viernes, 15 de noviembre de 2019

José Diez Zalazar


Orgullo

La reina que me engendrara tiene cien años.
Crecí en el entorno de un bello paraíso.
Los valles eran tiernos, al arenal inmenso,
regiones que llegaban hasta el mar.
Escuchaba la brisa con delirio aventurero
que fugaba por las playas buscando algún
recodo, un abismo, un altar.

El rostro de los náufragos volvieron -sobre
la arena golpeada- por un bárbaro espejismo.
Dejaron pasar el tiempo igual que el humo
torpe y sigiloso que se fue desvaneciendo.
Mis manos se llenaron de frutos pero no
de glorias. Con ellas encontré luces y sembré
caminos, pero en el fondo de mis aguas
turbadoras.
Océanos que sufren el estorbo del progreso
morirán arrancando los perfumes naturales,
la belleza milenaria de los campos,
el alma de mis propios algarrobos.

Aves que surcan los cielos, la divinidad
efímera sobre las viejas comarcas.
Nube, viento y soledad que arrastraron
primaveras. Cuchillos mochicas desgarraron
la historia, para llenarme siempre de insólitas
quimeras.
Los luceros ¿Qué son, qué eran?
Eran pequeñas aves pasajeras que veía
en mis noches huracanadas tenaz
y transparente.
Hoy las veo a lo lejos, tímidas, huyendo
como un crespón perdido nuevamente.

Alguien toca las puertas del corazón
Alguien cansado de caminar el horizonte
Alguien que fue perdiendo la ilusión
cual criatura feroz de aquellos montes
Alguien que sabe de la inspiración cuando
llega, y la musa muestra su figura
incesante para engendrar los frutos del amor.
¡Oh, poesía! Siempre serás la arcilla
tentadora que entregas a la vida la eterna
creación.


El gran amor

¿A dónde me llevas maravillosa criatura?
¿A dónde?
El cielo se precipita de su abismo infinito
donde las estrellas fugan igual que golondrinas,
heridas y errantes el camino.

Tú me esperas. De inmediato me esperas
y no dejas que el espectro cósmico se aproxime.
Única y maravillosa te concibo.

Por tus carnes se arrastran los círculos del fuego
donde el universo sonoro está envuelto en llamas.

La combustión de sus gases te hace transparente
y tu belleza liviana gravita en mis versos.

Hacia qué regiones que hasta hoy desconozco
me atrapará el ostracismo de tus labios,
el peso geométrico de tu inspirada poesía,
furiosa y sensual.


José Diez Zalazar
Chiclayo, Perú

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