domingo, 6 de mayo de 2007

Gustavo Tisocco

Dicen que me han visto despilfarrando vuelos en muelles extraviados. Aseguran que astronauta del miedo fui a surcar desérticos paraísos, que persigno leyendas de lobo intrépido, que baño mi cuerpo gris en la osadía de un mar en calma.
Publican que me vieron vestido de barca, de gaviota, de nostalgia. Que cantando un tango naufragué en mi mismo y olvide respiros. Cuentan que fue el amor mi pasaje impreciso a trapecios de nada, a equilibristas de todo.
Percatándome de reinas sin gloria, cuentan que entregué mi llama al fuego, que siendo sed olvidé oasis, que siendo mártir mutilé mis brazos. Repiten que flamea aún mi corazón- bandera, no recuerdan que juntaron sus despojos, que arrancaron sus jirones.
Otros me vieron deambulando el jardín botánico disfrazado de estatua, de pez, de hiedra. Recuerdan indemnes los caballeros del ocaso mi cuerpo de devota virgen, mi sangrar de voces, mi arpón de letras.
Suicidando extravagantes pájaros algunos creen que hoy soy cielo, bandada de nubes.
Pregonan que olvidé el ceibo de mi boca, que acaricio lágrimas en heridos ojos, que flagelé mi rostro y ahora soy incienso. Cuentan que me vieron recorrer penumbras siendo transparente vuelo, que dibujé olvido sobre el fracasado oriente.

Yo sigo aquí. Escalo precipicios, imploro mañanas doradas, resisto con mi pared de pie, me acostumbré a ser muro. Sigo buscando ser nadie para ser de nuevo y resurgir capullo.
Quiero descubrir que pedazos de hojas sueltas pueden ser el mejor verso. Entrego mi despertar en cada estrofa y soy así enorme espejo.
Me fui del mundo cargando espaldas hoy puedo remontar desplegando abrazos.
Olvidé cementos de ciudad dolida, renuncié al asfalto, al desolado beso, ahora soy bautismo de selva y barro, de musgo se empeñó mi voz.
Sigo aquí en la inconciencia de no tener hambre. Elijo el vino que embriaga mi soledad tan propia, desprecio ajenos disfraces, me envuelve mi desnudez guerrera.
Soy pequeño, ínfimo, imperfecto, un característico simple, un absurdo despiste, impreciso vagabundo, miga de pan, despojado duende; mas opto por mis exilios, mis madrugadas, mis entierros, mi acostumbrado bolero.
Profeta de espantapájaros receto ser caracol, poblar las piedras, descubrir al rinoceronte que ofrece su amuleto. Receto jamás ser cuerdo, dejar de esperar el fin pues siempre habrá comienzos.

Yo sigo aquí.
Ellos, los que hicieron de mis huesos mágicas fortalezas, los que todavía me esperan, los que no me olvidaron, ellos dicen que me vieron, dicen, que me vieron...

De Paisaje de adentro

***

Te ofrezco la súplica
que nunca hice,
mi casa abatida
mi eterna tristeza
detrás de ninguna sombra.
Te doy lo poco que existe
en mi asilo de tormentas,
esta sin razón
de ser pequeño
entre mis andamios.
Desnudo ante ti
mi suicidio habitual,
este corazón sin alas,
mi promesa de seguir el rumbo.
Y aunque de mis huesos
ya no queden más
que eternos epitafios,
te dejo mi último sollozo
sobre la mesa inerte del tiempo.
Me cedo a ti y no soy abismo,
sino un frágil barrilete
extraviado en el viento.

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Sin duda Copérnico prestó un servicio no menos grande a la filosofía que a la astronomía al enseñarnos que es la Tierra la que da vueltas alrededor del Sol y no al revés, contra la evidencia de los sentidos. ¡Cuántas verdades copernicanas y por descubrir en el mundo de la moral y de la política! ¡Cuántas verdades que son tales pese al testimonio en contra de los sentidos, es decir, a eso que constituye la base del sentido común!
Luis Franco

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3 comentarios:

  1. Gracias Analía por esta amabilidad para con mis letras...
    Un abrazo enorme, Gus...

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  2. Gracias a vos Gustavo, para mí es un placer contar con textos de ese nivel literario.
    Te mando un cariño.

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  3. Nunca te irás de la palabra.
    Víctor Hugo Tissera

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Analía Pascaner