sábado, 28 de mayo de 2016

Carlos Benítez Villodres


No pongamos distancias…

No pongamos distancias entre los frutos y los besos,
ni entre la tierra buena y las raíces
deseosas de elevarse sobre el mundo
para contemplar la mar.
Ni siquiera entre el verso triste y el alegre.
Las distancias siempre nos acercan la noche
que nunca pudo percibir la sencillez
absoluta de los almendros en flor.
Unamos nuestro sol invisible,
nuestro corazón siempre esperanzado y fecundo,
nuestro verso recién nacido,
nuestra palabra cálida y virginal
a los veneros del alba para libar de ellos luz,
y a los del llanto y las tinieblas
para secarlos desde sus orígenes.
Dejémosle las distancias al tiempo.
Él será quien, sutilmente, las imponga
a su paso tan inexhaustible como disciplinado.

Del libro Sustancia de vida. Ed. Corona del Sur. Málaga, 1998


Y te fuiste para siempre… 

“Señor, no te pregunto por qué te lo has llevado,
 sino que te doy las gracias porque me lo diste”
                                  San Agustín
“Estoy en diálogo con la raíz de mi existencia.
 Estoy conmigo mismo.
 Estoy en la soledad del silencio”
                                 Carlos Benítez Villodres

Y te fuiste para siempre,
como un suspiro sin escolta,
cuando aún aquel septiembre
estaba a medio camino de vida,
según el cálculo monótono del tiempo,
y a un tiro de piedra de un brumoso
otoño con pulpa de calvario
y piel de crisantemo marchito.
Te fuiste ante la grandiosa
luz de la esperanza y la brisa
cálida e inalterable,
fermentada en el amor,
de una mirada de mujer,
como un beso de nubes
allá en el cielo abierto.
A lo lejos, la mar, ya despierta,
murmuraba, con su voz de alas delicadas,
estrofas de eternidad,
que despedían fragancias de misterio.
Y el viento, entre versos entristecidos,
temblaba desolado, salpicando de dolor
a la tierra que a su raíz te llamaba.
Se me agolpan los recuerdos,
como salpicadas de una mar serena,
al saborear los resplandores de tus estrellas
y los frutos preciosos de tus campos
siempre labrados,
y, aunque el destino en su rito
concebido por el mismo aliento de la vida
lo admitimos sin furia, nuestra sangre,
nuestro mundo en continua restauración
no lo entiende, ni sus latidos están capacitados
para descifrar sus signos invisibles.
¿Te fuiste o te llevaron?
Sea lo que sea, duerme, descansa
y aguarda mi llegada.
Hemos de hablar de muchas cosas.

Del libro Réquiem por un hombre bueno. Ed. Algazara. Málaga, 1995


Hijo del riesgo y de la espiga

Vendrá ese instante, desgarradoramente helado
e idéntico a un cauce cubierto de soledades,
con salpicaduras de aguas retorcidas
y oscuras, como cualquier misterio. Y en sus manos
me traerá el barro del escalofrío, para que en sus entrañas
irreductibles incruste mi nube de lirios,
harta de olas en continua
mudanza, bajo la mirada de sus átomos acariciados,
desde siempre, por la noche anónima y sin memoria.
Cerrará sus ojos el miedo, y ante su cuerpo,
sometido a espasmos de suspiros sin alas,
un sueño encantador cubrirá,
con su luz de alba que no vuelve,
la melodía de una brisa desnuda y vibrante
que me abrirá sus puertas de inmediato,
reclamando mis flores, ya marchitas, para elevarlas
más allá de las cumbres de lo azul,
donde el silencio total es amor, y el amor…, delicia
de belleza, tan única en sus latidos, en su forma
y en su grandeza por ser definitiva para los vientos
que desaparecen del pentagrama de las horas. Como
un sauce seco hasta en sus respuestas será el sol,
mi sol, que aún hoy ilumina los páramos de niebla
triste y los paraísos henchidos por las cosechas de la dicha,
por donde vuela de sueño en sueño, de cielo en cielo,
como hijo del riesgo y de la espiga,
de la mano de la razón íntima y profunda,
regidora del aliento del universo,
el cual le da su vieja voz sin refugio,
sus alas nunca jamás cansadas
y su afán por hallar esa sonrisa, ese beso que sostiene
cada momento de vida, mientras crea
versos con sustancia de auroras jóvenes
sobre la siempre pisoteada tierra de lo efímero.

Del libro A galope. Ed. Corona del Sur. Málaga, 2000


Carlos Benítez Villodres
Málaga, España

4 comentarios:

  1. hablar de la muerte, sin estridencias y transmitir al otro las propias emociones con algo de tristeza y un fresco caudal de palabras, no es fácil, usted lo logró. Un cordial saludo.
    Betty

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    Respuestas
    1. Gracias por tu lectura, querida Betty. Coincido contigo.
      Muchos cariños
      Analía

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    2. Muchas gracias, estimada Betty, por sus palabras de luz primaveral sobre mi poema Y TE FUISTE PARA SIEMPRE...
      Un abrazo fraterno
      Carlos Benítez Villodres
      Málaga (España)

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    3. Carlos Benítez Villodres30 de mayo de 2016, 9:10

      Muchas gracias, estimada Betty, por sus palabras de luz primaveral sobre mi poema Y TE FUISTE PARA SIEMPRE...
      Un abrazo fraterno
      Carlos Benítez Villodres
      Málaga (España)

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