viernes, 25 de septiembre de 2009

Pedro Sevylla de Juana

-El Escorial, Madrid, España-

Los obreros muertos en el tajo


Uno, dos, siete, treinta y cinco,
seis mil ochocientos cuatro,
doscientos treinta mil trece.
Es la estadística incompleta de los obreros muertos en el tajo
el sumario de la necesidad humana
la prueba del nueve de la sumisión.

Las funciones lineales, los índices y los promedios
nacen de un pacto entre el poder y los números,
y los obreros muertos en el tajo
pueblan la realidad bastarda de los análisis cuantitativos,
de los diagramas de flujo, de las hojas de cálculo
y de la probabilidad elemental.

Pero dónde están los huérfanos
dónde las viudas de los obreros muertos en el tajo,
qué ocurre con los padres y hermanos
qué hay de los familiares, de los amigos y compañeros,
y de cuantos amamos, aquí y allá,
a los obreros muertos en el tajo.

Multitud dispersa,
nos cierra su puerta la estadística;
quedamos fuera del cómputo de mutilados,
de los gráficos aritméticos,
de las hojas de cálculo y de las previsiones excedidas.

Miembro activo de esta sociedad desnivelada
trabajador de la pluma y de la difusión de ideas,
yo, Pedro Sevylla,
solidario con el segmento de población más desprotegido,
exijo mi entrada en el recuento de perjudicados,
en las curvas de frecuencias, en las fluctuaciones
y en el inventario de cifras
-uno, dos, siete, treinta y cinco
seis mil ochocientos cuatro
doscientos treinta mil trece-
junto a los obreros muertos en el tajo.

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La razón y la pasión son el timón y la vela de nuestra alma navegante.
Khalil Gibran

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