Tu corazón dolorido retumba porque quiere.
Porque quiere retumbar y por ese estar
sobre la muralla de tu odisea te aviene el gozo de gritar;
de hacer del dolor un caldo de palabras que ensalza la poesía.
No saltas y nunca lo harás con la cuerda atada al cuello,
porque esa virginidad que llevas a cuesta te hace fuerte,
más dura ante la vida que la soga retorcida.
Esa visión dantesca de tu fuego y la escaldadura de tu alma en agonía, es lava que consume
la ansiedad de la letra, porque ella anhela sobrevivir al tráfago de la insensibilidad y la arrogancia de los ignaros, de los más, que son llevados como recua
tras el grito y las pancartas.
Sabes, en el fondo de tu corazón,
que nada te hará perder las aristas
cortantes y puntiagudas de tu frenesí,
que cultivas en los cubiles donde la vida humana se repite.
Si descubro el juego triunfal de tu sensibilidad, es para que sepas que no pasa desapercibido lo que el arte ocasiona.
Se presiente el dolor del hierro cuando se derrite.
El genio transmite su belleza en las formas
que la imaginación lo incita.
Los que sabemos, los que miramos más allá de los vidrios sucios de los burdeles, podemos ver la luz cegadora de la garganta, cuando desgarrada tiñe de ronqueras el aire con sus gritos.
Pero no estás solo ni eres el único;
somos una unidad que no se comparte.
Aún rancios, quedaremos como postes en el camino,
sabiendo que la luz en la punta del mástil se nos enciende
porque estamos vivos, y los clarividentes, con sólo verla,
podremos guiarnos con la seguridad que nuestros espíritus
aterrizarán felices para leer nuestros mensajes.
12 enero 2024
Abel Otto Torre
Córdoba, Argentina
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