y ligero. Y a pesar de todo deseaba nacer. Quería
conocerte y alcanzar el acólito sitial de tu sonrisa y así fue mi primer llanto
un himno de alegría (aunque nadie lo supo).
Nunca te lo
pregunté madre, pero creo que hasta compartiste el alma conmigo.
A una botella de
champán
A ti, que en bulevares, anaqueles
y caminos, provocadora y femenina muestras tu esencia de música y poesía y
llevas el paso de tu edad vestido de etiqueta:
Concédeme un instante; desliza
por mi cuerpo tu pregón de gotas bailarinas y un guiño de bodegas y burbujas a
agotar en la euforia del gusto, igual que se consume en la pasión solar el
renglón amoroso del arroyo,
¡Oh deidad de espumas y
vapores!
¿Quién te descubrió vital y
virtuosa, proclamó tu nombre de botella y te puso apellido de fiesta? y, ¿quién
mejor que tú, para limar la aspereza de mi tierra si en ti va su corazón de uva
después de la vendimia?
Sin yugos y sin nortes, nacida al
regocijo de los cuerpos, te declaras inventora de peces para aquel que te
examina con ansias de vivir en tus burbujas y sin embargo yo suscribo la
insistencia con que el hombre también muere hacia ti en la barrera de los ojos,
pues vi miles de veces el temblor y la duda en sus alturas y otras tantas
recogí su alma tumbada en las aceras, absorta en la misma indecisión que
estrechaba tu camino cuando crecías al umbral de los lagares, tal vez amiga
mía, porque te amaron demasiado y nunca pensaron que tu boca era de vidrio.
Esther González Sánchez. Vigo, España
---
Hay muchas personas que adquieren la costumbre de ser
infelices.
George Eliot
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viernes, 29 de noviembre de 2013
Mariano Shifman
-Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina-
Del disconforme
Si amante, mis fervores despreciados;
mi corazón, si amado, que desdeña:
la ocasión más deseada se despeña,
si no sostienen su ascensión los hados.
¡Quién pudiera hilvanar con sus hilados
el devenir que en su desvelo sueña!
O con mansa ignorancia y faz risueña,
aceptar las limosnas por legados…
Anhelar, ¡vaya cruz!, nunca es sencillo:
mis medios mal se casan con mis gustos,
mis ojos se fascinan con el brillo
de mil diamantes. Nada o vida plena,
no este limbo que añade más disgustos…
Saber que existe el cielo es mi condena.
La conversión
¿Hasta cuándo seré el triste Gregorio,
sufriente en Lídice y sufriente en Praga?
Viajante oscuro, haga lo que haga,
nunca escapo de un bajo territorio.
Rutina, humillación, el purgatorio
¿de alguna culpa oculta? Pobre paga
estos florines por mi vida aciaga,
pena de cumplimiento obligatorio…
Tal vez soñando logre aquel efecto
que niegan las vigilias: el trabajo
de ser humano cansa, cansa, cansa…
Hermana, madre, padre: ¡soy insecto!
Un horrendo, un bendito escarabajo;
he dejado de ser Gregorio Samsa.
Henry Ford
¡Bienvenido al país de la cadena!
(cadena en libertad, si lo resumo):
dividiendo el trabajo, solo sumo
próspero capital, mejor faena.
Nadie me ama en mi industrial colmena,
se excitan con mi miel, eso lo asumo:
jornales generosos -¡dios consumo!-
brindan a América su gracia plena…
El obrero es un hombre y un cliente:
le veo brillar su apetitosa aureola;
¿es acaso un iluso o un inconsciente
quien le colma el bolsillo y lo controla?
Alimento a la mágica serpiente
que muerde en mi favor su propia cola.
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Quien nunca tuvo almohada, no la echa de menos.
George Eliot
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