lunes, 8 de junio de 2009

Yeni Pérez Zamora

-Salta, Argentina-

Torquemada


Todavía recuerda a su madre alejándose por las galerías del colegio de las monjas dominicas, encerrada en el tapadito negro con cuello y puños de terciopelo, que destacaban el rubio pelo que ella siempre quiso tener.
También recuerda que lloraba a los gritos, con todo el volumen del que sus pulmones eran capaces. La angustia de enfrentar a una “segunda mamá”, le producía horror y desconcierto: no entendía por qué dos mamás si nacemos de una sola. Era la desesperación del abandono. Su madre, tan rubia, tan hermosa, tan embarazada de su tercer hermano.
Tampoco olvida que, molesta por sus berridos, entró en la sala de cinco años, un ser enorme, cubierto de pies a cabeza por un hábito color crema envuelta la cabeza con un negro velo y con el rostro enrojecido por la impaciencia. El ser era la sor, mejor dicho: sor Inés, cariñosamente llamada “hermanita Inés”.
Ella no podía dejar de llorar. Sus cinco años no alcanzaban para entender que todos, alguna vez, libramos estos duelos.
La monja la tomó de un brazo y con tono amenazador le dijo que las niñas que lloraban tenían una penitencia: eran encerradas en el cuarto de los mapas, junto a la calavera, hasta que se callaran.
Estalló en un llanto más estridente aún, que perforó los tímpanos de la sor. Descontrolada, la monja la arrastró por los fríos y oscuros pasillos de pisos relucientes por la cera. La monja no caminaba. La monja volaba con la niña de un ala. La depositó en la sala del terror, entre mapas, láminas, globos terráqueos, y descomunales útiles de geometría, maremagnum precedido por un esqueleto humano de ojos vacíos y amarillos dientes que le sonreían con burla ósea.
No sintió miedo, como la perversa esperaba. Comenzó a jugar con los globos terráqueos. Los hacía girar a una velocidad vertiginosa. (Más tarde, le contaron que la sor había salido despedida por una ventana del convento, gracias a la fuerza centrífuga) Desenrolló los mapas, vació las cajas de las tizas blancas y las de colores y encendió el tocadiscos de los actos escolares. Cerró la puerta con llave para que nadie entrara, hizo varias vueltas la olla* sobre la colchoneta de gimnasia. Finalmente se durmió, arrullada por la marcha de San Lorenzo.

………………………………………………………………De Cuentos Rápidos, inédito - 2003

*Ejercicio que se realiza sobre una superficie blanda y que consiste en dar una vuelta completa del cuerpo, impulsado por la cabeza y por la espalda. Llamado “roll”.Conocido como “vuelta carnero” en España y “tumba cabeza” en Tucumán y Santiago del Estero, Argentina.

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La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería no.
Claude Chabrol

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Analía Pascaner