jueves, 29 de julio de 2010

Estela Filippini

-General Pico, La Pampa, Argentina-

Ave Fénix

Así como el Ave Fénix resurge de las cenizas que quedan después de la conflagración que lo ha consumido, también el alma retorna a la vida después de las luchas, los desvaríos, los tiempos difíciles, los pasos perdidos…
Miro por mi ventana y todavía se recorta este claro cielo que siempre estuvo ahí, impertérrito, aunque yo no lo viera. Vuelvo a escuchar mi música de siempre y todavía los Beatles me dan vuelta el corazón cuando me dicen que la vida es ese “long and winding road”, ese “largo y sinuoso camino” que nos conduce por lugares que jamás hubiéramos pensado que transitaríamos, que tiene tantas vueltas y recodos, tantos parajes imprevistos… Vuelvo a mis libros de toda la vida, a mis papeles, revuelvo cajones, encuentro fotos nuevas y viejas y descubro que ahí está, intacta, toda mi historia, y atesoro cada minuto, cada lágrima, cada sueño, cada ráfaga de felicidad… Retorno a las cosas cotidianas como siempre, plancho la ropa, charlo con mis amigas, tomo mi café de todas las tardes, voy y vuelvo del trabajo… pero algo nuevo irrumpió en esta ahora amable rutina: algo se ha roto, una extraña atadura que adormecía los pensamientos y sofocaba el corazón… Ordeno mis placares y ahí están, también intactos, los antiguos vestidos de la desesperanza, los trajes de los arcaicos lutos, los ropajes de viejos dolores que ya no existen… Enciendo una urgente fogata; ya no me sirven.
Voló de mi corazón una gaviota negra, esa sombra helada que alguna vez rozó mi frente y aunque la cicatriz de su toque quedará para siempre, ya no me duele y pronto será perenne olvido…
Aquella antigua costumbre de padecer, mi buena compañera de antaño, ya no es más mi mejor amiga: no sé en qué pliegue del camino huyó de mí, no quiero escuchar más sus amenazadores argumentos, sus ásperas razones que siempre me hacían perdidosa. Ahora voy conmigo y conversamos de las cosas bellas de la vida y nos reímos del porvenir…
Abro de par en par mis ventanas y, como el ave Fénix, sé que he vuelto a vivir. El aire se renueva: un breve viento pone a volar banderas en las ramas de los árboles y entre las hojas verdes, sopladas por las rápidas ráfagas de la luz de plena tarde, mecidas por una lejana canción de amor, creo ver la sonrisa de Dios.

……….……………………………………………………………Para Daniela y Cristian

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El mayor amigo de la verdad es el tiempo; su más encarnizado enemigo, el prejuicio; y su constante compañera, la humildad.
Charles C. Colton

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Analía Pascaner